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¡Ojú, qué barbaridad!
Acerca de
Ignacio Díaz Pérez es periodista. Trabaja en la sección local de El Mundo en Sevilla desde 1998, donde también realiza labores de cierre. Ha trabajado en Diario 16 Andalucía, Canal Sur Radio, Radio Guadaíra, Radio Utrera y la agencia Mencheta, entre otros medios.
Sindicación
 
La policía mejor preparada
Hablando de Policía y hablando del Aljarafe. Atención, adivinanza: ¿La de qué pueblo ha viajado a Israel para recibir formación? ¿Formación con el Mossad, los servicios de inteligencia y contraterrorismo israelíes? ¿Se prepara tal vez una intifada en Sevilla?

No es por quitar hierro al asunto. Pero esta policía es la que carga en los plenos contra los trabajadores municipales que despliegan pancartas.
 
El Aljarafe, como Marbella
En el principio fue el Urbanismo. Luego la corrupción. Y al final los asuntos del corazón, al estilo de Marisol Yagüe.

Una pista: Dicen que la jefa le avaló al policía el crédito para el coche de importación que compró en un concesionario del Aljarafe.
 
Cómo cuida el VIPS a sus clientes... y sus trabajadores
Perdón por la tardanza. Mis otras obligaciones no me dejan mucho tiempo para atender como se merece este blog. Ya lo advertí. Intentaré mejorar eso.

Pero resulta que vengo de tomar café en el Starbuck's del VIPS, ese establecimiento que se esmera por cuidar la vanidad de sus clientes, a los que cobra a precio de oro lo que no es más que baratija.

En fin, pues resulta que, mientras a los clientes los dejan entrar y salir del establecimiento con sus bolsos, bolsas, libros, libras y demás sin ponerle la más mínima pega, lo que me parece muy bien, a los trabajadores y trabajadoras los obligan a enseñar el bolso al vigilante de la puerta.

A mí, al menos, me llama la atención y me indigna este descarado ejercicio de desconfianza hacia la gente de dentro, que, por lo demás, no debe cobrar demasiado que digamos.
 
Las cuentas de Martinez Salcedo
Las empresas municipales de Sevilla, que son cuatro (Tussam, Lipasam, Emvisesa y Emasesa) agrupadas en el invento de la AIE (Agrupación de Interés Económico), pierden dinero a espuertas. Eso es algo probado y comprobado. El último año, 60 millones de euros. Y la solución que propone el gobierno del PSOE es pedir un crédito para acometer un plan extraordinario de inversiones en los próximos tres años.

Las actuaciones previstas no son inversiones, sino puro y duro mantenimiento. Pero ése es otro debate. Lo cierto es que el crédito para salvarle la cara a las empresas durante los próximos tres años se pagará durante tres décadas, ahí es nada.

Según el PP, en los 30 años de amortización del crédito (cuyo importe es de 283,6 millones de euros) el Ayuntamiento habrá pagado, incluyendo intereses, unos 393 millones de euros. Según el gerente de la AIE (uno de los cargos puestos a dedo por el alcalde Monteseirín para tapar las vergüenzas de las empresas públicas), Fernando Martínez Salcedo, en este tiempo se habrán pagado sólo 207 millones de euros, unos 75 millones menos de los que van a prestarle los bancos. Glup...

Lo explica en función de la devaluación del euros en este tiempo y viene a decir algo así como que los intereses van a crecer menos de lo que va a crecer la cotización de la moneda europea o no sé cómo. Pero las cuentas no me salen. Si yo pido un crédito, ¿el banco no me exigirá que le devuelva lo que me ha dejado y unos pocos millones más de interesas? Dígame cómo lo hace usted.
 
Pleno de subida de impuestos
Los hay para investir alcaldes, para acatar sentencias, para aceptar subvenciones, para aprobar proyectos y para subir impuestos. Y el de este viernes es para eso último. Ya lo verán.

Ojo al IBI (congelado, pero no para de subir, que me lo expliquen), al bonobús de Tussam y a la zona azul. Menos mal que yo me muevo a pie.

Aviso para turistas: aprovechen este final de año para visitar el Alcázar. La subida prevista es del 20%.
 
¿Quién paga los platos rotos de los Bermejales?
3 millones de euros, 500 millones de pesetas... Tras el desaguisado que se hizo con los chabolistas, que puso en evidencia la pésima gestión social del Ayuntamiento de Sevilla, la segunda consecuencia del escandaloso desalojo es la económica.

Le toca pagar a la Gerencia de Urbanismo, que es en más del 90%, la prioncipal integrante de la junta de compensación que ha sido condenada por el juzgado número 11 de Sevilla a pagar a Inmoavance (la inmobiliaria que entregó, en billetes de 500 euros, el dinero a los chabolistas) 2,25 millones de euros de principal y 822.000 euros de intereses de demora y costas.

Pero se supone, así al menos se recogía en las conclusiones de aquel paripé de comisión de investigación, que la decisión se adoptó a espaldas de la Gerencia de Urbanismo, en una supuesta reunión del grupo del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, celebrada según parece el 28 de junio de 2004, un mes antes del desalojo.

Se dijo que el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el delegado de Urbanismo, Emilio Carrillo, asistieron a aquella reunión, si es que ésta se produjo. Y que Carrillo comunicó al gerente, Manuel Marchena, la orden para que ejecutara el maquiavélico plan (el portavoz del PSOE, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, llegó a decir al día siguiente del desaguisado que "el fin justifica los medios").

IU, en el gobierno de Monteseirín desde 2003, se preocupó por dejar bien claro en las conclusiones que ellos no sólo no habían tenido nada que ver con la decisión, sino que incluso ésta se adoptó sin que ellos tuvieran conocimiento de ella. Incluso, el concejal Antonio Rodrigo Torrijos abanderó la campaña para dejar bien claro que no se le iba a pagar ni un euro de dinero público a la empresa que llevó a cabo el pago a los chabolistas.

Mañana, Consejo de la Gerencia de Urbanismo. Ya veremos cómo se retrata cada uno.
 
Escándalo de Los Bermejales: La Justicia se pronuncia... un año después
La sentencia no deja lugar a dudas. El Ayuntamiento de Sevilla deberá pagar a la inmobiliaria Inmoavance los tres millones de euros que el 28 de julio de 2004 entregó (por indicación de los dueños del suelo, la Gerencia de Urbanismo en un 95%) a los chabolistas de Los Bermejales. 42.000 euros en fajos de billetes de 500 euros a 44 familias, más los intereses y costas del proceso.

La sentencia, además, cuestiona la constitucionalidad de la cláusula que obligaba (es un decir, porque los chabolista, una vez que tuvieron el dinero en sus manos, obviamente, hicieron lo que les vino en gana) a los receptores del dinero a comprar con él una vivienda fuera del Polígono Sur.

El gobierno local no podrá negar ya más que aquellas bolsas contenían dinero de los sevillanos. Bermejales, viajes del alcalde y de los amigos del delegado de Juventud, comilonas del 'dedocrático' delegado de Cultura, sueldos de ex concejales y ex directores de organismos públicos recolocados en extrañas fundaciones públicas cuya labor es un misterio... Y el IBI, sube que sube que sube.

Atentos al texto de la sentencia. Próximamente en este blog.
 
Jornada negra en Sevilla
Por la mañana, un obrero murió electrocutado mientras conducía una excavadora en unas obras en el Polígono Aeropuerto. Tenía 49 años y era natural de Málaga. Trabajaba con una subcontrata, que ejecutaba las obras de ampliación de una empresa de almacenaje con la que contrata habitualmente la multinacional Coca-Cola.

Al mediodía, una mujer de 86 años, vecina del barrio Voluntad, ha muerto atropellada en la calle San Jacinto. Dicen quienes lo vieron que se echó encima de la furgoneta que acabó con su vida a la altura del Protectorado de la Infancia. Había un paso de peatones cerca, que no utilizó.

Y por la tarde (y hasta bien entrada la madrugada), el fuego se hacía el dueño y señor de una de las zonas comerciales del centro. En Galerías Madrid, en la calle Cuna, estallaba un incendio, que pronto se extendió hacia otros comercios históricos y amenazaba con atacar Cerrajería. Las llamas obligaron a evacuar numerosas calles del entorno.
 
Se acabaron las pruebas


Ahora sí que sí. Este blog está dedicado a la gente de mi ciudad que vive fuera de Sevilla y tiene interés por conocer lo que ocurre en ella. Esta es mi declaración de intenciones:

No aspiro a contar la verdad, la cual desconozco si existe. Sólo prometo reflejar en este espacio la realidad tal y como yo la veo, con absoluta honestidad y rigor, y en el ejercicio del derecho a la libertad de expresión.

Lo que aquí aparecerá no serán noticias. Por escribirlas, me pagan en el medio de comunicación en el que trabajo. Tampoco serán rumores, pues éstos no contribuyen al conocimiento de la realidad, sino a su deformación. Serán pinceladas de la realidad, que irán apareciendo publicadas según me pida el cuerpo y pueda hacer uso del poco tiempo del que dispongo.

También habrá opinión. Libre y sensata. Quedará claramente diferenciada del resto de los contenidos. Y no será necesaria ni exclusivamente la mía.
 
Otra prueba más y me voy a comer
Es lo que tiene este trabajo, que no tiene horas. Bueno, mejor dicho, tiene muchas, demasiadas... Pero es lo que elegí. Al fin y al cabo soy un afortunado. O eso creo.

Los niños del pegamento

Oficialmente no existen. Pero en las calles de Sevilla hay menores durmiendo a la intemperie. Como el pequeño marroquí que ingresó el sábado en el Hospital Virgen del Rocío después de quedar atrapado entre la maquinaria de un camión de recogida de basura, que volcó en su cuba el contenedor en el que se resguardaba. Ayer, por fin, abandonó la UCI del Hospital Infantil y pasó a planta, donde se recupera de la fractura de fémur que sufrió.
El menor, de 12 años, pasaba la noche dentro de un contenedor en la avenida de Málaga, junto a la estación de autobuses del Prado. No es lo habitual, según fuentes consultadas por este periódico. «En la calle hay muchos sitios mejores que un contenedor para dormir», aseguran. Pero en la calle, también, se dan otras circunstancias.
El fenómeno de los menores viviendo en la calle está ligado directamente con el de la inmigración. El perfil de los adolescentes que duermen en las calles de Sevilla –como los del resto de Andalucía– es el de un varón –por encima del 98%–, de entre 12 y 18 años, la mayoría de entre 15 y 16 –existen muy pocos por debajo de 12 años–, sin formación o con un grado de formación básico y de nacionalidad marroquí.
«Y en Marruecos se sigue esnifando pegamento». Esa práctica, erradicada casi por completo en España desde hace veinte años, está muy extendida entre los menores inmigrantes que llegan a Andalucía. Y eso explicaría, según algunos de los expertos consultados, extravagancias como la de dormir dentro de un contenedor de basuras. No consumen alcohol –lo que explica el hecho de que en su mayoría sean de origen musulmán–, pero sí tabaco y otras sustancias estupefacientes.
Casi todos son marroquíes, pero también los hay de otras nacionalidades, según indicó a este periódico el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo. Del Magreb y de Europa del Este: rumanos, búlgaros, de la antigua Yugoslavia... También suramericanos –colombianos, ecuatorianos...–, australianos, y hasta de la Europa comunitaria, aunque éstos no tengan la consideración de inmigrantes.
¿Por qué hay menores inmigrantes en las calles? Según el Defensor del Pueblo, porque muchos llegan por carretera, sin control de ningún tipo y sin que la Policía o los cuerpos de seguridad los detengan y deriven hacia los centros de protección de menores de Andalucía, como ocurre con los que llegan a España a bordo de las pateras que se interceptan.
Pero, en muchas ocasiones, los menores que recalan en estos centros se fugan de los mismos. La Oficina del Defensor del Pueblo emitió en 2003 un informe sobre los menores inmigrantes, en el que ya se analizaba esta cuestión.
Según aquel informe, del orden del 80% de los menores que terminan recalando en estos centros acaba fugándose, en un intento por alcanzar el objetivo del viaje emprendido. No son delincuentes, ni personas procedentes de entornos familiares desestructurados; son pobres, vienen buscando trabajo, y se topan con una realidad frustrante: en España no pueden trabajar, ni por su corta edad en algunos casos, ni por culpa de los papeles que no tienen.
Y esa frustración los lleva a rebelarse. No quieren estar encerrados, prefieren continuar su aventura en la calle, aunque en ella, en ocasiones, corran el riesgo de caer en las garras de mafias dedicadas a la prostitución o a la venta de drogas, según se recoge en el informe de la Oficina del Defensor del Pueblo.

Datos oficiales
Los datos oficiales hablan sólo de menores inmigrantes en los centros de protección de la Junta. Para la administración no existen menores durmiendo en la calle. El que se detecta es derivado, de inmediato, a alguno de los centros de atención de menores que conforman la red asistencial. En los nueve primeros meses del año, estos centros han recibido a un total de 1.398 menores inmigrantes, más del doble que los que ingresaron en el mismo periodo del año 2004. Aun así, hasta el 30 de septiembre de 2005 ya se habían registrado unos 360 casos más que en todo el año pasado.
2005, año en el que hasta el 30 de septiembre se ha atendido a 1.884 menores inmigrantes –a los nuevos ingresos hay que sumar los casi quinientos que había en los centros el 1 de enero–, se ha convertido en el año que más casos de menores inmigrantes se han registrado.
Desde junio, según fuentes de la Consejería de Bienestar Social, se ha activado el plan de emergencia en seis ocasiones. Andalucía dispone de un total de 18 centros específicos para atender a la población menor inmigrante, si bien en caso de necesidad se atiende en toda la red. El dispositivo de emergencia supone la puesta en marcha de otros once centros, cuando hay que atender la elevada demanda que se produce en casos de avalanchas de inmigrantes.
El Defensor del Pueblo echa en falta un mayor «trabajo de calle». Sólo algunas asociaciones y organizaciones no gubernamentales trabajan con los menores que vagan de un lado a otro de las ciudades, pero sólo de manera colateral. Trabajan con inmigrantes, y estos menores lo son, o trabajan con personas sin hogar, y éstos tampoco lo tienen.
«El seguimiento es muy complicado», asegura Chamizo. Fundamentalmente, por la facilidad que tienen para moverse de un sitio a otro. «Lo mismo están hoy en Sevilla, que mañana en Málaga, que el otro en Barcelona o Amsterdam», indicó el Defensor. Así es imposible saber el número de los que duermen en la calle. «Igual hoy hay 15 o 20 que ninguno».

La amnistía de Mohamed VI
Aunque el problema en Andalucía no es muy grave –desde el punto de vista de la estadística, claro–, podría llegar a serlo con el paso del tiempo. En Barcelona, los menores inmigrantes representan un colectivo muy numeroso. Entre otras cosas, porque también hay mayor población inmigrante que en Andalucía.
Pero cada vez se dan más casos en Andalucía y Sevilla. El fenómeno de la inmigración de menores no acompañados por sus familiares es relativamente reciente. Empezó a mediados de la década pasada, y en el cambio de centuria se produjo una gran oleada, coincidiendo con la llegada al trono de Mohamed VI y su amnistía general, en la que también llegaron a Andalucía inmigrantes menores que, además, ya traían un perfil más «problemático», según el informe de la Oficina del Defensor del Pueblo.
La consejera para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta, Micaela Navarro, señaló ayer que el caso del menor marroquí herido en Sevilla cuando dormía en un contenedor de basura es un caso «puntual y aislado».
Navarro dijo que «se nos está pidiendo más responsabilidad en casos puntuales» que en el resto de las situaciones.

(Publicado en El Mundo, el 25 de octubre de 2005)
 
Empezando, que es gerundio...
Poco a poco, los primeros pasos son los más complicados. En cuanto eche a andar del todo ya veréis como no hay quien me pare.

A modo únicamente de prueba, y como humilde homenaje al más grande, ahí va eso:

La balada del hombre delgado

El hombre delgado de Minnessota tocó como nunca y encandiló con su voz rota, más rota aún, como sólo lo hacen quienes alcanzan a estar por encima de lo humano. Huraño, genial, esquivo, se metió en el bolsillo a un público dispuesto a entrar por el aro, con los primeros acordes de su «Rainy Day Women#12&35» (Blonde on Blonde, 1966) con que abrió el concierto.
Bob Dylan, de negro riguroso, sombrero tejano, escondido tras un piano, tiene hoy, 63 años cumplidos, la misma fuerza que lo llevó a ser considerado el heredero de Woody Guthrie hace más de cuarenta años. Sobre el escenario, uno de los últimos mitos vivos, excéntrico, camaleónico, ave fénix de sí mismo, se transforma de nuevo en el bluesman blanco que se convirtió en leyenda.
Su aspecto es el de un anciano de rostro enjuto y cuerpo escuchimizado.Pero no es verdad. Bob Dylan tiene la fuerza de un león. Su voz ruge canciones como uno no es capaz de imaginar que aún pueda hacerlo. Se atreve con todo. El concierto empieza con tintes psicodélicos y termina -antes de deleitar al público con tres magníficos bises- con el rock and roll de su último disco (Love and Theft, 2001), «Summer days».
Y entre una y otra canción, Bob Dylan convierte su concierto en una fiesta con aires countries, a lo que contribuye y de qué manera su banda. Una banda de rock al estilo más clásico -cuatro músicos, un bajo, un batería y dos guitarras, para qué más- que no es sólo que lleve el blues en sus venas, ni es sólo que sea capaz de entenderse con el críptico Dylan, que guarda para sí el repertorio del concierto hasta el mismo momento de desgranarlo en el escenario y no deja ni por un momento de hacerle indicaciones...Es que hace bailar -¡con los temas de Dylan!- a las piedras.
Bob Dylan es como Dios y él lo sabe. Puede hacer lo que quiera sobre las tablas, que a los incondicionales de su religión les va a gustar. Pero es que, además, lo hace bien. Mejor que bien.Si en sus dos últimos discos (Time Out of Mind, 1997; y Love and Theft) demostró que sus clásicos no estaban todos escritos aún, sobre las tablas demuestra que en sus pulmones queda aún aire de sobra para hacer sonar su armónica y para romper la noche con su voz desgarrada.
Ha renunciado a tocar la guitarra. En esta gira al menos. Dylan es aquel que parece protegerse tras un teclado, a la izquierda del escenario, y sólo sale de su refugio entre canción y canción para indicar a los músicos de su banda -los carteles anuncian a «Bob Dylan and his band»- cuál será el siguiente tema del concierto.
Es el reproche que se le puede hacer. El público le grita «play the guitar» de manera insistente. «Play the guitar and let us see you». Pero nada, no había forma. No entraba en sus planes y el mago ni tomó entre sus manos la guitarra acústica que permaneció junto a él durante todo el concierto -por si se le antojaba, se supone, tocarla en algún momento- ni se aproximó al frente del escenario más que al final, durante un instante, para presentar uno a uno a sus músicos -Tony Garnier, bajo; Larry Campbell y Stu Kimball, guitarras; y George Recelli, batería- y agradecer al público su presencia: «Tengo muchas gracias».
El público de Córdoba hubiera agradecido una pantalla gigante de vídeo que hubiera permitido a los incondicionales ver primeros planos del autor de «Blowin' in the wind». Pero, claro, eso hubiera obligado a meter cámaras en el recinto, y Dylan no es amigo de ello.
Más bien todo lo contrario. Un concierto de Bob Dylan es algo genuino, único, irrepetible, casi una relación íntima entre el artista y su público, sólo al alcance de los que pagan la entrada.Las grabaciones son un sucedáneo, el arte reproducido no es arte.Y, por ello, el de Minnessota le tiene declarada la guerra a las cámaras. Aún así, algunas se colaron.
Bob Dylan cantó en Córdoba diecisiete temas en casi dos horas de reloj. No está mal. Calidad y cantidad. La mayoría de los temas eran de sus dos últimos trabajos discográficos. Pero no faltaron clásicos de siempre como la mencionada «Rainy Day Women#12&35», «I shall be released» -nunca grabada en estudio, salvo en los recopilatorios desde 1971, y siempre presente en los repertorios de sus conciertos-, «Forever Young» (Planet Waves, 1974), «Lay, Lady, Lay» (Nashville Skyline, 1969), o los tres temas con que cerró la noche: una casi irreconocible versión de «Mr. Tambourine Man» (Bringing it all back home, 1965), «Like a rolling stone» (Highway 61 Revisited, 1965) y «All along the watchtower» (John Wesley Harding, 1967).
En Motril, el día antes, había interpretado otros temas como «Knockin' on heaven's door» o «The times they're a-changing».Algunos en el público pedían esos y otros temas en Córdoba. Pero no se le puede pedir más a alguien que en cada disco -y van ya 57, entre grabaciones de estudio, recopilatorios oficiales y directos- crea clásicos.

(Publicado en El Mundo, el 13 de julio de 2004)