Algún amigo me dice que mi blog, además de tenerlo abandonado, es muy crítico, que prácticamente sólo posteo para protestar por cosas, que pongo pocas cosas positivas, y tiene razón, pero la verdad es que si posteara cada vez que algo me asquea, esto no estaría tan abandonado, escribiría casi cada hora… Será que debería darme unas “vacaciones informativas”, como hago a veces, empiezo a necesitarlas con urgencia.
Aunque esto que os cuento a continuación no es de las cosas que mas me han escandalizado últimamente, si es una especie de gota de agua que ha desbordado mi vaso particular de temas vomitivos… Vaso que reconozco lleno hasta el borde, desde hace meses, sobretodo con temas donde intervienen yankis. (Si, les llamo yankis despectivamente y, aunque no suelo generalizar, con ellos me tomaré esa licencia).
Estos yankis no dejan de sorprenderme... Ya sé que son muchos millones y que, por tanto, hay muchas posibilidades de encontrar imbéciles entre ellos; ya sé que, además, muchos de esos millones suelen estar ociosos, como corresponde al “primer mundo”, y deben aburrirse muchísimo; también sé que sus políticos llevan a extremos las técnicas que se usan en las democracias para manipular al “populacho”, y por tanto, en general, los pobres (si, pobres) están algo idiotizados… Y finalmente, también sé que Saddam Husein no era ninguna hermanita de la caridad, pero creo que todos estos atenuantes no les eximen de su culpabilidad.
En Estados Unidos todo vale y, aunque Husein no merezca demasiado respeto, lo que hace una empresa de juguetes articulados de Connecticut ya es demasiado fuerte; ha puesto a la venta un muñeco del dictador con la soga para ahorcarle incluida, la publicidad del juguete dice que “El muñeco viene equipado con una divertida cuerda, que asegurará horas de diversión”.
La empresa en cuestión se llama Herobuilders, y hace un año sacó otro muñeco de Saddam con el aspecto que tenía cuando fue capturado, y otro que representaba a su hijo Uday Husein cuando fue asesinado/ejecutado por los Marines yankis, ensangrentado, tal y como le vimos en los periódicos y en la televisión.