Trastorno afectivo estacional
Caigo en picado. No sé exactamente por qué; ni siquiera sé si hay motivos. Hace unas semanas lloraba por cualquier cosa. Siempre por una razón, por absurda que fuera: un expulsado de Operación Triunfo, películas, series… incluso anuncios. Pero siempre había un motivo.
Ahora ya no necesito inspiración para que mis ojos se llenen de lágrimas, en el trabajo, en el coche, en casa…
Supongo que gran parte de la culpa está en el trabajo. Mi jefe me crispa los nervios. Le odio. Pero le odio demasiado.
Y en el fondo, la culpa es mía. No tengo ninguna obligación de desvivirme por alguien que no lo merece. La estúpida soy yo. El otro día me pidió (por poner un verbo) que fuera a mirar ordenadores para cambiar el nuestro. Y así lo hice. Le pasé todos los presupuestos de todas las tiendas de las cercanías. Le aconsejé uno, porque él, de ordenadores, ni la más remota idea, y quedó aprobada mi elección. Al día siguiente, me volvió a “pedir” que le preparase todo el papeleo para financiarlo, y yo arriba y abajo, papeles para acá, formulario para firmar para allá, vuelta arriba y paseo abajo. Y ya no pude más cuando me dijo:
- Ve a buscarlo tú.
No sé quién despertó dentro de mí, porque me oía hablar en voz alta y no me podía creer lo que salía de mi boca. Yo no soy así.
- Ve a buscarlo tú, que tienes tiempo.
- Sí, claro, como no tengo nada mejor que hacer…
- Hostia, tranquila…
- Nada de tranquila. ¡Menos exigencias! Si voy, será porque quiero.
- Creía que te gustaban estas cosas.
- Me gustan cuando quiero. Iré si me da la gana.
Desde ese día, palabras las justas. Lágrimas, más de las necesarias.
Pero, obviamente, fui.
Le odio.
Odio que se desviva por su fulana a cuatrocientos kilómetros de aquí, y no vea que tiene al lado a una persona, que, además de llevar mucho tiempo intentando hacerle la vida más fácil, está pasando un mal momento. Ni siquiera le importa. Y yo sufriendo por él y sus circunstancias… Tres hurras por su futura ex, porque aguantarlo diez años es como para ganarse el cielo.
Está claro que no sólo soy invisible como mujer, lo cual ya me tiene sin cuidado. Soy invisible como persona. Como ser humano. Simplemente, soy un accesorio más para que él viva más cómodamente. No tengo sentimientos, o si los tengo, no importan.
No entiendo que una persona pueda ser tan tremendamente egoísta.
Odio el egoísmo.
He leído algo sobre los trastornos afectivos estacionales, que creo son depresiones o similares en función de la época del año. Y si no lo son, yo ya he bautizado a mi problema. El otoño siempre ha sido mi castigo, pero no sé si este año es peor, si no aguanto más la tensión en el trabajo, si aprecio a mi jefe o realmente le odio (que ya es un sentimiento, ojalá pudiera sentir indiferencia…), si son las hormonas, si fue el eclipse… pero lloro y lloro. Y ahora ya no me hacen falta motivos.
Odio el otoño.
Mañana por fin es el curso de iniciación al reiki. Llevo esperándolo ansiosa un mes, y ahora parece que no me apetece tanto. Pero tengo la esperanza de que el maestro pueda extraerme toda la energía negativa que llevo dentro y enseñarme a quitarme el estrés.
Y al otro… que le den. Todo el mundo tiene lo que se merece y confío en que la “justicia” sea justa.
No me gusta tener malos deseos hacia nadie. Pero creo que esta vez, me han obligado.
Comentario:
Nadie nos obliga a odiar.
Nadie nos obliga a desvivirnos por nadie.
Saber decir "no" es saber decir.
Querer sentirse querido es el comienzo de un torbellino de malentendidos que acaban en el odio.
Si te sientes mal, no puedes ver con claridad: el dolor atrae demasiado tu atención.
Las relaciones entre las personas no obedecen a ningún principio de contabilidad.
Hoy me he levantado sentencioso.
Nadie nos obliga a desvivirnos por nadie.
Saber decir "no" es saber decir.
Querer sentirse querido es el comienzo de un torbellino de malentendidos que acaban en el odio.
Si te sientes mal, no puedes ver con claridad: el dolor atrae demasiado tu atención.
Las relaciones entre las personas no obedecen a ningún principio de contabilidad.
Hoy me he levantado sentencioso.
Comentario:
¿Buen momento para volver? Podría llamar y pedir que me dejes entrar un ratito para darte compañía pero, con la impunidad que da este medio, entro de lleno, me siento tranquilamente a tu lado (espero que me pongas un cafe)y me pongo a tu disposición para lo que necesites (incluso para irme si es eso lo que quieres).
Muchos besos lluvia, muchos besos y mucho ánimo.
El Sur
Muchos besos lluvia, muchos besos y mucho ánimo.
El Sur
Comentario:
Por tu recorrido en el boulevard de los sueños rotos, se reconoce la angustia, desolación y una profunda impotencia por aquello que no se consigue. Sabes que culparle a él es una excusa, una cobarde forma de protegerse de la propia conciencia. Tal vez tu jefe es un espejismo en este oasis de mundo irreal de nuestras mentes, tal vez no.
Nada más, tan sólo que me encanta tu forma de escribir y, para lo de las depresiones yo siempre acabo compartiendolas con la melancolía de Sabina (nada recomendable por cierto).
Nada más, tan sólo que me encanta tu forma de escribir y, para lo de las depresiones yo siempre acabo compartiendolas con la melancolía de Sabina (nada recomendable por cierto).
Comentario:
No sabes cómo te entiendo. Yo creo que mi energía negativa se ha canalizado a un gripazo que me ha dejado completamente tirado desde hace una semana y sin voz.
El otoño pasará, los eclipses se borrarán, las clases de reiki irán surtiendo efecto, y todo se irá poniendo mejor. Tu jefe no se da cuenta de que tiene el cielo al lado, y no a cuatrocientos kilómetros. Pero tú lo sabes. Eso es lo importante.
Y yo también, Lluvia, por encima de todo, odio el egoísmo.
Por aquí queda mi mail, si lo necesitases.
Un beso
X.
El otoño pasará, los eclipses se borrarán, las clases de reiki irán surtiendo efecto, y todo se irá poniendo mejor. Tu jefe no se da cuenta de que tiene el cielo al lado, y no a cuatrocientos kilómetros. Pero tú lo sabes. Eso es lo importante.
Y yo también, Lluvia, por encima de todo, odio el egoísmo.
Por aquí queda mi mail, si lo necesitases.
Un beso
X.






