
Frank Drake es un astrónomo norteamericano que ha dirigido múltiples proyectos. Actualmente es el presidente de S.E.T.I, que trata de encontrar vida extraterrestre inteligente.
En 1961 presentó una ecuación, conocida como ecuación de Drake, que permite calcular el número de civilizaciones extraterrestres que podrían existir en nuestra galaxia con capacidad intelectual suficiente como para comunicarse por medio de señales de radio.
La ecuación es la siguiente:
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N es el resultado de la ecuación; la estimación del número de civilizaciones extraterrestres. Este número depende de los siguientes factores:
R* es la cantidad de estrellas que hay en este momento en la Vía Láctea. Se forman y destruyen estrellas continuamente. Este es el factor con el que los astrónomos se ponen más de acuerdo; se calcula que debe haber unos 100 mil millones de estrellas. Pero por supuesto, hay otros que alegan que solo podemos detectar una parte de las existentes. Lo que es menos probable es que sean menos de esa cifra, aunque todo es posible. Yo me dejo guiar por ellos, y estimo para este factor una cantidad de estrellas de 100 mil millones. (Sólo en la Vía Láctea).
fp es la fracción de estrellas de la Vía Láctea que tienen planetas orbitando alrededor de ellas. Nadie sabe con certeza cuantas de las estrellas tienen planetas alrededor, como es el caso del sol. No se sabe si esta condición será algo común (incluso lo más habitual) ó, por el contrario, si será algo excepcional. Habría que considerar que muchas de las estrellas son dobles, (son dos, cerca una de la otra) y en estas es menos probable que haya materia orbitando alrededor (planetas), por que la misma se habría visto atraída por una de las dos, y no habrían dado lugar a la formación de planetas. Otras muchas estrellas puede que sean demasiado pequeñas, que no tengan la masa suficiente como para atrapar materia alrededor. Otras son enormes, con una gran masa, y es posible que atrapen y engullan toda la materia circundante, imposibilitando también la formación de planetas. En todo caso, no se sabe cuantas hay con planetas alrededor. Mi estimación particular para este factor es del 30%
ne es el número de planetas, de cada una de esas estrellas, capaces de albergar vida. Este es un factor tan oscuro como todos los demás. Solo tenemos el ejemplo del sol, que tiene 9 planetas, de los cuales 2: La tierra y Marte, ó 3, si somos optimistas e incluimos a Venus, están en la ecosfera (están a una distancia de la estrella en la que la temperatura y radiaciones permitirían la formación y desarrollo de vida). Podría haber estrellas con pocos planetas alrededor, y podría haber estrellas con cientos. En el caso del sol, con 9 planetas, 3 de ellos están en la ecosfera; es un porcentaje muy alto, pero una vez más, no sabemos si esta circunstancia es habitual o extraña. Mi estimación particular para este factor es de 2.
fl es la fracción de esos planetas, dónde la vida se desarrolla realmente. En nuestro caso, de 3 planetas que orbitan en la ecosfera, solo 1, la tierra, alberga vida (que se sepa). No se sabe si es fácil que se desarrolle vida en planetas que están en la ecosfera de una estrella, o si por el contrario es algo excepcional. Mi estimación, guiada prácticamente por la intuición (Dando por hecho las teorías evolucionistas, que aun niegan millones de personas), es del 10%
fi es la fracción de fl (es decir, de los planetas con vida) dónde se desarrolla vida inteligente. Antes de hacer cualquier estimación sobre este factor, habría que definir el concepto "inteligencia". En este caso, yo consideraría inteligente a cualquier ser capaz de entender mínimamente su entorno de una manera no instintiva. En la tierra, de los millones de seres distintos que existen: Animales, vegetales, etcétera... Incluyendo las mas simples, como microorganismos, se puede decir que sólo unos pocos miles entienden en cierto grado su entorno, podríamos decir que peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos; los demás seres vivos, que son una gran mayoría, creo que no se les puede considerar inteligentes, dada la definición, muy libre, que hice del concepto, dejando fuera a los artrópodos, (crustáceos, insectos, y arañas), y demás seres aún menos complejos en cuanto a su intelecto. Si tomamos como ejemplo a la tierra, con millones de seres vivos distintos, de los cuales solo unos pocos miles, (menos de 50.000) han desarrollado alguna inteligencia, y si consideramos que estos seres (inteligentes) llevan sobre la tierra un periodo de tiempo relativamente corto, (desde que apareció el primer pez, hace 500 millones de años), es decir, que la tierra contiene vida desde hace 3600 millones de años, pero vida inteligente solo desde hace 500 millones de años, (clic aquí para más información a este respecto), podríamos hacernos una idea de lo fácil o difícil que en un planeta, ya con vida, algunos de sus seres desarrollen algún tipo de inteligencia. Habrá una mayoría de planetas donde la vida esté en sus primeras fases de desarrollo, y habrá otra gran mayoría de planetas donde la vida no pueda desarrollarse más allá de algunos tipos de microorganismos, porque sus condiciones ambientales no permitan el desarrollo de formas de vida más complejas. Con todas estas consideraciones (resumidas en extremo) en mente, y muchas otras más, con las que llenaríamos cientos de folios, estimo para este factor un valor del 20%
fc es la fracción de esos planetas donde habita, al menos, una especie de seres inteligentes, que ha desarrollado una tecnología e intenta comunicarse con el espacio exterior, por ejemplo, con ondas de radio. Si pensamos que en la tierra no apareció una especie inteligente que desarrolle una tecnología así hasta hace muy poco, (apenas 60 años), nos podemos hacer una idea de lo difícil que debe ser esto. Cada una de las especies desarrolla ciertas características que la permiten sobrevivir y prosperar, la evolución nos dota de "armas" para desenvolvernos en nuestro ambiente: Gran tamaño, agilidad, capacidad de hacer madrigueras o refugios, fiereza, capacidad de pasar desapercibido (Mimetismo)... O nos da la facultad de ser muy adaptables, o resistentes al frío, al calor o la sequía, gran fertilidad (las hembras de algunas especies ponen miles de huevos)... La lista de características físicas o aptitudes que permiten a las especies no extinguirse es interminable; la inteligencia solo es una más de estas aptitudes, pero, desde un punto de vista evolutivo, no necesitamos desarrollar la inteligencia hasta el extremo que lo hemos hecho; lo que en un principio desarrollamos para ser capaces de robarle su presa a los leones, cazar, o guarecernos del frío, luego nos sirvió para entender el complejísimo comportamiento de nuestros semejantes, y finalmente lo usamos para crear armas atómicas, naves espaciales, u ordenadores. Yo pienso que esto ultimo (la tecnología avanzada) seria prescindible, porque hace mil años ya éramos la especie mas exitosa del planeta, desde el punto de vista evolutivo no sería necesario; yo diría que simplemente ha sido una consecuencia, y que no debe ser nada común en otros planetas. Por supuesto, es solo mi opinión, tan discutible como cualquier otra, y fundada en tal cantidad de factores, resumidos en este párrafo, que muy bien podría ser todo lo contrario. Yo estimo para este factor un valor de 0,0001%, es decir, estimo que de todos los planetas con vida inteligente, en solo 1 de cada millón se desarrollaría una especie capaz de enviar señales de radio al espacio exterior.
fL es el tiempo, en años, desde el momento en que una civilización desarrolla una tecnología que la permite comunicarse con el espacio exterior, hasta el momento de su extinción. Porque es muy posible que muchas civilizaciones se extingan, aunque estén tan avanzadas como la nuestra, o más, incluso hay quien piensa que es posible que todas, sin excepción, acaban por extinguirse por múltiples razones (ver Paradoja de Fermi). Es posible que todas, o una parte de ellas, se extingan, porque, en su desarrollo, consuman todos los recursos de su entorno antes de poder salir a buscar otros mundos con mas recursos y, como la serpiente que se tragó su propia cola, mueran irremediablemente. También podría ser que toda civilización inteligente, antes de alcanzar una utópica perfección social, se auto aniquile, con guerras por los recursos, religión, o estupidez; nosotros aun estamos en esta tesitura, potencialmente podemos auto aniquilarnos 5000 veces. También, cualquier civilización, aunque ya sea perfecta socialmente, y lleve muchos milenios en un equilibrio, sin guerras, sin hambre ni necesidades, y ya no la falten recursos, podría sucumbir por catástrofes naturales o epidemias, o por conflictos con otras civilizaciones avanzadas, ¿Por qué no?. Finalmente, y siendo extremadamente optimistas, podríamos pensar que, desde el momento que adquieren cierto progreso, sobreviven el 100% de ellas; cosa que creo improbable, porque está demostrado el hecho de que, sobre un planeta concreto, periódicamente se suceden multitud de catástrofes a nivel global, como por ejemplo la más famosa, la que extinguió a los dinosaurios, aunque se sabe que hubo otras extinciones masivas con anterioridad, (en concreto cuatro mas, al menos). Debemos imaginar cuanto tiempo sobrevive una civilización por termino medio. Mi estimación personal para este factor es de 100 millones de años, o de que el 1% no se extinga por llegar a la perfección, y colonice múltiples sistemas planetarios, de diversas estrellas, incluso de distintas galaxias, imposibilitando su extinción.
Por tanto, valiéndome de la ecuación de Drake, considero que en nuestra galaxia puede haber unas 12 civilizaciones extraterrestres, inteligentes, y con la posibilidad de enviar señales de radio, u otro tipo, para comunicarse con otros seres, como somos, y estamos haciendo nosotros.
Claro que, los factores que intervienen en la ecuación de Drake son tan complejos y oscuros, que podrían presentarse otras ecuaciones, (a su vez con docenas de factores), para asignar su valor a cada uno de ellos, y nunca llegaríamos a resolver ni aclarar nada.
Puedes hacer tu estimación personal...
¡Adelante!
Según tu opinión, tan válida como la del astrónomo más sabio, ya que nadie en el mundo conoce el valor de los factores, ¿Cuantas civilizaciones inteligentes y comunicativas crees que existen en la Vía Láctea?
<Mente> Las 5:00 de la madrugada, deberías irte a dormir, ya no va a aparecer.
<Corazón> Eso no lo sabemos, ¿Y si nos vamos, y en ese momento conecta?
<Mente> ¿Y si no es así?... ¿Vas a seguir esperándole toda la vida?
<Ella> No se que hacer.
<Corazón> Haz lo que quieras pero, si te vas, ¿Que vas a hacer?... ¿Quedarte en la cama despierta, mirando al techo?, vaya una alternativa.
<Mente> Vamos a ver, piensa con la cabeza; el no te quiere, hace meses que te mandó a la mierda y, aunque te duela, seguramente ahora mismo yace con su nueva amante.
<Corazón> Podrías planteárselo de una manera menos brusca.
<Mente> La realidad es esa, y ella lo sabe.
<Ella> ¡Callaros!
<Corazón> ¿Ves? La has vuelto a hacer llorar.
<Mente> Yo no la hago llorar, solo pretendo acercarla a la playa. Tú te la llevas mar adentro.
<Corazón> ¿Yo? Ahora va a resultar que la culpa es mía, y no de ese cabrón que pasa de ella.
<Ella> ¿Que hago?
<Mente> Apaga esta jodida máquina y vete a dormir.
<Corazón> ¡No!, espérale un ratito más, hasta las 6:00... A lo mejor aparece.
<Mente> Espérale, vale, pero al menos ten dignidad, sécate esas lágrimas, límpiate la nariz, y deja de llorar, que así no ganas nada.
<Corazón> Son sentimientos, déjala que los exprese.
<Corazón> El corazón tiene razones que la razón no entiende.
<Mente> Sois masoquistas, los dos.
<Corazón> No, es que le quiere.
<Ella> Le quiero.
<Mente> Pero si no la corresponde, y además, no la merece. Ella vale mucho mas que él... (Menudo gañán).
<Corazón> Él no es perfecto, pero cuando la quería fue un cielo con ella. La hizo feliz.
<Mente> La felicidad también puede dársela un caramelo de fresa, pero llega un momento en el que se disuelve en la boca y desaparece. Ahora hay otros caramelos.
<Corazón> No los quiere; ella le quiere a él...
<Corazón> ... Mira, volviste a hacerla llorar.
<Mente> Sólo son lágrimas, pero el permanecer así la está matando.
<Corazón> ¿Y qué quieres que hagamos?
<Mente> De momento apagar el ordenador, irse a la cama, e intentar dormir.
<Corazón> Que perra te ha dado con que se vaya a la cama, como si allí no fuera a seguir pensando en él.
<Mente> Es el primer paso para salir del pozo donde está metida. Después tendrá que seguir dando pasos.
<Ella> ¿Que estará haciendo él ahora?
<Mente> Ya te lo he dicho: Hoy, San Valentín, habrá ido a cenar con ella, habrán disfrutado de cada instante, con cada gesto, con cada mirada, con cada beso; se habrán ido pronto a casa, habrán estado amándose hasta que quedaron rendidos; y ahora duermen, abrazados el uno al otro, mientras tú te torturas, ahí sentada, delante de la pantalla, mirando esa estúpida lista vacía.
<Corazón> Ahora resulta que tiene poder para ver las cosas sin estar allí.
<Corazón> A lo mejor ha salido del trabajo, se ha ido el solo a su casa, y se ha pedido una pizza, que se ha comido mirando al teléfono, con deseos de llamarte, añorando tu presencia, tus labios, pensando en ti; aunque no te haya llamado por orgullo; y se habrá acostado pensando en ti, preguntándose que estarás haciendo, con quién estarás, hasta que se quedó dormido.
<Corazón> Puede que, al estar inquieto, se despierte, y conecte para ver si coincide contigo.
<Mente> Lleva esperándole toda la noche. Por cierto, ya son las 6:00.
<Ella> ¿Que hago?
<Mente> Acuéstate.
<Corazón> Fúmate un último cigarro y si no conecta, vete a dormir.
(Silencio, mientras coge un cigarro y lo enciende).
<Mente> Pues vale, sigue torturándote. Allá tu.
<Corazón> Sólo un cigarro, sólo unos minutos, no puede hacerla mal.
<Mente> Hace tres meses que te dijo, cobardemente, por teléfono, que necesitaba aire, que no estaba seguro de lo que sentía, y dos días después alguien te habló de su otra relación. La última vez que hablasteis no pudo quedar mas claro, "La quiero", te dijo, y cuando te pusiste histérica te colgó. ¿Para qué quieres que él conecte ahora, para volver a discutir?
<Ella> Para verle.
<Mente> Pero si no le verías a él, sólo tendrías delante unas líneas, unas letras, que te dicen que la quiere a ella, que lo vuestro acabó.
<Ella> Pero es todo lo que tengo.
<Corazón> Es todo lo que tiene.
<Mente> ¡No!. Tienes tus recuerdos, recuerdos de todos esos momentos que te regaló, de aquel viaje a Huesca, de las noches en la playa de Torrenueva, recuerdos de aquel maravilloso verano en Motril. Ahora todo terminó. Debes olvidarle. Aunque él conecte su maldito msn, aunque habléis, lo único que seguirás teniendo son recuerdos; ya todo acabó.
<Corazón> Pero si él conecta, podrán hablar un ratito, podrá sentirse feliz sólo hablando con él, preguntándole cosas, sabiendo como le va, si es feliz; con que la cuente como le fue el día ya es suficiente, ella se conforma sólo con eso.
<Ella> ¡Callaros!, dejadme en paz... Dejadme en paz.
<Mente> Pero... No podemos dejarte en paz... Somos tú misma.
<Corazón> No podemos, no.
(Tira el cenicero al suelo de un manotazo, rompiendo a llorar en silencio... Inmediatamente se arrepiente y empieza a limpiar la ceniza y colillas de la moqueta).
<Mente> En cuanto limpies esto vete a la cama.
<Corazón> Seria buena idea escribirle, como excusa podrías desearle que haya pasado un feliz San Valentín, a lo mejor te contesta algo, y así podrías sentir otra vez la emoción de recibir un mail suyo.
<Mente> ¡No!, no te humilles así, no... Ni se te ocurra escribirle.
<Ella> Pero es que así a lo mejor me contesta.
<Corazón> A lo mejor la contesta, sí.
<Mente> Ve a la cama.
<Corazón> No, espérale hasta las 7:00... Total, si solo faltan 10 minutos.
<Ella> Le esperaremos hasta las 7:00.
<Mente> ¿Y que vas a hacer mientras tanto?
<Mente> El sigue durmiendo, abrazado a su amante.
<Corazón> ¡No la digas eso!
<Ella> No me digas eso.
<Mente> Debería dejaros por imposibles.
<Corazón> Pues déjanos, así te callas un rato.
(Abre el Outlook y comprueba a ver si tiene algún mail nuevo; sólo recibe cuatro correos publicitarios que borra inmediatamente).
<Mente> Eres tonta, ya lo miraste antes, ¿Quien te va a escribir a estas horas?
<Corazón> Él.
<Ella> Él.
<Mente> No, si ya lo sé, creéis que él, pero nunca va a ser así.
<Corazón> ¿Y si la escribe y no lo comprueba?... Se iría a la cama sin leerle.
<Mente> Él no va a escribirla.
<Corazón> Bueno, no cuesta nada comprobarlo.
<Mente> Ya son las 7:00. ¡A la cama!
<Corazón> Que tía, son las 7:00 en punto, ¿Es que miras fijamente al reloj?
<Mente> Es ella quien lo mira.
<Ella> Ya no me acuesto, total, ya casi me tengo que preparar para irme.
<Corazón> No vayas a trabajar hoy, que no has dormido.
<Mente> Debes ir, que ya has faltado cuatro veces este mes.
<Mente> Apaga el PC y ve a ducharte, o date un baño, hoy tienes tiempo.
<Corazón> Mejor una ducha, así tardas menos; no vaya a ser que él conecte precisamente en ese momento.
<Mente> Os dejo por imposibles.
<Corazón> Pues déjanos.
Hace años, (muchos), yo era muy aficionado a temas de parapsicología, ocultismo y fenómenos paranormales; leía todo lo que caía en mis manos que tratara sobre ovnis, fantasmas, criptozoología, experimentos secretos gubernamentales, espiritismo, y demás misterios. También era adicto a los programas de televisión de Fernando Jiménez del Oso, y a los de radio de Antonio José Alex, que trataban de estos mismos temas. Estos programas, y estas lecturas, hacían volar mi imaginación, me transportaban a mundos distintos del mío, del
nuestro, en los que casi cualquier cosa podía ser posible; además, no podía descartarse que aquellas cosas que sucedían en ellos fueran reales, lo que les hacía mas atractivos para mi que los mundos de ficción claramente creadas por su autor.
Me encantaban estos temas, y me gustaba imaginar y soñar despierto con aquellas cosas, presuntamente ciertas, que me contaban, pero era yo muy escéptico, trataba de buscarle la explicación lógica a todo, era parte del atractivo, buscar las posibles causas de un fenómeno, pero quedando siempre sobre él un halo de misterio.
A pesar de mi escepticismo, habré pasado horas, ilusionado, mirando al cielo a través de mis prismáticos, esperando la fugaz aparición de un ovni; habré grabado, con mi viejo casete, horas y horas del sonido de la noche, con la esperanza de captar una psicofonía, o transcomunicación, como las llama Germán de Argumosa, un experto en este tema; también hice Ouija durante una temporada, y siempre que tuve la oportunidad de experimentar sobre algo misterioso, la aproveche. Pero nunca, nunca, tuve la suerte de que me ocurriera nada fuera de lo normal, nada inexplicable, todo lo que vieron mis ojos, escucharon mis oídos, o percibieron mis demás sentidos, ha estado siempre dentro del marco racional. Nunca vi nada en el cielo, aparte de las estrellas y la luna, (Aunque una vez vi un cometa de color azul, y también he visto la lluvia de Perseidas); nunca grabé nada extraño con mi magnetófono, aparte de los grillos, y lejanos ladridos de perros; y nunca conseguimos, mis colaboradores y yo, que se moviera el vaso sobre la Ouija, aparte de los momentos en los que alguno de ellos movía el vaso a propósito, contándonoslo luego entre risas.
Me quedo perplejo con esos que te cuentan sus docenas de experiencias sobrenaturales, y además lo hacen con la misma naturalidad con la que te dicen cual fue el resultado del Barça - Celta de Vigo del domingo pasado. Te explican con tal seguridad que su madre, fallecida hace años, viene a verles todas las mañanas, que dan escalofríos, pero dan por la desfachatez que llegan a tener al contártelo. Por supuesto, no atribuyo desfachatez a todo el que te cuenta un suceso paranormal; habrá muchos, honestos, que realmente crean haber visto algo extraño, incluso, dejando aparte mi actual, total y absoluto, escepticismo, realmente hayan visto algo a lo que la ciencia aun no haya acertado en encontrarle una explicación, porque doy un margen a la duda, pero esos que han visto, ¡y varias veces!, de todo: Ovnis, extraterrestres, a algunos incluso les han abducido (secuestrado), han visto fantasmas, duendes (¡Ups!), y al yeti; no puedo creerles, de ninguna manera, son mentirosos compulsivos, pretenden algún beneficio económico con ello, ó, lo mas triste de todo, tratan de llamar la atención así. Ellos dicen, para mí, en su locura, que son especiales, que ellos han vivido mas experiencias extrañas porque hay una energía especial dentro de ellos, que han sido dotados de esa gracia, de ese don... Para mi sólo han sido agraciados con uno o varios brotes esquizoides.
Y a esos que realmente han tenido la suerte de ver algo extraño, sin explicación aparente, les envidio.
¿Habéis tenido alguna experiencia sobrenatural?... ¡Contárnosla!
Aún hora sigo interesándome por estos temas, me siguen gustando las historias de aparecidos, de casas encantadas, y de seres del espacio, pero me interesan de forma distinta; ya no gasto un solo euro en comprar libros o revistas sobre el tema, pero si me quedo mirando cualquier programa que pongan sobre ello, como por ejemplo el de Iker Jiménez de canal Cuatro, Cuarto Milenio, los veo como quien ve una película de ciencia ficción, o de terror, aunque la credibilidad de este señor deja mucho que desear, no hay mas que buscar su nombre en Google para ver que no cae especialmente bien entre los escépticos, que argumentan en sus blogs el por qué de su ojeriza hacia él. (También tiene un programa de radio, en La Ser, hermano mayor del de TV: Milenio 3; por el que le dieron un premio).
Me siguen entreteniendo estas cosas, pero para mi, lo que cuentan estos charlatanes pseudocientíficos, pseudoinvestigadores, y pseudoperiodistas, valiendose de los freakys protagonistas de las historias, sólo es teatro, puro teatro.
Si, si… Quiero un millón y medio de dólares (1,25 millones de euros); pero no para pagar a mis acreedores; ni para comprarme una casita en la "Milla de oro" de Marbella (además no me llegaría)… Ni para viajar, y conocer los cientos de lugares que me dejan maravillado, al ver los programas de viajes de La 2, no no no... Ni para entregarme a todos los vicios inimaginables, (ya me entrego a algunos); ni para vivir sin preocuparme nunca mas de cómo y de qué viviré en el futuro… No, no… Ni siquiera para donarlo íntegramente a ONGs… No…
Lo quiero para comprarme uno de los trescientos Veyron 16.4 que ha creado Bugatti; un súper deportivo con un motor V16 de 1.001 CV con cuádruple turbo que desarrolla un par motor de 1.250 Nm, suficiente para impulsar el Veyron a una velocidad máxima de 407 km/h. Con motor central que distribuye su potencia a través de un sistema de tracción permanente a las cuatro ruedas... Aunque ya salió hace unos años, estarán todos vendidos; me conformo aunque sea de segunda mano. :)

Pulsa en la foto para ver más.
No entiendo nada de coches, ni de motor, ni de mecánica… Ni de casi nada… Pero si creo entender de belleza, y este coche me dejó enamorado.
Es broma, si tuviera ese dinero, el coche sería lo último en lo que me lo gastaría… (Bueno, lo penúltimo, lo último serían los acreedores).
Haced una colecta y regaládmelo... ¿Vale?...
“Patadas a las piedras”.

La herida del pecho le ardía como un carbón encendido, sentía una enorme presión, casi no podía respirar. Pero ya le quedaba tan poco para llegar... Sólo cinco kilómetros más y llegaría a casa, volvería a ver a María... ¡¡Maldita guerra!! Guerra civil, guerra entre hermanos, que les había separado... Ya nunca mas volvería al frente, si le encontraban le fusilarían. Había desertado, se había escapado de ese sucio hospital de campaña el día anterior. Se fue con lo puesto, había robado un camión que sólo pudo llevarle unos pocos kilómetros, casi no tenía combustible. Llevaba más de cuatro horas haciendo el camino a pie. Al apartar unos helechos, se dio de bruces con el viejo sauce, aquel árbol tan familiar, guarida de ginetas y búhos. Cuando era crío se habría colgado más de cien veces de sus ramas, pero debía seguir, ahora no podía pararse. Sintió que lo conseguiría, llegaría a su pueblo ese mismo día, pero debía ser precavido, nadie debía verle, seguro que le denunciarían, pero como la casa estaba bastante separada, no le seria difícil ocultarse de los vecinos. Sintió un mareo, le habían dado muchos durante todo el día, luego una nausea, vomitó, todo le daba vueltas, por un momento casi perdió el conocimiento, un pequeño arbusto evito que cayera al suelo, tomo aliento unos minutos y continuo su difícil travesía por el espeso bosque. Al fin llego a la entrada del valle, un valle maravilloso, todo verde a pesar de la época del año, 24 de Junio. Pudo ver la roca que lo dominaba, llamada "La Peña". Desde La peña, que estaba a un centenar de metros, ya se vería el pueblo, un poco más de esfuerzo y lo conseguiría. Fue dando traspiés hasta ella. En ese momento sintió otro mareo, se le nubló la vista, sintió un fuerte golpe en la barbilla, se encontró en el suelo, abrazado a la roca. Levantó la cabeza en dirección al pueblo y pudo ver sus casas, casas de piedra con techos de brezos. Levantó el brazo hacia él, como queriendo alcanzarlo con los dedos.
Aquella carga de leña sería la última por ese día. Pesaba mucho, casi no podía con ella. La llevaba a la espalda, atada de forma improvisada con una vieja y gruesa soga. Apartó unas ramas, y se encontró pisando la hierba de la estrecha vereda que llegaba hasta su casa. Ahora ya la resultaba más fácil avanzar. Empezó a ver el vértice del tejado de su casa por encima de los árboles. Una sensación extraña inundaba su alma, como si presintiera que fuera a ocurrirla algo. Había pasado por aquella vereda cientos de veces, había visto la fachada de su casa todos los días desde que se caso con Miguel, hace ya dos años, pero notaba algo raro, algo distinto. Fijó la mirada en el tragaluz del pequeño trastero, y por fin descubrió lo que la inquietaba, una figura humana la contemplaba desde él. Casi no se le distinguía, por que aunque ya estaba atardeciendo, el interior de la vivienda estaba muy oscuro, pero identificó esa tenue silueta sin lugar a dudas. Era Miguel...!!! Soltó la soga, la leña cayó tras de si, y corrió hacia la casa como si hubiera visto un fantasma... En sólo unos segundos llegó hasta la pesada puerta, se la encontró cerrada, como ella la había dejado. La abrió apresuradamente con la oxidada llave de hierro forjado, y corrió al interior, subió, como el viento, por las empinadas, viejas, y estrechas escaleras, abrió la puerta del trastero, y le vio, de pie, frente al tragaluz, mirándola con expresión de felicidad en su rostro. María quedó quieta durante un instante en la entrada de la estancia, como no pudiendo creer lo que veían sus ojos. No pudo contener la emoción, rompió a llorar mientras pronunciaba el nombre de su marido, corrió hacia él y se dieron un fuerte abrazo, se besaron, se acariciaron, Miguel sólo pronunciaba las palabras "Te quiero" una y otra vez... Pasada ya la emoción del encuentro, María se fijo en la mueca de dolor que crispaba la cara de Miguel.
-¿Que te pasa...? Le dijo.
Miguel se apartó la chaqueta, y dejó al descubierto su camisa ensangrentada.
-Estoy herido...
María se quedo helada, no pudo contener una expresión de sobresalto y preocupación.
-Dios Santo!!! ¿Que te ha pasado...? Vamos al cuarto, que te mire eso...
-Me hirieron la semana pasada, creo que se me ha vuelto a infectar, no para de sangrar.
-Ya lo veo, dijo ella, mientras le ayudaba a llegar hasta la puerta y a bajar la escalera.
No sin grandes esfuerzos, llegaron al dormitorio, en el piso de abajo. María ayudó a su marido a tumbarse en la cama, le quitó la mugrienta chaqueta, y rompió la camisa, que la tenia toda pegada. Dejó al descubierto la venda que le habían puesto el día anterior en el hospital, venda que ya se la deberían de haber cambiado, por que estaba muy sucia y descolocada. María se la quitó con todo el cuidado, porque estaba casi fundida con la piel.
-Madre de Dios!! Exclamó, al ver la gran herida que le cubría medio pecho.
Corrió a por una sabana limpia para hacer vendas, a calentar agua, y a por jabón. Era el único desinfectante que tenían en casa. Con todo el cariño, con toda delicadeza, limpió su herida, se la lavó con jabón. Luego, rompió la sabana y se la colocó cubriendo la herida como mejor pudo. Miguel alternaba sonrisas con caras de dolor, mientras lo hacia.
-Que delgado estás... Y que pálido. Le dijo ella.
-No he comido nada desde anoche. Replicó él.
-Ahora te preparo una sopa caliente, y algo de mojama.
Y así lo hizo, le dio de cenar, aunque Miguel casi no probó bocado. El, mientras, la contaba, de forma entrecortada, como le hirieron, y como se escapó del hospital. También la advirtió que nadie del pueblo debía descubrir que había vuelto, o le denunciarían. En una guerra, a los desertores se les fusila, aunque en el estado en el que se encontraba, no era mas que una carga para su regimiento... Terminada ya la cena, María recordó a Miguel que esa era la noche de San Juan, que debía ir a la plaza del pueblo con los demás vecinos, como era costumbre, o la echarían en falta, y puede que luego hicieran preguntas. Miguel asintió con la cabeza, le pareció necesario perder de nuevo, durante unas horas, a María, para no levantar sospechas... Después de dejar a Miguel acostado, con su herida limpia, y el estómago lleno, María se lavó, se cambió de ropa, se puso un pañuelo en la cabeza y se dispuso a salir de casa, no sin antes ir a ver al enfermo para cerciorarse de que no necesitaba nada.
-¿Estás bien... No necesitas nada...? Le dijo.
-Sólo a ti, mi vida... No tardes.
-No Tardo. Le contestó María sonriendo, pero ocultando tristeza por tener que dejarle.
La plaza, en realidad un ensanchamiento en el cruce de dos calles, estaba llena de gente, todos conocidos, mujeres, hombres mayores, porque a los jóvenes se los llevó la guerra, y algunos niños. Había medio centenar de personas, casi todos sentados alrededor de una gran pila de leña, aún apagada, situada en el centro. Otros de pie, charlando en pequeños grupos. Al llegar María, muchos de los vecinos la saludaron. En general, se hablaba de la guerra, de como habían avanzado los nacionales en tal o cual ciudad, o que barrabasadas había hecho uno y otro bando, también se hablaba de los que ya nunca volverían. María se acerco a un grupo de mujeres que charlaban sobre cosas más lúdicas, y saludándolas, tomo asiento en una silla de paja. Oía lo que decían los demás, pero no les escuchaba, se mantenía como ausente, callada, deseando que pasaran los minutos para poder regresar a casa. Al rato de estar allí, unos hombres tomaron antorchas y prendieron la gran pila de leña, que empezó a arder. Cuando las llamas tomaron cuerpo, muchos entonaban canciones, otros permanecían callados. Aitor, un joven al que la falta de un brazo había librado de ir al frente, ofreció a María un cuenco de caldo, que ella tomo con una sonrisa. Cuando creyó que ya era una hora prudente, empezó a decir que regresaba a casa. Se despidió más calurosamente de una gran amiga, la cual se extraño de que se fuera tan pronto, y se fue por una de las calles que desembocaban en la plaza. El pueblo estaba silencioso, aceleró el paso, quería llegar cuanto antes. Al llegar al abrevadero de la salida del pueblo, y encontrarse en la vereda que llegaba hasta su casa, empezó a correr, todo estaba oscuro, pero podía permitirse el lujo de correr sin tropezar, ya que la había recorrido miles de veces. Casi sin darse cuenta, se encontró frente a la casa. Entro en ella apresuradamente, y fue hasta el dormitorio. Al encender la pequeña lámpara de aceite, se estremeció al ver la cama vacía, ¿Acaso había imaginado el regreso de Miguel...? Pero casi de inmediato, su marido la cogió por detrás, la abrazó, la acarició, María se dio la vuelta y se besaron. Se encontraron en la cama, donde hicieron el amor apasionadamente. Después, permanecieron unidos, abrazados, mirándose a los ojos el uno al otro, sin decir palabra, hasta que el sueño les venció.
Pasaron tres días, días maravillosos en los que revivieron la felicidad de los primeros días de casados. Sólo interrumpida por los continuos cuidados, y cambios de vendaje por parte de María hacia su esposo, y por las eventuales miradas indiscretas de alguno de los vecinos, que venían a ver a María, o a traerla alguna cosa del pueblo. En esos momentos, Miguel debía esconderse, debía seguir oculto, no podían permitir que nadie les estropeara su recién recuperada felicidad... En uno de los numerosos cambios de vendaje, mientras María limpiaba la herida de Miguel, ella comentó que siempre encontraba la herida sangrando, que no acababa de cerrar, y que a lo mejor, al final, tendrían que avisar al medico, porque tampoco se notaba mejoría en el aspecto físico de Miguel, cada vez mas débil, mas delgado y pálido, con ojos hundidos y grandes ojeras, a pesar de los buenos cuidados. El la tranquilizaba, la decía que ya empezaría a mejorar, que en poco tiempo se encontraría bien, pero que debía de seguir oculto... Así siguieron cuatro días mas, días en los que la preocupación de María fue en aumento, días en los que procuraban no separarse el uno del otro ni un momento, días en los que se daban continuas muestras de afecto y cariño, y en los que, a pesar de la creciente debilidad de Miguel, hacían el amor varias veces... Una noche, María decidió, por su cuenta, ir al pueblo a buscar a D. Emilio, el medico. No podían continuar así, veía claramente que el estado de Miguel iba empeorando, tenían que arriesgarse. Anduvo despacio en dirección de la casa del galeno. Iba pensando si estaba obrando correctamente, o si debía hacer caso a Miguel y esperar unos días más sin ayuda. Cuando estaba a mitad de camino, se arrepintió de la decisión tomada, y emprendió, sola, el camino de regreso a casa, volvió sobre sus pasos de la misma forma que antes, muy despacio, pensando si hacia bien o mal. Era una decisión demasiado importante como para tomarla a la ligera, mejor lo hablaría muy seriamente con Miguel, lo decidirían juntos. Al llegar a casa, la encontró desierta, ¡¡Miguel no estaba!! Le busco por toda la casa, le busco por la pequeña huerta, miró incluso en el pozo. Luego le busco por los alrededores de la casa, Miguel había desaparecido, ¿Como era posible...?¿Le habrían descubierto...? A lo mejor Miguel, al ver que ella se había ido, había salido a buscarla... Si... Eso debía ser... Le esperaría tranquila... Encendió la luz de la entrada de la casa, fue al dormitorio, y se acostó, vestida, con la seguridad de que Miguel no tardaría en volver. Permaneció despierta, con la luz del cuarto también encendida, pensando en mil explicaciones posibles a la ausencia de su marido...
Unos golpes en la puerta de la casa la despertaron súbitamente, la luz ya entraba por el gran ventanal de la habitación. Se levanto inmediatamente, y corrió hacia la entrada. Alguien la llamaba por su nombre. Un momento antes de abrir la puerta reconoció al hombre que lo hacia, era Antonio, el cabo de la guardia civil. Un escalofrío recorrió su espalda, ¿Le habían detenido...? Abrió la puerta súbitamente y encontró a dos guardias uniformados, el cabo, y Felipe, un "número". María esperaba que se dirigirían hacia ella en tono severo y autoritario al explicarla que habían detenido a su marido, pero muy al contrario, se mostraban, mas bien, con una expresión de tristeza, mientras la decían que debía acompañarlos. Se estiró el vestido y colocó su pelo mientras les preguntaba que pasaba.
-Han encontrado a Miguel. Le dijo el cabo con expresión seria.
-¿Miguel... Dónde... Dónde está...? Replicó ella nerviosamente.
-En La peña... Acompáñanos.
Se pusieron en marcha en dirección opuesta al pueblo, andaban con paso rápido, María trataba de adivinar lo que pasaba mirando los rostros de aquellos hombres.
-¿Pero qué pasa... Le han detenido... Que hace en la peña...? Dijo María.
Antonio dudó unos segundos que a María le parecieron minutos.
-Le encontró Felix, el pastor... Esta mañana... Está muerto.
María se detuvo bruscamente, sintió como su corazón se aceleraba, parecía que iba a salírsele del pecho, miraba fijamente a Antonio, no podía creer lo que oía.
-¡¡¡NOOOOOO... No puede ser!!! Gritó María, mientras se le saltaban las lagrimas.
Corrió hacia el cabo, le empujó, como queriendo apartar aquello que la hacia daño. Le golpeó furiosamente. El trataba de sujetarla, la agarró fuertemente por los brazos. María, al verse presa, le golpeó con las piernas. Antonio la abrazó fuertemente, ella se detuvo en su empeño y continuó llorando ruidosamente abrazada a él. Se le doblaron las piernas, sus rodillas tocaron el suelo, Antonio evito que cayera.
-Debemos continuar. Dijo Felipe.
Antonio asintió con la cabeza mientras continuaba abrazado a María.
Pasados unos minutos, siguieron la marcha a paso más lento que antes. María iba como flotando, como sonámbula, sin saber ni donde ponía los pies, con la mirada perdida. Al poco rato llegaron a unos metros de la peña. En los alrededores se encontraban varios hombres. El pastor, el medico, otra pareja de guardia civiles y el sargento, la máxima autoridad del pueblo, después del alcalde y el cura. En el suelo, abrazado a la roca, estaba Miguel, muerto, con el brazo derecho estirado en dirección al pueblo, como queriendo alcanzarlo con los dedos. María trató de correr hacia él, pero el cabo lo impidió... La emoción de ver a su marido muerto no fue nada, comparado con lo que sintió cuando escucho a D. Emilio. Se la heló la sangre en las venas, un escalofrío recorrió su espalda, su rostro palideció, al escuchar al galeno decir al sargento:
-Debe llevar muerto una semana, más o menos... Si... Una semana... Debió llegar hasta aquí el día de San Juan.
Miguel nunca llegó al pueblo. Fue su alma, su espíritu, quien pasó esos días maravillosos con María... El amor es más fuerte que la muerte.







