Ahora comprendo
Yo siempre he tenido amigos. Unas veces mejores y otras peores. En ocasiones más, en ocasiones menos. También me caracterizo por tener ex amigos. Es cierto, un amigo (al menos por ahora) siempre se bromea con ello.
No quiero repetirme, pero mi mejor amigo se fue hace más de siete años, y sé que nunca tendré una amistad como aquella. Cuando lo perdí, creía que nunca podría superarlo. El dolor era incluso físico. La dura mano del destino, que yo entonces sentía como la guadaña de la muerte, me oprimía el estómago. Y no lo soltó en años. No he dejado de añorarle ni un solo día, ni lo haré durante el resto de mi vida.
De entre mis incontables amigos y ex amigos, he tenido casi todas las relaciones amorosas y físicas de mi existencia. Uno de mis primeros “novietes” se convirtió más tarde en un buen amigo, con el que compartí algunas noches de soledad conjunta, en las que nos acompañábamos mutuamente y nos dábamos cariño y fingíamos querernos. Amistad y sexo pueden ir de la mano. Sí.
Con los años, las distancias fueron acortándose y alargándose. Temporadas de gran amistad, temporadas de gran vacío…. Hasta que la distancia se hizo tan y tan larga que no supimos encontrar el camino de vuelta. Ahora, si tropezamos por casualidad, nos saludamos como vecinos de escalera. Siempre me he preguntado por qué, e incluso le he llegado a echar de menos… pero si no me he molestado en ir a averiguarlo, será que, en el fondo, tampoco me importa tanto.
Desde que mi amigo del alma murió, me acerqué a su familia, que era conocedora de la unión casi mística que teníamos los dos. Incluso me la ratificaron, lo que en momentos duros siempre es un destello de alegría. Entablé amistad con sus padres y su hermana. Iba a visitarlos, me sentía cómoda con ellos. Me sentía cerca de él. Lo sentía cerca de mí.
Desde el primer año, se ha celebrado una comida navideña en su casa, con los amigos presuntamente más allegados, los padres y la hermana. La primera fue durísima para mí. El resto, cuando menos entrañables.
El actual “vecino de escalera”, mi amigo de antes, se enamoró de la hermana de mi amigo muerto. Empezaron a salir, pasaron los años, se casaron y ahora han tenido un hijo. Desde su boda, hace más de dos años, apenas sé nada de ellos. Si la encuentro a ella, nos hablamos, nos contamos, nos prometemos vernos, y luego nunca lo cumplimos. Él: como un vecino de escalera. Pero de esos que se nota que no te soportan. Tanto es así, que ni él, ni ella, ni su madre me dijeron nada del embarazo y del posterior parto. No conozco al bebé. Y curiosamente, me han dicho que es idéntico a su tío, mi amigo, mi vida. Lástima, porque no creo que llegue a conocerle nunca.
Nadie puede imaginarse cuánto le extraño.
El domingo pasado, se celebró la tradicional comida navideña. Hace un par de años, los padres se separaron y la comida se mudó de casa. Y posiblemente también de propósito, aunque no podría jurarlo.
El domingo pasado, se celebró la tradicional comida navideña. Y no fui invitada.
No comprendo por qué el yerno “vecino de escalera” quiere verme lejos. ¿Tendrá miedo de algo? Es la única explicación que se me ocurre. Poco convincente, sí, pero mi conciencia duerme como un tronco. No le he hecho nada malo a él, ni a ella, ni a la familia.
Comprendo entonces que haya ejercido su influencia para dejarme al margen.
No comprendo, en cambio, su animadversión hacia mi persona, pero tampoco me ha quitado el sueño, lo confieso.
Comprendo así que la madre, teniendo que escoger entre su hija y yo, la eligiese a ella. Faltaría más.
No comprendo, sin embargo, el motivo de dicha disyuntiva. Somos adultos, civilizados, y podemos comer juntos en una misma mesa sin matarnos. Bueno, al menos, yo sí puedo.
Comprendo que no todo el mundo está cortado por el mismo patrón y que hay personas con las que no comparto absolutamente nada. No hay que forzar las cosas. No hay que intentar unir mundos separados.
No comprendo, con todo, que una señora de cierta edad quiera inventarse excusas baratas para justificar sus acciones. Una persona es libre de tomar decisiones, que, al menos por mi parte, siempre serán respetadas, pero siempre debe afrontar las consecuencias. Y no intentar tratarme de estúpida, porque no lo soy. Y las excusas no cuelan. Bueno, tal vez si me las hubiera dado en persona… pero ni eso.
Además, esa comida es en honor a su hijo…
…¿no?
Después de pasar unos días llorando sin tregua, intentando comprender por qué no podía asistir a una comida en honor a la persona que más he querido en el mundo, intentando descubrir cuál había sido mi pecado para no ser bienvenida, y tratando de que la mano del destino me soltase el estómago por segunda vez… lo entendí todo.
El error ha sido mío desde el principio. Yo creía que acercándome a su familia, me acercaba a él.
Y no.
Él era él.
Y se fue.
Y nadie puede reemplazarlo.
Esa comida es un teatro. En realidad, sé que, de entre todos los asistentes, uno opina que con los años hay que olvidar ciertas cosas, otro va porque su hermano es el yerno, otro por amistad con la madre, otro por compromiso…
Lo más increíble de todo es que, ahora que se han acabado las lágrimas, me siento liberada. Es una sensación extraña. Como si hubiera terminado una responsabilidad en mi vida. Y nunca me acerqué a esa familia por obligación ni por compromiso. Lo hice con todo el amor del mundo y lo volvería a hacer una y mil veces. Pero, en vista de que el sentimiento no es mutuo, lo mejor es que las cosas hayan terminado así.
Os deseo lo mejor, familia.
Ha llegado el momento de tomar caminos distintos.
Comentario:
Hola Lluvia... una vez más haces que se me pongan los pelos de punta... No creo que fuera un error pensar que acercarte a su familia era acercarte a él... yo a veces siento la necesidad de rodearme de amigos de mi padre pata hablar con de él con ellos... sentirlo cercano, aunque siempre lo siento... es una necesidad... no se si es un error o no... un abrazo y hasta pronto...
Comentario:
Hola Lluvia,
En primer lugar, felicitarte por saber abrirte así, y compartirlo con nosotros, tus lectores, de forma tan bella. Me gusta tu manera de escribir.
Respecto a tu post, es ley de vida que todo cambie, la gente crece, para bien o para mal, y se distancia de los amigos en tiempos cercanos. Es dificil mantenerlos a todos tan unidos. Aún así, lo primordial es mantener cierto cariño a los que apartan su camino del tuyo, porque en su día te aportaron buenos recuerdos.
Quédate siempre con lo mejor, busca y guarda como tesoros los buenos momentos que te han dado, y no lamentes que no te los puedan dar ahora. Todo tiene su momento.
Si algún día vuestros caminos se vuelven a juntar, tus buenos recuerdos serán la mejor base para una noeva amistad. El rencor no ayuda a nadie.
Y valora las personas que en este momento te aportan su amistad, el los tiempos que corren no es facil acercarse a nadie, así que sientete afortunada por quien está a tu lado, te aportarán apoyo y te recompensarán tu gran corazón.
Feliz Navidad
En primer lugar, felicitarte por saber abrirte así, y compartirlo con nosotros, tus lectores, de forma tan bella. Me gusta tu manera de escribir.
Respecto a tu post, es ley de vida que todo cambie, la gente crece, para bien o para mal, y se distancia de los amigos en tiempos cercanos. Es dificil mantenerlos a todos tan unidos. Aún así, lo primordial es mantener cierto cariño a los que apartan su camino del tuyo, porque en su día te aportaron buenos recuerdos.
Quédate siempre con lo mejor, busca y guarda como tesoros los buenos momentos que te han dado, y no lamentes que no te los puedan dar ahora. Todo tiene su momento.
Si algún día vuestros caminos se vuelven a juntar, tus buenos recuerdos serán la mejor base para una noeva amistad. El rencor no ayuda a nadie.
Y valora las personas que en este momento te aportan su amistad, el los tiempos que corren no es facil acercarse a nadie, así que sientete afortunada por quien está a tu lado, te aportarán apoyo y te recompensarán tu gran corazón.
Feliz Navidad






