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¡Ojú, qué barbaridad!
Acerca de
Ignacio Díaz Pérez es periodista. Trabaja en la sección local de El Mundo en Sevilla desde 1998, donde también realiza labores de cierre. Ha trabajado en Diario 16 Andalucía, Canal Sur Radio, Radio Guadaíra, Radio Utrera y la agencia Mencheta, entre otros medios.
Sindicación
 
Mi sueldo
Dirigido a alguien que se oculta bajo el cursi (no soy el único) nombre de la gacetilla, que rima con listilla:

1. La foto en cuestión no está tomada junto al Guadaira, que lo sepas. Es el Monasterio de Piedra, en Zaragoza.

2. Admito mi absoluto desconocimiento sobre aquello que cuentas de mi intención de trabajar en un gabinete de comunicación en la administración. Salvo que te refieras a mi paso fugaz por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. Igual es que el hecho de que yo trabajara allí retrasó un tiempo tu incorporación al mercado de trabajo. No pasa nada, gacetilla. Hoy puedes cotillear igualmente.

3. Yo gano lo que gano. Ni más ni menos. Con vales de comida, ayuda de gafas, trienios, extras y todos los complementos que se recogen en el convenio de Unedisa, publicado en el BOE número 260, de 31 de octubre de 2005, por si a alguien le interesa leérselo. Eso sí, lo que yo cobro es fruto de mi trabajo. Y lo que cobran esos otros a los que haces referencia es fruto de mis impuestos.

No dudes en preguntarme lo que quieras, cuando quieras. Ni me oculto detrás de un nick ni oculto nada. Espero haber satisfecho tu curiosidad. Sana o insana, cada uno tiene la que se merece.

Ah, y por favor, lo que me tengáis que decir, decídmelo aquí, que yo permito en este blog los comentarios anónimos.
 
En lo que se entretiene la profesión
Asisto entre divertido y sorprendido a la polvareda que en algún blog (no en éste) dedicado a la profesión de periodista en Sevilla se ha levantado a raíz de que alguien, cuya identidad desconozco pero admito que tampoco me interesa lo más mínimo conocer, me ha señalado como el administrador y alma mater del mencionado foro.

Me parece bien. Podrían haber dicho de mí cosas peores. Por ejemplo, que me invento las informaciones. O que trabajo al dictado de algún grupo político o económico. O que mis informaciones tienen que rectificarse un día sí y otro también. O incluso que cometo faltas de ortografía. O que desvelo la identidad de mis fuentes. O que me firmo los teletipos. O qué se yo...

Pero no han dicho nada de eso. Sólo que yo soy quien se esconde tras la identidad de alguien que ha creado un foro para que los más ociosos de la profesión se entretengan en decir lo que no se atreven a decir a la cara de los demás.

La profesión de periodista es preciosa. Sobre todo cuando es honesta. Tiene sus puntos flacos, cómo no. Pero yo también pienso, como Juan Miguel Vega (un artículo sobre su novela La Madrugá ha destapado la caja de los truenos sobre la identidad de Hason), que el periodismo es el oficio de buscar la verdad para contarla. Digo buscar, no encontrarla. Ojalá fuera fácil. Pero nadie ha dicho nunca que lo fuera. Hay que trabajar con honestidad, por supuesto, asumiendo la posibilidad del error. Pero firmemente convencido de que lo que uno hace tiene su valor. Allá cada cual con su conciencia.

Yo, la mía la tengo muy tranquila. Lo que no tengo es tiempo. Lo repito, aun a riesgo de ser pesado. Por eso este blog es de lenta actualización. Lo siento. Reconozco que creí poder llevarlo más al día de lo que lo llevo. Todo se andará. No hay prisa. Quizá (quizá no, seguro) otros periodistas tengan más tiempo para dedicárselo al cibercotilleo. Yo tengo que trabajar. Ese es uno de los puntos flacos de la profesión. Te exige demasiado... Yo, de momento, se lo puedo dar. A dios gracias. Cuando no pueda, o no quiera, me dedicaré a cotillear.

Seguiremos en la brecha.

PD. ¿Y si fuera Hason? Sólo él y yo sabemos la respuesta. Claro que él y yo podríamos ser la misma persona. ¿O no? En cualquier caso, recomiendo la lectura del libro de Juan Miguel Vega. Se lee muy rápido y es fácil reconocer a algunos personajes reales en sus páginas. Hasta ahí puedo leer.
 
¿Y el periódico de los inmigrantes?
El Colectivo ya no vende El Colectivo. Los inmigrantes que se apostan en los semáforos han vuelto hace unos meses al viejo pañuelito de papel. El periódico, quincenal cuando nació en 1999 y luego mensual, no sale desde hace meses.

El último, el de marzo de 2005, se quedó, terminado, en los ordenadores de la ONG que preside Adul Jalo, en la sede de la calle Parra. Se envió a Distasa, la rotativa del grupo Prisa en el polígono de la Isla. Pero nunca se imprimió. No había dinero.

Pocos lo han echado en falta.