El origen del nombre de la ciudad se remonta a la época de los asentamientos celtas a orillas del río Liffey, en gaélico
Baile Atha Cliath,
la ciudad cercada. Será en el siglo IX, cuando los vikingos establezcan un importante comercio en el puerto situado en la intersección de los ríos Poddle y Liffey y lo llamaron
Dyflin, basándose en el término irlandés
dubh- linn, que significa laguna negra. Cuatro siglos después, los normandos capturaron la ciudad y latinizaron el nombre a
Dublinia.