Todos los días son domingo
La situación no mejora
Sigue igual, que no es lo mismo pero se parece. Al final dormimos igual que el día anterior, estamos jodidos. Despertamos torcidos y con el sol pegándonos en la cara, intentando taparnos el sol con un cojín (definitivo, no podemos tapar el sol con un dedo, ni con un cojín). Así que semidormidos bajamos a la alberca de inmediato. Total, si de todos modos me va a dar el sol en la cara, pues por lo menos que lo haga en un lugar donde sí pueda estirarme sin pegarme en las manos y en los pies. 24 horas después, comemos nuevamente, digamos que nos estamos acostumbrando a comer una vez al día, y el resto, vivir a base de líquidos, variados eso sí, pero así es la dieta del vacacionista no previsor. Ya nos vamos de regreso, necesito descansar de estos días de descanso, me hace falta dormir.
Tan amigos
Soy el peor de los amigos que alguien puede tener, primero porque suelo traer mala suerte, pero en segunda, hace meses que intento localizar a una persona que vive en Monterrey y no he podido hacerlo. Por mail es imposible porque nunca los revisa, al menos los de la cuenta de correo que yo tengo, y no tengo otra. El teléfono de su casa, aunque lo tengo, poco le marco, y cuando le marco me contesta una grabadora. No me puedo quejar de la máquina contestadora porque cuando comienza el mensaje grabado me rio mucho porque suelen poner canciones raras para hacerlo más ameno, no contestarán las llamadas, pero al menos te hacen reir y olvidas para que los estabas buscando. Hace tiempo que se fue y al principio la comunicación era constante, y después se fue extinguiendo y se convirtió en un mail anual, casi siempre compartido con muchas otras personas y en llamadas que contestan aparatos. Y sin embargo, es normal. Supongo que eso pasa con las personas que se van, no importa que tan lejos o cerca lo hagan, es normal. Y sin embargo, a pesar del tiempo y la distancia y los obstáculos que quieran agregarle a esta lista, seguimos tan amigos. Y sin embargo, sin comas ni acentos.
Se acabó la rabia
Lo conté por primera vez el sábado y esta será la segunda vez que lo contaré y probablemente la última. Después de ese 2 de diciembre, sólamente durante 40 días (y no sé por qué 40 y no otro número) me dediqué a tratar de comprender las razones que le hicieron jalar un gatillo. Y al final del tiempo, después de tanto intentar entender su lógica, aún conociendo su vida y sufrimiento, no logré justificarlo pero si entenderlo todo. Quizá entonces, yo hubiera actuado igual, aunque no sé si habría tenido el valor de jalar ese gatillo, he de reconocerte ahora, tanto tiempo después que a pesar de lo que te reclaman todos donde quiera que estés, fuiste valiente hasta el último momento de tu vida, porque te atreviste a darte un tiro y a dejarnos aquí a todos. A dejar a tu mamá y a tus amigos. Dejaste una vida y muchas historias. Y fuiste congruente porque actuaste de acuerdo a lo que pensabas -te concedo que con tanta mierda que inhalaste, aún tenías una parte en ti que era cuerda- y cumpliste tu promesa. Pero sólo cuarenta días, ni uno más porque sería egoísta de tu parte. Tenías razón en esa carta después de todo, quizá era mejor así. Nunca lo sabremos.
Para objetos solamente
Por el momento nadie entra en la habitación, pero, si alguien entrara, o, mejor aún, si sólo penetrara una mirada, sin tacto, sin gusto, sin olfato, sin oído, sólo una mirada y decidiera fríamente hacer un ordenado inventario visual de sus objetos, comenzando, digamos, por la derecha, lo primero que harbía de encontrar sería un amplio sofá, forrado de terciopelo verde oscuro, ya bastante deteriorardo y con dos quemaduras en el borde del respaldo. Hay tres objetos para mirar. El primero e suna pistola, de uso exclusivo del ejercito. No hay balas dentro de ella, hay una en la pared. El segundo objeto es un cuerpo humano, totalmente inmóvil. Es un muchacho. Pelo oscuro, tirado sobre el sillón verde. En la mano izquierda, sostiene un cigarrillo, o lo que queda de él, en la otra, la pistola. Tiene puestas sólo dos prendas: un short azul claro, y, una playera vieja, quizá con historia. Los ojos están cerrados. No hay el menor moviemiento, ni en las fosas nasales, ni en la boca. El tercer y último objeto es un trozo de papel, algo así como la mitad de una hoja de carta que alguien hubiera partido en dos, escrito con una letra muy fea, muy grande, ligeramente inclinada hacia adelante, diferente de su inclinación clásica. Si la mirada quisiera detenerse a leer, comprobaría que las palabras, y los trozos de palabras, que contiene el papel, son los siguientes: sabes como aprecio sibilidad, bien sabes ya que puse en ti, recuperación, en tus a la normalidad como. exigencia que te impongo de tantos años, de estarás de nútil exisit. Estoy y que quieres como yo. hay en ti, nsoportables y la resistenc llámale como quieras, lo que quier mira si seré in quí te dejo todo este desma
Sigue igual, que no es lo mismo pero se parece. Al final dormimos igual que el día anterior, estamos jodidos. Despertamos torcidos y con el sol pegándonos en la cara, intentando taparnos el sol con un cojín (definitivo, no podemos tapar el sol con un dedo, ni con un cojín). Así que semidormidos bajamos a la alberca de inmediato. Total, si de todos modos me va a dar el sol en la cara, pues por lo menos que lo haga en un lugar donde sí pueda estirarme sin pegarme en las manos y en los pies. 24 horas después, comemos nuevamente, digamos que nos estamos acostumbrando a comer una vez al día, y el resto, vivir a base de líquidos, variados eso sí, pero así es la dieta del vacacionista no previsor. Ya nos vamos de regreso, necesito descansar de estos días de descanso, me hace falta dormir.
Tan amigos
Soy el peor de los amigos que alguien puede tener, primero porque suelo traer mala suerte, pero en segunda, hace meses que intento localizar a una persona que vive en Monterrey y no he podido hacerlo. Por mail es imposible porque nunca los revisa, al menos los de la cuenta de correo que yo tengo, y no tengo otra. El teléfono de su casa, aunque lo tengo, poco le marco, y cuando le marco me contesta una grabadora. No me puedo quejar de la máquina contestadora porque cuando comienza el mensaje grabado me rio mucho porque suelen poner canciones raras para hacerlo más ameno, no contestarán las llamadas, pero al menos te hacen reir y olvidas para que los estabas buscando. Hace tiempo que se fue y al principio la comunicación era constante, y después se fue extinguiendo y se convirtió en un mail anual, casi siempre compartido con muchas otras personas y en llamadas que contestan aparatos. Y sin embargo, es normal. Supongo que eso pasa con las personas que se van, no importa que tan lejos o cerca lo hagan, es normal. Y sin embargo, a pesar del tiempo y la distancia y los obstáculos que quieran agregarle a esta lista, seguimos tan amigos. Y sin embargo, sin comas ni acentos.
Se acabó la rabia
Lo conté por primera vez el sábado y esta será la segunda vez que lo contaré y probablemente la última. Después de ese 2 de diciembre, sólamente durante 40 días (y no sé por qué 40 y no otro número) me dediqué a tratar de comprender las razones que le hicieron jalar un gatillo. Y al final del tiempo, después de tanto intentar entender su lógica, aún conociendo su vida y sufrimiento, no logré justificarlo pero si entenderlo todo. Quizá entonces, yo hubiera actuado igual, aunque no sé si habría tenido el valor de jalar ese gatillo, he de reconocerte ahora, tanto tiempo después que a pesar de lo que te reclaman todos donde quiera que estés, fuiste valiente hasta el último momento de tu vida, porque te atreviste a darte un tiro y a dejarnos aquí a todos. A dejar a tu mamá y a tus amigos. Dejaste una vida y muchas historias. Y fuiste congruente porque actuaste de acuerdo a lo que pensabas -te concedo que con tanta mierda que inhalaste, aún tenías una parte en ti que era cuerda- y cumpliste tu promesa. Pero sólo cuarenta días, ni uno más porque sería egoísta de tu parte. Tenías razón en esa carta después de todo, quizá era mejor así. Nunca lo sabremos.
Para objetos solamente
Por el momento nadie entra en la habitación, pero, si alguien entrara, o, mejor aún, si sólo penetrara una mirada, sin tacto, sin gusto, sin olfato, sin oído, sólo una mirada y decidiera fríamente hacer un ordenado inventario visual de sus objetos, comenzando, digamos, por la derecha, lo primero que harbía de encontrar sería un amplio sofá, forrado de terciopelo verde oscuro, ya bastante deteriorardo y con dos quemaduras en el borde del respaldo. Hay tres objetos para mirar. El primero e suna pistola, de uso exclusivo del ejercito. No hay balas dentro de ella, hay una en la pared. El segundo objeto es un cuerpo humano, totalmente inmóvil. Es un muchacho. Pelo oscuro, tirado sobre el sillón verde. En la mano izquierda, sostiene un cigarrillo, o lo que queda de él, en la otra, la pistola. Tiene puestas sólo dos prendas: un short azul claro, y, una playera vieja, quizá con historia. Los ojos están cerrados. No hay el menor moviemiento, ni en las fosas nasales, ni en la boca. El tercer y último objeto es un trozo de papel, algo así como la mitad de una hoja de carta que alguien hubiera partido en dos, escrito con una letra muy fea, muy grande, ligeramente inclinada hacia adelante, diferente de su inclinación clásica. Si la mirada quisiera detenerse a leer, comprobaría que las palabras, y los trozos de palabras, que contiene el papel, son los siguientes: sabes como aprecio sibilidad, bien sabes ya que puse en ti, recuperación, en tus a la normalidad como. exigencia que te impongo de tantos años, de estarás de nútil exisit. Estoy y que quieres como yo. hay en ti, nsoportables y la resistenc llámale como quieras, lo que quier mira si seré in quí te dejo todo este desma
Comentario:
Lamento mucho saber que un amigo, que se ve que era muy cercano a ti, se ha suicidado. No estoy segura si fue hace ya mucho o hace poco, pero no importa porque igual has sufrido la perdida de un ser querido, al que a diferencia de la familia, tu escogiste. Como dices, no necesitas tratar de comprendele, pero, y esto hazlo por ti, no le olvides. Estoy segura que él te lo agradeceria.





