Te quiero
Si quieres a alguien, se lo demuestras día a día, con tus cariños y tus detalles.
Pero el amor también necesita ser escuchado. ¿Por qué a las personas les cuesta tanto decir un "te quiero"?
Te quiero cariño.
Pero el amor también necesita ser escuchado. ¿Por qué a las personas les cuesta tanto decir un "te quiero"?
Te quiero cariño.
El poder femenino
Un operación, una semana en el hospital... larga muy larga y un alta.
Definitivamente, la abuela se queda en casa, vive sola y durante una temporada tendrá muchos problemas para moverse... es lo que tiene que te pongan un implante en la rodilla por culpa de una artrosis feroz, por lo que no podrá valerse por si misma durante una larga temporada
Así que ahora, el poder femenino inunda esta familia: Una abuela, una maia, dos leonas y una gata... ¿alguien da más?
Nota: Gracias por vuestro apoyo.
Definitivamente, la abuela se queda en casa, vive sola y durante una temporada tendrá muchos problemas para moverse... es lo que tiene que te pongan un implante en la rodilla por culpa de una artrosis feroz, por lo que no podrá valerse por si misma durante una larga temporada
Así que ahora, el poder femenino inunda esta familia: Una abuela, una maia, dos leonas y una gata... ¿alguien da más?
Nota: Gracias por vuestro apoyo.
Madre solo hay una
Una llamada de teléfono.
Un ingreso hospitalario.
Una operación.
Una espera.
Nervios en la espera.
Más nervios en la larguísima espera.
Mucha tila.
Comerme las uñas cuando hace más de treinta y cinco años que dejé de hacerlo.
Repasar todos los periódicos gratuitos habidos y por haber... todos dicen lo mismo.
Una conversación con la cirujano.
Todo bien.
Más espera.
Muchos paseos por el larguísimo pasillo... contanto las losas de distinto color del suelo.
Una habitación de enfermería empapelada, literalmente, en imágenes, poster y fotos de George Clooney.
Comida de hospital.
Enfermos ingresados, pijama de verano y botellita de suero incluido, en la calle, a las once de la noche, fumando espero... (que aunque en Málaga haga muy buena temperatura, estamos a finales de octubre).
Mala educación y agresividad en enfermos y visitantes que fuman dentro del recinto hospitalario, en pasillos y salas de espera.
Buen trato del personal.
Noche pasada en un sillón viejo y lleno de bultos y con la mano de mi madre en la mía.
Cachondeo de cierto ATS con mi madre con respecto a cierta braga que ha quedado enganchada en el vendaje.
Algunas risas.
Quejidos disimulados.
Alguna cabezada y como consecuencia de ella, dolor de cuello durante todo el día.
Tricotar un vestido para Estel.
Vuelta a casa durante unas horas, para asearme un poco, ver a las pequeñas y en breves instantes, volver con ella.
Y aunque jamás he echado en falta pertenecer a una familia más grande, en este momento agradecería de manera infinita, disponer de más ayuda... porque madre solo hay una, aunque ciertas personas olviden todo lo que ella ha dado por ellos.
Nota: y todos estos días sin trabajar, pasarán factura en esa nómina misérrima que cobraré, pero como ya he dicho antes, solo devuelvo la mínima parte de todo lo que ella ha dado por mi.
Un ingreso hospitalario.
Una operación.
Una espera.
Nervios en la espera.
Más nervios en la larguísima espera.
Mucha tila.
Comerme las uñas cuando hace más de treinta y cinco años que dejé de hacerlo.
Repasar todos los periódicos gratuitos habidos y por haber... todos dicen lo mismo.
Una conversación con la cirujano.
Todo bien.
Más espera.
Muchos paseos por el larguísimo pasillo... contanto las losas de distinto color del suelo.
Una habitación de enfermería empapelada, literalmente, en imágenes, poster y fotos de George Clooney.
Comida de hospital.
Enfermos ingresados, pijama de verano y botellita de suero incluido, en la calle, a las once de la noche, fumando espero... (que aunque en Málaga haga muy buena temperatura, estamos a finales de octubre).
Mala educación y agresividad en enfermos y visitantes que fuman dentro del recinto hospitalario, en pasillos y salas de espera.
Buen trato del personal.
Noche pasada en un sillón viejo y lleno de bultos y con la mano de mi madre en la mía.
Cachondeo de cierto ATS con mi madre con respecto a cierta braga que ha quedado enganchada en el vendaje.
Algunas risas.
Quejidos disimulados.
Alguna cabezada y como consecuencia de ella, dolor de cuello durante todo el día.
Tricotar un vestido para Estel.
Vuelta a casa durante unas horas, para asearme un poco, ver a las pequeñas y en breves instantes, volver con ella.
Y aunque jamás he echado en falta pertenecer a una familia más grande, en este momento agradecería de manera infinita, disponer de más ayuda... porque madre solo hay una, aunque ciertas personas olviden todo lo que ella ha dado por ellos.
Nota: y todos estos días sin trabajar, pasarán factura en esa nómina misérrima que cobraré, pero como ya he dicho antes, solo devuelvo la mínima parte de todo lo que ella ha dado por mi.
Sonrisas y saludos
¿Tan difícil es sonreír?
Hay personas que les cuesta tanto, que parecen estar toda su vida estreñidos... y no es que tenga algo contra ello, lo más lógico es que fueran esas personas las que se preocuparan por su problema. El que no me sonrían no va a conseguir que me desvíe de mi camino... ni que yo deje de sonreír, porque jamás he tenido problemas de estreñimiento.
Nota: no soy enemiga de los serios, pero por muchos y graves problemas que se tengan, una sonrisa no cuesta dinero y consigue que veas la vida de otro color.
Hay personas que les cuesta tanto, que parecen estar toda su vida estreñidos... y no es que tenga algo contra ello, lo más lógico es que fueran esas personas las que se preocuparan por su problema. El que no me sonrían no va a conseguir que me desvíe de mi camino... ni que yo deje de sonreír, porque jamás he tenido problemas de estreñimiento.
Nota: no soy enemiga de los serios, pero por muchos y graves problemas que se tengan, una sonrisa no cuesta dinero y consigue que veas la vida de otro color.
Debilidad
No es malo ser débil... lo malo es esconder el afán de superación que hay dentro de la debilidad. Lo malo es no esforzarse para superarlo... porque cuando lo consigues, no hay nadie que conozca los límites de tu fuerza.
El valiente no es el que no tiene miedo, sino el que cuando lo tiene, es capaz de enfrentarse a él.
Nota: A ver si repitiéndomelo una y otra vez, termino por aprenderlo.
El valiente no es el que no tiene miedo, sino el que cuando lo tiene, es capaz de enfrentarse a él.
Nota: A ver si repitiéndomelo una y otra vez, termino por aprenderlo.
Amapolas entre el trigo
El padre de Wendeling conducía un Dyane6 de color crema. El coche llegó a la familia prácticamente a la par que ella, unas semanas más tarde de su definitivo traslado. Recuerda exactamente el día en que llamó a todos, justo a la llegada del trabajo, para que salieran a la calle; aparcado a la puerta de casa se encontraba el coche... no era nuevo, ni de segunda mano, tal vez de tercera o cuarta, con los asientos forrados de tela de toalla, intentando ocultar los agujeros que el uso había hecho en la tapicería.
Todos nos quedamos con la boca abierta, sorprendidos, ni siquiera la madre de Wen sabía que su marido tenía en la cabeza comprar un coche... y mucho menos aquel coche.
- ¿Y cuánto te ha costado... "esto"?
- No te preocupes por eso, me lo ha vendido un compañero del trabajo por casi nada, lo mejor de todo es que gasta muy poca gasolina y con él podremos volver al pueblo casi todos los fines de semana para ver a la familia.
- Wen, Joaquín, venid, mirar, el coche es descapotable.
Y entrando dentro del vehículo, levantó la mano a una esquina del techo, después a la otra... y corrió atrás el maravilloso techo de lona, como si de una cortinilla se tratara.
- ¿Pero es seguro?
Ese mismo fin de semana, toda la familia se metió en el Dyane6, maletita con pijamas y ropa de recambio, un bizcocho para los abuelos y un par de conejos para preparar la comida... nadie los esperaba. Padres delante, niños detrás, saltando sobre los maltrechos muelles del asiento.
En marcha.
Risitas al descubrir que el coche no se pone en marcha con la llave, sino con un botón al lado del volante. Ruido de avión al despegar cuando sube cuestas y un rítmico movimiento del conductor hacia adelante como queriendo empujar el mismo, dándole fuerza al motor para llegar al final del desnivel.
Y una carretera que atraviesa campos de trigo verde, cubiertos de motas rojas de las amapolas... es la imagen que retiene la niña Wendeling de once años de aquel primer viaje de Málaga a Granada.
Durante un montón de años y cientos de viajes, el coche jamás los dejó tirado en el camino, ni calentones, ni heladas... durante un montón de años trasladó a todos a donde hizo falta, al trabajo, a la playa, al campo, de boda, al médico, al hospital, al cementerio... durante un montón de años les fue fiel, a pesar de su aspecto y a pesar de las risitas de los que nos adelantaban en nuestro camino.
Un buen día, su dueño enfermó y falleció. Durante seis meses, el coche estuvo aparcado a la puerta de la vivienda, nadie lo movió de sitio, ni siquiera lo arrancó... la madre de Wendeling regaló el coche a su sobrino cuando aprobó su carnet de conducir. El chico metió la llave, dió al botón de contacto y el Dyane6 color crema, revivió a la primera, sin sonidos extraños, sin ronquidos, sin quejas, contento de volver al camino.
Dos años después, Wendeling supo que el coche había terminado en el desguace, demasiados años encima, su último dueño había decidido que prefería un coche nuevo más bonito. La niña lloró, con la imagen de los campos de trigo llenos de amapolas de aquel primer viaje, con el sonido de avión al despegar todavía en sus oídos, con el recuerdo de su padre, conduciendo ese coche del que siempre se sintió tan orgulloso.
Todos nos quedamos con la boca abierta, sorprendidos, ni siquiera la madre de Wen sabía que su marido tenía en la cabeza comprar un coche... y mucho menos aquel coche.
- ¿Y cuánto te ha costado... "esto"?
- No te preocupes por eso, me lo ha vendido un compañero del trabajo por casi nada, lo mejor de todo es que gasta muy poca gasolina y con él podremos volver al pueblo casi todos los fines de semana para ver a la familia.
- Wen, Joaquín, venid, mirar, el coche es descapotable.
Y entrando dentro del vehículo, levantó la mano a una esquina del techo, después a la otra... y corrió atrás el maravilloso techo de lona, como si de una cortinilla se tratara.
- ¿Pero es seguro?
Ese mismo fin de semana, toda la familia se metió en el Dyane6, maletita con pijamas y ropa de recambio, un bizcocho para los abuelos y un par de conejos para preparar la comida... nadie los esperaba. Padres delante, niños detrás, saltando sobre los maltrechos muelles del asiento.
En marcha.
Risitas al descubrir que el coche no se pone en marcha con la llave, sino con un botón al lado del volante. Ruido de avión al despegar cuando sube cuestas y un rítmico movimiento del conductor hacia adelante como queriendo empujar el mismo, dándole fuerza al motor para llegar al final del desnivel.
Y una carretera que atraviesa campos de trigo verde, cubiertos de motas rojas de las amapolas... es la imagen que retiene la niña Wendeling de once años de aquel primer viaje de Málaga a Granada.
Durante un montón de años y cientos de viajes, el coche jamás los dejó tirado en el camino, ni calentones, ni heladas... durante un montón de años trasladó a todos a donde hizo falta, al trabajo, a la playa, al campo, de boda, al médico, al hospital, al cementerio... durante un montón de años les fue fiel, a pesar de su aspecto y a pesar de las risitas de los que nos adelantaban en nuestro camino.
Un buen día, su dueño enfermó y falleció. Durante seis meses, el coche estuvo aparcado a la puerta de la vivienda, nadie lo movió de sitio, ni siquiera lo arrancó... la madre de Wendeling regaló el coche a su sobrino cuando aprobó su carnet de conducir. El chico metió la llave, dió al botón de contacto y el Dyane6 color crema, revivió a la primera, sin sonidos extraños, sin ronquidos, sin quejas, contento de volver al camino.
Dos años después, Wendeling supo que el coche había terminado en el desguace, demasiados años encima, su último dueño había decidido que prefería un coche nuevo más bonito. La niña lloró, con la imagen de los campos de trigo llenos de amapolas de aquel primer viaje, con el sonido de avión al despegar todavía en sus oídos, con el recuerdo de su padre, conduciendo ese coche del que siempre se sintió tan orgulloso.
Guión para una futura conversación
- Mamá ¿por qué a algunas personas les cuesta tanto hablar de sexo?
- Por la educación que han recibido. Hay personas que creen que todo lo relacionado con sexo es pecado y por eso se avergüenzan de ese tema.
- ¿Pero es malo?
- Para nada, el sexo es divertido, solo que para disfrutar de él tienes que saber utilizar la cabeza y tener la madurez suficiente y hay personas, que por muchos años que cumplan jamás sabrán hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque hay que tener cuidado, hay gente que utiliza el sexo para sentirse superior a otros... del mismo modo que otros utilizan la fuerza. Y terminan por hacerte mucho daño, no solo físicamente, sino también mentalmente. Por eso hay que sentirse preparado.
- ¿Y cuándo se está preparado? ¿A qué edad?
- No hay una edad. Cuando llegue el momento, uno lo sabe. Que un amigo esté preparado, no quiere decir que uno mismo lo esté, ahí entra la madurez intelectual, no solo física, saber que para disfrutar no hay que precipitarse y sobre todo, jamás olvidar el respeto hacia la otra persona.
- ¿Y dónde entra el amor?
- Pues cuando consigues mezclar los dos en su justa medida, es cuando rozas el cielo con tus dedos. Pero tú decides cual es la mezcla justa, no hay receta.
Nota: Sólo espero no olvidar el guión cuando llegue su momento, que por mucho ensayar no quiere decir que salga perfecto.
- Por la educación que han recibido. Hay personas que creen que todo lo relacionado con sexo es pecado y por eso se avergüenzan de ese tema.
- ¿Pero es malo?
- Para nada, el sexo es divertido, solo que para disfrutar de él tienes que saber utilizar la cabeza y tener la madurez suficiente y hay personas, que por muchos años que cumplan jamás sabrán hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque hay que tener cuidado, hay gente que utiliza el sexo para sentirse superior a otros... del mismo modo que otros utilizan la fuerza. Y terminan por hacerte mucho daño, no solo físicamente, sino también mentalmente. Por eso hay que sentirse preparado.
- ¿Y cuándo se está preparado? ¿A qué edad?
- No hay una edad. Cuando llegue el momento, uno lo sabe. Que un amigo esté preparado, no quiere decir que uno mismo lo esté, ahí entra la madurez intelectual, no solo física, saber que para disfrutar no hay que precipitarse y sobre todo, jamás olvidar el respeto hacia la otra persona.
- ¿Y dónde entra el amor?
- Pues cuando consigues mezclar los dos en su justa medida, es cuando rozas el cielo con tus dedos. Pero tú decides cual es la mezcla justa, no hay receta.
Nota: Sólo espero no olvidar el guión cuando llegue su momento, que por mucho ensayar no quiere decir que salga perfecto.
Etiquetas: adolescencia sexo
Como no, las prioridades mandan
Me niego a terminar un día sin haber recogido otro trocito de sueño roto y encajarlo en su sitio. Después de varios años, el espejo de los sueños está prácticamente recompuesto. Me miro en él y veo mi camino, un brillante y hermoso camino, en el que todavía hay piedras que saltar, recoger o rodear, pero que no me impiden mirar hacia adelante y ver que hay un futuro al que quiero llegar.
El trocito de hoy colocado en su lugar, es intentar volver a una de esas aficiones que dejas arrinconadas porque necesitas su tiempo para otra actividad mucho más importante en su momento... la de no hundirte por completo en un agujero. Después de varios días pensándolo, hoy me he levantado decidida a comenzar de nuevo. Me falta tiempo, lo sé, pero todo es una cuestión de prioridades y justo en este momento, es mas importante sentir ilusión por una pequeñez, que para mi no lo es.
Los días sólo tienen veinticuatro horas, yo necesito al menos treinta para arrancar y estoy buscando un par más de ellas para encajar una triste esquinita de un espejo. Pero ¿qué es vivir sin ilusión?
La conclusión es que tal vez tenga menos tiempo para preparar mejor mis artículos, pero pienso seguir por aquí. No me pierdo, no me escondo, solo me difumino un poco.
El trocito de hoy colocado en su lugar, es intentar volver a una de esas aficiones que dejas arrinconadas porque necesitas su tiempo para otra actividad mucho más importante en su momento... la de no hundirte por completo en un agujero. Después de varios días pensándolo, hoy me he levantado decidida a comenzar de nuevo. Me falta tiempo, lo sé, pero todo es una cuestión de prioridades y justo en este momento, es mas importante sentir ilusión por una pequeñez, que para mi no lo es.
Los días sólo tienen veinticuatro horas, yo necesito al menos treinta para arrancar y estoy buscando un par más de ellas para encajar una triste esquinita de un espejo. Pero ¿qué es vivir sin ilusión?
La conclusión es que tal vez tenga menos tiempo para preparar mejor mis artículos, pero pienso seguir por aquí. No me pierdo, no me escondo, solo me difumino un poco.
Cosas de la vida
Hay días en que los pies te duelen más que el alma.
Conclusión:
Me encantan esos días, al menos sintiendo el dolor de pies, me da por no pensar.
Resultado:
Sigo sonriendo, cuando no estoy riendo a carcajadas... cosas de la vida.
Reflexión:
Pueden complicarme la vida, pero no impedirme que disfrute de ella.
Alea iacta est.
Conclusión:
Me encantan esos días, al menos sintiendo el dolor de pies, me da por no pensar.
Resultado:
Sigo sonriendo, cuando no estoy riendo a carcajadas... cosas de la vida.
Reflexión:
Pueden complicarme la vida, pero no impedirme que disfrute de ella.
Alea iacta est.
La importancia de lo que tenemos
Que criatura tan lastimosa es el hombre; nace con plena conciencia de su propia mortalidad, y por lo tanto se ve condenado a vivir durante toda su insignificante existencia temiendo a lo desconocido. Impulsado por la ambición, con frecuencia desperdicia los preciados momentos que posee. Haciendo caso omiso de su prójimo, se complace en exceso en su egoista afán por conseguir fama y fortuna, y permite que lo seduzca el mal para llevar la desgracia a las personas que ama de verdad; su vida, tan frágil, siempre está pendiente de un hilo, al borde de una meurte cuya comprensión le ha sido dada.
La muerte es la que lo iguala todo. Todo nuestro poder y nuestros deseos, todas nuestras esperanzas y nuestros anhelos terminan muriendo con nosotros, enterrados en la tumba. Ajenos a todo, viajamos de manera egoísta hacia el gran sueño, concediendo importancia a cosas que no la tienen, sólo para que en el momento más inoportuno nos recuerden lo frágil que es nuestra realidad.
Steve Alten.
No necesito encerrarme en mi habitación, llorando constantemente mi propio infortunio. No necesito hacer sentir pena hacia mi vida. No necesito llamar la atención de los demás para que se den cuenta de cuanto sufro.
Sonrío, río, juego, escribo, leo, veo, huelo, toco, saboreo, oigo, siento, amo, quiero, disfruto,... en definitiva, vivo mi vida.
- Pues yo no te veo tan mal.
- Es que no estoy mal. No tengo un euro para llegar a fin de mes, y más este puñetero mes, odio la cuesta del comienzo de curso, pero tengo a mis hijas, tengo un techo donde resguardarme, tengo a mano mis libros y tengo a una persona que me ama... Si no eres capaz de disfrutar de lo que quieres ¿para qué vivir? Un día vas a morir y no te servirá de algo ser el más rico del cementerio, porque terminarás exactamente igual que el más pobre.
- ¡Qué presuntuosa eres!
- Aps, pues quien se pique, ajos come.
La muerte es la que lo iguala todo. Todo nuestro poder y nuestros deseos, todas nuestras esperanzas y nuestros anhelos terminan muriendo con nosotros, enterrados en la tumba. Ajenos a todo, viajamos de manera egoísta hacia el gran sueño, concediendo importancia a cosas que no la tienen, sólo para que en el momento más inoportuno nos recuerden lo frágil que es nuestra realidad.
Steve Alten.
No necesito encerrarme en mi habitación, llorando constantemente mi propio infortunio. No necesito hacer sentir pena hacia mi vida. No necesito llamar la atención de los demás para que se den cuenta de cuanto sufro.
Sonrío, río, juego, escribo, leo, veo, huelo, toco, saboreo, oigo, siento, amo, quiero, disfruto,... en definitiva, vivo mi vida.
- Pues yo no te veo tan mal.
- Es que no estoy mal. No tengo un euro para llegar a fin de mes, y más este puñetero mes, odio la cuesta del comienzo de curso, pero tengo a mis hijas, tengo un techo donde resguardarme, tengo a mano mis libros y tengo a una persona que me ama... Si no eres capaz de disfrutar de lo que quieres ¿para qué vivir? Un día vas a morir y no te servirá de algo ser el más rico del cementerio, porque terminarás exactamente igual que el más pobre.
- ¡Qué presuntuosa eres!
- Aps, pues quien se pique, ajos come.
Héroes y villanos
Todos, en algún momento de nuestra vida, somos héroes y somos villanos.
La humildad se halla en reconocerlo.
La bondad se encuentra en no dejar que los momentos villanos nos arrastren, en aceptar nuestros errores e intentar remediarlos. Las venganzas, por muy justas que sean, nunca conseguirán convertirnos en héroes al tiempo completo, por mucho que satisfaga nuestro orgullo herido.
Nota: Reflexión a la que se llega después de una noche sin dormir después de una tremenda tormenta, un durísimo día de trabajo y tras preparar la cena, ponerte a ver un documental en televisión.
La humildad se halla en reconocerlo.
La bondad se encuentra en no dejar que los momentos villanos nos arrastren, en aceptar nuestros errores e intentar remediarlos. Las venganzas, por muy justas que sean, nunca conseguirán convertirnos en héroes al tiempo completo, por mucho que satisfaga nuestro orgullo herido.
Nota: Reflexión a la que se llega después de una noche sin dormir después de una tremenda tormenta, un durísimo día de trabajo y tras preparar la cena, ponerte a ver un documental en televisión.
Vivir de prestado
Después de una pequeña rabieta, y cuando se calman los ánimos, te das cuenta que puedes hablar de más y complicarte la vida absurdamente.
Así que el artículo que ocupaba este lugar, ha sido guardado para mejor ocasión.
Tal vez en un futuro, que espero cercano, seamos capaces de hablar sin echarnos en cara situaciones que nosotros mismos provocamos.
Así que el artículo que ocupaba este lugar, ha sido guardado para mejor ocasión.
Tal vez en un futuro, que espero cercano, seamos capaces de hablar sin echarnos en cara situaciones que nosotros mismos provocamos.
Sorpresas y pesadillas
Que Estel e Ithilien son unas leonas, lo saben quienes me conocen. Es mi manera cariñosa de llamarlas, por su curiosidad innata y sobre todo, por su enfrentamiento constante para ver cual de ellas se lleva mi atención.
Este fin de semana, esa curiosidad gatuna dio buenos resultados. Ithilien, que realmente desconozco que buscaba, tropezó con un antiguo monedero que deseché por aparatoso hace más de un año, pero que al no estar estropeado, terminé por guardar y no tirar. Se entretuvo en buscar en todos los rincones y en uno de ellos...
¡Sorpresa!
Al descorrer una cremallera, se tropieza con un billetino doblado de cincuenta euros.
Nerviosa, me busca por la casa, me entrega el monedero y me pide que mire en el apartado que tiene cremallera, convenientemente cerrado en ese momento.
- ¡Ostras! ¡cincuenta euros! Pues ni acordarme que estaban ahí.
Ithilien asiente, contenta.
- ¿Qué vas a hacer con ese dinero mami?
Pues gastármelos en el super al que tengo que ir dentro de un ratito.
Mi peque se queda silenciosa y al final termina por añadir bajito.
- Mami, ya que tienes cincuenta euros que no sabías que tenías ¿podrías comprar helado?
Madrugada del lunes.
Tengo problemas para dormir, al final lo consigo.
Sueño...
Es todavía domingo, estamos en misa y pasan la canastita. Busco dinero en el monedero pero solo tengo los cincuenta euros que encontró Ithilien. Me da vergüenza no entregar aunque sean unas monedas... pero son cincuenta euros, que aunque no contaba con ellos, me puede sacar de algún apuro inesperado antes de cobrar.
Dudo... dudo... finalmente agarro los cincuenta euros y escribo en una esquinita con un bolígrafo:
"No tengo nada más, por favor, al final de misa espero la vuelta"
Dejo caer el billete en la canastita y la sonrisa de la mujer que la pasa al verlos.
Se llevan mi billete...
Lamentablemente despierto antes de terminar la misa y no recibo mi "vuelta".
Nota: Ithilien se comió su helado y el domingo, en misa, ya no tenía los cincuenta euros de propina... pero desperté con rabia por mis cincuenta euros perdidos después de hallados.
Este fin de semana, esa curiosidad gatuna dio buenos resultados. Ithilien, que realmente desconozco que buscaba, tropezó con un antiguo monedero que deseché por aparatoso hace más de un año, pero que al no estar estropeado, terminé por guardar y no tirar. Se entretuvo en buscar en todos los rincones y en uno de ellos...
¡Sorpresa!
Al descorrer una cremallera, se tropieza con un billetino doblado de cincuenta euros.
Nerviosa, me busca por la casa, me entrega el monedero y me pide que mire en el apartado que tiene cremallera, convenientemente cerrado en ese momento.
- ¡Ostras! ¡cincuenta euros! Pues ni acordarme que estaban ahí.
Ithilien asiente, contenta.
- ¿Qué vas a hacer con ese dinero mami?
Pues gastármelos en el super al que tengo que ir dentro de un ratito.
Mi peque se queda silenciosa y al final termina por añadir bajito.
- Mami, ya que tienes cincuenta euros que no sabías que tenías ¿podrías comprar helado?
Madrugada del lunes.
Tengo problemas para dormir, al final lo consigo.
Sueño...
Es todavía domingo, estamos en misa y pasan la canastita. Busco dinero en el monedero pero solo tengo los cincuenta euros que encontró Ithilien. Me da vergüenza no entregar aunque sean unas monedas... pero son cincuenta euros, que aunque no contaba con ellos, me puede sacar de algún apuro inesperado antes de cobrar.
Dudo... dudo... finalmente agarro los cincuenta euros y escribo en una esquinita con un bolígrafo:
"No tengo nada más, por favor, al final de misa espero la vuelta"
Dejo caer el billete en la canastita y la sonrisa de la mujer que la pasa al verlos.
Se llevan mi billete...
Lamentablemente despierto antes de terminar la misa y no recibo mi "vuelta".
Nota: Ithilien se comió su helado y el domingo, en misa, ya no tenía los cincuenta euros de propina... pero desperté con rabia por mis cincuenta euros perdidos después de hallados.