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Las consecuencias de vivir
De pronto, es más pronto de lo que piensas. Son las consecuencias de vivir una vida.
Acerca de
No es cuestión de romper estructuras, sino saber que hacer con los pedazos.
Sindicación
 
Así tenía que ser
Por los buenos tiempos
Resulta que ayer en la noche tuve una de esas fiestas en las que la cosa se pone bien, pero al principio dudas si deberías o no estar ahí. Ya les cuento. Resulta que hubo una fiesta de mi generación de prepa, que como algunos saben es bastante grande. Una generación que llena dos aviones para ir a Ixtapa. Pues bueno, la convocatoria fue para una fiesta con la intención de ayudar. Más por ayudar que nada y la reacción fue bastante buena. Me dio mucho gusto ver que todos estaban concientes de que el principal objetivo era ayudar, además de estar pasando un buen rato. Pero como suele suceder en esas fiestas, al principio me sentía un poco raro, como que ni estaba fuera de la fiesta, pero tampoco cabía perfectamente ahí. Es raro de describir, no estaba agusto ahí, pero me daba mucho gusto ver a toda la gente, pero era incomodo. Al menos así fue la primera parte de la fiesta, después llegó mi gente y me fui sintiendo más cómodo. Me dio gusto ver al Yanki, no lo veía desde que murió su papá. Me pudo encantar la idea de ver a Claudia, tenía mucho tiempo de no verla. A Esponda siempre me da gusto verle, es de las personas más nobles que he podido conocer, leal como pocos, podrán criticarle muchas cosas, pero no le pueden replicar nada en cuanto a ser una buena persona. Sí, estoy escribiendo de gente que no es muy común que hable de ellos, precisamente por eso lo hago ahora. También pude ver a Alejandro León, tipazo. Lo conozco desde primer semestre de prepa y es de las personas más amables y sonrientes que conozco, creo que sólo Jorge Lizarde lo supera. Alejandro chocó hace unos años y se le desconfiguró la cara, después de varias cirugías es bueno ver que ya está como si nada, no se le nota. Lo que más admiro de Alejandro León, y creo que lo haré siempre, es la manera en que brindó su amistad a David Beracha. David tenía un problema que lo condenaba a usar una silla de ruedas permanentemente, sólo podía mover su mano derecha, pero tenía un sentido del humor impresionante, cuando yo lo conocí no se dejaba vencer por nada y nos retaba a competencias en silla de ruedas. Se caía y lo ayudábamos a levantar, pero nadie le ayudaba tanto como Alejandro León. Alejandro estuvo desde que me acuerdo, a su lado, hasta el día en que murió David. Y aun después. Eso admiro de Alejandro. Hubo más gente en esa fiesta, Veo a mis amigos y más atrás de sus ojos veo las mismas imagenes que yo vi, momentos míticos, dias de gloria. Ahora miro sus vidas, veo el recuerdo, veo los recuerdos de unos tiempos diferentes -no sé si mejores-, unos tiempos que no volverán. Pero ahora nos vemos con gusto, quizá más que antes, por el tiempo que pasa entre cada vez. Y eventos como el de ayer, nos hacen sentir tan unidos como antes. O más.

Mejorando el clima
Vamos a lo de siempre, Dani es como recibir un chiste por dia en el momento más adecuado. Ayer estábamos sentados en una banca, pensando como hacer para recuperar un balón perdido, y hacía frío. Y así sentado como estaba, metió las manos en la chamarra que traia y se dobló todo pegando la cabeza a las rodillas. Y la gravedad hizo lo suyo también, y se cayó al piso. De hocico y sin meter las manos. "No metió ni las manos" diría el encabezado de un periódico amarillista. Sigue aprendiendo a base de golpes.

Cuentecito semanal:
La choza
No era la primera vez que entraba a la choza desde que murió mi hermano, la primera vez fue el día que aprendí como manejar mi mente. Después sólo acudía ahí cuando me sentía mal, cuando necesitaba pensar, no para estar solo, pues afortunadamente siempre lo había estado. Además descubrí que los hasta ayer frecuentes encuentros con mis amigos eran más cómodos en algún café o lugar por el estilo.
Hacía mucho que no visitaba la choza, que no me adentraba en ella, se notaba, ésta era ya un espectáculo deprimente, las esquinas de los muros estaban plagadas de arañas y al entrar, la puerta se resquebrajó y cayó con todo y marco, completamente astillada, al suelo. Me di cuenta del paso de los años y del olvido que había puesto en ella...como reflejo de mi propio subconsciente.
Con un golpe quité el polvo de mi sillón favorito, me deje caer en él y luego, no pude evitarlo, mi mente viajó por el tiempo y se remontó al día en que la construimos mi hermano y yo (o mejor dicho yo bajo la dirección de mi hermano), recordé‚ incluso aquel dolor, más moral que físico, resultado de una cortada con el serrucho, y cómo la mancha de sangre había sido absorbida, casi de inmediato, por la madera de una de las tablas que instalamos después en el techo. Ni el tiempo la pudo borrar. Nos llevó todo un día, desde las cinco de la mañana, y al terminar me dijo que ese sería el lugar en donde deberíamos reflexionar, meditar, y crecer. Dijo que toda era nuestra, porque así la habíamos creado y que duraría de acuerdo al cuidado que pusiéramos en ella, o mejor dicho, al cuidado que pusiera yo en ella.
No me di cuenta entonces de lo profundo de esas palabras, era yo feliz. Pero cuando él murió fui y me encerré‚ tres días en la choza, sentado en el sillón de mi abuelo que tiempo atrás me habían regalado, cuando se cambiaron los muebles, y con todo y los muebles nuevos, algo murió dentro de mi.
Giré la cabeza y descubrí, el rincón donde aprendí a fumar... luego mi vista continuó hacia la mesa de las cartas, cuando todavía creía que existía la eternidad, que todo existiría por siempre; vi la ventana donde contaba a veces las estrellas o hallaba forma a sus agrupaciones, vi el cuadro, hecho por algún recuerdo que hoy mi memoria ya no reconocía, el farol que me alumbraba aquellas noches que pasaba viendo la inmensidad del cielo, oscuro.
Me di cuenta entonces de algo genial, estaba sentado dentro de mi propia mente, sí, todo eran recuerdos, ruinas creadas por mi descuido, y supe que había vuelto allí tan sólo para buscarme entre tantos fantasmas y personajes en los que me había perdido. Me di cuenta de que gracias a todo lo que había pasado últimamente, del vacío que me crecía dentro, había tomado el camino correcto y había llegado a aquel lugar, para pensar una vez más en mi, o para ya no pensar más.
Me levanté en seguida y comencé a limpiar la choza, quité telarañas y cuadros, parché las paredes, tiré toda la colección de viejos muebles y traté de borrar todos los recuerdos que me rodeaban, incluso la mancha del techo que fue lo único que quedó igual. Acabando con esto me senté en el suelo, pues olvidé decirlo pero tiré el sillón del abuelo y, en un rincón me quedé, sin pasado, sin presente, solo, adentro de mi mente. Sin querer salir ya más.

Para mañana
La letra f desde mi punto de vista y varias cosas más, de las cosas que joden.
 
Comentario:
beto mojica?
eres tu el del blog anterior? bueno, me da gusto que te la ayas pasado bien.ok, y como yo leo sobre tus dias, decidi escriir sobre los mios, quien quiera ir es:
http://spaces.msn.com/members/lapochita/
ok bye
 
Comentario:
lo bueno es que cada dia entiendo mas lo que escribes, los primeros dias estaba bien perdido. lo malo es que deberias escribir mas. Ah, soy beto. Tanto tiempo sin saber de mi verdad?
 
Comentario:
Me gusta mucho vuestro blog. Cuando vienes a Madrid?
No