García, Ave Fénix
Estoy en casa dándole vueltas a la cabeza. Me acuerdo de la entrevista del loco a José María García, y me digo que tengo que encender el ordenador para verla a través de la web de El Mundo, que la ofrece íntegra. Me da pereza. Al final (no sé qué hora es, ya de madrugada), enciendo el ordenador y me conecto a Internet. Antes reviso el correo electrónico y miro páginas sobre la guitarra Fender Telecaster. Y me acuerdo de nuevo de lo que me ha llevado a esa hora ante la pantalla del ordenador: ¡Ah!, la entrevista. Me conecto a la web del periódico, la busco y la arranco. Tarda unos segundos en ejecutarse...
A los pocos minutos, harto de entrevista, la paro, apago el ordenador y me acuesto. ¡Seré gilipollas! ¡Si a mí, lo que dijera el tipo éste, que ya no es nadie, ni me interesa! ¡Qué hago yo a esta hora encendiendo el ordenador y tragándome esta estupidez!
Qué mérito el de TVE. Lo pienso y creo que nos hemos equivocado los que criticamos que se trata de censura. Era puro marketing. Quintero, en su programa, habría arrastrado a un 12 o un 15 por ciento del share, y ahí hubiera quedado todo. Con la prohibición de la emisión, somos muchos más los que nos hemos interesado por ella. Y hemos conseguido resucitar a Supergarcía. ¡Qué monstruos!
A los pocos minutos, harto de entrevista, la paro, apago el ordenador y me acuesto. ¡Seré gilipollas! ¡Si a mí, lo que dijera el tipo éste, que ya no es nadie, ni me interesa! ¡Qué hago yo a esta hora encendiendo el ordenador y tragándome esta estupidez!
Qué mérito el de TVE. Lo pienso y creo que nos hemos equivocado los que criticamos que se trata de censura. Era puro marketing. Quintero, en su programa, habría arrastrado a un 12 o un 15 por ciento del share, y ahí hubiera quedado todo. Con la prohibición de la emisión, somos muchos más los que nos hemos interesado por ella. Y hemos conseguido resucitar a Supergarcía. ¡Qué monstruos!





