La Quinta Enmienda
Ricardo Suárez, el presunto asesino de Gaspar García, el infortunado celador que tuvo la desdicha de encontrarse en el peor sitio en el peor momento con su coche y darle un golpe sin consecuencias, afortunadamente, a una niña gitana, se acogió ayer durante el juicio a la "Quinta Enmienda" para no responder a las preguntas del fiscal. Risible.
Se le acusa de haber descerrajado no sé cuántos tiros a bocajarro al hombre, tras oír los gritos de su casta por el atropello de la chiquilla. Trágico.
Yo no sé si su abogado lo tiene bien o mal aleccionado. No sé si ha preparado su defensa mejor o peor. No sé qué decidirá el tribunal, al final. Pero sé, por lo que he leído y oído, yo no estaba presente, que la escena tuvo que ser de lo más kafkiana. Casi berlanguiana, si existiera el adjetivo. Propia del Berlanga de Plácido o del famosísimo y nunca suficientemente aplaudido Bienvenido Míster Marsahall. Patético.
La aparente comedia sólo esconde una inmensa tragedia.
Por cierto, para quien no lo sepa (yo mismo, hasta ayer), esto dice la Quinta Enmienda de la Constitución de EEUU: "Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un gran jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito; ni se le compeleerá a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización".
Se le acusa de haber descerrajado no sé cuántos tiros a bocajarro al hombre, tras oír los gritos de su casta por el atropello de la chiquilla. Trágico.
Yo no sé si su abogado lo tiene bien o mal aleccionado. No sé si ha preparado su defensa mejor o peor. No sé qué decidirá el tribunal, al final. Pero sé, por lo que he leído y oído, yo no estaba presente, que la escena tuvo que ser de lo más kafkiana. Casi berlanguiana, si existiera el adjetivo. Propia del Berlanga de Plácido o del famosísimo y nunca suficientemente aplaudido Bienvenido Míster Marsahall. Patético.
La aparente comedia sólo esconde una inmensa tragedia.
Por cierto, para quien no lo sepa (yo mismo, hasta ayer), esto dice la Quinta Enmienda de la Constitución de EEUU: "Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un gran jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito; ni se le compeleerá a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización".
Comentario:
Real como la vida misma
Comentario:
Ignacio, ésto es coña, ¿no?.