<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/rss20.xml"><title><![CDATA[Días de lluvia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Historias, anécdotas y reflexiones personales]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_41.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_40.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_39.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_38.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_37.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_36.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_35.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_34.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_33.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_32.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_41.htm"><title><![CDATA[Febrero]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_41.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Cada vez paso más tiempo sin escribir. En realidad, tengo muchas cosas aparcadas y aún no sé si las retomaré todas. Por lo pronto, hoy me he sentado delante del ordenador con fines creativos, lo cual ya es un gran paso. <br/>El final del año pasado fue pésimo. Incluso me llegué a asustar porque tantos problemas en cadena me sonaron a “mal de ojo”. Un mal de ojo no tiene por qué ser una maldición consciente y dirigida por parte de otra persona. La envidia, los celos, los malos deseos… pueden transformarse en malos presagios, malos consejeros para quien los siente, y malos resultados para quien los sufre. Pero no me considero lo suficientemente importante como para que nadie me tenga envidia, ni lo suficientemente mala como para que nadie quiera maldecirme. <br/><br/>Diciembre fue un mes cuando menos intenso. Parece que desde que perdí parte de mi sustento económico, o uno de mis dos trabajos, todo iba a recorrer una fuerte pendiente descendente. Suerte que, al ser el último mes del año, es fácil recurrir a aquello de “año nuevo, vida nueva” como elemento de consuelo y tranquilizador (y algo tonto, también, para qué negarlo). Porque llegó un momento en que temí que tenía a alguna sombra negra planeando sobre mí, y que cada día sería peor que el anterior. <br/><br/>Para empezar, la familia de mi alma gemela, que me cuida desde el cielo, me da la espalda. Y eso duele. Sé perfectamente que ellos no son él, y mi amigo era él, y ya no está, y cerca de ellos no estoy cerca de él. Pero duele. Él está conmigo, de alguna forma, porque cada día le recuerdo por algo. Y esa es la manera de acercarme a él. Pero se ha cometido una injusticia conmigo. Y no soy mala. <br/>Diles que yo no soy mala. <br/><br/>El día de nochebuena, al despertar por la mañana, enciendo el móvil. Me sorprende ver una llamada perdida de mi casa, a las tres de la madrugada. Afortunadamente, soy una persona tranquila de espíritu y nada alarmista, aunque sé que algo ha ocurrido. <br/>Ese algo es un accidente de coche de mi hermana del que, por suerte, al margen del susto, ha salido prácticamente ilesa, aunque le ha costado el coche. Con esto no apunto al materialismo, sino a que el impacto fue tremendo, de frente contra una roca. Cualquiera que vea ese coche, pone la mano en el fuego por que sus ocupantes no han salido vivos de ahí dentro. <br/><br/>Las fiestas navideñas, en cambio, son las mejores que recuerdo en años. En mi familia se respiró una paz y una unión que no recordaba haber vivido nunca. Tal vez por el susto de mi hermana, que volvió a nacer, porque mi hermano volvió a casa por navidad, porque todos crecemos, maduramos, y nos vamos conociendo y aceptando con nuestros defectos y virtudes, y con nuestros buenos y malos momentos, o porque este año tocaba que fuera así. Y espero que no sea el último. <br/><br/>Pero la paz navideña no nos concedió un solo día de retribución. Justo después de fiestas, mi madre tuvo que ingresar en el hospital, con una crisis respiratoria aguda. Curiosamente, empecé a pensar que menuda estupidez era el haberme hundido por perder un trabajo un par de meses antes, o por sentirme ignorada por mi jefe. <br/>Tal vez la vida quería darme una lección, porque tiempo atrás había empezado a valorar las cosas y a darles su justa importancia, pero aparentemente se me estaba olvidando. Me apartaba del camino y tenía que volver a él. Pero, mierda, ¿es necesario darme estos sustos? Basta de mala racha. Tampoco creo haber hecho nada tan malo.<br/><br/>Mi madre estuvo una semana hospitalizada. Esa semana, yo estuve totalmente ida, por la incredulidad que me acompañaba durante aquellos días. La gota colmó el vaso y empezó a desbordar. Sé que no son desgracias, que todo está saliendo bien, menos mal que dentro de lo malo, todo es bueno… <br/>Pues no. No, no y no. No quiero seguir dando las gracias, lo estoy pasando mal, y encima me siento culpable por ello. ¿Por qué no tengo derecho a pasarlo mal? ¿Quién o qué hace que me sienta una criminal por eso? He nacido en el lado afortunado del mundo, y lo paso mal. ¿Con qué excusa? <br/>¿Es que acaso necesito una excusa?<br/><br/>Mi conflicto podría definirse más como eterno que como interno, porque siempre está mi dualidad mareando la perdiz. Tengo dos almas dentro que discuten por todo… Al final, la solución será el divorcio. Que una de ellas se marche para siempre…<br/><br/>Entre  accidentes, hospitalizaciones, invisibilidades laborales, soledad, abandono, y el recién llegado invierno, que me mata, tuve algunos problemas domésticos con los desagües. Un buen día, tras encender un velón navideño que, junto a una herradura dorada y un poco de sal, iba a alejar las malas energías de mi entorno, empezó a llover en el baño pequeño. Literalmente. Al oír el sonido de agua cayendo de no sé sabe dónde, el susto fue poco. Y al verla saliendo a chorro del foco halógeno, los ojos se me salieron de las órbitas. Metafóricamente. <br/><br/>Subí a sacar al vecino de su apacible baño, y me enteré de que algunos pisos habían tenido problemas con los desagües. Esta pila no traga bien, aquel plato de ducha se emboza… Como suele suceder, por desidia, por pereza o por causas ajenas a nuestra voluntad, las cosas no se arreglan hasta que ya es tarde. Y el primer día laborable del año, ciertamente, fue tarde. Me desperté algo más pronto de la hora habitual, y me pareció oír un sonido como el del trago de un gigante. Al abrir la puerta del dormitorio, sentí un nauseabundo olor a baño sucio, a alcantarilla. Y cuando me encontré chapoteando en el pasillo, me di cuenta de que la cosa era seria. Del plato de ducha, a borbotones, salía agua sucia (eufemismo para lo que “claramente” era). El pasillo inundado, y la “abominable criatura de la cloaca” reptando imparable hacia el salón. Mi primera reacción, como persona adulta, madura y con recursos que soy, fue ponerme a chillar, a llorar y a acordarme de todas las familias de todos mis vecinos. Pero enseguida me dije que aquello poco iba a solucionar, me puse unas zapatillas, un suéter cualquiera, y visité a todos los vecinos, llamé a la administración de fincas, a la constructora, a los de la instalación de tuberías… y no llamé a Moncloa porque no encontré el número. <br/><br/>El problema se arregló, y parece que ahora el agua fluye con normalidad, al igual el resto de todas esas pequeñas contrariedades que terminaron el año conmigo. <br/>Llegué a dudar que con el final del año terminasen mis problemas, pero por lo pronto, las cosas marchan. Aún no he encontrado traducciones, pero empiezo a notar un movimiento que me dice que la cosa está cerca. También me he atrevido a pedir el aumento que creo que merezco a mi jefe y, con un poquito más de vino de la cuenta, en un buen restaurante, me atreví a eso y a decirle todo lo que llevo dentro desde hace tanto tiempo. Lo del aumento está por ver, porque aunque dialécticamente me sé vencedora y con medalla, la sartén por el mango la tiene él. A finales de mes me dará una respuesta. Y en el terreno personal, dejé en aquel restaurante un lastre de cuatro años y medio. Casi levito al salir. Luego fuimos a tomar unas copas, y charlamos distendidamente de otros temas. Lo cierto es que, si yo he descubierto a otra persona en esa cena, espero que la sensación sea recíproca. Tal vez pensar que ese día marcará la línea entre un antes y un después sea algo exagerado… pero, sinceramente, espero que no. <br/><br/>Puede que las cosas ahora recorran una pendiente ascendente. Y que todo vaya mejor a partir de ahora. Lo cierto es que estoy tranquila, optimista y positiva. El Reiki es otro de los temas que tengo aparcados, porque soy contraria a hacer las cosas por obligación (excepto las inevitables) y no me ha apetecido tocar el tema, ni en su forma teórica ni en la práctica, durante varias semanas. Pero ayer vi un libro sobre Reiki que me llamó la atención, y voy a comprarlo. No tardaré en retomarlo.<br/>Creo que estoy volviendo. El descarrilamiento ha sido un poco aparatoso, pero estoy de nuevo sobre raíles. A partir de ahora, las cosas sólo pueden ir mejor…<br/><br/>… Ah… lo de la inundación tiene gracia al leerlo, pero puedo prometer y prometo, que no hace ninguna al vivirlo…</font><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_40.htm"><title><![CDATA[Feliz Navidad]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_40.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">No. Ya no estoy positiva. <br/>Sí. Se puede estar peor. Hay desgracias terribles, lo sé. Pero eso no significa que tenga que agradecer el haber "pisado mierda" (con perdón) estos últimos meses. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/0_santa32c4.gif" alt="" border="0" width="175" height="60"/><br/><br/>Espero que los inconvenientes (no, no, no; no son desgracias, son putaditas) a los que me estoy enfrentando desde hace unos meses terminen con el año. <br/><br/>Feliz Navidad y próspero 2006 (y los que fumáis, os jodéis, dice la coletilla este año....)<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/submenu.gif" alt="" border="0" width="160" height="200"/><br/><br/>Un abrazo y energía positiva a la blogosfera, de una fumadora en racha.</font><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_39.htm"><title><![CDATA[Ahora comprendo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_39.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Yo siempre he tenido amigos. Unas veces mejores y otras peores. En ocasiones más, en ocasiones menos. También me caracterizo por tener ex amigos. Es cierto, un amigo (al menos por ahora) siempre se bromea con ello. <br/><br/>No quiero repetirme, pero mi mejor amigo se fue hace más de siete años, y sé que nunca tendré una amistad como aquella. Cuando lo perdí, creía que nunca podría superarlo. El dolor era incluso físico. La dura mano del destino, que yo entonces sentía como la guadaña de la muerte, me oprimía el estómago. Y no lo soltó en años.  No he dejado de añorarle ni un solo día, ni lo haré durante el resto de mi vida. <br/><br/>De entre mis incontables amigos y ex amigos, he tenido casi todas las relaciones amorosas y físicas de mi existencia. Uno de mis primeros “novietes” se convirtió más tarde en un buen amigo, con el que compartí algunas noches de soledad conjunta, en las que nos acompañábamos mutuamente y nos dábamos cariño y fingíamos querernos. Amistad y sexo pueden ir de la mano. Sí. <br/>Con los años, las distancias fueron acortándose y alargándose. Temporadas de gran amistad, temporadas de gran vacío…. Hasta que la distancia se hizo tan y tan larga que no supimos encontrar el camino de vuelta. Ahora, si tropezamos por casualidad, nos saludamos como vecinos de escalera. Siempre me he preguntado por qué, e incluso le he llegado a echar de menos… pero si no me he molestado en ir a averiguarlo, será que, en el fondo, tampoco me importa tanto. <br/><br/>Desde que mi amigo del alma murió, me acerqué a su familia, que era conocedora de la unión casi mística que teníamos los dos. Incluso me la ratificaron, lo que en momentos duros siempre es un destello de alegría. Entablé amistad con sus padres y su hermana. Iba a visitarlos, me sentía cómoda con ellos. Me sentía cerca de él. Lo sentía cerca de mí.<br/>Desde el primer año, se ha celebrado una comida navideña en su casa, con los amigos presuntamente más allegados, los padres y la hermana. La primera fue durísima para mí. El resto, cuando menos entrañables. <br/><br/>El actual “vecino de escalera”, mi amigo de antes, se enamoró de la hermana de mi amigo muerto. Empezaron a salir, pasaron los años, se casaron y ahora han tenido un hijo. Desde su boda, hace más de dos años, apenas sé nada de ellos. Si la encuentro a ella, nos hablamos, nos contamos, nos prometemos vernos, y luego nunca lo cumplimos. Él: como un vecino de escalera. Pero de esos que se nota que no te soportan. Tanto es así, que ni él, ni ella, ni su madre me dijeron nada del embarazo y del posterior parto. No conozco al bebé. Y curiosamente, me han dicho que es idéntico a su tío, mi amigo, mi vida. Lástima, porque no creo que llegue a conocerle nunca. <br/><br/>Nadie puede imaginarse cuánto le extraño. <br/><br/>El domingo pasado, se celebró la tradicional comida navideña. Hace un par de años, los padres se separaron y la comida se mudó de casa. Y posiblemente también de propósito, aunque no podría jurarlo. <br/><br/>El domingo pasado, se celebró la tradicional comida navideña. Y no fui invitada. <br/><br/>No comprendo por qué el yerno “vecino de escalera” quiere verme lejos. ¿Tendrá miedo de algo? Es la única explicación que se me ocurre. Poco convincente, sí, pero mi conciencia duerme como un tronco. No le he hecho nada malo a él, ni a ella, ni a la familia. <br/><br/>Comprendo entonces que haya ejercido su influencia para dejarme al margen. <br/><br/>No comprendo, en cambio, su animadversión hacia mi persona, pero tampoco me ha quitado el sueño, lo confieso.<br/><br/>Comprendo así que la madre, teniendo que escoger entre su hija y yo, la eligiese a ella. Faltaría más. <br/><br/>No comprendo, sin embargo, el motivo de dicha disyuntiva. Somos adultos, civilizados, y podemos comer juntos en una misma mesa sin matarnos. Bueno, al menos, yo sí puedo.<br/><br/>Comprendo que no todo el mundo está cortado por el mismo patrón y que hay personas con las que no comparto absolutamente nada. No hay que forzar las cosas. No hay que intentar unir mundos separados.<br/><br/>No comprendo, con todo, que una señora de cierta edad quiera inventarse excusas baratas para justificar sus acciones. Una persona es libre de tomar decisiones, que, al menos por mi parte, siempre serán respetadas, pero siempre debe afrontar las consecuencias. Y no intentar tratarme de estúpida, porque no lo soy. Y las excusas no cuelan. Bueno, tal vez si me las hubiera dado en persona… pero ni eso. <br/>Además, esa comida es en honor a su hijo…<br/><br/>…¿no?<br/><br/>Después de pasar unos días llorando sin tregua, intentando comprender por qué no podía asistir a una comida en honor a la persona que más he querido en el mundo, intentando descubrir cuál había sido mi pecado para no ser bienvenida, y tratando de que la mano del destino me soltase el estómago por segunda vez… lo entendí todo.<br/><br/>El error ha sido mío desde el principio. Yo creía que acercándome a su familia, me acercaba a él. <br/>Y no. <br/>Él era él.<br/>Y se fue. <br/>Y nadie puede reemplazarlo. <br/>Esa comida es un teatro. En realidad, sé que, de entre todos los asistentes, uno opina que con los años hay que olvidar ciertas cosas, otro va porque su hermano es el yerno, otro por amistad con la madre, otro por compromiso… <br/><br/>Lo más increíble de todo es que, ahora que se han acabado las lágrimas, me siento liberada. Es una sensación extraña. Como si hubiera terminado una responsabilidad en mi vida. Y nunca me acerqué a esa familia por obligación ni por compromiso. Lo hice con todo el amor del mundo y lo volvería a hacer una y mil veces. Pero, en vista de que el sentimiento no es mutuo, lo mejor es que las cosas hayan terminado así. <br/><br/>Os deseo lo mejor, familia. <br/>Ha llegado el momento de tomar caminos distintos.</font> <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_38.htm"><title><![CDATA[Lluvia intensa]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_38.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Sigo viva. <br/>Sigo en “racha”. <br/><br/>Me quedé sin curro y todavía no he encontrado nada. ¿Alguien necesita traductora? <br/><br/>Ahora me he quedado sin coche. Una inútil le dio un golpe estando correctamente estacionado. En principio, lo cubre el seguro. Pobrecito. A la buena mujer se le cayó el monedero, y se le ocurrió agacharse a recogerlo. Y mi cochecito, que estaba esperándome, paró al monovolumen en pleno descarrilamiento.  <br/><br/>Me he quedado sin tarjetas de crédito. Una tiene la banda magnética hecha trizas. La otra, se la tragó el coche de mi hermano (es que no encuentro otra explicación). El otro día tuve que dejar la compra en el súper, y salir pitando al banco, a ver si me daban dinero sin tarjetas ni libreta, con el consecuente bochorno y el carrito de la compra lleno. <br/><br/>Mi jefe vive en la inopia, se niega a aceptar la realidad, y me estresa. Escribe cartas a los periódicos, a las emisoras de radio y televisión, busca en Internet asociaciones de padres separados. No entiende que lo suyo es un caso más y que le no queda otra que asumirlo. Le aprecio y no soporto ver que va directo a estrellarse, y que su nube sube y sube, con lo que la caída resultará mucho más estrepitosa. <br/><br/>El próximo domingo, se celebra una tradicional comida navideña en casa de los padres de aquel amigo mío que murió, y al que sigo echando de menos como el primer día. Mi alma gemela, mi confidente. Mi querido mejor amigo. Dicha comida ha tenido lugar cada año, y, como mejor amiga de mi mejor amigo, no he faltado. <br/>Este año, no he sido invitada. <br/>No lo entiendo. <br/><br/>Este año, por primera vez en mis treinta y uno de existencia, he comprado un décimo para la lotería de Navidad. Si es cierto que después de la tormenta llega la calma, me toca seguro. Y si sigue la racha, no rascaré un céntimo. Tengo un cincuenta por ciento de posibilidades: o me toca, o no me toca. <br/><br/>Hace una semana que no dejo de sangrar por la nariz, como una cocainómana cualquiera. Y juro que, a pesar de esta mala racha, aún no me he dado a la bebida o a las drogas. Mis vicios siguen siendo el ordenador, el tabaco, la serie “Perdidos” y el sudoku. <br/><br/>Y ya tengo dos niveles de Reiki. Puedo hacerlo a distancia. Creo que funciona, pero mi lado escéptico me pide más pruebas de las que tengo. Dualidad, pugna entre lo espiritual y lo terrenal, dudas… no sé. ¿Alguien necesita terapia energética?<br/><br/>A lo mejor esta serie de catastróficas desdichas es una prueba del destino para mi crecimiento personal. Porque, cierto es, que todo esto me llega a pasar hace un año y me hundo (soy de fácil ahogamiento, lo reconozco). Pero, sorprendentemente, estoy tranquila, positiva y optimista. A veces pienso que demasiado. No me reconozco. Estoy cambiando. <br/><br/>Sigo dando gracias por todo. Siempre se puede estar peor…</font>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_37.htm"><title><![CDATA[Cartas en el ciberespacio]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_37.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Hola, R.<br/><br/>Posiblemente ni me recuerdes. Fui alumna tuya en la Universidad de X, hace unos diez años. Rizos y gafas es la descripción más estándar que se me aplica. En alguna ocasión habíamos coincidido en el tren, yo bajaba en misma estación que tú.<br/><br/>Recuerdo tus clases con nostalgia (a veces, incluso con síndrome de abstinencia), porque, además de dejarme con el convencimiento de ser el único profesor que me enseñó algo a lo largo de la carrera, tus continuos ánimos y halagos hacia mi forma de traducir fueron los que me empujaron a intentar ganarme la vida con ello, en lugar de hacer lo mismo que la mayoría de mis compañeros, y ponerme a tramitar pedidos de ventas al extranjero en empresas varias.<br/><br/>Hasta ahora, no me ha ido del todo mal. He traducido todos los números de una revista llamada XXX, de Ediciones Y, una colección de libros de recetas para otra editorial, un libro sobre la carrera espacial entre EEUU y Rusia, y otros pequeños proyectos, como carátulas de DVDs, etcétera, todos ellos publicados, tanto en España como en Latinoamérica.<br/><br/>De todas formas he tenido que combinar las traducciones con un trabajo de administrativa de seis horas diarias, por aquello de la necesidad de un sueldo fijo (aunque mísero), y de salir de casa y mantener el contacto con el mundo exterior. Y en la oficina, puedo traducir, lo cual me ha venido de fábula. <br/><br/>Ahora me encuentro con que la revista, después de cuatro años, se cierra, y sin otra fuente de ingresos que mi sueldo de secretaria. Y, navegando por la red, intentando encontrar alguna editorial o empresa de traducción que me diera una oportunidad, he dado con esta dirección de correo electrónico. <br/><br/>Si te has molestado en leer todo lo escrito hasta ahora, ya me doy por satisfecha. Pero la desmoralización me obliga a preguntarte si conoces algún sitio al que pudiera enviar mi CV, o si tienes alguna idea de por dónde podría tirar, para encontrar trabajo como traductora autónoma, y así no tener que dejar mi puestecillo de administrativa, que no me enriquece económicamente, pero sí personalmente, y es muy importante para mí. <br/><br/>Mil perdones por la desfachatez y otras mil gracias por haberme leído. (Siempre que la dirección no esté equivocada, en cuyo caso, también me disculpo).<br/><br/>Espero que tus actuales alumnos sepan valorar y apreciar tus clases (y no es peloteo, I swear).<br/><br/>Gracias de nuevo,<br/><br/>LL.<br/><br/><br/>Media hora más tarde...<br/><br/>Querida LL:<br/><br/>Claro que me acuerdo de ti. Y me alegro de que hayas estado trabajando como traductora todo este tiempo. Creo que deberías comenzar por el sector editorial de tu cuidad, específicamente por las editoriales Z y E, porque sacan muchas publicaciones periódicas. También miraría algunas de prestigio cuya editorial no conozco, como National Geographic. Finalmente, hay un número de revistas especializadas en deportes, culturismo, etc., que suelen ser una plataforma publicitaria: su máximo anunciador compra la franquicia de la revista, normalmente estadounidense, y después vende aparte el espacio de publicidad y traduce los artículos al español. Hay varias en tu ciudad.<br/><br/>Tras eso, si no funciona habrá que cambiar de sector. De todos modos, persevera en el editorial, que ahí hay mucho bacalao que cortar.<br/><br/>Espero que te sea útil. No desesperes. Piensa que buscar un trabajo ES un trabajo, ok? Mantenme informado. A veces me llega alguna oferta, aunque no en los últimos cuatro meses.<br/><br/>Un abrazo,<br/><br/>R.<br/><br/><br/>Después de más de diez años... me parece increíble.<br/>Y más increíble le parecería a él enterarse de lo feliz que me ha hecho. Será cierto que siempre hay una luz al final del túnel...</font><br/><br/> <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_36.htm"><title><![CDATA[Una entre doscientas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_36.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Viernes por la tarde. Último día laborable, fin de semana por delante.<br/>Los ánimos, no demasiado buenos.<br/><br/>La secretaria está triste, porque se ha quedado sin su principal fuente de ingresos, que son las traducciones, y se ve en la obligación de encontrar otras nuevas cuanto antes, o de replantearse su vida laboral y dejar el trabajo en la pequeña empresa familiar en la que campa a sus anchas, y buscar algo mejor remunerado, o de pedir un aumento de sueldo al jefe, en el peor momento posible para hacerlo.  La primera alternativa es la única que le gusta, pero también la más difícil. El resto, no quiere ni pensarlo.<br/><br/>El jefe está triste, porque su separación es definitiva. Hace cuatro días ha tenido lugar el juicio por la demanda que su ya ex mujer interpuso contra él.  Por su forma de hablar y de interpretar los hechos, está claro que alberga mucha más esperanza de lo que la estadística permite de conseguir la guardia y custodia de sus hijos, y, con ella, su casa. Y su vida.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/041115_AMDcoeur04.gif" alt="" border="0" width="120" height="160"/><br/><br/>Viernes por la tarde, en el trabajo. La empresa está en un pequeño centro comercial de un pueblo, en el que hoy, viernes por la tarde, se inaugura un centro para la infancia, con servicios de psicología y logopedia, refuerzo escolar, técnicas de estudio… <br/>A tales efectos, no basta con invitar a unos canapés y a una copita de cava. Como el centro es infantil, no escatimemos en medios y montemos un despliegue digno de recordar. Fiesta, música, amplificador, payasos y niños. Nos espera una tarde entretenida….<br/><br/>La situación empieza a degradar en extraña, por emplear un adjetivo. A eso de las cinco y media de la tarde, empieza el espectáculo. Debo reconocer que la nostalgia me embarga, y todos debemos admitir que, payasos como los “míos”, nunca más los ha habido. Toda la música era la que yo escuchaba en la infancia, la gallina Turuleta, el auto de papá, hola don Pepito… Me emocioné y todo. <br/>Eso sí, el jaleo montado, entre música, niños, madres, payasos y globos, era digno de un circo, y no de unas galerías en las que, compartiendo planta con la función, hay un dentista, una podóloga, una constructora, un centro de estética, una tienda esotérica, una peluquería y una autoescuela, la mayoría trabajando.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/argclwn3.gif" alt="" border="0" width="97" height="169"/><br/><br/>En pleno auge de “cómo están ustedes”, y con el acceso a la autoescuela más que complicado, llegan los alumnos del curso de ciclomotor. Cuando se abre la puerta de la autoescuela, no se oye más que el espectáculo. Bueno, y cuando se cierra… lo mismo. <br/><br/>La vibración del momento es anómala. Pero no sólo por los payasos y los niños. Es de noche, hace frío y es una tarde atípica. Es una tarde distinta a las más de doscientas tardes de viernes que he pasado allí. Algo ocurre.<br/>Algo está a punto de ocurrir. <br/><br/>¿Cómo están ustedeeeeees?....<br/><br/>Llega mi jefe con la cara desencajada. Acaba de recibir una llamada de su abogado comunicándole la sentencia: lo ha perdido todo. Me deja a cargo de los alumnos, y se encierra en su despacho. Llora. <br/><br/>Mi corazón late a mil pulsaciones por segundo. ¿Qué hago? Objetivamente, el tema no es tan trágico. No es el primer hombre que se separa y a quien deniegan la custodia de los hijos y el domicilio conyugal. Ni será el último. <br/>Pero, a través de sus ojos, es una tragedia. Porque, en realidad, lo es.<br/>¿Qué se le dice a una persona que acaba de perder todo por lo que ha luchado y trabajado durante media vida? <br/><br/>Poco acerté a decir. Y creo que cuanto más lo intentaba, peor salía. Me partió el alma, y mucho más de lo que su mente egocéntrica y simple le permitirá notar. Tanto es así, que me ha costado dormir, que no podía dejar de imaginármelo como lo vi ayer, llorando, desesperado. Supongo que el niño que lleva dentro tendrá que crecer de golpe. Y supongo que, una vez más, no verá la mano que le tiendo. <br/><br/>Y a escasos metros, siguen los payasos, los niños, la música… precisamente esta tarde de viernes, de entre las más de cincuenta que tiene el año. <br/><br/>Es curioso cómo la alegría y la tristeza pueden compartir un pequeño escenario tan generosamente. Prácticamente se tocan la una a la otra, sin molestarse, y, a la vez, sin dirigirse la palabra. Es casi increíble que cerca de un corazón alegre se encuentre otro sin esperanza, y al lado de éste último, uno roto en mil trozos. Y así sucesivamente, con todos los corazones aparentemente unidos, pero realmente separados por mundos enteros. Parece mentira que en unos metros cuadrados se unan tantas fuerzas y tantos sentimientos tan distintos.  <br/>Y que sea tan difícil…(¡imposible!)... decirle a alguien “estoy aquí” y darle un abrazo...</font> <br/><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_35.htm"><title><![CDATA[Miseria]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_35.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Hace un mes que no escribo nada. Y cuanto más espero, peores noticias…<br/><br/>En todo este tiempo, me he quedado sin ordenador durante un par de semanas. Pobre, estuvo en cuidados intensivos, con un virus y alguna que otra lesión. Ahora ya está curado, formateado, restablecido, con placa nueva y en plena forma. Cómo lo eché de menos…<br/><br/>Mi cochecito también tuvo que pasar por chequeo médico, y ya tengo el papelito verde de “coche viejo, pero tirandillo hasta 2007”. En el diagnóstico, me recomendaron fervientemente cambiarle la correa de distribución, por los kilómetros que llevo… pero todo se andará, porque ahora no está el horno para tal desembolso. <br/><br/>Pasé una mala racha anímica, con toda probabilidad producida por el otoño, la estación más triste y en la que me voy apagando poco a poco hasta el invierno, donde, sencillamente, sobrevivo. La primavera no tarda tanto en llegar. <br/><br/>Y ahora, para colmo de todo mal, tras una época de constante tirantez con mi jefe, cuyo juicio por separación se celebra (nunca he entendido por qué este verbo; suena a alegría…) pasado mañana, resulta que me quedo sin mi principal fuente de ingresos, que era la traducción de una revista cada mes. Porque la editorial la cierra. Sin más. <br/>Y con la nómina que cobro, no es que no llegue a fin de mes, es que no aguanto ni la primera semana. Y no es una hipérbole…<br/><br/>Así que, se comprenderá que me queden pocas ganas de escribir en el blog, porque para contar miserias… Cierto es, que así escrito, no suena tan grave. Pero para mí, lo es. Necesito encontrar traducciones cuanto antes, porque tengo ahorros para un par de meses, a todo tirar. Sé que soy buena, y sé que valgo. Pero necesito una oportunidad. He mandado currículos a editoriales diversas, a ver si a alguien le inspiro confianza y me encarga algún librito, alguna corrección…algo.  <br/><br/>Suerte tengo de mi recién nacida afición por lo espiritual, el reiki… en resumen, los otros puntos de vista. Me he aficionado a leer a Kryon (aunque sin tomármelo todo al pie de la letra, porque puede llegar a asustar) y a todo aquel que es capaz de dar nuevas perspectivas sobre el consabido de dónde venimos, adónde vamos, qué hacemos aquí…<br/>No sé el porqué de este cambio en mí, de esta necesidad de aprender y de comprender más. Aunque las cosas nunca suceden porque sí, y puede que, una vez más, todo esté interconectado. <br/><br/>Es curioso. Un día me matan la incertidumbre y el temor a tener que cambiar de trabajo y renunciar a traducir y a trabajar de administrativa a la vez, en la empresilla de cerca de casa. Al día siguiente, soy puro optimismo, y estoy convencida de que conseguiré trabajo de traducción, y mejor pagado que la revista, y que seguiré en la empresilla cerca de casa, traduciendo y encima, contenta, porque este “susto” me habrá servido para darle a mi jefe su justa importancia: sólo es mi jefe. Y no es verdad que esté harta de trabajar para él. Estoy cómoda, y quiero quedarme.<br/><br/>Hoy estoy con altibajos. Aunque, a medias con mi hermana y mi madre, con la excusa de estar deprimidas (yo por el trabajo, mi hermana porque le han hecho una desgracia en la peluquería, y mi madre por tener dos hijas deprimidas) hemos acabado con una barra entera de turrón de chocolate. Porque lo valemos, qué demonios… Y es cierto, es antidepresivo. Yo que “me había quitado” del chocolate, a ver si voy a recaer. <br/><br/>En fin, esperemos que las cosas vuelvan a su cauce y que el cosmos se alinee para que todo funcione.<br/>De todas formas, sigo agradecida por todo. <br/>Siempre se puede estar muchísimo peor.</font> <br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_34.htm"><title><![CDATA[Desbloqueo y doble personalidad]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_34.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">El sábado hice el curso de iniciación al Reiki. <br/>Hoy sé que estoy deseosa de seguir con el resto de niveles, y de llegar a tener la maestría. <br/><br/>Éramos cinco alumnas (todo mujeres, tal vez por aquello de la sensibilidad, la visceralidad, la espiritualidad…). En principio debíamos acudir allí sin predisposición ninguna. No debíamos esperar nada del curso. Presumo que, a mayor inclinación, mayor alteración de consecuencias. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/reiki.gif" alt="" border="0" width="100" height="192"/><br/><br/>Siempre he oído decir que en estos cursos hay quien llora, quien vomita, quien se desmaya. Para poder practicar el Reiki, un maestro, y sólo un maestro, tiene que someter al alumno a un desbloqueo de los chacras, que son los siete principales centros de energía de nuestro cuerpo. Antes de iniciarnos con dicha liberación, nos practicó una mini-sesión de Reiki a cada una. <br/>Yo sólo conocía a dos de las cinco, pero fue curioso el hecho de que la que me parecía más escéptica y menos predispuesta, lloró de forma desgarradora. Por lo visto, junto conmigo y otra, era la que tenía un bloqueo mayor. En su caso, en el chacra de las emociones, y en el mío, en el de la comunicación. “O has tenido bronca con alguien cercano, o tienes una conversación pendiente”, me dijo el maestro.<br/>O ambas cosas. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/logh.jpg" alt="" border="0" width="124" height="168"/><br/><br/>En fin, el caso es que yo no podía tener bloqueadas las emociones cuando, sin motivo aparente, había estado llorando desconsoladamente los cinco días previos al curso. Vaya, que llegué allí y se me habían acabado las lágrimas. Me pregunto si fue casual el hecho de haber llorado tanto precisamente en esos días. En realidad, mi vida no había sufrido ningún cambio como para tener toda aquella tristeza dentro. Sí, mi jefe es un capullo, pero eso no es ninguna novedad. Me pareció más persona y más vulnerable durante unos meses… pero se ha vuelto a revelar el capullo de siempre. Tampoco vamos a hacer de eso un mal mayor. Al fin y al cabo, el problema lo tiene él. <br/><br/>Durante el transcurso del sábado, en las ocho horas que duró el curso, aprendimos historia del Reiki, nos desbloquearon los chacras (desbloqueo que permanece de por vida, a menos que no se cuide), nos enseñaron el primer símbolo reiki, e hicimos prácticas unas con otras. A diferencia de otras, no vi colores, no lloré, no sentí ninguna llamada espiritual… tanto fue así, que terminé confesando que tengo un lado escéptico que me puede más de lo que yo pensaba. Evidentemente, si creyese que todo eso son pamplinas, no hubiera pagado por el curso. Pero mi cabeza está en continua contradicción, y cuestionándoselo todo a cada momento. Yo lo llamo mi “lado terrenal”. ¿Y si soy menos sensible? ¿Y si no sirvo para esto? ¿Y si nunca llego a sentir nada?<br/>Pero, por otro lado, hace años que tengo la “facultad” de quitarle el hipo a la gente, siempre que me hagan caso y me tomen en serio. Y pocos lo hacen, pero con ellos, funciona. Simplemente pongo las manos sobre su cabeza, les hago respirar hondo y expulso al hipo. Y funciona. ¿No es prueba suficiente de que esas cosas pasan? Eso sí, cuanto menos dudan de mí, más rápido se les quita. Ahí está la prueba de que no hay que estar en continuo estado de cuestionamiento. Pero… ¿cómo evitarlo?<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/reiki2.gif" alt="" border="0" width="150" height="315"/><br/><br/>El Reiki es muy espiritual, lo cual no significa “religioso” ni “sectario”. Y yo soy una persona muy espiritual, aunque nada religiosa. Soy una firme convencida de que la casualidad no existe, de que nada sucede porque sí, y de que todo confluye para llegar a un fin concreto. La vida no es sólo un cuerpo funcionado como la perfecta máquina que es. Es un hecho demostrable y demostrado que la energía existe, y fluye, y se canaliza.<br/>Pero, por otro lado, no me acabo de creer capaz de practicarle una sesión de Reiki a alguien y que esa persona vaya a sentirlo de verdad. Tal vez por eso aún no lo he intentado. <br/><br/>A veces pienso que tengo dos personas dentro de mí. La escéptica y la creyente. La espiritual y la terrenal. La cerrada y la abierta. Es cierto que se me conoce como aficionada a lo oculto, a lo esotérico, a lo espiritual, a las velas, al incienso… Pero en realidad, no se me conoce. Soy dual. ¡Estoy como una cabra!<br/><br/>De todas formas, sigo con mis sesiones de Reiki cada noche (conmigo misma), y me ambiento con incienso, velas y música relajante especialmente compuesta para esta práctica. Es la ventaja de ser espiritual pero disfrutando de las comodidades del mundo terrenal, como bajar la música de Internet. Para estos casos… ¡que viva la dualidad! <br/>Bien, pues en dichas sesiones, es cierto que estoy consiguiendo desconectar y no pensar en el trabajo, el jefe, y la vida cotidiana. Es cierto que de mis manos, siempre heladas, cada vez se desprende más calor. Y es cierto que en la garganta noto una especie de dolor como seco, como una presión interna, que se me pasa en unos minutos… curiosamente, en el chacra de la comunicación. Y mi lado terrenal luego me dice que es por haber respirado hondo, que se me ha secado el cuello. <br/>Ay…¿cómo puedo hacerlo callar?<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/Evening_storm.jpg" alt="" border="0" width="96" height="96"/><br/><br/>Pero pienso seguir. Soy feliz desde ese día y sólo por ese motivo, ya merece la pena. Y, en el fondo, mi lado espiritual me empuja a continuar. Me dice que, con paciencia y dejándome llevar por lo que siento, y no por las preguntas, llegaré a donde me proponga. <br/>Y, en el fondo, sé que es cierto.</font><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_33.htm"><title><![CDATA[Trastorno afectivo estacional]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Caigo en picado. No sé exactamente por qué; ni siquiera sé si hay motivos. Hace unas semanas lloraba por cualquier cosa. Siempre por una razón, por absurda que fuera: un expulsado de Operación Triunfo, películas, series… incluso anuncios. Pero siempre había un motivo.<br/><br/>Ahora ya no necesito inspiración para que mis ojos se llenen de lágrimas, en el trabajo, en el coche, en casa…<br/><br/>Supongo que gran parte de la culpa está en el trabajo. Mi jefe me crispa los nervios. Le odio. Pero le odio demasiado. <br/>Y en el fondo, la culpa es mía. No tengo ninguna obligación de desvivirme por alguien que no lo merece. La estúpida soy yo. El otro día me pidió (por poner un verbo) que fuera a mirar ordenadores para cambiar el nuestro. Y así lo hice. Le pasé todos los presupuestos de todas las tiendas de las cercanías. Le aconsejé uno, porque él, de ordenadores, ni la más remota idea, y quedó aprobada mi elección. Al día siguiente, me volvió a “pedir” que le preparase todo el papeleo para financiarlo, y yo arriba y abajo, papeles para acá, formulario para firmar para allá, vuelta arriba y paseo abajo. Y ya no pude más cuando me dijo:<br/>- Ve a buscarlo tú.<br/>No sé quién despertó dentro de mí, porque me oía hablar en voz alta y no me podía creer lo que salía de mi boca. Yo no soy así.<br/><br/>- Ve a buscarlo tú, que tienes tiempo.<br/>- Sí, claro, como no tengo nada mejor que hacer…<br/>- Hostia, tranquila…<br/>- Nada de tranquila. ¡Menos exigencias! Si voy, será porque quiero.<br/>- Creía que te gustaban estas cosas.<br/>- Me gustan cuando quiero. Iré si me da la gana. <br/><br/>Desde ese día, palabras las justas. Lágrimas, más de las necesarias. <br/>Pero, obviamente, fui.<br/>Le odio.<br/>Odio que se desviva por su fulana a cuatrocientos kilómetros de aquí, y no vea que tiene al lado a una persona, que, además de llevar mucho tiempo intentando hacerle la vida más fácil, está pasando un mal momento. Ni siquiera le importa. Y yo sufriendo por él y sus circunstancias… Tres hurras por su futura ex, porque aguantarlo diez años es como para ganarse el cielo. <br/>Está claro que no sólo soy invisible como mujer, lo cual ya me tiene sin cuidado. Soy invisible como persona. Como ser humano. Simplemente, soy un accesorio más para que él viva más cómodamente. No tengo sentimientos, o si los tengo, no importan. <br/>No entiendo que una persona pueda ser tan tremendamente egoísta. <br/>Odio el egoísmo. <br/><br/>He leído algo sobre los trastornos afectivos estacionales, que creo son depresiones o similares en función de la época del año. Y si no lo son, yo ya he bautizado a mi problema. El otoño siempre ha sido mi castigo, pero no sé si este año es peor, si no aguanto más la tensión en el trabajo, si aprecio a mi jefe o realmente le odio (que ya es un sentimiento, ojalá pudiera sentir indiferencia…), si son las hormonas, si fue el eclipse… pero lloro y lloro. Y ahora ya no me hacen falta motivos. <br/>Odio el otoño. <br/><br/>Mañana por fin es el curso de iniciación al reiki. Llevo esperándolo ansiosa un mes, y ahora parece que no me apetece tanto. Pero tengo la esperanza de que el maestro pueda extraerme toda la energía negativa que llevo dentro y enseñarme a quitarme el estrés. <br/>Y al otro… que le den. Todo el mundo tiene lo que se merece y confío en que la “justicia” sea justa. <br/><br/>No me gusta tener malos deseos hacia nadie. Pero creo que esta vez, me han obligado.</font><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_32.htm"><title><![CDATA[Amigos, compañeros, caprichos y Reiki]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diasdelluvia/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><font size="2">Ante todo, otra disculpa a mi/s lector/es por mis prolongadas ausencias. La verdad es que el síndrome post-vacacional me está afectando de una forma muy distinta este año. O tal vez sea otro mi problema. El caso es que me siento “rara”. <br/><br/>Para empezar, de la noche a la mañana, el capricho de mi jefe se me ha pasado. Queda algo de curiosidad y de morbo, pero es una dosis muy escasa. Saldría con él a cenar… sí. Le escucharía e intentaría ayudarlo… también. Me acostaría con él… en principio, no. Será simplemente que nos hemos hecho amigos, después de cuatro años. Sigo pensando que somos de dos mundos distintos que pueden unirse por un hilo de amistad y confianza. Pero nada más. Por otro lado, el hombre insiste en no contarme que tiene una aventurilla a cuatrocientos kilómetros de aquí. Y por más que yo le digo, lo niega y lo niega. No entiendo por qué.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/h_travail12.gif" alt="" border="0" width="107" height="86"/><br/><br/>Puede que también influya el hecho de que R., un buen amigo común entre J., el de la casa del cementerio o mi eterno amor de juventud,  y yo, quiera hacer de celestina después de tantos años de desencuentros con J.<br/> J. sigue con su novia yanqui, que lleva aquí unos cuatro meses. Lo mejor que podía pasar, porque así se definirá la situación: o se termina del todo su relación, o continúa, como efímeramente se dice, “para siempre”. Porque tener pareja al otro lado del charco es muy fácil. Tanto como no tenerla. <br/>R. le dio una excusa a J. para que me llamara por teléfono. Y ahí me enteré yo de sus intenciones. Insiste en que esa chica no es para él. Y ahora ella tiene que ir a hacer “unas gestiones” a su tierra y a reflexionar sobre su relación o a decidir si vuelve o no.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/tn_patrimoine05.jpg" alt="" border="0" width="154" height="115"/><br/><br/>Si algo he aprendido de tantos desengaños (muchos por mi poco tino en la elección del hombre adecuado) es que no pienso volver a obsesionarme con nada. Nada quiere decir nada; ni un hombre, ni un trabajo, ni una amistad, ni una casa… Antes, cuando mi jefe “amenazaba” con cerrar o traspasar la empresa, mis pulsaciones aumentaban a ritmo de maratón. Ahora pienso que tengo una licenciatura, cuatro idiomas y varios años de experiencia… en la calle no me quedaré. Y respecto a J., ya sabe dónde vivo. Es cierto que me veo con él como no me he visto con nadie, por aquello de la compatibilidad en términos fríos, y por aquello de la conexión, la intimidad, la confianza y el amor (¿por qué no?) en términos más viscerales. Pero no pienso salir de caza. De entrada, me gustará ver cómo se cumplen las predicciones de R. Yo interpreto el papel de buena amiga de J., y defiendo su relación como no lo hace nadie. En realidad, lo que quiero es que sea feliz, y si tiene que serlo con ella, no me importa. Desde los 13 años hasta los 31, hay tiempo para acostumbrarse a las situaciones. A ver por dónde nos sale la norteamericana… Yo, mientras tanto, a seguir con mi vida.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/imagen2.jpg" alt="" border="0" width="150" height="225"/><br/><br/>La tensión en el trabajo es tremenda. Justo cuando empecé las vacaciones, estaba al límite del ataque. No creo que hubiera aguantado una semana más. En realidad, los primeros siete días, estuve prácticamente todo el tiempo durmiendo. Lo necesitaba.<br/>Ahora, después de haber cargado pilas, he vuelto al ruedo, pero el otoño es lo que es, el proceso de separación de mi jefe está en su cúspide, y me estoy empezando a cansar de todo. No será fácil encontrar un trabajo donde se me permita desempeñar mi otro trabajo. Tengo todo controlado, estoy cerca de casa y, por lo pronto, el horario no me disgusta. Así que no voy a marcharme. Pero la dichosa tensión ha hecho de las suyas, y se ha manifestado en forma de contracturas musculares en la espalda, que me han costado ya un par de masajes. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/secretaire08.jpg" alt="" border="0" width="225" height="155"/><br/><br/>Muy cerca del trabajo (como siempre, me muevo mejor en las distancias cortas) se ha organizado un curso de iniciación al Reiki. El Reiki, para más datos, es un método para sanar enfermedades, eliminar el estrés, relajarte y sentirte feliz mediante la canalización de "energía universal" o en otros términos, la energía del amor puro. REI significa universal o sin limites, y se refiere al universo que nos rodea. KI significa energía vital, lo que fluye en todo ser viviente. El método consiste en aprender a controlar y a combinar las dos energías, la interna y la externa. <br/>Sé de primera mano que las sesiones de Reiki realmente funcionan. De hecho, no se trata de nada esotérico. Es un hecho palpable que la energía está en nosotros y en todo lo que nos rodea. Hace tiempo traduje un artículo sobre esta práctica y, desde entonces, he conocido personas que se han sometido a sesiones, y que han quedado sorprendidas y encantadas con los resultados. Pues bien, yo quiero ir más allá. Quiero saber hacerlo. Quiero hacer todos los cursos necesarios hasta alcanzar la maestría. Sonará “sectario”, pero hacía tiempo que me rondaba por la cabeza, y ahora he sentido una especie de “llamada”. Quiero ayudarme a mí misma y poder llegar a ayudar a los demás. Faltan poco más de tres semanas para el curso y estoy impaciente. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/logh.jpg" alt="" border="0" width="124" height="168"/><br/><br/>Estoy liadísima de trabajo, con las traducciones y la tensión de mi jefe. La verdad es que hasta yo lo estoy pasando mal con todo esto, y eso que, en principio, a mí no me afecta para nada. Es curioso, las cosas salen cuando menos interés se pone en ellas. Llevo meses intentando encontrar una excusa por la que mi jefe tuviese que venir a casa. Y mi casa, que ya empieza a escucharme, se me ha adelantado. Cuando mis padres están fuera, mi hermano también y los fontaneros escasean, son caros y lentos, se me ha descollado el desagüe de la pila de la cocina. Una avería lo suficientemente tonta como para ahorrarme el fontanero y lo suficientemente complicada como para no poder arreglarla yo sola (el esfuerzo ha sido irrisorio, también hay que admitirlo). Mi jefe, amablemente, se ha ofrecido a venir a echar un vistazo. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/diasdelluvia/files/metiers_d10.gif" alt="" border="0" width="151" height="200"/><br/><br/>Otra vez lo mismo: cuanto más fácil, menos interesa. O cuanto menos interesa, más fácil, no lo tengo del todo claro. <br/>Según dijeron las cartas hace meses, tendré una aventura sin importancia antes de empezar a establecer una relación con cierto futuro. Entonces parecía inviable… pero ahora que las cosas aparecen más concretas… ojalá tuvieran razón…</font><br/>]]></description></item></rdf:RDF>
