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Acerca de
Siempre quieres lo que no puedes tener y las cosas que en realidad te importan un comino son las que se te presentan en bandeja. Así es la vida, así que por qué iban a ser diferentes el amor y el sexo de cualquier otra parte de ella?
Dentro de mil años no habrá tíos ni tías, sólo gilipollas.
Sindicación
 
Un hombre de verdad
Por mucho que nos jorobe, y por mucho que lo neguemos, hay una verdad casi universal que afecta a gran parte de la población femenina mundial: Nos gustan los tíos cabrones.
Hay un porcentaje muy bajo que se escape, aunque todas sepamos que en realidad la gran mayoría no lo confiesa, socialmente está mejor visto que prefieras un buen chico que un cabronazo de los de marca mayor.

Reconozco que yo tengo un pasado masoquista. Un pasado en el que, efectivamente, me gustaban los tíos cuanto más hijos de puta mejor, me hacían sufrir lo indecible y aún así me gustaban cada día más.
También he tenido la suerte de encontrar chicos maravillosos, amables, dulces, cariñosos, que estaban pendientes de mí continuamente, con los que me he sentido amada y querida a más no poder…y con ellos yo (gilipollas de mí) siempre notaba que me faltaba algo, y terminaba dejándolo correr yéndome con otro que iba a su rollo pasando de mí olímpicamente.
Lo que piensa el chico bueno a resultas de esto es: Tratarla como a una reina= pasa de mí; Solución= convertirme en un cabrón.
La putada es que lógicamente, llega un día en el que te cansas de que te traten como a un trapo. Y entonces buscas un chico bueno, atento…pero ya es tarde.
Porque o bien dichos chicos han encontrado a otras más listas que los han sabido disfrutar, o por el contrario se han hartado de ser siempre buenos sin comerse una rosca y se han pasado al lado oscuro, es decir, al lado cabrón. Total, que esta cuestión me temo que es y siempre será un bucle infinito y repetitivo.

Los chicos buenos son un valor en alza, cada vez más escaso y más codiciado, porque somos muchas las que nos hemos cansado de tanto capullo superficial y egoísta como hay por ahí. Claro que yo aún conservo algunas reminiscencias de mi etapa masoca…me gustan los tíos con un puntillo golfo, que me chinchen, que me hacen ponerme celosa, que me hagan rabiar…aunque al final siempre termine quedándome con alguien más formal.

Y ésta es una cuestión, en la que hasta ahora no me había dado por pensar. Me hizo falta que un amigo, me hiciera la siguiente reflexión vía Messenger:




No tuve más remedio que admitir, que tiene más razón que un santo.

PD: Las actualizaciones son escasas estos días, no diré que se debe todo al verano y a las vacaciones, simplemente estoy algo vaga últimamente y no me apetece escribir.
PD2: La próxima actualización será después de mis vacaciones, volveré depués del 10 de septiembre.
PD3: Por favor que nadie se fije en el fondo de mis ventanas del messenger...
 
Otro más...otro menos...
La gente me habla y es como si los escuchara con la cabeza sumergida en una bañera y los oídos lleno de agua. Los oigo…pero no entiendo lo que dicen. A decir verdad tampoco es que me interese demasiado lo que tengan que contarme.
Aún no sé cómo he venido a parar a éste sitio, con mis amig@s, con mi ex, incluso con mi madre y mis hermanas. Mi ex alza la voy y pregunta qué es lo que vamos a tomar:

- Samuel y Marcos, vosotros cerveza, no? Para las chicas granizado…Dilemas, tú lo de siempre, no?

Sigo pensando en mis cosas y no contesto, mi madre me administra una colleja con efecto vigorizante y me dice:

- Niñaaaaa! Que estás en Babia! Que qué quieres tomar, te está preguntando D!

La miro un segundo como preguntándome dónde estoy y quién es ésta mujer, pero ante la incomodidad que supondría el tenerlo que preguntar, y desencadenar otra lluvia de preguntas, simplemente digo: “Si”.

- Suegra, para usted lo mismo?

Mi madre sonríe coqueta, y medio ruborizada le responde:

- Ya te daré yo suegra…Y qué es eso de llamarme de usted? Me haces sentir de año de la pera!!!
- Lo eres – Apunto yo.

Mi madre ignora el comentario, mis amigos me miran con la pose de esos tíos molestos que se ofenden ante la intervención de una mocosa impertinente a quien no les corresponde castigar y continúan, por acuerdo tácito popular, como si yo no hubiera abierto la boca.
Hablan y hablan, y yo sigo no oyendo nada oyéndolo todo como si me estuvieran hablando desde 300 kilómetros de distancia. En mi mente resuena una guitarra que no sé porqué está aquí hoy.
Cada persona de la mesa, así como muchos de los que entran en el local, me agreden tironeando de partes de mi cuerpo, ya sean manos, orejas u hombros. Sopeso la posibilidad de irme, o la de empezar a repartir hostias, pero considero que la que menos esfuerzo requiere es quedarme ahí, simplemente. Los móviles no paran de sonar, me llama gente de la que no he sabido nada en todo el año, y argumentan no sé qué mierdas acerca de lo ocupados que están y lo difícil que es encontrar un hueco para tomar un café. Pues vale.
Mi madre parlotea sin parar algo sobre un día como hoy hace no se cuántos años, cuánto tiempo ha pasado ya, parece mentira. Me rodea los brazos con el hombro esperando mi aprobación con un “A que sí?” Y yo vuelvo a decir si, y todos ríen y siguen hablando. Pues vale.
Me estrujo las neuronas intentando averiguar qué es lo que hace que recaiga tanta atención sobre mí precisamente hoy. Creo que no me he sacado otra carrera, creo que no me caso, creo que no he tenido un niño, creo que no me he muerto. Entonces no sé lo que puede ser.
Miro a mi alrededor, la atención se centra en un cinturón que se balancea colgado de un travesaño del techo, abandonado ahí seguramente por cualquier capullo borracho mientras hacía un número de equilibrismo. De repente acuden a mi memoria imágenes que me golpean como martillos, seis años ya, ahora se cumplen, un cinturón, y Carlos que ya no está. Todos éstos riéndose como locos y yo no entiendo nada. Ay, Carlos. Ay, joder. Carlos, yo no…Ay Dios, Carlos.

Me levanto de un salto farfullando que voy al baño, todos siguen charlando animadamente, como amiguísimos, de risas y tal, ja, jaja, huyo pero que rauda de la hostia, me encierro en el baño y me miro al espejo. Tengo mala cara, no duermo mucho últimamente, lo cual queda demostrado por los oscuros cercos bajo mis ojos. Me dan aspecto de gótica, o de gilipollas. O de las dos cosas.
Cuando acabo de mojarme la cara, sé que no puedo volver dentro a enfrentarme a esa mierda. Me escabullo por la puerta lateral. Aún faltan 4 horas y 35 minutos para que se acabe este puto día que tan raro es.

Subo a casa andando, sobre la cama hay un montón de paquetes con tarjetas. Ato cabos y joder, es mi puto cumpleaños. Ahora lo entiendo casi todo. Todo, menos que tú no estés.


PD: Gracias a todos, toditos lo que me han felicitado (a ver si me acuerdo de todos...: Pez, Chema, D, Toni nene, Adrián, Toni Abogado, Ensucraet, HSolo, Pablito, Alejandro, Melona, Cris, Jose, Roser, Dawi, Ht, Anita…seguro que se me olvida gente…y Raúl) Ha habido mucha gente que me ha hecho regalos super especiales. Ningún anillo de diamantes…pero en cualquier caso todos más valiosos que cualquier joya.
PD2: El regalo de Pez, el regalo de Chema, el regalo de Li, el regalo de Alejandro, los regalos de Toni...