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Días de lluvia
Historias, anécdotas y reflexiones personales
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Lluvia intensa

Sigo viva.
Sigo en “racha”.

Me quedé sin curro y todavía no he encontrado nada. ¿Alguien necesita traductora?

Ahora me he quedado sin coche. Una inútil le dio un golpe estando correctamente estacionado. En principio, lo cubre el seguro. Pobrecito. A la buena mujer se le cayó el monedero, y se le ocurrió agacharse a recogerlo. Y mi cochecito, que estaba esperándome, paró al monovolumen en pleno descarrilamiento.

Me he quedado sin tarjetas de crédito. Una tiene la banda magnética hecha trizas. La otra, se la tragó el coche de mi hermano (es que no encuentro otra explicación). El otro día tuve que dejar la compra en el súper, y salir pitando al banco, a ver si me daban dinero sin tarjetas ni libreta, con el consecuente bochorno y el carrito de la compra lleno.

Mi jefe vive en la inopia, se niega a aceptar la realidad, y me estresa. Escribe cartas a los periódicos, a las emisoras de radio y televisión, busca en Internet asociaciones de padres separados. No entiende que lo suyo es un caso más y que le no queda otra que asumirlo. Le aprecio y no soporto ver que va directo a estrellarse, y que su nube sube y sube, con lo que la caída resultará mucho más estrepitosa.

El próximo domingo, se celebra una tradicional comida navideña en casa de los padres de aquel amigo mío que murió, y al que sigo echando de menos como el primer día. Mi alma gemela, mi confidente. Mi querido mejor amigo. Dicha comida ha tenido lugar cada año, y, como mejor amiga de mi mejor amigo, no he faltado.
Este año, no he sido invitada.
No lo entiendo.

Este año, por primera vez en mis treinta y uno de existencia, he comprado un décimo para la lotería de Navidad. Si es cierto que después de la tormenta llega la calma, me toca seguro. Y si sigue la racha, no rascaré un céntimo. Tengo un cincuenta por ciento de posibilidades: o me toca, o no me toca.

Hace una semana que no dejo de sangrar por la nariz, como una cocainómana cualquiera. Y juro que, a pesar de esta mala racha, aún no me he dado a la bebida o a las drogas. Mis vicios siguen siendo el ordenador, el tabaco, la serie “Perdidos” y el sudoku.

Y ya tengo dos niveles de Reiki. Puedo hacerlo a distancia. Creo que funciona, pero mi lado escéptico me pide más pruebas de las que tengo. Dualidad, pugna entre lo espiritual y lo terrenal, dudas… no sé. ¿Alguien necesita terapia energética?

A lo mejor esta serie de catastróficas desdichas es una prueba del destino para mi crecimiento personal. Porque, cierto es, que todo esto me llega a pasar hace un año y me hundo (soy de fácil ahogamiento, lo reconozco). Pero, sorprendentemente, estoy tranquila, positiva y optimista. A veces pienso que demasiado. No me reconozco. Estoy cambiando.

Sigo dando gracias por todo. Siempre se puede estar peor…
 
Comentario:
Sí, se puede estar peor, pero eso no significa que esto esté bien. Así que ánimo, piensa que acabará llegando otro trabajo con el nuevo año, de una manera o de otra, y que por encima de todo lo importante eres tú misma, y como tú dices, con positividad.
Echaba de menos leerte.
Y ni que decir tiene que cualquier cosa que necesites, tienes mi email.
Otra cosa es mi desmemoria terrible que me hace quedar fatal habitualmente.
:)
Un beso
No