Jin, curiosidad, Prozac y dilemas.
- Pues no lo llamo, y me dice que no viene a por mí aunque esté lloviendo porque tiene el coche encerrado y si no se le ensucia? Pero tú te crees que “eso” es un novio???Joder, salimos de clase!! Y es de noche!!! A éste se la suda si me atracan o me mojo o me pasa algo!!
Laura no para de criticar a su novio mientras caminamos hacia el hall del instituto. Hay que ser desgraciadas para tener que recuperar unas clases el viernes. Por la tarde. Hasta casi las 19.00 h. Y para colmo que llueva. Tengo toda esa suerte, si.
Tania y yo sonreímos subiendo escaleras mientras Laura sigue con el relato de todo lo trágico que tiene su vida, y de lo malvado que es su novio.
- Bueno Laura, no te quejes, que vives a dos calles de aquí, tampoco va a venir a posta el chico a recogerte para recorrer en coche dos calles…
- Que no??QUE NO??Pues debería! Es su obligación.
Me descojono por dentro mientras pienso intrigadísima en cuántas obligaciones más de este tipo tendrá el pobre novio, y para quitarle un poco de drama al asunto le digo:
- Bueno oye, que tú por lo menos tienes un novio para pedirle esas cosas, que la cosa está muy malita y somos muchas las que pasamos la mano por la pared…
No puede evitar reírse, aunque de muy mala gana, y a través de los cristales se fija en un chico que está esperando en el porche del instituto, caladito hasta los huesos.
- Mira, mira!!! Eso sí que es un novio! Seguro que ha venido a recoger a alguien, míralo! Y encima está bueno! Si es que hay algunas que lo tienen todo…
- A lo mejor no ha venido a recoger a nadie, lo mismo ha venido a echar una beca, o algo…
Esa chorrada tan grande nos hace reírnos el rato necesario para hacernos a la idea de que hay que salir a la calle, y mojarse, caiga lo que caiga. Pero a medida que avanzamos, y nos acercamos al chico del porche, a mí me va sonando su cara, y su planta, y mis compañeras cuchichean por lo bajo acerca del culo del interfecto.
Se confirman mis sospechas cuando el chico se me acerca y me suelta un “Hola princesa” que retumba en todo el instituto, mis compañeras abren la boca desmesuradamente, primero en plan asombro y luego en plan cachondeo total. Se despiden rápidamente, y mientras se alejan oigo como Laura comenta:
- Joder con la que no tenía novio…
Jin siempre me sorprende. Me asombra y a la vez me gusta la cara dura que demuestra haciéndose casi 100 km simplemente para venir a recogerme, tomándose, por cierto, unas atribuciones que no le corresponden en absoluto. Es cierto que últimamente hemos retomado en gran medida el contacto que perdimos hace unos años, por circunstancias de la vida ambos estamos en una situación sentimental bastante parecida y eso ha hecho que nos apoyáramos el uno en el otro, pero quizá Jin me está “obligando” a hacer más cosas juntos de las que yo haría normalmente. Como por ejemplo, esto.
- Jin…por qué has venido? Has cogido la carretera de noche, lloviendo, sólo para llevarme a casa?
- Es que me aburría…
Me pone esa sonrisa pícara, y es un cabrón, porque sabe que no me puedo resistir, me termina haciendo gracia. Siempre caigo.
Subimos al coche, me lleva a casa y aparca al final de mi calle para ahorrarnos miradas indiscretas. (La de mi madre, sin ir más lejos)
Me cuenta cosas del trabajo, de su sobrinita, yo le cuento de la mía, cosas de clase, y cuando quiero darme cuenta han pasado casi tres horas. Se está bien aquí, la calefacción está puesta, la lluvia repiquetea contra el parabrisas porque está lloviendo bastante. Lamentándolo mucho, le digo que me tengo que ir, pero él me coge de la muñeca mientras me dice:
- Espera…espera un segundo. Quería preguntarte…qué tal estás.
- Pues bien, estoy bien. Por?
- Me refiero a cómo estás en el sentido…en el sentido sentimental y eso…
- Oh…bien, bueno, estoy bien, tengo mis días, como todo el mundo.
- Quería decirte algo antes de que te vayas…me gustaría que lo tuvieras presente, de aquí en adelante.
- Claro, dime…
- Vale…recuerdas ese día en el que estabas conmigo, y te llamó Raúl?
- Si…creo que si.
- Recuerdas también que te avergonzaste de mí, que no le dijiste que estabas conmigo?
- No me avergoncé de ti, es sólo que hablamos un par de minutos nada más, no salió el tema, ni me dio tiempo y yo no quise que pensara nada raro…
- Bueno…da igual, eso es lo de menos. Lo que quería decirte es que, cuando pasó aquello, claro, para ti ese momento fue importante por razones obvias. Pero para mí ese momento significó más de lo que realmente pareció, ya que yo me limité a dejarte hablar con él y me aparté. Para mí ese momento fue diferente. Porque cuando le cogiste el teléfono dijiste una frase que a ti te salio natural, y probablemente ni siquiera reparaste en ella: le dijiste "hola amor...". En ese momento, sentí una envidia y unos celos como nunca los he sentido. Pensé que tu no te dabas cuenta pero eso ibas a acabar diciéndomelo a mí porque era a mí a quien tenías que decírselo. Desde ese día me quedó bastante claro ese deseo que tenía de compartir esas pequeñas cosas contigo. Y de que me trataras como si fuera tuyo y tú fueras mía. Y cuando te llamara por teléfono me dijeras "hola amor" a mí y sólo a mí.
Me quedo tan pasmada que soy incapaz de decir nada. Pienso mil cosas en un segundo, pienso en la cantidad de veces en las que me he sentido más importante para la gente de lo que en realidad la gente me consideraba a mí. Pienso en todas las veces en que me he dado de morros, en todas las ocasiones en las que me he arrepentido de no coger un tren a tiempo, o de llamar a un timbre y decir “¿Bajas? Estoy aquí.”, las veces en las que me esperaron mucho tiempo, demasiado, tanto que al final se cansaron de mi posición estática, y se fueron con otras más listas, o simplemente se fueron porque no me aguantaban más. Pienso en las ganas que tenía de ir a tu ciudad, y pasar un día contigo (si se terciaba, la vida entera), y siempre se me adelantan, porque yo soy de esas capullas pringadas que siempre llegan a los sitios demasiado tarde, siempre por dejadez, por falta de atrevimiento, de cojones, de sinceridad y de valentía.
Pienso todo eso y lo único que me sale es sonreírle, porque está ahí tan dispuesto, tan dulce, y al instante siguiente me arrepiento, porque me doy cuenta de que sin querer (o queriendo inconscientemente) le he dado esperanzas de algo que quizá nunca pueda cumplir.
Me despido y salgo del coche corriendo para no mojarme mucho, intuyo que Jin se ha quedado esperando una respuesta, o un comentario, pero no puedo asegurarlo porque he sido incapaz de mirarle a la cara. He huido cobardemente, como tantas otras veces.
Y hoy, por primera vez desde que nos conocimos, he sentido que te había sido infiel.

Laura no para de criticar a su novio mientras caminamos hacia el hall del instituto. Hay que ser desgraciadas para tener que recuperar unas clases el viernes. Por la tarde. Hasta casi las 19.00 h. Y para colmo que llueva. Tengo toda esa suerte, si.
Tania y yo sonreímos subiendo escaleras mientras Laura sigue con el relato de todo lo trágico que tiene su vida, y de lo malvado que es su novio.
- Bueno Laura, no te quejes, que vives a dos calles de aquí, tampoco va a venir a posta el chico a recogerte para recorrer en coche dos calles…
- Que no??QUE NO??Pues debería! Es su obligación.
Me descojono por dentro mientras pienso intrigadísima en cuántas obligaciones más de este tipo tendrá el pobre novio, y para quitarle un poco de drama al asunto le digo:
- Bueno oye, que tú por lo menos tienes un novio para pedirle esas cosas, que la cosa está muy malita y somos muchas las que pasamos la mano por la pared…
No puede evitar reírse, aunque de muy mala gana, y a través de los cristales se fija en un chico que está esperando en el porche del instituto, caladito hasta los huesos.
- Mira, mira!!! Eso sí que es un novio! Seguro que ha venido a recoger a alguien, míralo! Y encima está bueno! Si es que hay algunas que lo tienen todo…
- A lo mejor no ha venido a recoger a nadie, lo mismo ha venido a echar una beca, o algo…
Esa chorrada tan grande nos hace reírnos el rato necesario para hacernos a la idea de que hay que salir a la calle, y mojarse, caiga lo que caiga. Pero a medida que avanzamos, y nos acercamos al chico del porche, a mí me va sonando su cara, y su planta, y mis compañeras cuchichean por lo bajo acerca del culo del interfecto.
Se confirman mis sospechas cuando el chico se me acerca y me suelta un “Hola princesa” que retumba en todo el instituto, mis compañeras abren la boca desmesuradamente, primero en plan asombro y luego en plan cachondeo total. Se despiden rápidamente, y mientras se alejan oigo como Laura comenta:
- Joder con la que no tenía novio…
Jin siempre me sorprende. Me asombra y a la vez me gusta la cara dura que demuestra haciéndose casi 100 km simplemente para venir a recogerme, tomándose, por cierto, unas atribuciones que no le corresponden en absoluto. Es cierto que últimamente hemos retomado en gran medida el contacto que perdimos hace unos años, por circunstancias de la vida ambos estamos en una situación sentimental bastante parecida y eso ha hecho que nos apoyáramos el uno en el otro, pero quizá Jin me está “obligando” a hacer más cosas juntos de las que yo haría normalmente. Como por ejemplo, esto.
- Jin…por qué has venido? Has cogido la carretera de noche, lloviendo, sólo para llevarme a casa?
- Es que me aburría…
Me pone esa sonrisa pícara, y es un cabrón, porque sabe que no me puedo resistir, me termina haciendo gracia. Siempre caigo.
Subimos al coche, me lleva a casa y aparca al final de mi calle para ahorrarnos miradas indiscretas. (La de mi madre, sin ir más lejos)
Me cuenta cosas del trabajo, de su sobrinita, yo le cuento de la mía, cosas de clase, y cuando quiero darme cuenta han pasado casi tres horas. Se está bien aquí, la calefacción está puesta, la lluvia repiquetea contra el parabrisas porque está lloviendo bastante. Lamentándolo mucho, le digo que me tengo que ir, pero él me coge de la muñeca mientras me dice:
- Espera…espera un segundo. Quería preguntarte…qué tal estás.
- Pues bien, estoy bien. Por?
- Me refiero a cómo estás en el sentido…en el sentido sentimental y eso…
- Oh…bien, bueno, estoy bien, tengo mis días, como todo el mundo.
- Quería decirte algo antes de que te vayas…me gustaría que lo tuvieras presente, de aquí en adelante.
- Claro, dime…
- Vale…recuerdas ese día en el que estabas conmigo, y te llamó Raúl?
- Si…creo que si.
- Recuerdas también que te avergonzaste de mí, que no le dijiste que estabas conmigo?
- No me avergoncé de ti, es sólo que hablamos un par de minutos nada más, no salió el tema, ni me dio tiempo y yo no quise que pensara nada raro…
- Bueno…da igual, eso es lo de menos. Lo que quería decirte es que, cuando pasó aquello, claro, para ti ese momento fue importante por razones obvias. Pero para mí ese momento significó más de lo que realmente pareció, ya que yo me limité a dejarte hablar con él y me aparté. Para mí ese momento fue diferente. Porque cuando le cogiste el teléfono dijiste una frase que a ti te salio natural, y probablemente ni siquiera reparaste en ella: le dijiste "hola amor...". En ese momento, sentí una envidia y unos celos como nunca los he sentido. Pensé que tu no te dabas cuenta pero eso ibas a acabar diciéndomelo a mí porque era a mí a quien tenías que decírselo. Desde ese día me quedó bastante claro ese deseo que tenía de compartir esas pequeñas cosas contigo. Y de que me trataras como si fuera tuyo y tú fueras mía. Y cuando te llamara por teléfono me dijeras "hola amor" a mí y sólo a mí.
Me quedo tan pasmada que soy incapaz de decir nada. Pienso mil cosas en un segundo, pienso en la cantidad de veces en las que me he sentido más importante para la gente de lo que en realidad la gente me consideraba a mí. Pienso en todas las veces en que me he dado de morros, en todas las ocasiones en las que me he arrepentido de no coger un tren a tiempo, o de llamar a un timbre y decir “¿Bajas? Estoy aquí.”, las veces en las que me esperaron mucho tiempo, demasiado, tanto que al final se cansaron de mi posición estática, y se fueron con otras más listas, o simplemente se fueron porque no me aguantaban más. Pienso en las ganas que tenía de ir a tu ciudad, y pasar un día contigo (si se terciaba, la vida entera), y siempre se me adelantan, porque yo soy de esas capullas pringadas que siempre llegan a los sitios demasiado tarde, siempre por dejadez, por falta de atrevimiento, de cojones, de sinceridad y de valentía.
Pienso todo eso y lo único que me sale es sonreírle, porque está ahí tan dispuesto, tan dulce, y al instante siguiente me arrepiento, porque me doy cuenta de que sin querer (o queriendo inconscientemente) le he dado esperanzas de algo que quizá nunca pueda cumplir.
Me despido y salgo del coche corriendo para no mojarme mucho, intuyo que Jin se ha quedado esperando una respuesta, o un comentario, pero no puedo asegurarlo porque he sido incapaz de mirarle a la cara. He huido cobardemente, como tantas otras veces.
Y hoy, por primera vez desde que nos conocimos, he sentido que te había sido infiel.






