Feliz año nuevo
Estamos en Navidad ¿alguien se ha dado cuenta? y en nada, entraremos en nuevo año, así que adelantando acontecimientos, porque desconozco que puede pasar en un par de días, os deseamos a todos ¡Feliz año nuevo!
De regalo, un par de obsequios de Estel e Ithilien.


Las mariposas
Mariposa,
que estás volando,
mariposa,
estás revoloteando.
Mariposa,
que vuelas;
Mariposa,
que nadas.
Mariposa,
no te metas en las aguas.
Mariposa,
que comes;
mariposa,
que bebes,
mariposa
si comes,
mariposa,
¿por qué no bebes?
De regalo, un par de obsequios de Estel e Ithilien.
Las mariposas
Mariposa,
que estás volando,
mariposa,
estás revoloteando.
Mariposa,
que vuelas;
Mariposa,
que nadas.
Mariposa,
no te metas en las aguas.
Mariposa,
que comes;
mariposa,
que bebes,
mariposa
si comes,
mariposa,
¿por qué no bebes?
¿Feliz Navidad?
Cuando, después de unos años sin ilusión en la Navidad, empiezan, por fin, a ilusionarte en prepararla... cuando esperas unas sonrisas satisfechas después de una cena... cuando ves sonreír unos ojos ilusionados después de esa cena... cuando llegan unas risas infantiles rompiendo envueltas de regalos, intentas que estas Navidades, sean especiales... que siempre se recuerden por ese detalle especial que se imprime cada año.
Y este año tocaba ser especial...
... y tanto...
Feliz Navidad, de una recién llegada de las urgencias del hospital Materno-Infantil. Estel ha pasado una inolvidable nochebuena, por culpa de una faringitis que la ha tenido todo el día con fiebre altísima y vómitos.

Pregunta: Si el día veinticuatro de diciembre es laboral para todos ¿por qué razón es festivo para la seguridad social? ¿Es que el día veinticuatro de diciembre está prohibido enfermarse? Porque si es así, Estel, a sus once años, todavía no se había enterado que hoy no está permitido tener fiebre de treinta y nueve grados.
Y este año tocaba ser especial...
... y tanto...
Feliz Navidad, de una recién llegada de las urgencias del hospital Materno-Infantil. Estel ha pasado una inolvidable nochebuena, por culpa de una faringitis que la ha tenido todo el día con fiebre altísima y vómitos.

Pregunta: Si el día veinticuatro de diciembre es laboral para todos ¿por qué razón es festivo para la seguridad social? ¿Es que el día veinticuatro de diciembre está prohibido enfermarse? Porque si es así, Estel, a sus once años, todavía no se había enterado que hoy no está permitido tener fiebre de treinta y nueve grados.
La pintada
Me gusta observar mi alrededor, siento una curiosidad innata por aprender constantemente y disfrutar de la vida, sonreírle más bien, porque no hay nada más bello que sentirte viva... aunque duela.
Los que me leen con asiduidad conocen ese aspecto de mi.
Hoy, camino del hospital para la revisión por el cirujano, del implante que le realizaron a mi madre, no he podido evitar sonreír al leer una pintada. Aclarar que habitualmente las pintadas me parecen un signo de mala educación, que hay mejores maneras de reivindicar algo, sea del signo que sea, mejor que ensuciar una pared.
Pero hoy, como ya decía (disculpad, que me disperso) he sonreído al leer una. Un enorme muro blanco que encierra un jardín, con árboles sobresaliendo por encima, o al menos eso me indicó mi imaginación al pasar rauda por delante y dentro de un autobús. Y unas letras en negro, de trazos irregulares que decían:
DEJAD QUE LOS NIÑOS OS ENSEÑEN A VIVIR.
FIRMADO: LOS NIÑOS ALEGRES Y TRAVIESOS.
Y aquí os dejo mi sonrisa al leer la pintada, aunque siga pensando que es una muestra de mala educación y que si los pillo, les hago volver a pintar el muro en blanco.
Los que me leen con asiduidad conocen ese aspecto de mi.
Hoy, camino del hospital para la revisión por el cirujano, del implante que le realizaron a mi madre, no he podido evitar sonreír al leer una pintada. Aclarar que habitualmente las pintadas me parecen un signo de mala educación, que hay mejores maneras de reivindicar algo, sea del signo que sea, mejor que ensuciar una pared.
Pero hoy, como ya decía (disculpad, que me disperso) he sonreído al leer una. Un enorme muro blanco que encierra un jardín, con árboles sobresaliendo por encima, o al menos eso me indicó mi imaginación al pasar rauda por delante y dentro de un autobús. Y unas letras en negro, de trazos irregulares que decían:
DEJAD QUE LOS NIÑOS OS ENSEÑEN A VIVIR.
FIRMADO: LOS NIÑOS ALEGRES Y TRAVIESOS.
Y aquí os dejo mi sonrisa al leer la pintada, aunque siga pensando que es una muestra de mala educación y que si los pillo, les hago volver a pintar el muro en blanco.
Una de piropos infantiles
De vuelta a casa, mediodía, cargada de compras y esperando la llamada de la gran jefa para indicarme la próxima reunión, paso justo por el colegio de mis hijas.
Hora de recreo.
Patio con niños que corren, juegan, gritan y tiran un donut de chocolate por encima de la valla que cae a escasos centímetros de mi, un paso más y hubiera sufrido la agresión del donut y sin levantar el dedo como indica el anuncio y convertirlo en un día redondo.
Y escucho el primer piropo en mucho tiempo... piropo infantil para más señas:
- ¡¡Las rubias, las morenas, que nos enseñen las tetas!!
La sorpresa ante las frase gritada, más que pronunciada, me hace volver. Un niño de unos seis años, moreno y delgadito, apoya su frente en la reja, mirándome con ojos traviesos mientras varios niños más le ríen la gracia.
Le respondo:
- Pues yo, como soy pelirroja, no te enseño nada.
El pequeño no se corta y sigue la conversación.
- Pues al menos podrías enseñarme el ombliguillo ¿no? que tiene que ser muy bonito.
La carcajada se me escapa. No puedo evitarlo ante el inesperado piropo infantil.
Nota: no puedo negar que para mi, los niños son la esperanza del mañana... y no, no enseñé el ombliguillo, que sobre ese tiene derechos mi gatito.
Hora de recreo.
Patio con niños que corren, juegan, gritan y tiran un donut de chocolate por encima de la valla que cae a escasos centímetros de mi, un paso más y hubiera sufrido la agresión del donut y sin levantar el dedo como indica el anuncio y convertirlo en un día redondo.
Y escucho el primer piropo en mucho tiempo... piropo infantil para más señas:
- ¡¡Las rubias, las morenas, que nos enseñen las tetas!!
La sorpresa ante las frase gritada, más que pronunciada, me hace volver. Un niño de unos seis años, moreno y delgadito, apoya su frente en la reja, mirándome con ojos traviesos mientras varios niños más le ríen la gracia.
Le respondo:
- Pues yo, como soy pelirroja, no te enseño nada.
El pequeño no se corta y sigue la conversación.
- Pues al menos podrías enseñarme el ombliguillo ¿no? que tiene que ser muy bonito.
La carcajada se me escapa. No puedo evitarlo ante el inesperado piropo infantil.
Nota: no puedo negar que para mi, los niños son la esperanza del mañana... y no, no enseñé el ombliguillo, que sobre ese tiene derechos mi gatito.
La vida sigue igual
Cuando mi madre llegó a casa, asumí tener algún pequeño encontronazo. Aunque tenemos caracteres muy similares, nuestras prioridades con respecto a llevar un hogar chocan bastante.
Ella no se siente bien si la casa no tiene las camas hechas, los cacharros fregados justo después de terminar de comer, el suelo barrido, el polvo quitado, el suelo fregado y baño y cocina relucientes y sin un microbio a la vista. ¿Traducción? Antes de salir por la mañana al trabajo, tengo que tener la casa reluciente y ordenada, porque si me descuido, tengo a mi madre, muleta en mano... más bien en las dos manos, porque usa dos muletas, intentando mover los sofás para fregar el suelo. Así que toca madrugón si no quiero ver una cara larga todo el día, y sentir que le duele más la rodilla por el sobreesfuerzo.
Hace algunos años... bastantes. Wendeling estudiante vive en casa de sus padres. Es época de exámenes y está preparando el próximo de biología, que aunque relativamente fácil, son muchos datos a memorizar.
- ¡Wen!... ¡Wendeling!
- ¿Si mamá? Estoy en mi habitación.
- Hoy toca limpiar el salón de casa.
- Mamá, estoy estudiando, tengo un examen.
- Ese no es mi problema Wen.
- Mamá, necesito estudiar.
- Te he dicho que ese no es mi problema. Hay que limpiar el salón de casa y necesito ayuda.
- ¿Y por qué no te echa una mano mi hermano? Está leyendo un tebeo y no tiene nada que hacer.
- Tu hermano es un hombre y en esta casa, mientras yo esté viva y haya una mujer, un hombre no coge una escoba...
La discusión sigue durante unos minutos más. Al final Wendeling, castigada, deja sus apuntes y se pone a limpiar el salón de casa... a fondo... antes de terminar con un castigo y un cabreo mayor todavía.
Meses después del episodio anterior. Lunes por la mañana, justo antes de ir a clase, una Wendeling estudiante busca desesperada el último trabajo de Filosofia sobre J. P. Sartre que viene realizando en los últimos meses. El domingo por la noche, cuando regresó de una salida con las amigas, se encontró su habitación ordenada, pero no echó en falta nada... esta mañana, por más que busca entre sus apuntes, libretas, libros y carpetas, no encuentra el trabajo que tiene que entregar en un par de horas. Su madre está dormida y le da apuro despertarla para preguntarle... aunque finalmente lo hace, si sale más tarde llegará tarde a la primera clase de la mañana.
- Mamá... mami... ¿dónde pusistes el trabajo que dejé sobre la mesa de mi habitación?
- ¿Uhmmm? ¿Qué quieres Wen?
- Los papeles que estaban en la mesa de estudio ¿dónde los pusistes?
- Tenías la mesa echa un asco, te tiré todos los papeles que tenías usados y revueltos.
- ¿¿¿¿¡¡¡¡QUÉ!!!???? ¡MAMÁ, TENÍA QUE ENTREGARLOS HOY!
- No grites Wendeling.
- Mamá, es un trabajo que tengo que entregar hoy, llevo meses preparándolo...
- Pues si fueras más ordenada...
Y Wendeling tuvo que perder varias clases, intentando, de memoria, volver a escribir el trabajo para no suspender la asignatura. Finalmente consiguió un aprobado y una regañina de su profesor, que esperaba mucho más de ella, por culpa de la obsesión de su madre por la limpieza y el orden dentro de casa.
Actualmente, más concretamente, en el día de hoy, siete de diciembre del dos mil cero cero siete, la vida sigue igual... cuando, al volver de la compra, me encuentro a mi madre que está limpiando mi mesa de trabajo.
- ¿Mamá? ¿qué haces?
- Pues que tienes la mesa echa una porquería, cualquiera que entre y la vea, va a pensar que eres una guarra, con tanto papelito dejado ahí, como si tal cosa.
- ¡¡¿Mamá?!! ¿Y todo lo que tenía sobre la mesa?
- No te preocupes, no he tirado nada, lo tienes ahí, sobre el sofá.
Y al asomarme al sofá, me encuentro todo... si todo... al mogollón... fichas de clientes por pedir junto a fichas de clientes con pedido ya realizado y fichas con clientes de baja o altas nuevas. Recibos para cobrar con tarjeta mezclados con recibos para cobrar por banco y recibos para cobro en mano, Recibos ya cobrados juntos a recibos por cobrar, fichas, pedidos, facturas, todo revuelto.
Un día de trabajo perdido, tres horas intentando recordar, a memoria, si tal cliente ha realizado pedido o me toca llamarlo, si tal cliente es para visitar o ya lo he visto,... tres horas intentando recordar, a memoria, si esta factura es para cobrar en mano o llevarla al banco, o si ya la he cobrado... Y las visitas programadas para hoy, suspendidas... por la obsesión por la limpieza y el orden de mi madre...
Nota: cuestión de preferencias, ya se sabe...
Aclaración: A tenor de los comentarios, salvo en ese pequeño aspecto de preferencias en la limpieza de una casa, mi madre y yo nos llevamos muy bien.
Ella no se siente bien si la casa no tiene las camas hechas, los cacharros fregados justo después de terminar de comer, el suelo barrido, el polvo quitado, el suelo fregado y baño y cocina relucientes y sin un microbio a la vista. ¿Traducción? Antes de salir por la mañana al trabajo, tengo que tener la casa reluciente y ordenada, porque si me descuido, tengo a mi madre, muleta en mano... más bien en las dos manos, porque usa dos muletas, intentando mover los sofás para fregar el suelo. Así que toca madrugón si no quiero ver una cara larga todo el día, y sentir que le duele más la rodilla por el sobreesfuerzo.
Hace algunos años... bastantes. Wendeling estudiante vive en casa de sus padres. Es época de exámenes y está preparando el próximo de biología, que aunque relativamente fácil, son muchos datos a memorizar.
- ¡Wen!... ¡Wendeling!
- ¿Si mamá? Estoy en mi habitación.
- Hoy toca limpiar el salón de casa.
- Mamá, estoy estudiando, tengo un examen.
- Ese no es mi problema Wen.
- Mamá, necesito estudiar.
- Te he dicho que ese no es mi problema. Hay que limpiar el salón de casa y necesito ayuda.
- ¿Y por qué no te echa una mano mi hermano? Está leyendo un tebeo y no tiene nada que hacer.
- Tu hermano es un hombre y en esta casa, mientras yo esté viva y haya una mujer, un hombre no coge una escoba...
La discusión sigue durante unos minutos más. Al final Wendeling, castigada, deja sus apuntes y se pone a limpiar el salón de casa... a fondo... antes de terminar con un castigo y un cabreo mayor todavía.
Meses después del episodio anterior. Lunes por la mañana, justo antes de ir a clase, una Wendeling estudiante busca desesperada el último trabajo de Filosofia sobre J. P. Sartre que viene realizando en los últimos meses. El domingo por la noche, cuando regresó de una salida con las amigas, se encontró su habitación ordenada, pero no echó en falta nada... esta mañana, por más que busca entre sus apuntes, libretas, libros y carpetas, no encuentra el trabajo que tiene que entregar en un par de horas. Su madre está dormida y le da apuro despertarla para preguntarle... aunque finalmente lo hace, si sale más tarde llegará tarde a la primera clase de la mañana.
- Mamá... mami... ¿dónde pusistes el trabajo que dejé sobre la mesa de mi habitación?
- ¿Uhmmm? ¿Qué quieres Wen?
- Los papeles que estaban en la mesa de estudio ¿dónde los pusistes?
- Tenías la mesa echa un asco, te tiré todos los papeles que tenías usados y revueltos.
- ¿¿¿¿¡¡¡¡QUÉ!!!???? ¡MAMÁ, TENÍA QUE ENTREGARLOS HOY!
- No grites Wendeling.
- Mamá, es un trabajo que tengo que entregar hoy, llevo meses preparándolo...
- Pues si fueras más ordenada...
Y Wendeling tuvo que perder varias clases, intentando, de memoria, volver a escribir el trabajo para no suspender la asignatura. Finalmente consiguió un aprobado y una regañina de su profesor, que esperaba mucho más de ella, por culpa de la obsesión de su madre por la limpieza y el orden dentro de casa.
Actualmente, más concretamente, en el día de hoy, siete de diciembre del dos mil cero cero siete, la vida sigue igual... cuando, al volver de la compra, me encuentro a mi madre que está limpiando mi mesa de trabajo.
- ¿Mamá? ¿qué haces?
- Pues que tienes la mesa echa una porquería, cualquiera que entre y la vea, va a pensar que eres una guarra, con tanto papelito dejado ahí, como si tal cosa.
- ¡¡¿Mamá?!! ¿Y todo lo que tenía sobre la mesa?
- No te preocupes, no he tirado nada, lo tienes ahí, sobre el sofá.
Y al asomarme al sofá, me encuentro todo... si todo... al mogollón... fichas de clientes por pedir junto a fichas de clientes con pedido ya realizado y fichas con clientes de baja o altas nuevas. Recibos para cobrar con tarjeta mezclados con recibos para cobrar por banco y recibos para cobro en mano, Recibos ya cobrados juntos a recibos por cobrar, fichas, pedidos, facturas, todo revuelto.
Un día de trabajo perdido, tres horas intentando recordar, a memoria, si tal cliente ha realizado pedido o me toca llamarlo, si tal cliente es para visitar o ya lo he visto,... tres horas intentando recordar, a memoria, si esta factura es para cobrar en mano o llevarla al banco, o si ya la he cobrado... Y las visitas programadas para hoy, suspendidas... por la obsesión por la limpieza y el orden de mi madre...
Nota: cuestión de preferencias, ya se sabe...
Aclaración: A tenor de los comentarios, salvo en ese pequeño aspecto de preferencias en la limpieza de una casa, mi madre y yo nos llevamos muy bien.
El día en que...
El día en que los padres descubran que querer a un hijo no significa darle todo lo que nosotros quisimos de niños y no tuvimos...
El día en que unos padres aprendan que amar a un hijo es estar ahí, a su lado cada vez que nos necesiten, aprendiendo con él, apoyándole en sus problemas, ayudándole a crecer y madurar y que amar a un hijo no significa que el niño tenga todo el dinero que pida, ni todos sus caprichos...
Tal vez ese día, esta civilización nuestra tenga esperanza de sobrevivir y evolucionar hacia mejor.
Nota: madurar significa aprender de nuestro errores, aceptarlos e intentar ser un poquito mejor al día siguiente.
2ª nota: Por mucho que no lo acepte, no quiere más el padre que se gasta mil euros en el regalo de reyes de su hijo, sino el que ríe y llora con él.
El día en que unos padres aprendan que amar a un hijo es estar ahí, a su lado cada vez que nos necesiten, aprendiendo con él, apoyándole en sus problemas, ayudándole a crecer y madurar y que amar a un hijo no significa que el niño tenga todo el dinero que pida, ni todos sus caprichos...
Tal vez ese día, esta civilización nuestra tenga esperanza de sobrevivir y evolucionar hacia mejor.
Nota: madurar significa aprender de nuestro errores, aceptarlos e intentar ser un poquito mejor al día siguiente.
2ª nota: Por mucho que no lo acepte, no quiere más el padre que se gasta mil euros en el regalo de reyes de su hijo, sino el que ríe y llora con él.