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Nombre: El Farero Ubicación: Una Isla _____________________
Dejé amarrados al faro sólo algunos recuerdos para que la marea no se los llevara. Vivo días de mucho sol y viento, un viento muy fuerte que entra por mi ventana revelando mi cárcel. Escribo desde una isla que flota en medio del mar, está completamente deshabitada, deshabitado yo, tal vez perdido. Mas no puedo estar perdido si no tengo a alguien a quien esperar, he borrado el camino, cosas escritas en el agua.
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Bitácora de viaje: canibalismo urbano
Alguien se fue:

Esta mañana me desperté con los ojos cubiertos de sal. Con más alma que cuerpo. Alma que arde en el fuego de este infierno, esta mañana, bajo este cielo. No hay que ir más allá del suelo que piso todos los días, el pesado olor a azufre está en el aire.


Mirá que el faro esta muy lejos, que la isla es más grande de lo que en mis sueños soñaba. Qué hago con esta carta camuflada entre mis desvelos, que hago con “los ojos cubiertos de sal”, con “el pesado olor a azufre”. Habrá que arremeter con todo, como en el primer día, esa fría tarde de invierno en el desierto. Habrá que comerse uno a uno los fantasmas, a los vivos y a los muertos. Degollarlos sin previo aviso, sorprenderlos contra la pared ensombrecida, paredes, sobras, de aquí y allá.

Y ahora me pregunto, ¿es que sigo en el faro? (desde ahí escribo supuestamente), pero es que yo me veo desde muy lejos, veo una silueta a contraluz en la pequeña ventana de ese faro distante. La luna rosa es un providencial estado de fascinación y miedo que me da asco, pero hay muchas lunas rojas, hay soles amarillos, mañanas grises y millares de noches. Entonces, aquí también el tiempo avanza, la tierra gira y las cosas envejecen.

Veo mis pies caminando ahora, a mis espaldas el faro, en él mi sombra, en él mi instinto de autodestrucción atrapado. Al final veo en mis manos, estas, de este cuerpo que escapa (o que va al encuentro) de este cuerpo que ve a la otro cuerpo, al siniestro, veo en mis manos el augurio de una carnicería de demonios que no parará hasta que corra la última gota de sangre, hasta que no se apague la última esperanza, hasta que al final, al cerrar los ojos y sentir el aire, sienta también en esas manos la sutil presencia de otras manos, tal vez igualmente extenuadas, pero entregadamente divinas, rostro, alma y cuerpo, que al fin me sonría con la seguridad de haber terminado y empezado el viaje, todo al mismo tiempo.

-----> Me encuentro a unos 15 kilómetros ya de la primera morada, con la novedad de que si continúo hacia el noroeste pasaré muy cerca del faro de Lucía, que es muy diferente al mío, el de ella es blanco y rodeado de mágicos túneles subterráneos. Túneles sueños, sueños, refugio. <-------
 
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------- > A quienes les interese:

Tengo que dejar el faro por un tiempo y explorar la isla (si se puede, salir de ella) y ver lo que hay debajo de esa luna rosa.

Gracias por el interés en mis palabras. Hasta pronto.

El Farero. --------- <