Estamos vivos, que ya es mucho
Historias que acaban mal (última parte)
Siguen siendo mis vecinos, los sigo viendo frecuentente y por supuesto que sus peleas familiares continúan, mismas que yo aún escucho por mi ventana. Pero cada vez menos, no sé si porque han bajado el volumen o porque ha bajado mi interés.
Sí, pobres niños, no tienen la culpa del ambiente en el que han nacido y me gustaría pode ayudarlos, pero siquiera intentar hacerlo implicaría un gran riesgo, y no estoy dispuesto a correrlo, sobre todo tras comprobar que no sólo me expongo a mí sino a otros, como mi pequeño primo. Así que la opción de intentar ayudar está descartada.
Además, estos dos niños aunque la necesitan, no buscan ni quieren ayuda, y como todos saben, es imposible ayudar a quien no quiere dejarse ayudar. Así entonces, no tiene caso que me compartan sus historias, que me confiesen sus sentimientos y que lloren por lo que pasa en sus vidas si a los cinco minutos estarán explotando por cualquier tontería, con lo que son capaces de hacer.
Su vida acabará mal, estoy plenamente convencido, no hay manera de que se salven de un trágico final. Quizá mañana, quizá en un año o en diez. Y como he dicho no quiero estar ahí para presenciarlo, no quiero sentirme parte de ese grupo, porque no lo soy y no deseo serlo. Afortunadamente, mi situación familiar es distinta, no podré comprar Porsches y Range Rovers cada semana como ellos, pero a decir verdad, tampoco los necesito. ¿iPod? Tampoco es indispensable, aunque confieso que me gustaría hacerme de uno, quizá pronto.
Sutil y elegante como soy, se los hice saber de una manera muy discreta, y ha funcionado, desde hace días han dejado de buscarme, nos seguimos viendo y los saludo como a cualquier persona, a mi primo -que no está en la ciudad- le he sugerido mantener distancia con ellos.
Su historia acabará mal, aunque honestamente, deseo que se salven.
Pino
Quienes vivan en Guadalajara podrán confirmar que la noche de miércoles a jueves tuvimos una tormenta muy fuerte, que como es costumbre, inundó calles, desbordó drenajes por más preparados que digan estar en el ayuntamiento, y sobre todo, tiró muchos árboles. Algunos muy grandes cuyo tronco quedó trozado por lo que salvar al árbol es imposible, y aún si no se trozara, no podrían levantar a esos grandes árboles por el tamaño y peso de los mismos. Sin embargo, muchos pinos que miden entre tres y cuatro metros, de apenas tres años de edad también fueron derribados y ahí participé yo. En la mañana, mi pequeño vecino que vive frente a mí, llegó a casa a decirnos a mi padre y a mí que un pino se había caído. Pues ya fuimos a ver el pino y decidimos que podíamos salvarlo, y lo hicimos con la ayuda de otras personas. Como salvamos uno, podríamos salvar más, y así lo hicimos con otros cuantos. La verdad es que es un trabajo pesado, pero entre varios podíamos hacerlo. Picos, palas, cuerdas, aplanadores. Todo lo necesario para levantarlos y dejarlos más firmes que antes. Pero lo más importante de todo era la disposición de salvarlos, porque se encontraban en perfecto estado, sólo fuera de la tierra. En total logramos salvar cuatro pinos y dos palmeras. Mañana seguirá la labor de rescate, y probablemente en muchos años, cuando veamos esos pinos, recordaremos entonces que hace algunos años, nosotros los salvamos.
Siguen siendo mis vecinos, los sigo viendo frecuentente y por supuesto que sus peleas familiares continúan, mismas que yo aún escucho por mi ventana. Pero cada vez menos, no sé si porque han bajado el volumen o porque ha bajado mi interés.
Sí, pobres niños, no tienen la culpa del ambiente en el que han nacido y me gustaría pode ayudarlos, pero siquiera intentar hacerlo implicaría un gran riesgo, y no estoy dispuesto a correrlo, sobre todo tras comprobar que no sólo me expongo a mí sino a otros, como mi pequeño primo. Así que la opción de intentar ayudar está descartada.
Además, estos dos niños aunque la necesitan, no buscan ni quieren ayuda, y como todos saben, es imposible ayudar a quien no quiere dejarse ayudar. Así entonces, no tiene caso que me compartan sus historias, que me confiesen sus sentimientos y que lloren por lo que pasa en sus vidas si a los cinco minutos estarán explotando por cualquier tontería, con lo que son capaces de hacer.
Su vida acabará mal, estoy plenamente convencido, no hay manera de que se salven de un trágico final. Quizá mañana, quizá en un año o en diez. Y como he dicho no quiero estar ahí para presenciarlo, no quiero sentirme parte de ese grupo, porque no lo soy y no deseo serlo. Afortunadamente, mi situación familiar es distinta, no podré comprar Porsches y Range Rovers cada semana como ellos, pero a decir verdad, tampoco los necesito. ¿iPod? Tampoco es indispensable, aunque confieso que me gustaría hacerme de uno, quizá pronto.
Sutil y elegante como soy, se los hice saber de una manera muy discreta, y ha funcionado, desde hace días han dejado de buscarme, nos seguimos viendo y los saludo como a cualquier persona, a mi primo -que no está en la ciudad- le he sugerido mantener distancia con ellos.
Su historia acabará mal, aunque honestamente, deseo que se salven.
Pino
Quienes vivan en Guadalajara podrán confirmar que la noche de miércoles a jueves tuvimos una tormenta muy fuerte, que como es costumbre, inundó calles, desbordó drenajes por más preparados que digan estar en el ayuntamiento, y sobre todo, tiró muchos árboles. Algunos muy grandes cuyo tronco quedó trozado por lo que salvar al árbol es imposible, y aún si no se trozara, no podrían levantar a esos grandes árboles por el tamaño y peso de los mismos. Sin embargo, muchos pinos que miden entre tres y cuatro metros, de apenas tres años de edad también fueron derribados y ahí participé yo. En la mañana, mi pequeño vecino que vive frente a mí, llegó a casa a decirnos a mi padre y a mí que un pino se había caído. Pues ya fuimos a ver el pino y decidimos que podíamos salvarlo, y lo hicimos con la ayuda de otras personas. Como salvamos uno, podríamos salvar más, y así lo hicimos con otros cuantos. La verdad es que es un trabajo pesado, pero entre varios podíamos hacerlo. Picos, palas, cuerdas, aplanadores. Todo lo necesario para levantarlos y dejarlos más firmes que antes. Pero lo más importante de todo era la disposición de salvarlos, porque se encontraban en perfecto estado, sólo fuera de la tierra. En total logramos salvar cuatro pinos y dos palmeras. Mañana seguirá la labor de rescate, y probablemente en muchos años, cuando veamos esos pinos, recordaremos entonces que hace algunos años, nosotros los salvamos.
Comentario:
Me alegra que ayudes con nuestra contaminada ciudad, la semana pasada fuimos a la refosteración de la primavera, que como bien sabrás le toco la "quemazón" por algún descuidado falto de conciencia.
La vida a veces es muy dura, y lo es cuando precisamente no podemos hacer nada para ayudar de alguna forma a otros.
Un biko y un buen finde!!

La vida a veces es muy dura, y lo es cuando precisamente no podemos hacer nada para ayudar de alguna forma a otros.
Un biko y un buen finde!!

Comentario:
Te felicito por salvar esos árboles, y es hemoso ver que unas cuantas personas se unen para llevar a cabo esa labor.
Un abrazo
Un abrazo





