Torrija
En Sevilla, una torrija, amén de un postre que en esta ciudad se toma en primavera, es algo que resulta incomprensible al entendimiento. Que quien la lleva encima confunde churras con merinas (expresión nada soez, pese a lo que a algunos pudiera parecerle), y ofrece un discurso deslabazado, desordenado, caótico... porque en su mente las ideas se amontonan tal que así. O porque trata de justificar algo para lo que no tiene argumentos.
Como ese concejal que fuma en pipa y que lleva desde el 27-M diciéndose a sí mismo y a quien quiera oirle (hay gente para todo, que dijo el torero), que forma parte del gobierno democrático de la ciudad. Y es que, a pesar de su pretendido y pretencioso afán pedagógico, hay cosas de las que este concejal no se termina de enterar.
De partida, hay que recordarle que democrático es lo que elige el pueblo. Y, como bien sabe, a los gobiernos los eligen los partidos. En todo caso, podría entenderse como democrática (más o menos) la elección del alcalde, al que votan los representantes elegidos (estos sí) democráticamente. Se trata, en cualquier caso, de una elección democrática de segundo grado, pero democrática al fin y al cabo.
Así pues, el gobierno de la ciudad de Sevilla no es democrático. Si no, que levante la mano quien lo haya elegido a él como primer teniente de alcalde.
Y también, aclararle que los pactos son legales, porque la ley electoral los permite. Pero que no se debe confundir lo legal con lo democrático.
¿Cómo puede alguien de la opción política que menos representantes ha sacado en el pleno afirmar con la rotundidad con que este concejal lo hace, que su participación en el gobierno obedece a una elección democrática?
Como ese concejal que fuma en pipa y que lleva desde el 27-M diciéndose a sí mismo y a quien quiera oirle (hay gente para todo, que dijo el torero), que forma parte del gobierno democrático de la ciudad. Y es que, a pesar de su pretendido y pretencioso afán pedagógico, hay cosas de las que este concejal no se termina de enterar.
De partida, hay que recordarle que democrático es lo que elige el pueblo. Y, como bien sabe, a los gobiernos los eligen los partidos. En todo caso, podría entenderse como democrática (más o menos) la elección del alcalde, al que votan los representantes elegidos (estos sí) democráticamente. Se trata, en cualquier caso, de una elección democrática de segundo grado, pero democrática al fin y al cabo.
Así pues, el gobierno de la ciudad de Sevilla no es democrático. Si no, que levante la mano quien lo haya elegido a él como primer teniente de alcalde.
Y también, aclararle que los pactos son legales, porque la ley electoral los permite. Pero que no se debe confundir lo legal con lo democrático.
¿Cómo puede alguien de la opción política que menos representantes ha sacado en el pleno afirmar con la rotundidad con que este concejal lo hace, que su participación en el gobierno obedece a una elección democrática?
Comentario:
A ver si es por eso que él mismo repite cada vez que puede: que las mentiras se convierten en verdad a fuerza de repetirlas





