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¡Ojú, qué barbaridad!
Acerca de
Ignacio Díaz Pérez es periodista. Trabaja en la sección local de El Mundo en Sevilla desde 1998, donde también realiza labores de cierre. Ha trabajado en Diario 16 Andalucía, Canal Sur Radio, Radio Guadaíra, Radio Utrera y la agencia Mencheta, entre otros medios.
Sindicación
 
Gueto
¿Vallar el Vacie? ¿Con qué fin? ¿Y después de las vallas... vendrán los muros?

Craso error tratar de solucionar un problema como el del chabolismo consolidando un gueto. No es cierto, como dicen algunos, que las vallas vayan a crear un gueto; ya existe. Las vallas lo van a señalar aún más y van a impedir al Vacie (y a sus habitantes) deshacerse del estigma.
 
Participación ciudadana
A Luis Pizarro se lo dije un día: "Te retiras de la política, sin que yo te haya votado nunca". Y es que cuando yo votaba a IU, estaba empadronado en Alcalá. Y cuando me empadroné en Sevilla, lo mejor que le quedaba a IU, entonces, era Paula Garvín. Ahora, ella ya ni se presenta.

En su haber, IU presenta su gestión en el IMD (cubierta de la final de la Copa Davis y pistas de petanca incluidas), los viajes gratis total (incluidos los del delegado antiimperialista pagados por Coca Cola), y los presupuestos participativos.

¡Ay, los presupuestos participativos! El tiempo ha demostrado que no son más que una coartada. ¿Excursiones y verbenas? ¿Y en vísperas de elecciones? ¿Ésa es la democracia directa? ¿Así entiende IU la participación ciudadana en el reparto de los recursos económicos municipales?

Si de verdad es esto lo que los ciudadanos han pedido, siento pena. Y si no lo es y se trata de la voluntad de los políticos impuesta a los ciudadanos en forma de asamblea, también.
 
Alcalá
Me dicen los amigos que voy poco por Alcalá. Y es verdad. Cada vez menos. A cada uno, la vida lo lleva por un camino, y a mí ese camino me llevó hacia fuera.

Pero la verdad es que el alcalde Limones tampoco lo está poniendo fácil... Entre Monteseirín, que me hace pensarme mucho cada vez que tengo que cruzar Sevilla en vehículo por lo que supone de puesta a prueba de mis nervios, y el alcalareño, que está convirtiendo en una callecita de la señorita Pepis la entrada y salida más fluida que tenía Alcalá, cada vez cuesta más trabajo llegar hasta allí.

¿Qué fue de las sinergias?
 
García, Ave Fénix
Estoy en casa dándole vueltas a la cabeza. Me acuerdo de la entrevista del loco a José María García, y me digo que tengo que encender el ordenador para verla a través de la web de El Mundo, que la ofrece íntegra. Me da pereza. Al final (no sé qué hora es, ya de madrugada), enciendo el ordenador y me conecto a Internet. Antes reviso el correo electrónico y miro páginas sobre la guitarra Fender Telecaster. Y me acuerdo de nuevo de lo que me ha llevado a esa hora ante la pantalla del ordenador: ¡Ah!, la entrevista. Me conecto a la web del periódico, la busco y la arranco. Tarda unos segundos en ejecutarse...

A los pocos minutos, harto de entrevista, la paro, apago el ordenador y me acuesto. ¡Seré gilipollas! ¡Si a mí, lo que dijera el tipo éste, que ya no es nadie, ni me interesa! ¡Qué hago yo a esta hora encendiendo el ordenador y tragándome esta estupidez!

Qué mérito el de TVE. Lo pienso y creo que nos hemos equivocado los que criticamos que se trata de censura. Era puro marketing. Quintero, en su programa, habría arrastrado a un 12 o un 15 por ciento del share, y ahí hubiera quedado todo. Con la prohibición de la emisión, somos muchos más los que nos hemos interesado por ella. Y hemos conseguido resucitar a Supergarcía. ¡Qué monstruos!
 
Sobrecoste
Veamos. Si la obra del tranvía acumula ya un sobrecoste del 88%, y teniendo en cuenta que la distancia entre el Prado de San Sebastián y la Plaza Nueva es de unos 1.700 metros (consúltese vía michelin a este respecto), digamos que estaríamos pagando ya un tren para recorrer unos 3.200 metros. Pensemos: Lo que nos vamos a gastar (mejor dicho, lo que el Ayuntamiento se va a gastar de nuestro dinero) para ir del Prado a la Plaza Nueva sería el equivalente a lo que costaría ir de uno de estos puntos al otro pero pasando primero por el Corte Inglés de Nervión a comprar un jersey. Con dinero público, por supuesto...
 
Censura
Lo de TVE y la entrevista de Quintero a José María García no tiene otro nombre. Se pongan como se pongan. Y digan lo que digan los tertulianos de los diferentes medios. Me escandaliza escuchar a algunos justificar la decisión en los insultos que, supuestamente, lanzaba por esa boca el otrora Supergarcía. Si eso es así, efectivamente se trata de censura al más puro estilo franquista: para evitar el daño se prohíbe la difusión. De vergüenza.
 
El silencio de los borregos
La secuencia es la siguiente: se publica una información en la que se desvela que una administración local gasta dinero público en la elaboración de una encuesta de intención de voto. El gobierno lo justifica asegurando que se ha pagado con dinero del grupo municipal, que, según dice, no es dinero público (¿ah, no?). Y acusa a todos los partidos de utilizar las asignaciones del presupuesto público a sus respectivos grupos municipales en labores de partido.

La consecuencia: ningún grupo político reacciona a la información.

La tesis: todos los grupos políticos gastan el dinero público en lo que no deben.
 
Libertad, ¿libertad?
Gaspar Zarrías, hoy martes: "Ocho de cada diez votos 'no' son del PP. Están localizados en los colegios en los que vota el electorado del PP, no del PA".
... Ya lo advirtieron: "Sabemos dónde votáis".

Manuel Chaves, hoy martes: "Ya está todo dicho de la abstención".
... Y a ver a quién se le ocurre decir lo contrario.

Manuel Chaves, hoy martes (bueno, desde el domingo): "La inmensa mayoría de los ciudadanos que se han abstenido está de acuerdo con el Estatuto".
... Así que, para el futuro, mejor suprimimos los referendos e incluso las elecciones, porque ya se sabe de antemano lo que los ciudadanos quieren.

Pues sí, tenemos lo que nos merecemos.
 
Disidencia
Un amigo mío, militante socialista e interventor por este partido en la votación del referéndum de este fin de semana para más señas, niega que esta Andalucía nuestra sea un régimen. Como él, cientos y miles de personas, claro. Que si aquí existe libertad absoluta, que la disidencia no está castigada, que la pluralidad está garantizada...
Este amigo mío insiste en que medios de comunicación como en el que yo trabajo son la prueba de ello. Sin embargo, pasa por alto que la disidencia con el pensamiento único implica el ejercicio del derecho constitucional a la libertad de expresión bajo permanentes amenazas, querellas, campañas de hostigamiento de muy diverso tipo... Niega, incluso, que exista miedo en la sociedad a hablar. Ahí están las fuentes de información anónimas, las que denuncian situaciones ocultando su identidad por miedo a las represalias.

Me gustaría saber que dirían nuestros gerifaltes si un corresponsal de El Mundo pidiera a las autoridades el cierre de El País y la Ser, por ejemplo, por el contenido de sus informaciones. No he escuchado a ninguno de ellos opinar sobre lo que ha dicho el corresponsal de El País en Francia, Octavi Martí. (http://www.elmundo.es/elmundo/2007/02/19/comunicacion/1171848117.html)
 
Decencia
Si existiera la decencia política, más de uno tendría que irse a su casa tras el estrepitoso fracaso del referéndum. Si existiera la decencia política, el Parlamento andaluz debería disolverse de inmediato para convocar nuevas elecciones, tras la constatación del gravísimo divorcio entre la clase política y la ciudadanía la que supuestamente aquélla representa. Si existiera decencia política, no estaríamos asisitiendo al bochornoso espectáculo que se presenta ante nuestros ojos, en el que nadie pierde y en el que todos los partidos interpretan en su beneficio el sentido del voto de los ciudadanos, incluso el del voto que no se ha producido.
¡Ay, si existiera decencia política!

PD. ¿Cómo piensa Chaves asumir, como ha dicho, "toda la responsabilidad" por el fracaso del referéndum? A mí sólo se me ocurre una forma.
 
¿Periodistas colegiados?
Me preguntan algunos compañeros si estoy a favor o en contra de que la profesión esté regulada por un colegio profesional, como otras tantas. La verdad es que no lo sé. Por un lado, pienso que sería bueno, sobre todo para los profesionales (no estoy seguro si para la profesión, el oficio, en general, o para las empresas también), que existiera un organismo oficial que velara por que el trabajo de los periodistas se desarrollara en las condiciones deseables. Pero me da miedo el intervencionismo y el riesgo, cierto, de que los colegios puedan convertirse en órganos al servicio del poder o de ciertos lobbies. No tengo una respuesa.
En Catalunya existe un colegio profesional desde hace tiempo. No sé si la colegiación es obligatoria allí, si la experiencia ha sido buena o mala, mejorable o para olvidar... Pero existe (http://www.periodistes.org/home.php).
 
Yo sí votaré... "No"
Pues ya lo saben. Votaré "no" en el referéndum. Porque no me gustan muchos de los artículos del texto, sobre todos los que plantean la posibilidad de que la administración autonómica intervenga en el control de los medios de comunicación, o los que reducen el derecho a la vivienda consagrado en la Constitución a una obligación de los poderes públicos de promover la construcción de viviendas, o los que otorgan al Gobierno de turno la competencia para ampliar sin límite el número de parlamentarios, con todo lo que ello supone...
No me gusta tampoco que el primer derecho que recoge el texto sea el de la igualdad de hombres y mujeres, porque me parece una tomadura de pelo esa obsesión por la paridad que es fruto sólo de los tiempos que corren y de lo políticamente correcto, que tiende a confundir el género con el sexo.
Votaré que "no", también, porque no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, porque quiero rebelarme contra el régimen del pensamiento único, porque me parece de una desfachatez tremenda que pretendan hacernos comulgar con ruedas de molinos (como ya trataron de hacer con el referéndum del Tratado de la Constitución Europea), afirmando que el "sí" implica democracia, libertad, igualdad, derechos... e insinuando que el "no" representa estar en contra de todo ello.
Y votaré que "no", al fin, porque tengo que votar. Porque en este régimen de formas democráticas, la única posibilidad real de participación ciudadana en la cosa pública son las urnas.