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Las consecuencias de vivir
De pronto, es más pronto de lo que piensas. Son las consecuencias de vivir una vida.
Acerca de
No es cuestión de romper estructuras, sino saber que hacer con los pedazos.
Sindicación
 
Los recuerdos olvidados
Atentado cultural
Hoy después de la tradicional hora liebre, me subí a mi pequeño auto y me dirigí -cantando con el auto estéreo a todo volumen- a dejar un sobre a Estafeta para enviarlo a la ciudad de méxico (mañana abre st- patricks). Llegué al destino y tras recorrer dos veces el estacionamiento lleno, acepté la realidad y fui a buscar un lugar donde estacionarme, tomé ávila camacho y di vuelta a la izquierda en jacarandas a pesar de que había planeado dar la vuelta en U. Sí, me traicionó mi deseo de recorrer mi antigua calle y pasar por fuera de mi antigua casa. Y al tomar la calle de Malvas, algo pasó porque ya no pude seguir avanzando y me estacioné frente a la que fuera mi casa, o lo que queda de ella (el número). Me bajé del coche y caminé 3 cuadras hasta el lugar al que iba, pero eso es lo de menos. Tenía 4 años y medio de no caminar por ahí, por esa calle y ver esas casas, que aunque han cambiado, mantienen la esencia. Y ver a los mismos vecinos de toda la vida fue bueno, pero mejor fue que me reconocieran y recordaran mi nombre, que preguntaran por la familia. Por un momento me transporté al pasado, los policías eran los mismos de aquel entonces y también me reconocieron. O sea, que según yo pasaba desapercibido, pero no lo hacía muy bien. Dejé el paquete y me regresé, ahora por el otro lado de la calle, la misma esquina donde siempre me colgaba de un letrero, y las mismas casas de siempre. Y los mismos jardineros. Pero faltaban los mastines, aquellos tres canes que siempre ladraban en cuanto escuchaban a alguien caminar por afuera de su casa y que se asomaban para saludar a los peatones. Los vi 15 años seguidos, supongo que no podía pedir mucho más. Y así seguí caminando y pasé por la casa de Mauricio, por los Telles, la casa del niño de ojos azules que no hablaba, la casa de Macedonio (como ya no es presidente municipal, ya no lo custodian los policías), la casa de Chris y Gilbert (que ya no viven ahí) y finalmente llegué a mi casa. Malvas 55, fraccionamiento jacarandas. Y me asomé ligeramente al interior y la vi tan transformada. Ya no está mi jacaranda, ni mis árboles de adentro. En general la cambiaron toda, le hicieron tantas modificaciones que ya no se parece. Al principio me enojé, pero luego entendí que quizá era lo mejor, no podría soportar que alguien más viviera en la que era mi casa, tal como era. Pensé en tocar, tan sólo para saber quien vive ahí y poder ver aunque sea un segundo el interior, pero no me animé. Pueden cambiarla toda, pero no cambiarán lo que yo viví ahí.

Malditos sean
Malditos sean los imbéciles insensatos que deciden que la mejor manera de obtener dinero fácil es secuestrando a alguien y esperar cualquier cantidad de dinero a cambio de devolver vivo -quién sabe en que condiciones- a un individuo que no conocen. Maldita sea la hora en que se fijan en alguien en particular porque no piensan en el dolor que causan a la familia entera de esa persona, porque no tienen idea de quienes son, puede que los conozcan, pero no saben quienes son, que piensan, que sienten, que enfermedades padecen y que pueden sentir por la persona a la que secuestran. Pero más hijos de puta resultan los que secuestran a un niño de 12 o 13 años, no es diferencia. Es un niño al que le están cambiando la vida por completo, porque en ese momento ya no importa la cantidad que pidan, nunca será suficiente comparado con lo que vale la vida de ese niño. Y su bienestar y su itegridad, su salud física y mental. Y su familia, ¿qué no piensan en lo que siente su mamá? ¿les importa quien sea el padre del niño? No, porque son unos ambiciosos de mierda que piensan sólo en el dinero que les darán a cambio. ¿En que posición negocia la familia? Son los únicos interesados, los únicos que pagarían algo por ese niño, y sin embargo, al mismo tiempo, darían todo por volver a tenerlo. 10 días de estar secuestrado por unos imbéciles que no son capaces de alimentarte. 10 días de estar esperando que lo liberen, que se comuniquen, que no le hagan daño, que se encuentre bien, que no lo toquen, que no sufra, que no se desespere, que no intente hacer nada, que no los rete, que no lo dañen, que podamos oir su voz. 10 días de estar en manos de unos miserables seres más despreciables que una rata. Más despreciables que la escoria y la basura. Más despreciables que cualquier cosa y a la vez, con la incapacidad de hacer algo en su contra para evitar que lo dañen. Y al pagar, esperar también que cumplan con su parte del "trato" y lo liberen. Y que esté bien, y que no tenga un resentiemiento inmenso -¿cómo se evita eso?- y que pueda reintegrarse a su vida como si nada hubiera pasado. Ojalá fuera tan fácil, para él y para todos. Ha pasado ya un tiempo suficiente para hablar de esto, pero nunca será tiempo suficiente para olvidarlo.

El poder de dos pesos
Hola, te atiende carlos, gracias por llamar a subway ¿en qué podemos servirte? Después de tomar como 43 decisiones (me vuelvo como el rusito y me dan ganas de pedir "uno igual al de él" pero soy la única persona, me chingo, tengo que tomar las decisiones) de tipo de pan, vegetales, aderezo, con chile, sin chile, tamaño, acompañamientos. Inviero 10 minutos en elegir lo que quiero comer, y sólo entonces se le ocurre al mentado carlos decirme "Bueno, pero lo que usted quiere cuesta 58 pesos y el mínimo requerido para enviarlo es de 60, ¿quiere algo más para completar su orden, como unas papas o un refresco?" ¡No, no quiero algo más! Pues entonces no le podemos mandar su orden. Quiero hablar con el gerente. No hay gerente. Necesito hablar con alguien que lo pueda solucionar. Hablo con una tipa, le explico la situación y me responde con una historia larguísima. No me da solución a mi problema, comienzo a desesperarme y es posible que alguien pueda resultar herido en esta conversación telefónica. Al final, detectan mi furia que comienza a nacer y deciden traer mi comida, pero el daño ya está hecho. Hacer que me enoje, sólo cuesta dos pesos.

Con B de Boing
Después la coca lais, no hay bebida más deliciosa que mi boing de guayaba. Me alegra mucho llegar ami refrigerador y ver que mis boings están ahí esperando que me los beba y hacerme feliz. Cada que tomo uno, me cuestiono sobre la legalidad del país que permite que uno se plagie un dibujo, le ponga otro nombre y le gane un juicio a disney. y sin embargo, me entusiasma ver el resurgimiento de una empresa mexicana que ha soportado la competencia más feroz y que poco a poco va creciendo un poco más. Hay muchos sabores de boing, pero ninguno iguala el de guayaba (sugerencias del barman, dos onzas de vodka, hielo, y 8 onzas de boing de guayaba) que tomé durante mucho tiempo y luego dejé de beberlo hasta que hace poco, en casa de migue, tuve la oportunidad de destapar uno, y otro, y otro y varios más. El boing de guayaba me hace feliz cada que lo bebo.

No sabes nada, pero es mejor así (parte 5 y final)
Me jode tener que esconderme, pero qué le voy a hacer. Camino unas cuadras por Pablo Neruda. Antes de borrarme quiero llegar a la sucursal de correos que está frente a las toño. En una tienda, compro un útil sobre, y en él escribo las señas y el verdadero nombre de Digamos Isabel. Antes de meter la libreta en el sobre, mi mano anota en la portada, con letras grandes: "Tengo que irme. Un beso. Esto es para que lo leas bien cómoda en tu casa. Te lo mando porque a lo mejor todavía somos rescatables".

No se me mueran nunca (parte cuatro)
De modo que cuando el Ángel hizo acto de presencia, simplemente dijo buenos días, Ángel, aunque eso sí, los ojos verdes se le iluminaron.

El poder de dos pesos (reprise)
Y llega el repartidor y no tiene más de 16 años. Me dice que él fue quien me contestó y que su intención no era hacerme enojar, que lo disculpe. Me siento una mierda y le digo que me disculpe él a mí. Quédate con el cambio. Los dos pesos se multiplican, la culpa me cuesta 12.

Felicidades Bandera (idea del título: rusito)
Todos los días veo una foto de la bandera de mi país, con su gente caminando al lado de ella. La contemplo (a la bandera, y luego a la gente) y digo para mí mismo, en esto creo.
 
Comentario:
ya sube la C! jejeje
 
Comentario:
Lo mas hermoso de esta vida es que el pasado siempre nos acecha.... bueno como veras ya estuve aqui, no estare diario pero si seguido, nos encontraremos pronto aunque tenga que pasar un largo tiempo.
No