Acabé con los Chichos.
El sábado acabé a las taitantas de la madrugada en un concierto de los Chichos,bailando como una loca y cantando a grandes heroes de la historia como son "El Vaquilla" Y "El Jeros".
Antes volví a mis tiempos jóvenes haciendo botellón, como en las fiestas universitarias empezamos a media tarde, con solecito, miles de personas a mi alrededor y muy buen rollito. Despues, aventuras varias y todas divertidísimas, bailoteos en raves perdidas por el campo y como final de fiesta Los Chichos.
Conocimos a un hippie argentino encantador que vendía anillos de coco y nos regaló uno, a cambio le dimos patatas fritas. Negociamos Coca-Cola con hielos que teníamos de sobra, repusimos provisiones en puestos clandestinos, y nos colamos en el concierto.
Sólo faltabas tu, aunque no sé si tanto perro-flauta junto hubiera sido un poco heavy. Bueno, tu eres tan maravillosa que hasta en medio del desierto harías crecer un oasis, como siempre habrías estado estupenda.
Antes volví a mis tiempos jóvenes haciendo botellón, como en las fiestas universitarias empezamos a media tarde, con solecito, miles de personas a mi alrededor y muy buen rollito. Despues, aventuras varias y todas divertidísimas, bailoteos en raves perdidas por el campo y como final de fiesta Los Chichos.
Conocimos a un hippie argentino encantador que vendía anillos de coco y nos regaló uno, a cambio le dimos patatas fritas. Negociamos Coca-Cola con hielos que teníamos de sobra, repusimos provisiones en puestos clandestinos, y nos colamos en el concierto.
Sólo faltabas tu, aunque no sé si tanto perro-flauta junto hubiera sido un poco heavy. Bueno, tu eres tan maravillosa que hasta en medio del desierto harías crecer un oasis, como siempre habrías estado estupenda.
Un sueño imposible, un futuro real.
Hace unos días alguien cercano y querido me contó que había soñado que nos tocaba la lotería, si, el sueño era que nos tocaba la lotería juntos, algo que me sorprendió. Le pregunté, ¿por qué no te ha tocado a ti sólamente? pues porque comprábamos el décimo a medias y nos tocaba a los dos, respondió.
La cantidad era tan astronómica que casi ni alcanzo a traducirla a pesetas (yo, que aún sigo hablando en ellas en lugar de nuestro querido Euro), 26 millones de euros. Pero lo mejor de todo fueron los planes, en el sueño, nos comprábamos (sigo hablando en plural porque así ocurrían los hechos en esta tan increible historia) un maravilloso ático en Madrid, para poder pasar los fines de semana en la capital. Una preciosa casa en Sotogrande, para disfrutar de las playas del sur, un todoterreno de lujo y un deportivo que días antes me había hecho suspirar a su paso. Además de todo esto iniciábamos una vida de lujo y ocio (nos hacíamos accionistas de interesantes empresas donde de vez en cuando trabajábamos, al más puro estilo Ana Obregón) digna del peor de los telefilmes americanos que Antena 3 pone en la sobremesa.
Por un rato me puse a imaginar todo esto como real, y, por qué no reconocerlo me encantó, pero lo realmente bonito, y esto si que es real, es que me llegó muy dentro el hecho de que en ese sueño apareciera yo, de que todos esos planes de futuro (además de irreales e imposibles) fueran compartidos conmigo y que siempre se expresaran en primera persona del plural.
La cantidad era tan astronómica que casi ni alcanzo a traducirla a pesetas (yo, que aún sigo hablando en ellas en lugar de nuestro querido Euro), 26 millones de euros. Pero lo mejor de todo fueron los planes, en el sueño, nos comprábamos (sigo hablando en plural porque así ocurrían los hechos en esta tan increible historia) un maravilloso ático en Madrid, para poder pasar los fines de semana en la capital. Una preciosa casa en Sotogrande, para disfrutar de las playas del sur, un todoterreno de lujo y un deportivo que días antes me había hecho suspirar a su paso. Además de todo esto iniciábamos una vida de lujo y ocio (nos hacíamos accionistas de interesantes empresas donde de vez en cuando trabajábamos, al más puro estilo Ana Obregón) digna del peor de los telefilmes americanos que Antena 3 pone en la sobremesa.
Por un rato me puse a imaginar todo esto como real, y, por qué no reconocerlo me encantó, pero lo realmente bonito, y esto si que es real, es que me llegó muy dentro el hecho de que en ese sueño apareciera yo, de que todos esos planes de futuro (además de irreales e imposibles) fueran compartidos conmigo y que siempre se expresaran en primera persona del plural.





