Desde que vio en el suelo del portal aquella publicidad subliminal, sintió las ganas de convertirse en un ladrón, un ladrón de corazones.
"Regale su corazón por San Valentín" decía aquel folleto en letras bien hermosas acompañadas de un corazón tamaño DIN A-4.
En su interior un gran número de pequeños corazones acompañaban las fotos de los productos que querían vender como regalo para el día de los enamorados.
Cuando subió a casa hojeó todo el catálogo en busca del regalo que reuniera todas las características que pudieran causar a Magdalena cuanta felicidad estuviera en sus manos. Aunque no lo encontró. Ninguno era lo suficientemente bueno para demostrarle su amor por ella.
En ese instante, y echando cuentas de todos los pequeños corazones que había en el folleto, se le ocurrió una idea.
Bajó corriendo las escaleras hasta quedarse al lado de los buzones. Miró a ambos lados para cerciorarse de que no venía nadie e introdujo sus esqueléticas y largas manos en cada uno de ellos.
Salió a la calle y miró si había más de aquellos catálogos tirados por el suelo.
Cuando alzó la cabeza, vio cómo un hombre estaba entrando en el bloque de enfrente. La puerta, que estaba bastante desengrasada, no se cerró del todo, dándole tiempo suficiente a Rubén a meterse dentro del portal y hurgar en los buzones.
Aquella idea se le acabó yendo de las manos. Tanto que al final del día se había recorrido más de la mitad de los portales de la ciudad, su ciudad, de un denso demográfico de veinte mil habitantes.
Al día siguiente no se supo nada de Rubén.
Otro día más tarde, el sonido del teléfono despertó a Magdalena.
- ¿Sí?.
- Hola Magdalena. ¡Feliz San Valentín!
- ¡Oh Rubén!, muchísimas gracias. Igualmente.
- Ya tengo casi listo tu regalo.
- Estoy impaciente por saber qué es. - respondió Magdalena.
- Tranquila, lo sabrás dentro de muy poco. Y, si es cierto eso de que tengo tu corazón, podré ver tu cara de felicidad cuando lo abras.
Acordaron que Magdalena saldría a recibirlo a la puerta en cuanto éste tocara el timbre, no antes.
Pasó algo más de una hora hasta que llegó Rubén y diera incesantes timbrazos anunciando su llegada. Cuando Magdalena abrió la puerta se encontró a éste con las manos chorreándoles sangre y sobre ellas un enorme corazón, de más de medio metro, hecho con pequeños corazones de papel.
Estaba pálido y sus ojos no podían estarse quietos dentro de sus cuencas. Parecía que se iba a caer de un momento a otro. Y así fue. Pero antes tuvo tiempo de exhalar unas palabras y entregarle el regalo a su amada novia.

- Magdalena, aquí tienes el regalo más preciado que he podido encontrar para ti y que un hombre le puede entregar a la persona que más ama. Con él, me llevo el tuyo con el que me has dado éstos preciados segundos para hablarte.
Magdalena instantáneamente se puso a llorar al ver el estado en el que había llegado Rubén.La sudadera de Rubén chorreaba sangre a la altura del pecho hasta llenar un charco en el suelo.
Magdalena cogió el collage de corazones de las manos de Rubén manchándose las manos de sangre y, al cogerlo, se dio cuenta de que pesaba más de lo que esperaba.
- No llores Magdalena si no es de felicidad, pues aunque yo se que estoy muriendo, soy feliz porque se que he tenido tu corazón en mi pecho y ahora tú, tendrás el mío para siempre.
Después de estas palabras, cayó de espaldas al suelo para, una vez allí, quedarse sin vida.
Magdalena, anonadada por aquella ficticia pero real situación, y a la vez sin podérselo creer, observó el corazón de collage. Había una abertura a medio abrir en el centro. La terminó de abrir descubriendo lo que guardaba dentro, un corazón, el corazón de Rubén.
Muchos años después, aún no se sabe qué pudo hacer que Rubén siguiera con vida después de haberse quitado el corazón en la puerta de Magdalena. Quizás un hecho inexplicable o quizás esa parte real del corazón que se entrega a la persona de la que se está enamorado.
Relato de DAVID COLETO MOZOS
escrito el día:
10#11-02-2.004
Ilustración de: Raúl_Markos