Primera fila
Yo tenía 14 años, o menos. Comenzaba a buscar un nuevo camino, cansado de estar cansado, y cansado de buscar caminos falsos. Venía arrastrando una depresión de antología, misma que supuso una gran preocupación para mi familia, y para mis amigos, y para mi psicóloga. Y obviamente para mí, yo no buscaba estar así. Tenía poco tiempo de haber visto a la muerte de frente, de cerca. Muy cerca. Tan cerca que dos de las seis personas que íbamos en el auto, murieron. Uno de ellos muy cercano a mí. El otro también. Y al ser testigo de ese momento, y el dolor que siguió durante días, semanas y meses, me ausenté de todo, incluso de mí.
Tenía poco tiempo de haber cambiado de aires, de escuela, de ambiente, de todo. Necesitaba encontrarme -odio cuando la gente dice eso, ero era cierto- y necesitaba volver a andar. Pero cuando uno se forma sus propias tinieblas y se empeña en nublarse el cerebro, las decisiones que se toman no son las más adecuadas.
Así los conocí a ellos.
No recuerdo exactamente como fue, pero me hice amigo de Chema, y de José, obviamente no son sus nombres, porque eso es lo de menos.
Con ellos conocí la violencia. Y la viví. La diversión de cada semana era ir a una fiesta donde sabíamos que estaría la banda rival, y empezar una pelea en la que nadie calculaba -o nadie quería calcular- las consecuencias de lo que podría pasar. Debo aclarar antes que nada que José era el líder, Chema su mano derecha y yo, por las circunstancias, era como una segunda mano derecha, pero yo no peleaba. Yo sólo iba con ellos, nunca peleaba ni participaba en nada.
Pero las cosas no eran fáciles, se nos iban complicando cada día más y yo me di cuenta pronto que ese ambiente no era el mío. Cuando un día no quise ir, Chema me dijo unas palabras que nunca olvidaré: es fácil entrar, pero no se puede salir. La realidad es que sí se podía, pero era mal visto abandonar el grupo. Como nunca he sido una persona que actúe por la opinión de los demás, poco me importó por lo que me inventé una estrategia para poco a podo alejarme de ellos y de esos momentos en los que yo sentía que se empezaba a perder el control. Comencé a llegar tarde a las fiestas, a irme temprano, dejé de platicar sobre los planes para cada fin de semana. Tomé una actitud pasiva en general, y se notó mi cambio de actitud.
Un día, lo recuerdo bien, un sábado en la tarde, Jósé me dijo: yo también creo que debemos dejar de hacer esto, me estoy metiendo en problemas mucho más grandes de los que ustedes conocen y no quiero que los demás, que no tienen la culpa de mis decisiones, paguen el precio, acompáñanos hoy, por última vez y después no vuelvas, es por tu propio bien.
Yo ya no quería ir ese día, pero era un acuerdo, y a esa edad, uno cree que esos acuerdos son importantes. Fui. La fiesta en la que estábamos tenía a mucha gente que daría cualquier cosa por tener la oportunidad de darle una paliza a José, pero su nombre todavía pesaba, tenía una reputación fuerte en ese ambiente. Me despedí de todos y me dirigía a la salida cuando entraron corriendo a la fiesta un grupo de cerca de 20 personas y rodearon a José y todos sus amigos. Comenzaron a pelear, y la cosa no estaba bien. Ellos eran más, de pronto, de la nada y sin que nadie supiera que pasaría, y mucho menos pudiera hacer algo para evitarlo, alguien sacó una pistola. Fue el fin de Chema. José lo tomó entre sus brazos y salió corriendo hacia un hospital, por ayuda. Jamás pude volver a verlos. José se fue de la ciudad, e hizo bien.
Pude ser testigo de esta historia, afortunadamente sólo un expectador en primera fila. Siempre he odiado la violencia.
Temas varios
Felicidades a Guillermo Solorio que cumple años el día de hoy. Hoy también voy a ver el espectáculo de David Copperfield. La semana está con mucha actividad. Me cansa, pero me encanta.
Tenía poco tiempo de haber cambiado de aires, de escuela, de ambiente, de todo. Necesitaba encontrarme -odio cuando la gente dice eso, ero era cierto- y necesitaba volver a andar. Pero cuando uno se forma sus propias tinieblas y se empeña en nublarse el cerebro, las decisiones que se toman no son las más adecuadas.
Así los conocí a ellos.
No recuerdo exactamente como fue, pero me hice amigo de Chema, y de José, obviamente no son sus nombres, porque eso es lo de menos.
Con ellos conocí la violencia. Y la viví. La diversión de cada semana era ir a una fiesta donde sabíamos que estaría la banda rival, y empezar una pelea en la que nadie calculaba -o nadie quería calcular- las consecuencias de lo que podría pasar. Debo aclarar antes que nada que José era el líder, Chema su mano derecha y yo, por las circunstancias, era como una segunda mano derecha, pero yo no peleaba. Yo sólo iba con ellos, nunca peleaba ni participaba en nada.
Pero las cosas no eran fáciles, se nos iban complicando cada día más y yo me di cuenta pronto que ese ambiente no era el mío. Cuando un día no quise ir, Chema me dijo unas palabras que nunca olvidaré: es fácil entrar, pero no se puede salir. La realidad es que sí se podía, pero era mal visto abandonar el grupo. Como nunca he sido una persona que actúe por la opinión de los demás, poco me importó por lo que me inventé una estrategia para poco a podo alejarme de ellos y de esos momentos en los que yo sentía que se empezaba a perder el control. Comencé a llegar tarde a las fiestas, a irme temprano, dejé de platicar sobre los planes para cada fin de semana. Tomé una actitud pasiva en general, y se notó mi cambio de actitud.
Un día, lo recuerdo bien, un sábado en la tarde, Jósé me dijo: yo también creo que debemos dejar de hacer esto, me estoy metiendo en problemas mucho más grandes de los que ustedes conocen y no quiero que los demás, que no tienen la culpa de mis decisiones, paguen el precio, acompáñanos hoy, por última vez y después no vuelvas, es por tu propio bien.
Yo ya no quería ir ese día, pero era un acuerdo, y a esa edad, uno cree que esos acuerdos son importantes. Fui. La fiesta en la que estábamos tenía a mucha gente que daría cualquier cosa por tener la oportunidad de darle una paliza a José, pero su nombre todavía pesaba, tenía una reputación fuerte en ese ambiente. Me despedí de todos y me dirigía a la salida cuando entraron corriendo a la fiesta un grupo de cerca de 20 personas y rodearon a José y todos sus amigos. Comenzaron a pelear, y la cosa no estaba bien. Ellos eran más, de pronto, de la nada y sin que nadie supiera que pasaría, y mucho menos pudiera hacer algo para evitarlo, alguien sacó una pistola. Fue el fin de Chema. José lo tomó entre sus brazos y salió corriendo hacia un hospital, por ayuda. Jamás pude volver a verlos. José se fue de la ciudad, e hizo bien.
Pude ser testigo de esta historia, afortunadamente sólo un expectador en primera fila. Siempre he odiado la violencia.
Temas varios
Felicidades a Guillermo Solorio que cumple años el día de hoy. Hoy también voy a ver el espectáculo de David Copperfield. La semana está con mucha actividad. Me cansa, pero me encanta.
Comentario:
Definitivamente viviste demasiado a muy corta edad y eso no puede estar bien, pero gracias a Dios eres un sobreviviente y resultaste convertirte en una muy buena persona. Eres todo un enigma todavía, 9 años después de haberte conocido.
Comentario:
Tuviste suerte de poder salir de ese ambiente, no todos lo logran. Me alegra por ti y por tu familia.
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
"Los caminos de la vida" pueden llegar a ser muy complciados, dependiendo de las decisiones que uno tome. Pero también pueden llegar a ser hermosos si uno tiene la fortaleza necesaria para tomar las riendas de la propia vida.
Una historia fuerte, pero que deja muchas enseñanzas.
Te voy siguiendo los pasos, amigo,
Una historia fuerte, pero que deja muchas enseñanzas.
Te voy siguiendo los pasos, amigo,
Comentario:
tambien me dejaste sin habla maestro, pero por otro lado que bueno que nos cuentes estas anécdotas, nunca esta de más estar enterado. saludos!
Comentario:
con las últimas palabras, en realidad me dejaste anonadado y sin habla.
Pero por otro lado es mejor tener algo que hacer a no tener nada que hacer.
un abrazo
Pero por otro lado es mejor tener algo que hacer a no tener nada que hacer.
un abrazo
Comentario:
Que terribles experiencies tuviste que vivir ya de tan pequeño, Diego.
Afortunadamente y como tú dices sólo fuiste un expectador, pero te debió de influir.
La violencia sólo genera más violencia, aquello no podía acabar bien.
Un beso!
Afortunadamente y como tú dices sólo fuiste un expectador, pero te debió de influir.
La violencia sólo genera más violencia, aquello no podía acabar bien.
Un beso!





