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Donde viven los camiones de basura
Diletancias de un neurasténico en el exilio
Acerca de
Y te enseñaré algo diferente:/ tanto de tu sombra por la mañana yendo detrás de ti,/ como de tu sombra en el ocaso saliendo a tu encuentro,/ te enseñaré el miedo en un puñado de polvo. T.S. Eliot, La tierra baldía
Sindicación
 
Apagón
Claudia* no se enteró. Durmió, como siempre que le tocaba el turno de noche. Alguna ventaja tenía que tener ser guarda nocturno en una nave en San Pedro. Y menos mal, porque ultimamente estaba un poco obsesionada con tanta amenaza de atentado. Su despertador no sonó y por fin consiguió dormir a pierna suelta todas las horas que le hacían falta.
Bill se llevó la peor parte del asunto. Llevaba dos días enchufado a un respirador artificial. Un infarto, causado por sus excesos en los gimnasios durante años, le dejó en estado de muerte cerebral. Cuando se fue la luz, el generador auxiliar del hospital Good Samaritan falló durante 17 minutos. Mucho tiempo para que el respirador artificial volviera a funcionar.
Tomás tenía intención de ir a ver a un cliente. Acababa de ponerse la corbata en el despacho y bajaba al parking para coger el coche, cuando el ascensor se detuvo y ya no se movió. Los gritos propiciados por una señora que sufría claustrofobia fueron lo más difícil de aguantar. Tardaron más de una hora en sacarlos de allí. Se tomó el resto del día libre.
Kevin había cogido un taxi. Tenía que ir al aeropuerto y luego a Miami para hablar con un posible productor para su próxima película. Los semáforos dejaron de funcionar cuando bajaba por La Ciénaga. A la altura del Beverly Center el coche de delante envistió a una furgoneta de correos mientras su conductor intentaba, sin éxito, llamar con el móvil a su casa. El atasco fue monumental. Por eso perdió el avión.
Esther ya estaba en Moishe's. El apagón no le afectó lo más mínimo porque aquel puesto de kebabs era el único del Farmer's market que funcionaba completamente a gas. Como se puede imaginar el éxito del día fue rotundo, y la caja cuantiosa.

Valga este post de metáfora por mi prolongada ausencia (que no abandono) de estas páginas.