Pregón
Ya huele a Semana Santa, que dirían los cursis. Pero es mentira. En Sevilla ya no huele a azahar. Porque ni casi hay (hasta la semana pasada no vi a nadie recoger las naranjas), y además su aroma se entremezcla en las calles con el de las mierdas de perro.
Lo que sí es cierto es que, calendario en mano, está a la vuelta de la esquina. Algunos dicen que se nota en la calle. Yo, la verdad, no la siento aún. Salvo, quizá, porque en los periódicos se publican entrevistas al pregonero y a otras personas que opinan sobre el pregonero.
Vaya por delante que ni conozco al pregonero de este año, ni he oído su pregón, ni me gustan los pregones. Creo que, además, éstos no han conseguido dar el salto cualitativo que los tiempos reclaman. El pregón de Semana Santa se ha quedado tan rancio como la humedad de las iglesias. La Maestranza ha sabido superar los atavismos y convoca cada año un pregón taurino de alto nivel literario, filosófico, intelectual... que no está atado por los localismos que encorsetan al del Domingo de Pasión.
El pregonero decía el otro día en una entrevista que si Rodríguez Buzón diera ahora el pregón, le lloverían tomatazos... Yo no estoy tan seguro. Conozco gente que se indignó al leerlo negro sobre blanco. "¡Pero si todos los pregones, al final, imitan al de Rodríguez Buzón!", decía esta gente.
Su pregón fue el de 1956, si la inmensa hemeroteca que es internet no me ha fallado. Han pasado más de cincuenta años, y la intelectualidad cofradiera de esta ciudad sigue anclada en aquella Sevilla de mediados del siglo pasado.
El siempre provocador Albert Boadella (por cierto, su En un lugar de Manhattan, magnífico, como siempre), ha dicho también que está en disposición de dar el pregón de la Semana Santa de Sevilla. El suyo no iba a ser, conociendo su trabajo, muy del patrón marcado por Antonio Rodríguez Buzón, desde luego. De lo que yo no estoy tan seguro es de que el Consejo de Cofradías esté dispuesto a ofrecérselo al catalán. Los maestrantes lo hicieron. Y fue un acierto.
Lo que sí es cierto es que, calendario en mano, está a la vuelta de la esquina. Algunos dicen que se nota en la calle. Yo, la verdad, no la siento aún. Salvo, quizá, porque en los periódicos se publican entrevistas al pregonero y a otras personas que opinan sobre el pregonero.
Vaya por delante que ni conozco al pregonero de este año, ni he oído su pregón, ni me gustan los pregones. Creo que, además, éstos no han conseguido dar el salto cualitativo que los tiempos reclaman. El pregón de Semana Santa se ha quedado tan rancio como la humedad de las iglesias. La Maestranza ha sabido superar los atavismos y convoca cada año un pregón taurino de alto nivel literario, filosófico, intelectual... que no está atado por los localismos que encorsetan al del Domingo de Pasión.
El pregonero decía el otro día en una entrevista que si Rodríguez Buzón diera ahora el pregón, le lloverían tomatazos... Yo no estoy tan seguro. Conozco gente que se indignó al leerlo negro sobre blanco. "¡Pero si todos los pregones, al final, imitan al de Rodríguez Buzón!", decía esta gente.
Su pregón fue el de 1956, si la inmensa hemeroteca que es internet no me ha fallado. Han pasado más de cincuenta años, y la intelectualidad cofradiera de esta ciudad sigue anclada en aquella Sevilla de mediados del siglo pasado.
El siempre provocador Albert Boadella (por cierto, su En un lugar de Manhattan, magnífico, como siempre), ha dicho también que está en disposición de dar el pregón de la Semana Santa de Sevilla. El suyo no iba a ser, conociendo su trabajo, muy del patrón marcado por Antonio Rodríguez Buzón, desde luego. De lo que yo no estoy tan seguro es de que el Consejo de Cofradías esté dispuesto a ofrecérselo al catalán. Los maestrantes lo hicieron. Y fue un acierto.





