Guerra
Lo siento por ellos. Lo siento sinceramente. Por ellos, por sus familiares, por sus compañeros, por los que aún están allí y por los que aún tienen que morir. Por que morirán más, que por algo están en medio de una guerra. Que no hay misiones de paz con armas, ni existe la paz cuando ésta es impuesta.
España ha enviado su Ejército a Afganistán. También a Líbano. Y allí lo que se libran son batallas. Los medios y el Gobierno hablan de atentado, de asesinatos y obvian lo fundamental: que se trata de la guerra, uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Un atentado es cuando uno se encuentra tranquilamente tomando un café y le estalla un coche aparcado junto al escaparate o le descerrajan un tiro en la nuca por un motivo político. Un atentado es ir a trabajar en tren y no llegar nunca. Un atentado es coger un avión y morir, sin escapatoria posible, porque algún fanático ha decidido empotrarlo contra un edificio.
Pero en Afganistán están en guerra. Y lo que allí ocurre es fruto y consecuencia de la guerra. Si nuestros soldados, los del Ejército español, han muerto por haber pisado una mina o porque alguien haya hecho explotar una bomba desde la distancia, es porque están en guerra. Eso no se puede olvidar. Ni podemos rasgarnos las vestiduras porque los soldados mueran. Podemos sentirlo, podemos llorar con sus familias desconsoladas, podemos sentir rabia e impotencia ante la sinrazón... pero no podemos pretender que en una guerra no haya muertos.
Si estamos en guerra, asumamos las consecuencias. Y si no queremos sufrirlas, no participemos en este juego en el que tan caro sale la apuesta.
España ha enviado su Ejército a Afganistán. También a Líbano. Y allí lo que se libran son batallas. Los medios y el Gobierno hablan de atentado, de asesinatos y obvian lo fundamental: que se trata de la guerra, uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Un atentado es cuando uno se encuentra tranquilamente tomando un café y le estalla un coche aparcado junto al escaparate o le descerrajan un tiro en la nuca por un motivo político. Un atentado es ir a trabajar en tren y no llegar nunca. Un atentado es coger un avión y morir, sin escapatoria posible, porque algún fanático ha decidido empotrarlo contra un edificio.
Pero en Afganistán están en guerra. Y lo que allí ocurre es fruto y consecuencia de la guerra. Si nuestros soldados, los del Ejército español, han muerto por haber pisado una mina o porque alguien haya hecho explotar una bomba desde la distancia, es porque están en guerra. Eso no se puede olvidar. Ni podemos rasgarnos las vestiduras porque los soldados mueran. Podemos sentirlo, podemos llorar con sus familias desconsoladas, podemos sentir rabia e impotencia ante la sinrazón... pero no podemos pretender que en una guerra no haya muertos.
Si estamos en guerra, asumamos las consecuencias. Y si no queremos sufrirlas, no participemos en este juego en el que tan caro sale la apuesta.





