Pocas veces suele salir como uno quiere
[...]Habían pasado los ochenta. Habían pasado los noventa. Había pasado la muerte, la enfermedad, engordar y quedarme calvo. Habían cambiado muchos sueños por ingresos mayores, y ni siquiera me había dado cuenta de lo que hacia. A pesar de lo cual, allí estaba el, Morrie hablado con la capacidad de asombro de nuestros añoos de universidad, como si yo no hubiera hecho más que tomarme unas largas vacaciones.
-¿has encontrado a alguien con quien compartir tu corazón? – Me preguntó.
¿Estás en paz contigo mismo?
¿Estás aportando algo a tu comunidad?
¿Estás procurando ser tan humano como te sea posible?
Yo estaba violento, intentando dar a entender que me había enfrentado a fondo a estas cuestiones. ¿qué me ha pasado? Hubo un tiempo en que me prometí que no trabajaría nunca por dinero, que viviría en sitios hermosos e inspiradores. Por el contrario, llevaba diez años viviendo en Detroit, trabajando en un mismo sitio, siendo cliente de un mismo banco, acudiendo a un mismo peluquero. Tenia treinta y siete años; era mas que eficiente y estaba atado a los ordenadores, a los módems y a los teléfonos móviles. Yo ya no era más joven que mis compañeros, no tampoco andaba por ahí con sudaderas ni cigarrillos apagados en la boca. No mantenía largas discusiones sobre el sentido de la vida mientras comía sándwiches de ensañada de huevo.
Tenia ocupados mis días, pero seguía insatisfecho durante buena parte del tiempo. ¿Qué me ha pasado? {...}

Supongo que todos tenemos sueños que pensamos cumplir de mayores o ideas que creemos que nunca cambiaremos aun que pasen los años, yo las tengo y espero que no cambien, me hizo gracia una vez en la graduación de mi hermano, se hicieron promesas delante de todo los familiares de esas de ser eficiente y trabajar al máximo, si esas promesas las hacen todos los que se gradúan, una de dos o las hacen con los dedos cruzados o firman antes algo diciendo que las promesas no son validas, no lo digo por el, lo digo en general, OJO. Tambien es verdad que la necesidad hace olvidarse de todo eso, pero la envidia, el ansia de tener mas para que un día tengas: cinco casas, millones en el banco, te de un cancer y a los meses también tengas un ataúd con un cruz de oro.
El tiempo pasa sin darse uno cuenta, supongo que por que la mayoría de los días son iguales (pero por que quiero) y todo pasa tan deprisa que me olvido de los principios y promesas, es decir que no me paro a pensar, solo vivo el presente, el día a día, por otro lado hay veces que es mejor seguir así.
CONCLUSIÓN: Prefiero tener menos dinero pero vivir mas la vida, intentar cumplir los mas sueños posibles y compartirlos y si puedo seguir manteniendo mis principios.
RELATO
Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios soberbios atunes. El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.
El norteamericano volvió a preguntar:
-¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?
El mexicano contestó:
-Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El norteamericano dijo con tono burlón:
-Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca.
En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas.
Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización.
Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Angeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
-Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?
-De quince a veinte años.
-Y después ¿qué?
El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte:
-Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
-¿Millones, señor? Y luego ¿qué?
-Luego podría retirarse. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos...
-¿has encontrado a alguien con quien compartir tu corazón? – Me preguntó.
¿Estás en paz contigo mismo?
¿Estás aportando algo a tu comunidad?
¿Estás procurando ser tan humano como te sea posible?
Yo estaba violento, intentando dar a entender que me había enfrentado a fondo a estas cuestiones. ¿qué me ha pasado? Hubo un tiempo en que me prometí que no trabajaría nunca por dinero, que viviría en sitios hermosos e inspiradores. Por el contrario, llevaba diez años viviendo en Detroit, trabajando en un mismo sitio, siendo cliente de un mismo banco, acudiendo a un mismo peluquero. Tenia treinta y siete años; era mas que eficiente y estaba atado a los ordenadores, a los módems y a los teléfonos móviles. Yo ya no era más joven que mis compañeros, no tampoco andaba por ahí con sudaderas ni cigarrillos apagados en la boca. No mantenía largas discusiones sobre el sentido de la vida mientras comía sándwiches de ensañada de huevo.
Tenia ocupados mis días, pero seguía insatisfecho durante buena parte del tiempo. ¿Qué me ha pasado? {...}

Supongo que todos tenemos sueños que pensamos cumplir de mayores o ideas que creemos que nunca cambiaremos aun que pasen los años, yo las tengo y espero que no cambien, me hizo gracia una vez en la graduación de mi hermano, se hicieron promesas delante de todo los familiares de esas de ser eficiente y trabajar al máximo, si esas promesas las hacen todos los que se gradúan, una de dos o las hacen con los dedos cruzados o firman antes algo diciendo que las promesas no son validas, no lo digo por el, lo digo en general, OJO. Tambien es verdad que la necesidad hace olvidarse de todo eso, pero la envidia, el ansia de tener mas para que un día tengas: cinco casas, millones en el banco, te de un cancer y a los meses también tengas un ataúd con un cruz de oro.
El tiempo pasa sin darse uno cuenta, supongo que por que la mayoría de los días son iguales (pero por que quiero) y todo pasa tan deprisa que me olvido de los principios y promesas, es decir que no me paro a pensar, solo vivo el presente, el día a día, por otro lado hay veces que es mejor seguir así.
CONCLUSIÓN: Prefiero tener menos dinero pero vivir mas la vida, intentar cumplir los mas sueños posibles y compartirlos y si puedo seguir manteniendo mis principios.
RELATO
Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios soberbios atunes. El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.
El norteamericano volvió a preguntar:
-¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?
El mexicano contestó:
-Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El norteamericano dijo con tono burlón:
-Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca.
En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas.
Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización.
Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Angeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
-Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?
-De quince a veinte años.
-Y después ¿qué?
El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte:
-Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
-¿Millones, señor? Y luego ¿qué?
-Luego podría retirarse. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos...
Comentario: