Alemanes
Vengo de ver en el cine La vida de los otros, magnífico filme ganador del premio a la mejor película extranjera en la última edición de los Oscar. Admito mi admiración por los alemanes. Por cómo hacen las cosas. Y hasta siento cierta envidia por no haber podido ser testigo in situ del acontecimiento histórico, probablemente, más importante de cuantos mi generación va a vivir.
Insisto en mi admiración por los alemanes, por cómo hacen las cosas, y por el sentido crítico con que son capaces de mirarse a sí mismos a través de su historia. Alemanes son quienes hicieron la película El hundimiento, sobre el final de Adolf Hitler. Y los que retrataron con algo de sentido del humor la caída del Muro de Berlín en Good bye, Lenin.

En La vida de los otros, Florian Henckel-Donnersmarck nos desgrana una emocionante historia que también transcurre en los estertores de la RDA, llena de dolor, de impotencia, de reproches, de memoria histórica, pero sin rencores.
Insisto en mi admiración por los alemanes, por cómo hacen las cosas, y por el sentido crítico con que son capaces de mirarse a sí mismos a través de su historia. Alemanes son quienes hicieron la película El hundimiento, sobre el final de Adolf Hitler. Y los que retrataron con algo de sentido del humor la caída del Muro de Berlín en Good bye, Lenin.

En La vida de los otros, Florian Henckel-Donnersmarck nos desgrana una emocionante historia que también transcurre en los estertores de la RDA, llena de dolor, de impotencia, de reproches, de memoria histórica, pero sin rencores.





