"Solaris" de Stanislav Lem
Kris Kelvin llega a la estación Solaris para sustituir a uno de sus tres ocupantes y averiguar en qué circunstancias ha muerto. Allí descubrirá que los dos miembros del equipo que sobreviven se encuentran al borde de la locura, y que en la estación hay otras extrañas presencias, fantasmas convertidos en carne y hueso de los que no se puede huir. Él mismo recibirá una visita de su pasado, Harey, una mujer a la que en un tiempo hizo daño y que ahora el propio planeta parece haber materializado para Kelvin.
El planeta que se encuentra debajo de la estación espacial y que lleva el mismo nombre, está cubierta por un océano, de naturaleza desconocida. Durante años, la ciencia se ha ocupado de investigar su actividad casi inteligente (¿casi?) sin llegar a ninguna conclusión que determine su verdadera naturaleza.
El autor nos intenta hacer ver que quizás un extraterrestre puede ser tan distinto a nosotros que la comunicación sea imposible, pero que esa circunstancia no tiene por qué indicar que no sea inteligente.
Solaris habla sobre eso, sobre los sueños, los sentimientos y el alma humana.
Solaris, el planeta, es un ente vivo que pretende comunicarse, pero que tal y como nosotros hacemos en nuestro mundo con seres que consideramos inferiores, nos estudia, sin saber que puede hacernos daño (o quizás si), para conocer nuestras reacciones.
Solaris, no es en sí una obra de ciencia ficción, sino de filosofía. Una obra que nos habla, nos estudia, como seres humanos. Tal y como dice Lem en su propia novela: “No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, el nuestro, nos basta, pero no nos gusta como es.”
Y un final en el que no hay que buscar una conclusión, sólo disfrutar de las visiones que el autor nos ofrece. Es imposible abstraerse de imaginar las simetríadas, los fungoides, los mimoides y otros grandiosos fenómenos que se producen en el océano viviente de Solaris.
Disfrutad de un clásico de la ciencia ficción.
El planeta que se encuentra debajo de la estación espacial y que lleva el mismo nombre, está cubierta por un océano, de naturaleza desconocida. Durante años, la ciencia se ha ocupado de investigar su actividad casi inteligente (¿casi?) sin llegar a ninguna conclusión que determine su verdadera naturaleza.
El autor nos intenta hacer ver que quizás un extraterrestre puede ser tan distinto a nosotros que la comunicación sea imposible, pero que esa circunstancia no tiene por qué indicar que no sea inteligente.
Solaris habla sobre eso, sobre los sueños, los sentimientos y el alma humana.
Solaris, el planeta, es un ente vivo que pretende comunicarse, pero que tal y como nosotros hacemos en nuestro mundo con seres que consideramos inferiores, nos estudia, sin saber que puede hacernos daño (o quizás si), para conocer nuestras reacciones.
Solaris, no es en sí una obra de ciencia ficción, sino de filosofía. Una obra que nos habla, nos estudia, como seres humanos. Tal y como dice Lem en su propia novela: “No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, el nuestro, nos basta, pero no nos gusta como es.”
Y un final en el que no hay que buscar una conclusión, sólo disfrutar de las visiones que el autor nos ofrece. Es imposible abstraerse de imaginar las simetríadas, los fungoides, los mimoides y otros grandiosos fenómenos que se producen en el océano viviente de Solaris.
Disfrutad de un clásico de la ciencia ficción.
El voluntariado de Ithilien
Fin de curso.
En el colegio de Ithilien y Estel han organizado unas obras de teatro en base a "El Quijote" para celebrar el cuarto centenario de su publicación. Se han repartido los capítulos por clases y llevan ensayando desde hace seis meses.
Estel participa en el capítulo en que aparece "Clavileño" el caballo mágico de madera del Quijote.
Ithilien participa en el capítulo de los molinos de viento.
Durante el curso, han tenido varios "Quijotes" que a lo largo de los meses se han ido rajando, el papel no es fácil y hay que aprenderse mucho diálogo. El último "quijote" decidió el jueves pasado que no estaba preparado (más bien, decidió que era una tontería ponerse a estudiar cinco folios de diálogo cuando es más divertido jugar).
Crisis en la clase de 2º A
- ¿Algún voluntario para hacer de Quijote?
Nadie contesta, todos disimulan, mirando al escritorio o haciendo que escriben.
- Faltan dos semanas, si no tenemos Quijote, nuestra clase no podrá representar su capítulo. Será la única clase que no lo hará.
Ithilien levanta su mano
- Entonces ¿sino hay Quijote no habrá función?
- No
A Ithilien se le llenan los ojos de lágrimas, llevan muchos meses ensayando y ella está ilusionada.
- Pero ¿ningún niño quiere hacer de Quijote?
- Pues parece que no, Ithilien.
- ¿Puede hacer de Quijote una niña?
- Pues claro que si, si alguna niña quiere...
El profesor se queda mirando fijamente a Ithilien... ella se lo piensa y termina por limpiarse las lágrimas...
- Bueno, yo haré de "Quijota"
Y mira por donde... ahora quedan dos semanas e Ithilien tiene que aprenderse su papel de Quijote, justo en plena época de exámenes finales. Y a Wendeling le ha caído el marrón, de estar pendiente que Ithilien no se le olvide de estudiar sus asignaturas, de que haga sus deberes y encima ponerse a buscar, imaginar e indagar, como loca... como conseguir disfrazar de Quijote a su hija, a fin de mes y sin tiempo ni dinero...
"Si es que esta niña y sus voluntariados..."
En el colegio de Ithilien y Estel han organizado unas obras de teatro en base a "El Quijote" para celebrar el cuarto centenario de su publicación. Se han repartido los capítulos por clases y llevan ensayando desde hace seis meses.
Estel participa en el capítulo en que aparece "Clavileño" el caballo mágico de madera del Quijote.
Ithilien participa en el capítulo de los molinos de viento.
Durante el curso, han tenido varios "Quijotes" que a lo largo de los meses se han ido rajando, el papel no es fácil y hay que aprenderse mucho diálogo. El último "quijote" decidió el jueves pasado que no estaba preparado (más bien, decidió que era una tontería ponerse a estudiar cinco folios de diálogo cuando es más divertido jugar).
Crisis en la clase de 2º A
- ¿Algún voluntario para hacer de Quijote?
Nadie contesta, todos disimulan, mirando al escritorio o haciendo que escriben.
- Faltan dos semanas, si no tenemos Quijote, nuestra clase no podrá representar su capítulo. Será la única clase que no lo hará.
Ithilien levanta su mano
- Entonces ¿sino hay Quijote no habrá función?
- No
A Ithilien se le llenan los ojos de lágrimas, llevan muchos meses ensayando y ella está ilusionada.
- Pero ¿ningún niño quiere hacer de Quijote?
- Pues parece que no, Ithilien.
- ¿Puede hacer de Quijote una niña?
- Pues claro que si, si alguna niña quiere...
El profesor se queda mirando fijamente a Ithilien... ella se lo piensa y termina por limpiarse las lágrimas...
- Bueno, yo haré de "Quijota"
Y mira por donde... ahora quedan dos semanas e Ithilien tiene que aprenderse su papel de Quijote, justo en plena época de exámenes finales. Y a Wendeling le ha caído el marrón, de estar pendiente que Ithilien no se le olvide de estudiar sus asignaturas, de que haga sus deberes y encima ponerse a buscar, imaginar e indagar, como loca... como conseguir disfrazar de Quijote a su hija, a fin de mes y sin tiempo ni dinero...
"Si es que esta niña y sus voluntariados..."
Una persona excepcional
En cierta ocasión alguien me dijo que tuviera cuidado, que era muy fácil enamorarse de mi.
Se que lo dijo con la intención de hacerme daño en ese momento, por su resentimiento, porque no había obtenido lo que deseaba de mi y que fui incapaz de darle.
Pero esa frase sigue persiguiendome. No quiero hacer daño. No soy una persona vengativa... soy incluso incapaz de pensar mal de alguien y actuar en consecuencia.
No es la primera vez que me sucede. Que alguien a quien considero un amigo, quiere algo más de mi que no puedo dar. Y me siento culpable, porque mi forma de actuar, mi personalidad le haya dado falsas esperanzas.
Y cuando mañana me vuelva a encontrar con esa persona genial, con ese amigo que fue el único capaz de ayudarme y apoyarme cuando estaba hundida... con esa persona en la que he usado su hombro para llorar tantas veces, que me ha escuchado y abrazado cuando lo he necesitado... cuando mañana me vuelva a encontrar con él y le de un beso y mi sonrisa... se que le haré daño, porque seré incapaz de darle lo que él realmente necesita de mi.
Y lo que le hace una persona excepcional, es que a pesar de todo, seguirá estando ahí, empujándome a seguir adelante... porque siempre creyó en mi.
Y volviéndome a repetir, como también se que me lees, estas palabras van dedicadas a ti. En tu honor y porque te quiero.
Un beso enorme para una persona excepcional.
Se que lo dijo con la intención de hacerme daño en ese momento, por su resentimiento, porque no había obtenido lo que deseaba de mi y que fui incapaz de darle.
Pero esa frase sigue persiguiendome. No quiero hacer daño. No soy una persona vengativa... soy incluso incapaz de pensar mal de alguien y actuar en consecuencia.
No es la primera vez que me sucede. Que alguien a quien considero un amigo, quiere algo más de mi que no puedo dar. Y me siento culpable, porque mi forma de actuar, mi personalidad le haya dado falsas esperanzas.
Y cuando mañana me vuelva a encontrar con esa persona genial, con ese amigo que fue el único capaz de ayudarme y apoyarme cuando estaba hundida... con esa persona en la que he usado su hombro para llorar tantas veces, que me ha escuchado y abrazado cuando lo he necesitado... cuando mañana me vuelva a encontrar con él y le de un beso y mi sonrisa... se que le haré daño, porque seré incapaz de darle lo que él realmente necesita de mi.
Y lo que le hace una persona excepcional, es que a pesar de todo, seguirá estando ahí, empujándome a seguir adelante... porque siempre creyó en mi.
Y volviéndome a repetir, como también se que me lees, estas palabras van dedicadas a ti. En tu honor y porque te quiero.
Un beso enorme para una persona excepcional.
El cuento de Wendeling
- …y Erasé una vez, como todos los cuentos, que una niña se convirtió en Princesa, que un Príncipe Azul rescató a la Doncella, que Vivieron Felices y Comieron Perdices, que los Dragones perdieron la pelea ante un Corazón Puro, que el Rey sacó la Espada de la Roca y que las Brujas y las Hermanastras Malvadas recibieron su merecido…
Las niñas dormían. Quizás los días fueran un infierno, quizás las noches fuesen un carrusel de memorias y soledad, quizás el sueldo no le llegaba a fin de mes, pero allí estaban ellas, durmiendo, soñado. Quizás sentía que la vida no le llegaba a fin de mes, pero allí estaban ellas. Durmiendo. Soñando. Viviendo.
Wendeling volvió al salón despacito. Unas despedidas al ordenador y a dormir de nuevo. Mañana, otro día. Todavía no sabía si uno más o uno menos. Fue a por un vaso de agua antes de sentarse ante su ventana al mundo. Salió de la cocina y sintió que había algo extraño. Hacía frío. La luz que partía en dos el salón era de un azul extraño, irreal, como salido de una película antigua. Telarañas de escarcha comenzaban a cubrir los cristales.
Había alguien sentado en el rincón.
Y una voz extraña le hizo temblar:
- Te cortarás en el pulgar.
El vaso cayó al suelo y se partió en mil pedazos en absoluto silencio, sin ruido. Mil estrellas de cristal corrieron a esconderse bajo los muebles. Wendeling sintió que tenía que gritar, que moverse, que hacer algo, pero una parte retorcida y oculta de su cerebro la frenaba, la dejaba clavada al sitio, mirando el rincón oscuro sin poder ver la figura que hablaba con una voz de pergamino antiguo y madera blanqueada por el sol. Ese trocito de cerebro que se resistía a la evidencia le decía que, aunque todo lo demás se hubiese vuelto loco, allí no había nadie.
- Aun así, aquí estoy. Toma asiento, por favor…
Como una sonámbula, Wendeling se sentó frente al rincón oscuro. Abrazó un cojín con fuerza y se dejó caer en el respaldo.
- Tardé mucho en encontraros…
La voz era triste, eran piedras abandonadas al sol, era polvo de camino frente a una casa de puertas verdes, eran nidos de golondrinas en pleno invierno.
- Tardé mucho en encontraros, si. Pero aquí estoy, al fin.
Wendeling tragó saliva. Ya sabía quién era su extraño visitante, pero con esa irresistible inevitabilidad que parece envolver siempre los momentos más trascendentales de la vida, tuvo que hacer la pregunta:
- ¿Eres… Eres el fantasma, verdad?
- Si.
El hálito se congeló en el aire. El silencio corrió denso y azul sobre el salón. La luz extraña. Los cristales brillantes en el suelo dibujando constelaciones inexistentes. El fantasma frente a ella. Los relojes se habían detenido justo en medio de la media noche.
- Derribaron la casa…
- Si. Y lloraste por dentro.
Una armadura brilló un instante entre las sombras. Un yelmo redondeado. Una cruz roja sobre el pecho. Una espada partida sobre las rodillas.
- Has tardado en encontrarme…
- Si.
- ¿Cómo… Cómo has llegado?
- Atravesé el tiempo. Busqué a alguien que me trajese de vuelta. Tú lo encontraste, y él me llevó a ti.
- Yo… yo no sé lo que hice… no sé cómo… cómo…
- No importa. Hiciste una pregunta. Él la ha contestado, y yo he vuelto.
Silencio. Los segundos habían huido, dejándola abandonada fuera del devenir de la Realidad. La luz centelleaba sobre un extraño Universo a sus pies. Una nebulosa de agua fría se tragaba un conjunto de estrellas de Duralex mientras el Universo de Wendeling le traicionaba.
- ¿Por qué has vuelto?
- No lo sé en realidad. No sé muchas cosas.
- ¿Estás muerto?
- Soy un fantasma, aunque no estoy del todo convencido de que una cosa implique siempre la otra. Tengo recuerdos de Jerusalén, de Meggido y de Jaffa, pero sé que jamás estuve allí, al igual que no estoy aquí.
- Mi vida se vuelve extraña por momentos…
- Eso es bueno.
- ¿Lo es?
- Si.
- Pero… Pero cada día es más difícil.
- No. Algunos días son más difíciles. Otros son más fáciles. Algunos simplemente son.
- A veces duele…
- No dije que fuera fácil. Dije que era bueno. Algunas cosas que duelen son buenas. Quizás las mejores.
Dos estrellas brillaron entre ellos. Wendeling trató de dibujar el perfil del Fantasma. Una perilla afilada, unos pómulos altos, unas ropas oscuras. Olía a rosas marchitas, como a miel y a amor perdido. De su mano derecha goteaba sangre y tinta negra.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Es así. A veces, hay que aceptar la vida, porque no tiene otra razón que ella misma.
- Pensé que no eras real. Que sólo eras un cuento para asustar a los demás niños…
- Es lo que soy: Un cuento, un recuerdo ajeno en la mente de una persona que escribe en una isla desierta a las tres de la madrugada, un Fantasma. Es lo que somos al fin y al cabo: El recuerdo de cosas que jamás fueron, pero que querían ser en el corazón de alguien.
- Yo quería que fueras…
- Yo quería ser…
- Pero no era verdad.
- Siempre fue verdad. Si se desea realmente, todo puede ser cierto.
Silencio de lágrimas. Silencio de sombras.
- Yo… Yo deseo tantas cosas…
- Quizás. Pero eso no significa que vaya a ser cierto.
- Pero…
- Todo puede ser, pero sólo es una posibilidad. Yo deseé tener a la mujer que amaba, pero sus padres no lo consintieron… pero podría haber sido.
- Eso es muy triste.
- A veces. A veces he muerto a los pies de la Colina de Meggido y veo el fin del Mundo. A veces muero en un ballenero perdido en el Paso del Noroeste, con mis dedos congelados asiendo con fuerza una pluma, dejando inconclusa la carta que mi mujer y mi hijo jamás recibirán…
El olor del mar entró como una vaharada de salitre en el salón. Más allá de la ventana, un océano cobalto resplandecía de icebergs bajo una luna llena. Las jarcias chasquearon al viento.
- Un final triste es mejor que ningún final. Frodo lo sabía bien.
Wendeling miró alrededor. Estaban en la balconada que rodeaba el torreón de madera de una casa antigua, en lo alto de un acantilado interminable, mirando al mar. A su lado, el fantasma se mesaba la barba cerrada y miraba su reloj de bolsillo. La media noche sólo había avanzando un paso.
- “Paseo de viuda”. Así es como llaman a estos balcones.
Más allá brillaba un pequeño pueblo somnoliento. Una pardela lanzó su quejido sobrenatural a la noche. El viento trajo el sabor a sal.
- Aquí te esperaba tu mujer, ¿verdad? Te esperaba mirando al mar, vestida de negro…
Pasó las manos por el traje oscuro, por la toca negra y los puños bordados. El paño era grueso y caliente, pero estaba vacío, era una mortaja en vida que la ataba a un horizonte y a unas velas que jamás volverían a despuntar por él. Sintió vértigo del acantilado que se abría a sus pies. El fantasma se giró y la miró con ojos líquidos.
- Prefiero pensar que no. Que un día bajó del Paseo de Viuda, sonrió de nuevo y fue feliz contándoles a sus nietos las historias de su abuelo el marino. Me cuesta lo mismo que pensar que no fue así.
Se abrazó con fuerza al cojín. El frío del salón había disminuido. Sobre las rodillas del fantasma volvía a haber una espada partida.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué has vuelto después de tanto tiempo?
- No ha pasado nada de tiempo. Sigues teniendo ocho años.
Wendeling esta sentada al borde de la cama, en la casa de sus abuelos. El fantasma, con su traje de poeta romántico, la mira desde el otro lado de la habitación oscura. El gato se asomó a la puerta, los miró a ambos y prosiguió con su cacería silenciosa.
- Sabes por qué he vuelto. Tienes que liberarme.
- Pero… Si te libero, te irás para siempre. ¿Qué haré entonces? ¿Quién jugará conmigo? Ningún niño quiere venir a jugar a casa… Si te libero me quedaré sola.
El fantasma seguía sentado entre las sombras, al otro lado del salón, frente a Wendeling. El escudo reposaba a un lado, la rosa muerta en su mano lánguida, la gorra de paño que le protegía del viento del norte. Wendeling pensaba. Pasó un tiempo tan largo como el recuerdo. Hubo más palabras, humo más preguntas y más respuestas. Quizás Wendeling lloró. Quizás no lo hizo.
La medianoche llegaba a su final.
-Te libero, entonces. Eres libre.
Un suspiro partió el tiempo en dos, y el reloj volvió a correr sobre sus raíles. El fantasma no estaba, la casa permanecía en silencio y por la ventana entraba una cruda luz naranja de las farolas de la calle. Wendeling se acercó al cuarto de las niñas y las miró desde la puerta. Estuvo una hora o quizás más, viéndolas soñar. Antes de acostarse, recogió los cristales rotos del salón. Se cortó en el pulgar.
Quizás Wendeling sonrió entonces, o dejó escapar una lágrima, o tuvo un recuerdo agradable o triste. Quizás pensó en las cosas que son, las que fueron, en las que pudieron ser y en las que deseó que fueran. Quizás pensó que, ahora que era libre, el fantasma viviría para siempre con ellas.
Yo creo que, al final, sonrió.
Yo deseo que, al final, sonriera.
Y, si lo deseas de verdad, puede que así fuera.
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Light Artisan
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Nota: Gracias de nuevo, por este precioso regalo que me has dejado compartir con todos.
Las niñas dormían. Quizás los días fueran un infierno, quizás las noches fuesen un carrusel de memorias y soledad, quizás el sueldo no le llegaba a fin de mes, pero allí estaban ellas, durmiendo, soñado. Quizás sentía que la vida no le llegaba a fin de mes, pero allí estaban ellas. Durmiendo. Soñando. Viviendo.
Wendeling volvió al salón despacito. Unas despedidas al ordenador y a dormir de nuevo. Mañana, otro día. Todavía no sabía si uno más o uno menos. Fue a por un vaso de agua antes de sentarse ante su ventana al mundo. Salió de la cocina y sintió que había algo extraño. Hacía frío. La luz que partía en dos el salón era de un azul extraño, irreal, como salido de una película antigua. Telarañas de escarcha comenzaban a cubrir los cristales.
Había alguien sentado en el rincón.
Y una voz extraña le hizo temblar:
- Te cortarás en el pulgar.
El vaso cayó al suelo y se partió en mil pedazos en absoluto silencio, sin ruido. Mil estrellas de cristal corrieron a esconderse bajo los muebles. Wendeling sintió que tenía que gritar, que moverse, que hacer algo, pero una parte retorcida y oculta de su cerebro la frenaba, la dejaba clavada al sitio, mirando el rincón oscuro sin poder ver la figura que hablaba con una voz de pergamino antiguo y madera blanqueada por el sol. Ese trocito de cerebro que se resistía a la evidencia le decía que, aunque todo lo demás se hubiese vuelto loco, allí no había nadie.
- Aun así, aquí estoy. Toma asiento, por favor…
Como una sonámbula, Wendeling se sentó frente al rincón oscuro. Abrazó un cojín con fuerza y se dejó caer en el respaldo.
- Tardé mucho en encontraros…
La voz era triste, eran piedras abandonadas al sol, era polvo de camino frente a una casa de puertas verdes, eran nidos de golondrinas en pleno invierno.
- Tardé mucho en encontraros, si. Pero aquí estoy, al fin.
Wendeling tragó saliva. Ya sabía quién era su extraño visitante, pero con esa irresistible inevitabilidad que parece envolver siempre los momentos más trascendentales de la vida, tuvo que hacer la pregunta:
- ¿Eres… Eres el fantasma, verdad?
- Si.
El hálito se congeló en el aire. El silencio corrió denso y azul sobre el salón. La luz extraña. Los cristales brillantes en el suelo dibujando constelaciones inexistentes. El fantasma frente a ella. Los relojes se habían detenido justo en medio de la media noche.
- Derribaron la casa…
- Si. Y lloraste por dentro.
Una armadura brilló un instante entre las sombras. Un yelmo redondeado. Una cruz roja sobre el pecho. Una espada partida sobre las rodillas.
- Has tardado en encontrarme…
- Si.
- ¿Cómo… Cómo has llegado?
- Atravesé el tiempo. Busqué a alguien que me trajese de vuelta. Tú lo encontraste, y él me llevó a ti.
- Yo… yo no sé lo que hice… no sé cómo… cómo…
- No importa. Hiciste una pregunta. Él la ha contestado, y yo he vuelto.
Silencio. Los segundos habían huido, dejándola abandonada fuera del devenir de la Realidad. La luz centelleaba sobre un extraño Universo a sus pies. Una nebulosa de agua fría se tragaba un conjunto de estrellas de Duralex mientras el Universo de Wendeling le traicionaba.
- ¿Por qué has vuelto?
- No lo sé en realidad. No sé muchas cosas.
- ¿Estás muerto?
- Soy un fantasma, aunque no estoy del todo convencido de que una cosa implique siempre la otra. Tengo recuerdos de Jerusalén, de Meggido y de Jaffa, pero sé que jamás estuve allí, al igual que no estoy aquí.
- Mi vida se vuelve extraña por momentos…
- Eso es bueno.
- ¿Lo es?
- Si.
- Pero… Pero cada día es más difícil.
- No. Algunos días son más difíciles. Otros son más fáciles. Algunos simplemente son.
- A veces duele…
- No dije que fuera fácil. Dije que era bueno. Algunas cosas que duelen son buenas. Quizás las mejores.
Dos estrellas brillaron entre ellos. Wendeling trató de dibujar el perfil del Fantasma. Una perilla afilada, unos pómulos altos, unas ropas oscuras. Olía a rosas marchitas, como a miel y a amor perdido. De su mano derecha goteaba sangre y tinta negra.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Es así. A veces, hay que aceptar la vida, porque no tiene otra razón que ella misma.
- Pensé que no eras real. Que sólo eras un cuento para asustar a los demás niños…
- Es lo que soy: Un cuento, un recuerdo ajeno en la mente de una persona que escribe en una isla desierta a las tres de la madrugada, un Fantasma. Es lo que somos al fin y al cabo: El recuerdo de cosas que jamás fueron, pero que querían ser en el corazón de alguien.
- Yo quería que fueras…
- Yo quería ser…
- Pero no era verdad.
- Siempre fue verdad. Si se desea realmente, todo puede ser cierto.
Silencio de lágrimas. Silencio de sombras.
- Yo… Yo deseo tantas cosas…
- Quizás. Pero eso no significa que vaya a ser cierto.
- Pero…
- Todo puede ser, pero sólo es una posibilidad. Yo deseé tener a la mujer que amaba, pero sus padres no lo consintieron… pero podría haber sido.
- Eso es muy triste.
- A veces. A veces he muerto a los pies de la Colina de Meggido y veo el fin del Mundo. A veces muero en un ballenero perdido en el Paso del Noroeste, con mis dedos congelados asiendo con fuerza una pluma, dejando inconclusa la carta que mi mujer y mi hijo jamás recibirán…
El olor del mar entró como una vaharada de salitre en el salón. Más allá de la ventana, un océano cobalto resplandecía de icebergs bajo una luna llena. Las jarcias chasquearon al viento.
- Un final triste es mejor que ningún final. Frodo lo sabía bien.
Wendeling miró alrededor. Estaban en la balconada que rodeaba el torreón de madera de una casa antigua, en lo alto de un acantilado interminable, mirando al mar. A su lado, el fantasma se mesaba la barba cerrada y miraba su reloj de bolsillo. La media noche sólo había avanzando un paso.
- “Paseo de viuda”. Así es como llaman a estos balcones.
Más allá brillaba un pequeño pueblo somnoliento. Una pardela lanzó su quejido sobrenatural a la noche. El viento trajo el sabor a sal.
- Aquí te esperaba tu mujer, ¿verdad? Te esperaba mirando al mar, vestida de negro…
Pasó las manos por el traje oscuro, por la toca negra y los puños bordados. El paño era grueso y caliente, pero estaba vacío, era una mortaja en vida que la ataba a un horizonte y a unas velas que jamás volverían a despuntar por él. Sintió vértigo del acantilado que se abría a sus pies. El fantasma se giró y la miró con ojos líquidos.
- Prefiero pensar que no. Que un día bajó del Paseo de Viuda, sonrió de nuevo y fue feliz contándoles a sus nietos las historias de su abuelo el marino. Me cuesta lo mismo que pensar que no fue así.
Se abrazó con fuerza al cojín. El frío del salón había disminuido. Sobre las rodillas del fantasma volvía a haber una espada partida.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué has vuelto después de tanto tiempo?
- No ha pasado nada de tiempo. Sigues teniendo ocho años.
Wendeling esta sentada al borde de la cama, en la casa de sus abuelos. El fantasma, con su traje de poeta romántico, la mira desde el otro lado de la habitación oscura. El gato se asomó a la puerta, los miró a ambos y prosiguió con su cacería silenciosa.
- Sabes por qué he vuelto. Tienes que liberarme.
- Pero… Si te libero, te irás para siempre. ¿Qué haré entonces? ¿Quién jugará conmigo? Ningún niño quiere venir a jugar a casa… Si te libero me quedaré sola.
El fantasma seguía sentado entre las sombras, al otro lado del salón, frente a Wendeling. El escudo reposaba a un lado, la rosa muerta en su mano lánguida, la gorra de paño que le protegía del viento del norte. Wendeling pensaba. Pasó un tiempo tan largo como el recuerdo. Hubo más palabras, humo más preguntas y más respuestas. Quizás Wendeling lloró. Quizás no lo hizo.
La medianoche llegaba a su final.
-Te libero, entonces. Eres libre.
Un suspiro partió el tiempo en dos, y el reloj volvió a correr sobre sus raíles. El fantasma no estaba, la casa permanecía en silencio y por la ventana entraba una cruda luz naranja de las farolas de la calle. Wendeling se acercó al cuarto de las niñas y las miró desde la puerta. Estuvo una hora o quizás más, viéndolas soñar. Antes de acostarse, recogió los cristales rotos del salón. Se cortó en el pulgar.
Quizás Wendeling sonrió entonces, o dejó escapar una lágrima, o tuvo un recuerdo agradable o triste. Quizás pensó en las cosas que son, las que fueron, en las que pudieron ser y en las que deseó que fueran. Quizás pensó que, ahora que era libre, el fantasma viviría para siempre con ellas.
Yo creo que, al final, sonrió.
Yo deseo que, al final, sonriera.
Y, si lo deseas de verdad, puede que así fuera.
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Nota: Gracias de nuevo, por este precioso regalo que me has dejado compartir con todos.
El cuento de Wendeling
Como cada día, Wendeling llega sobre las 2 de la tarde a casa... día de trabajo habitual, cansada y con demasiado calor encima (llega el verano).
Pero hoy, al conectar el ordenador y mirar su correo, se lleva una sorpresa.
Un email, de alguien a quien no reconoce, desconoce la dirección, y aunque ha buscado en su memoria, no consigue descubrir si es alguien con el que ha tenido algún tipo de relación (no penséis mal). Pero la memoria de Wen es muy selectiva, es capaz de recordar pequeños detalles e incluso conversaciones al completo, ocurridas hace mucho tiempo y olvidar algo más obvio.
El email lleva un regalo: "El cuento de Wendeling".
Un precioso relato en que ella es la protagonista y en el que salen algunos personajes que ha ido contando a lo largo de su vida por la bitácora. Un relato que la ha emocionado... de alguien a quien no conoce.
Y desde aquí, le da las gracias publicamente, por tan bonito regalo. Y le pide permiso para compartirlo con todos... porque se lo merece, cree que el relato es muy bueno.
Nota: Gracias L.A., por estar ahí, por leerme en silencio (como dices) y por el regalo. He decidido liberarlo, como tú has hecho. Espero tu permiso para compartirlo con todos.
Pero hoy, al conectar el ordenador y mirar su correo, se lleva una sorpresa.
Un email, de alguien a quien no reconoce, desconoce la dirección, y aunque ha buscado en su memoria, no consigue descubrir si es alguien con el que ha tenido algún tipo de relación (no penséis mal). Pero la memoria de Wen es muy selectiva, es capaz de recordar pequeños detalles e incluso conversaciones al completo, ocurridas hace mucho tiempo y olvidar algo más obvio.
El email lleva un regalo: "El cuento de Wendeling".
Un precioso relato en que ella es la protagonista y en el que salen algunos personajes que ha ido contando a lo largo de su vida por la bitácora. Un relato que la ha emocionado... de alguien a quien no conoce.
Y desde aquí, le da las gracias publicamente, por tan bonito regalo. Y le pide permiso para compartirlo con todos... porque se lo merece, cree que el relato es muy bueno.
Nota: Gracias L.A., por estar ahí, por leerme en silencio (como dices) y por el regalo. He decidido liberarlo, como tú has hecho. Espero tu permiso para compartirlo con todos.
La mujer más bella, la mirada más hermosa
Se suponía que estaba trabajando, pero se tomó un descanso. Esta vez Wendeling, en vez de ir, como siempre, acelerada para llegar a tiempo, decidió pasear. Esta vez, calculó dos clientes en una hora, de todas formas, seguro que uno de ellos no iba a estar, siempre le hacía lo mismo, no sabía porqué se molestaba en llamarle y concretar una hora... si ocurría algo, ella era la prescindible y siempre ocurría algo.
Y allí estaba Wendeling, andando despacio, mirando la playa a su derecha y recordando que había olvidado ponerse la crema solar esa mañana, seguro que terminaba otra vez roja... pero en esta ocasión no le importó.
Se paró y miró al fondo el faro. Sintió como el pelo de la nuca le hacía cosquillitas... una sensación rara, como si alguien la estuviera vigilando.
Y se volvió, para tropezar con la mirada más serena que ha sentido en su vida.
Sentada en una terraza, mirando a la playa, más bien atravesando a Wen con la mirada. Ojos enormes, que transmiten tranquilidad... oscuros, guardados por unas largas pestañas... y la cara más hermosa que ha visto en su vida.
Wendeling volvió a estremecerse ¿la miraba a ella? más bien parecía perdida en otro universo.
Sari de flores brillantes, rojos, verdes, negros, que enmarca su cuerpo, su brazo y parte del pelo, también moreno.... y esa mirada que Wen no puede dejar de observar.
"¿Dónde está? No aquí, ahora, sentada en un bar frente a la playa. No me ha visto, seguro, no se ha dado cuenta que llevo tanto tiempo observándola. Me gustaría saber que hay tras esa mirada. ¿sabrá que es la mujer más bella que he visto? Quizás entre los suyos es normal tener esa cara tan perfecta... pero yo soy incapaz de dejar de mirarla..."
Durante minutos, Wen pierde el sentido del tiempo. La mujer sigue inmutable, sin moverse, mirando al mar y perdida en esa linea del horizonte.
Llegó tarde a ver a su cliente, aunque como sospechaba, daba igual, le había dejado el recado de que le había surgido un asunto urgente ("¡como no!" pensó Wendeling). Y sintió el deseo de volver a ver aquella mujer. Volvió sobre sus pasos, a buscarla, aunque no la encontró.
Han pasado varios meses y Wendeling, cada vez que pasa junto a la playa, busca a la mujer más bella que ha visto nunca, con el deseo de volver a perderse en esa mirada, en esos ojos que le transmitían serenidad.
Y allí estaba Wendeling, andando despacio, mirando la playa a su derecha y recordando que había olvidado ponerse la crema solar esa mañana, seguro que terminaba otra vez roja... pero en esta ocasión no le importó.
Se paró y miró al fondo el faro. Sintió como el pelo de la nuca le hacía cosquillitas... una sensación rara, como si alguien la estuviera vigilando.
Y se volvió, para tropezar con la mirada más serena que ha sentido en su vida.
Sentada en una terraza, mirando a la playa, más bien atravesando a Wen con la mirada. Ojos enormes, que transmiten tranquilidad... oscuros, guardados por unas largas pestañas... y la cara más hermosa que ha visto en su vida.
Wendeling volvió a estremecerse ¿la miraba a ella? más bien parecía perdida en otro universo.
Sari de flores brillantes, rojos, verdes, negros, que enmarca su cuerpo, su brazo y parte del pelo, también moreno.... y esa mirada que Wen no puede dejar de observar.
"¿Dónde está? No aquí, ahora, sentada en un bar frente a la playa. No me ha visto, seguro, no se ha dado cuenta que llevo tanto tiempo observándola. Me gustaría saber que hay tras esa mirada. ¿sabrá que es la mujer más bella que he visto? Quizás entre los suyos es normal tener esa cara tan perfecta... pero yo soy incapaz de dejar de mirarla..."
Durante minutos, Wen pierde el sentido del tiempo. La mujer sigue inmutable, sin moverse, mirando al mar y perdida en esa linea del horizonte.
Llegó tarde a ver a su cliente, aunque como sospechaba, daba igual, le había dejado el recado de que le había surgido un asunto urgente ("¡como no!" pensó Wendeling). Y sintió el deseo de volver a ver aquella mujer. Volvió sobre sus pasos, a buscarla, aunque no la encontró.
Han pasado varios meses y Wendeling, cada vez que pasa junto a la playa, busca a la mujer más bella que ha visto nunca, con el deseo de volver a perderse en esa mirada, en esos ojos que le transmitían serenidad.
Extrañamente liberada
Amanece.
Wendeling despertó muy pronto, no ha vuelto a dormir, se ha entretenido en ver amanecer tumbada en su cama, mirando esa ventana que siempre queda abierta.
La cama es muy grande y aprovecha para retozar en ella... ahora a la derecha, ahora a la izquierda.
Sonríe.
Nadie la molesta, no hay échate para allá ni déjame un trocito de sábana. No hay calor porque a su lado no hay una persona que necesita tres mantas para dormir, mientras que ella con una simple sábana descansa genial. No hay alguien que le deja unos centímetros absurdos en la cama, mientras la otra persona desperdicia el resto. No hay alguien que le molesta la más leve luz para dormir y disfruta de su ventana abierta.
Abierta al amanecer.
Después de su despedida, de tomar su decisión, se siente extrañamente liberada.
Sigue doliendo que la persona a la que ama, haya decidido no estar con ella. Sigue queríendole, deseando compartir cosas con él.
Pero él ha tomado su decisión y Wen no forma parte de su futuro.
Y ella ha decidido buscar su propio camino.
Extrañamente liberada, sintiendo todo un futuro por el que vivir. Y quizás, un día, descubrir que alguien muy cerca, espera recibir su amor.
Amanece.
Wendeling sonrie, con toda una cama para ella sola.
Su futuro la está esperando y tiene ilusión por ver quien la espera.
Siente que algo mueve la cama. Wen se vuelve y sonríe a una Ithilien somnolienta que se acurruca en sus brazos.
- Mami ¿me dejas un ratito contigo hasta que se haga de día?
Amanece.
Y no desea nada más que su futuro.
Wendeling despertó muy pronto, no ha vuelto a dormir, se ha entretenido en ver amanecer tumbada en su cama, mirando esa ventana que siempre queda abierta.
La cama es muy grande y aprovecha para retozar en ella... ahora a la derecha, ahora a la izquierda.
Sonríe.
Nadie la molesta, no hay échate para allá ni déjame un trocito de sábana. No hay calor porque a su lado no hay una persona que necesita tres mantas para dormir, mientras que ella con una simple sábana descansa genial. No hay alguien que le deja unos centímetros absurdos en la cama, mientras la otra persona desperdicia el resto. No hay alguien que le molesta la más leve luz para dormir y disfruta de su ventana abierta.
Abierta al amanecer.
Después de su despedida, de tomar su decisión, se siente extrañamente liberada.
Sigue doliendo que la persona a la que ama, haya decidido no estar con ella. Sigue queríendole, deseando compartir cosas con él.
Pero él ha tomado su decisión y Wen no forma parte de su futuro.
Y ella ha decidido buscar su propio camino.
Extrañamente liberada, sintiendo todo un futuro por el que vivir. Y quizás, un día, descubrir que alguien muy cerca, espera recibir su amor.
Amanece.
Wendeling sonrie, con toda una cama para ella sola.
Su futuro la está esperando y tiene ilusión por ver quien la espera.
Siente que algo mueve la cama. Wen se vuelve y sonríe a una Ithilien somnolienta que se acurruca en sus brazos.
- Mami ¿me dejas un ratito contigo hasta que se haga de día?
Amanece.
Y no desea nada más que su futuro.
Dichosa encuesta
No me gustan los test, encuestas o similares. No suelo reenviar emails en cadena y demás... pero por respeto a Pickles, la brujita rural, a aNa y a Hades, voy a contestar al suyo ( y porfa... no me hagáis más esto).
Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Creo que anda sobre los 5 Gigas, aunque el año pasado, tuve cierto enfrentamiento con mi pc y en contrapartida, el puñetero se me tragó 4 gigas que había acumulado con todo el trabajo del mundo durante años. También tengo que aclarar que me gusta copiar los discos originales que ocasionalmente compro (lo creaís o no, pero es cierto).
Último disco que me compré:
"Lo que te conté mientras te hacías la dormida" de La oreja de Van Gogh y las BSO de las películas de ESDLA.
Canción que estoy escuchando ahora:
"Shape of my Heart" con Sting, Billy Joel y Eric Clapton (me encanta esta versión)
5 canciones que escucho un montón o que tienen algun significado para mí
Van más de 5, aviso, aunque sin orden, conforme las recuerdo... supongo que se me quedaran algunas en el tintero:
With or without you y she moves in Misterious ways (U2)
Your place in the world (Zona Oasi)
Underwater (Vertical horizon)
Tu (Umberto Tozzi)
Ja sei namorar (Tribalistas)
Canto alla Vita (The Corrs y Josh Groban)
The logical song (SuperTramp)
Englishman in New York (The Police)
Fields of Gold (Sting)
Tallulah y Shy (Sonata Arctica)
Mujer contra mujer y Ana y Miguel (Mecano)
Faithfulness (skin)
No mans woman (Sinead O'Connor)
Sound of Silence (Simon and Garfunkel)
Kissed by a rose y Love's Divine (Seal)
So Flute (Saint Germain)
Baby Jane (Rod Stewart)
Margheritta (Richard Cocciante)
Asustando al huracan y Odio (Revolver)
I wish (R. Kelly)
I'll be there (Jackson five)
The mystic's dream y She moved through the fair (Loreena Mackennit)
May it be (Enya)
Tears in heaven (Eric Clapton)
Ordinary world (Duran duran)
Life on Mars (David Bowie)
Tears form the moon (Conjure conjure one y Sinead O'conners)
Yann derrien y El pozo de Aran (Carlos Nuñez)
Oh Well (Boyz II men)
Island y Total eclipse on my heart (Bonnie Tyler)
Woman in Love (Barbara Streisand y BeeGees)
Take on me (Ahha)
All I need (Air)
Proud Mary (Creedence Clearwater Revival)
Sultans of swing y Money for nothing (Dire Straits)
Namarie (Aijin Hidelians basado en un poema de J.R.R. Tolkien)
Diez razones para vivir y Sabor de amor (Danza Invisible)
Stand by me (BBKing)
Glory to the Brave (Hammerfall)
Blowing in the wind (Janis Joplin)
The power of love (Jennifer Rush)
Bajo las sábanas (Magnatiz)
Anabel Lee (Radio futura)
dust in the wind (scorpions)
Hunting high and low (Stratovarius)
A la orilla de la chimenea (Joaquín Sabina)
El pianista (Ana Belen)
You had me from hello (Bon Jovi)
Todos estos temas han significado algo para mi en alguna etapa de mi vida y sigo escuchándolos.
Y eso por ahora, si recuerdo alguna más, lo edito.
Y como no me gustan este tipo de faenas, no paso el testigo.
Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Creo que anda sobre los 5 Gigas, aunque el año pasado, tuve cierto enfrentamiento con mi pc y en contrapartida, el puñetero se me tragó 4 gigas que había acumulado con todo el trabajo del mundo durante años. También tengo que aclarar que me gusta copiar los discos originales que ocasionalmente compro (lo creaís o no, pero es cierto).
Último disco que me compré:
"Lo que te conté mientras te hacías la dormida" de La oreja de Van Gogh y las BSO de las películas de ESDLA.
Canción que estoy escuchando ahora:
"Shape of my Heart" con Sting, Billy Joel y Eric Clapton (me encanta esta versión)
5 canciones que escucho un montón o que tienen algun significado para mí
Van más de 5, aviso, aunque sin orden, conforme las recuerdo... supongo que se me quedaran algunas en el tintero:
With or without you y she moves in Misterious ways (U2)
Your place in the world (Zona Oasi)
Underwater (Vertical horizon)
Tu (Umberto Tozzi)
Ja sei namorar (Tribalistas)
Canto alla Vita (The Corrs y Josh Groban)
The logical song (SuperTramp)
Englishman in New York (The Police)
Fields of Gold (Sting)
Tallulah y Shy (Sonata Arctica)
Mujer contra mujer y Ana y Miguel (Mecano)
Faithfulness (skin)
No mans woman (Sinead O'Connor)
Sound of Silence (Simon and Garfunkel)
Kissed by a rose y Love's Divine (Seal)
So Flute (Saint Germain)
Baby Jane (Rod Stewart)
Margheritta (Richard Cocciante)
Asustando al huracan y Odio (Revolver)
I wish (R. Kelly)
I'll be there (Jackson five)
The mystic's dream y She moved through the fair (Loreena Mackennit)
May it be (Enya)
Tears in heaven (Eric Clapton)
Ordinary world (Duran duran)
Life on Mars (David Bowie)
Tears form the moon (Conjure conjure one y Sinead O'conners)
Yann derrien y El pozo de Aran (Carlos Nuñez)
Oh Well (Boyz II men)
Island y Total eclipse on my heart (Bonnie Tyler)
Woman in Love (Barbara Streisand y BeeGees)
Take on me (Ahha)
All I need (Air)
Proud Mary (Creedence Clearwater Revival)
Sultans of swing y Money for nothing (Dire Straits)
Namarie (Aijin Hidelians basado en un poema de J.R.R. Tolkien)
Diez razones para vivir y Sabor de amor (Danza Invisible)
Stand by me (BBKing)
Glory to the Brave (Hammerfall)
Blowing in the wind (Janis Joplin)
The power of love (Jennifer Rush)
Bajo las sábanas (Magnatiz)
Anabel Lee (Radio futura)
dust in the wind (scorpions)
Hunting high and low (Stratovarius)
A la orilla de la chimenea (Joaquín Sabina)
El pianista (Ana Belen)
You had me from hello (Bon Jovi)
Todos estos temas han significado algo para mi en alguna etapa de mi vida y sigo escuchándolos.
Y eso por ahora, si recuerdo alguna más, lo edito.
Y como no me gustan este tipo de faenas, no paso el testigo.
Eowyn
Y no hablaron más y comieron en silencio; pero Eowyn no apartaba los ojos de Aragorn, y el dolor que la atormentaba era visible para todos. Al fin se levantaron, se despidieron de la Dama, y luego de darle las gracias, se retiraron a descansar.
Pero cuando Aragorn llegaba al pabellón que compartiría esa noche con Lególas y Gimli, donde sus compañeros ya habían entrado, la Dama lo siguió y lo llamó. Aragorn se volvió y la vio, una luz en la noche, pues iba vestida de blanco; pero tenía fuego en la mirada.
— ¡Aragorn! —le dijo— ¿por qué queréis tomar ese camino funesto?
—Porque he de hacerlo —fue la respuesta—. Sólo así veo alguna esperanza de cumplir mi cometido en la guerra contra Sauron. No elijo los caminos del peligro, Eowyn. Si escuchara la llamada de mi corazón, estaría a esta hora en el lejano Norte, paseando por el hermoso valle de Rivendel.
Ella permaneció en silencio un momento, como si pesara el significado de aquellas palabras. Luego, de improviso, puso una mano en el brazo de Aragorn.
—Sois un señor austero e inflexible —dijo—; así es como los hombres conquistan la gloria. — Hizo una pausa.— Señor —prosiguió—, si tenéis que partir, dejad que os siga. Estoy cansada de esconderme en las colinas, y deseo afrontar el peligro y la batalla.
—Vuestro deber está aquí entre los vuestros —respondió Aragorn.
—Demasiado he oído hablar de deber —exclamó ella—. Pero ¿no soy por ventura de la Casa de Eorl, una virgen guerrera y no una nodriza seca? Ya bastante he esperado con las rodillas flojas. Si ahora no me tiemblan, parece, ¿no puedo vivir mi vida como yo lo deseo?
—Pocos pueden hacerlo con honra —respondió Aragorn—. Pero en cuanto a vos, señora: ¿no habéis aceptado la tarea de gobernar al pueblo hasta el regreso del Señor? Si no os hubieran elegido, habrían nombrado a algún mariscal o capitán, y no podría abandonar el cargo, estuviese o no cansado de él.
— ¿Siempre seré yo la elegida? —replicó ella amargamente—. Siempre tendré yo que quedarme en casa cuando los caballeros parten, dedicada a pequeños menesteres mientras ellos conquistan la gloria, para que al regresar encuentren lecho y alimento?
— Quizá no esté lejano el día en que nadie regrese —dijo Aragorn—. Entonces ese valor sin gloria será muy necesario, pues ya nadie recordará las hazañas de los últimos defensores. Las hazañas no son menos valerosas porque nadie las alabe.
Y ella respondió:
—Todas vuestras palabras significan una sola cosa: Eres una mujer, y tu misión está en el hogar. Sin embargo, cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella, puesto que ya no la necesitarán. Pero soy de la Casa de Eorl, no una mujer de servicio. Sé montar a caballo y esgrimir una espada y no temo el sufrimiento ni la muerte.
— ¿A qué teméis, señora? —le preguntó Aragorn.
—A una jaula. A vivir encerrada detrás de los barrotes, hasta que la costumbre y la vejez acepten el cautiverio, y la posibilidad y aun el deseo de llevar a cabo grandes hazañas se hayan perdido para siempre.
—Y a mí me aconsejabais no aventurarme por el camino que he elegido, porque es peligroso.
—Es el consejo que una persona puede darle a otra —dijo ella—. No os pido, sin embargo, que huyáis del peligro, sino que vayais a combatir donde vuestra espada puede conquistar la fama y la victoria. No me gustaría saber que algo tan noble y tan excelso ha sido derrochado en vano.
—Ni tampoco a mí —replicó Aragorn—. Por eso, señora, os digo: ¡Quedaos! Pues nada tenéis que hacer en el Sur.
—Tampoco los que os acompañan tienen nada que hacer allí. Os siguen porque no quieren separarse de vos... porque os aman.
Y dando media vuelta Eowyn se alejó desvaneciéndose en la noche.
No bien apareció en el cielo la luz del día, antes que el sol se elevara sobre las estribaciones del Este, Aragorn se preparó para partir. Ya todos los hombres de la compañía estaban montados en las cabalgaduras, y Aragorn se disponía a saltar a la silla, cuando vieron llegar a la dama Eowyn. Vestida de caballero, ciñendo una espada, venía a despedirlos. Tenía en la mano una copa; se la llevó a los labios y bebió un sorbo, deseándoles buena suerte; luego le tendió la copa a Aragorn, y también él bebió, diciendo:
— ¡ Adiós, Señora de Rohan! Bebo por la prosperidad de vuestra Casa, y por vos, y por todo vuestro pueblo. Decidle esto a vuestro hermano: ¡Tal vez, más allá de las sombras, volvamos a encontrarnos!
Gimli y Lególas que estaban muy cerca, creyeron ver lágrimas en los ojos de Eowyn y esas lágrimas, en alguien tan grave y tan altivo, parecían aún más dolorosas. Pero ella dijo:
—¿Os iréis, Aragorn?
—Sí —respondió él.
—¿No permitiréis entonces que me una a esta Compañía, como os lo he pedido?
—No, señora —dijo él—. Pues no podría concedéroslo sin el permiso del rey y vuestro hermano; y ellos no regresarán hasta mañana. Mas ya cuento todas las horas y todos los minutos. ¡Adiós!
Eowyn cayó entonces de rodillas, diciendo:
— ¡Os lo suplico!
—No, señora —dijo otra vez Aragorn, y le tomó la mano para obligarla a levantarse, y se la besó. Y saltando sobre la silla, partió al galope sin volver la cabeza; y sólo aquellos que lo conocían bien y que estaban cerca supieron de su dolor.
Pero Eowyn permaneció inmóvil como una estatua de piedra, las manos crispadas contra los flancos, siguiendo a los hombres con la mirada hasta que se perdieron bajo el negro Dwimor, el Monte de los Espectros, donde se encontraba la Puerta de los Muertos. Cuando los jinetes desaparecieron, dio media vuelta, y con el andar vacilante de un ciego regresó a su pabellón.
Eowyn siempre ha sido mi personaje preferido de ESDLA*. Con esa fuerza y esas ganas de demostrar su valentía. Que es capaz de declarar su amor por Aragorn, que se enfrenta al rey brujo, cuando su sola presencia provoca temblores entre los valientes caballeros. Que solo teme a quedar encerrada en una jaula, sin poder demostrar todo lo que es capaz de realizar.
Y hoy te lo dedico a ti, creo que entenderás la razón.
*ESDLA: "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien.
Pero cuando Aragorn llegaba al pabellón que compartiría esa noche con Lególas y Gimli, donde sus compañeros ya habían entrado, la Dama lo siguió y lo llamó. Aragorn se volvió y la vio, una luz en la noche, pues iba vestida de blanco; pero tenía fuego en la mirada.
— ¡Aragorn! —le dijo— ¿por qué queréis tomar ese camino funesto?
—Porque he de hacerlo —fue la respuesta—. Sólo así veo alguna esperanza de cumplir mi cometido en la guerra contra Sauron. No elijo los caminos del peligro, Eowyn. Si escuchara la llamada de mi corazón, estaría a esta hora en el lejano Norte, paseando por el hermoso valle de Rivendel.
Ella permaneció en silencio un momento, como si pesara el significado de aquellas palabras. Luego, de improviso, puso una mano en el brazo de Aragorn.
—Sois un señor austero e inflexible —dijo—; así es como los hombres conquistan la gloria. — Hizo una pausa.— Señor —prosiguió—, si tenéis que partir, dejad que os siga. Estoy cansada de esconderme en las colinas, y deseo afrontar el peligro y la batalla.
—Vuestro deber está aquí entre los vuestros —respondió Aragorn.
—Demasiado he oído hablar de deber —exclamó ella—. Pero ¿no soy por ventura de la Casa de Eorl, una virgen guerrera y no una nodriza seca? Ya bastante he esperado con las rodillas flojas. Si ahora no me tiemblan, parece, ¿no puedo vivir mi vida como yo lo deseo?
—Pocos pueden hacerlo con honra —respondió Aragorn—. Pero en cuanto a vos, señora: ¿no habéis aceptado la tarea de gobernar al pueblo hasta el regreso del Señor? Si no os hubieran elegido, habrían nombrado a algún mariscal o capitán, y no podría abandonar el cargo, estuviese o no cansado de él.
— ¿Siempre seré yo la elegida? —replicó ella amargamente—. Siempre tendré yo que quedarme en casa cuando los caballeros parten, dedicada a pequeños menesteres mientras ellos conquistan la gloria, para que al regresar encuentren lecho y alimento?
— Quizá no esté lejano el día en que nadie regrese —dijo Aragorn—. Entonces ese valor sin gloria será muy necesario, pues ya nadie recordará las hazañas de los últimos defensores. Las hazañas no son menos valerosas porque nadie las alabe.
Y ella respondió:
—Todas vuestras palabras significan una sola cosa: Eres una mujer, y tu misión está en el hogar. Sin embargo, cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella, puesto que ya no la necesitarán. Pero soy de la Casa de Eorl, no una mujer de servicio. Sé montar a caballo y esgrimir una espada y no temo el sufrimiento ni la muerte.
— ¿A qué teméis, señora? —le preguntó Aragorn.
—A una jaula. A vivir encerrada detrás de los barrotes, hasta que la costumbre y la vejez acepten el cautiverio, y la posibilidad y aun el deseo de llevar a cabo grandes hazañas se hayan perdido para siempre.
—Y a mí me aconsejabais no aventurarme por el camino que he elegido, porque es peligroso.
—Es el consejo que una persona puede darle a otra —dijo ella—. No os pido, sin embargo, que huyáis del peligro, sino que vayais a combatir donde vuestra espada puede conquistar la fama y la victoria. No me gustaría saber que algo tan noble y tan excelso ha sido derrochado en vano.
—Ni tampoco a mí —replicó Aragorn—. Por eso, señora, os digo: ¡Quedaos! Pues nada tenéis que hacer en el Sur.
—Tampoco los que os acompañan tienen nada que hacer allí. Os siguen porque no quieren separarse de vos... porque os aman.
Y dando media vuelta Eowyn se alejó desvaneciéndose en la noche.
No bien apareció en el cielo la luz del día, antes que el sol se elevara sobre las estribaciones del Este, Aragorn se preparó para partir. Ya todos los hombres de la compañía estaban montados en las cabalgaduras, y Aragorn se disponía a saltar a la silla, cuando vieron llegar a la dama Eowyn. Vestida de caballero, ciñendo una espada, venía a despedirlos. Tenía en la mano una copa; se la llevó a los labios y bebió un sorbo, deseándoles buena suerte; luego le tendió la copa a Aragorn, y también él bebió, diciendo:
— ¡ Adiós, Señora de Rohan! Bebo por la prosperidad de vuestra Casa, y por vos, y por todo vuestro pueblo. Decidle esto a vuestro hermano: ¡Tal vez, más allá de las sombras, volvamos a encontrarnos!
Gimli y Lególas que estaban muy cerca, creyeron ver lágrimas en los ojos de Eowyn y esas lágrimas, en alguien tan grave y tan altivo, parecían aún más dolorosas. Pero ella dijo:
—¿Os iréis, Aragorn?
—Sí —respondió él.
—¿No permitiréis entonces que me una a esta Compañía, como os lo he pedido?
—No, señora —dijo él—. Pues no podría concedéroslo sin el permiso del rey y vuestro hermano; y ellos no regresarán hasta mañana. Mas ya cuento todas las horas y todos los minutos. ¡Adiós!
Eowyn cayó entonces de rodillas, diciendo:
— ¡Os lo suplico!
—No, señora —dijo otra vez Aragorn, y le tomó la mano para obligarla a levantarse, y se la besó. Y saltando sobre la silla, partió al galope sin volver la cabeza; y sólo aquellos que lo conocían bien y que estaban cerca supieron de su dolor.
Pero Eowyn permaneció inmóvil como una estatua de piedra, las manos crispadas contra los flancos, siguiendo a los hombres con la mirada hasta que se perdieron bajo el negro Dwimor, el Monte de los Espectros, donde se encontraba la Puerta de los Muertos. Cuando los jinetes desaparecieron, dio media vuelta, y con el andar vacilante de un ciego regresó a su pabellón.
Eowyn siempre ha sido mi personaje preferido de ESDLA*. Con esa fuerza y esas ganas de demostrar su valentía. Que es capaz de declarar su amor por Aragorn, que se enfrenta al rey brujo, cuando su sola presencia provoca temblores entre los valientes caballeros. Que solo teme a quedar encerrada en una jaula, sin poder demostrar todo lo que es capaz de realizar.
Y hoy te lo dedico a ti, creo que entenderás la razón.
*ESDLA: "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien.
Blanco versus bronceado
Wendeling nació despistada y lo tiene bastante asumido. Pero es que hay ocasiones, en que su despiste raya en lo ridículo, de tal forma, que termina teniendo verguenza, por no prestar más atención a las cosas.
La obsesión de Wen por conseguir un color de piel menos blanco-asqueroso-lechoso le ha llevado en ocasiones, a meter la pata. Viviendo en una ciudad al lado del Mediterráneo, no consigue coger un color más aceptable, solo distintos grados de rojo y más pecas.
En cierta ocasión, en una exposición de bronceadores, su jefe le propuso hacer con ella y una compañera de trabajo "un antes y un después". Wendeling no aceptó, más que nada, porque sentía envidia de la compañera, con su color perfecto de moreno. Eso no impidió que durante varias semanas espiara a Chiara (así se llamaba) para averiguar que bronceador usaba. Incluso llegó a invitarla a la playa, pero su compi, siempre rechazaba irse de "lagarto" con Wen.
Algo mosqueda, y sin tener motivo de disculpa por lo que hizo... Wen decidió rebuscar en el bolso de Chiara y encontrarle el bronceador secreto, porque seguro que lo guardaba para que nadie tuviera su color de piel perfecto. Y por descontado, la pillaron.
- ¿Qué haces?
-. ¿eh?... Per... perdón... se me acabó el bronceador y buscaba el tuyo.
- NO me gusta el sol.
- ¿Cómo? - dijo Wendeling, devolviendo el bolso a Chiara y toda roja por la verguenza.
- Que no me gusta la playa y el sol, nunca voy, no uso bronceador.
- No digas tonterías, mira que piel tienes, eso es de tomar todos los días el sol, no querrás engañarme ahora - Wen, seguía en sus trece de que Chiara no quería decirle la marca.
- Wen, se que eres buena persona y no me voy a enfadar por lo que has hecho. Pero encima no me llames mentirosa.
- Lo siento. Pero es que no consigo ponerme nunca morena y te tengo envidia.
- Y yo tengo envidia de tu piel, tan blanca
- ¿A mi? ¿Me tienes envidia a mi? Pero si parece que tomo el sol tras un colador. Ya podrías decirme como has conseguido ese color.
- Es fácil. Mi madre es brasileña.
- Pues más a mi favor, a los brasileños les encanta la playa.
- A ver, Wen, piensa un poquito. No me gusta el sol, no voy a la playa, no me "tuesto". ¡¡¡¡Es mi color de piel natural porque mi abuela es mulata!!!!
En ese momento fue cuando Wendeling cayó en la cuenta de su metedura de pata y cuando se dijo "tierra trágame"... pero naturalmente, la tierra no se la tragó, en pago a lo que había hecho y para que aprendiera de una vez, que todos debemos conformarnos y aprender a querernos tal y como somos.
La obsesión de Wen por conseguir un color de piel menos blanco-asqueroso-lechoso le ha llevado en ocasiones, a meter la pata. Viviendo en una ciudad al lado del Mediterráneo, no consigue coger un color más aceptable, solo distintos grados de rojo y más pecas.
En cierta ocasión, en una exposición de bronceadores, su jefe le propuso hacer con ella y una compañera de trabajo "un antes y un después". Wendeling no aceptó, más que nada, porque sentía envidia de la compañera, con su color perfecto de moreno. Eso no impidió que durante varias semanas espiara a Chiara (así se llamaba) para averiguar que bronceador usaba. Incluso llegó a invitarla a la playa, pero su compi, siempre rechazaba irse de "lagarto" con Wen.
Algo mosqueda, y sin tener motivo de disculpa por lo que hizo... Wen decidió rebuscar en el bolso de Chiara y encontrarle el bronceador secreto, porque seguro que lo guardaba para que nadie tuviera su color de piel perfecto. Y por descontado, la pillaron.
- ¿Qué haces?
-. ¿eh?... Per... perdón... se me acabó el bronceador y buscaba el tuyo.
- NO me gusta el sol.
- ¿Cómo? - dijo Wendeling, devolviendo el bolso a Chiara y toda roja por la verguenza.
- Que no me gusta la playa y el sol, nunca voy, no uso bronceador.
- No digas tonterías, mira que piel tienes, eso es de tomar todos los días el sol, no querrás engañarme ahora - Wen, seguía en sus trece de que Chiara no quería decirle la marca.
- Wen, se que eres buena persona y no me voy a enfadar por lo que has hecho. Pero encima no me llames mentirosa.
- Lo siento. Pero es que no consigo ponerme nunca morena y te tengo envidia.
- Y yo tengo envidia de tu piel, tan blanca
- ¿A mi? ¿Me tienes envidia a mi? Pero si parece que tomo el sol tras un colador. Ya podrías decirme como has conseguido ese color.
- Es fácil. Mi madre es brasileña.
- Pues más a mi favor, a los brasileños les encanta la playa.
- A ver, Wen, piensa un poquito. No me gusta el sol, no voy a la playa, no me "tuesto". ¡¡¡¡Es mi color de piel natural porque mi abuela es mulata!!!!
En ese momento fue cuando Wendeling cayó en la cuenta de su metedura de pata y cuando se dijo "tierra trágame"... pero naturalmente, la tierra no se la tragó, en pago a lo que había hecho y para que aprendiera de una vez, que todos debemos conformarnos y aprender a querernos tal y como somos.
Blanquita
Se llamaba Blanquita, porque era por completo castaña... Cosas de una Wendeling niña, con 6 años, cuando su abuelo le preguntó que nombre le ponían al nuevo componente de la familia.
Blanquita era una mula, ya sabéis, la hija del cruce entre una yegua y un burro. Grande (o para el tamaño de Wendeling... muy grande) con orejas bastante desarrolladas y una cara simpática.
Venía a la familia como ayudante del abuelo de Wen, en las tareas del campo. Y aunque la avisaron miles de veces, que tuviera cuidado con ella, sobre todo si pasaba por detrás mientras estaba en la cuadra... o jugaba entre sus patas. Wendeling supo nada más mirarla a los ojos, que jamás le haría daño. Fue amistad a primera vista.
Blanquita se convirtió en la compañera de aventuras imaginarias de Wendeling durante los años en que vivió en la casa del Fantasma. Fue su corcel, cuando era un caballero... su "Dr. Watson" si era una detective... incluso su barco, si la aventura era de piratas. Y jamás olvidará la de veces, en que la ha saludado dando un lametón con su enorme lengua, en el que la limpiaba toda la cara (ahora al recordarlo, Wen siente cierto asco... pero entonces le divertía las cosquillitas que le provocaba Blanquita).
A pesar de la fama de cabezotas que tienen los mulos, Blanquita siempre hizo caso de Wen... incluso en aquella romería en que la engalanó con lazos de colores las crines, a escondidas (porque su abuelo, no le había dado permiso), después de lavarla y cepillarla. Cuando el abuelo, enfadado, fue a quitárselos, Blanquita se revolvió y no consintió. Y aunque los niños se rieron de como iba Blanquita... Wen la llevaba muy orgullosa, con su espalda derecha y sonriendo.
- ¿Cómo te ha dejado que le hagas eso? ¡Vaya tontería!
- Porque Blanquita es mi amiga.
- Los mulos no son amigos, son cabezotas y solo sirven para trabajar en el campo.
- No lo digas muy fuerte, vaya que se enfade y te de una coz... Blanquita es mi amiga.
El día que le dijeron al volver del colegio, que Blanquita estaba enferma, Wendeling corrió a la cuadra, pero ya no la encontró.
Y hoy, ha vuelto a recordar a su compañera de tantas aventuras, mándadole un enorme beso... allí donde Blanquita se encuentre.
Blanquita era una mula, ya sabéis, la hija del cruce entre una yegua y un burro. Grande (o para el tamaño de Wendeling... muy grande) con orejas bastante desarrolladas y una cara simpática.
Venía a la familia como ayudante del abuelo de Wen, en las tareas del campo. Y aunque la avisaron miles de veces, que tuviera cuidado con ella, sobre todo si pasaba por detrás mientras estaba en la cuadra... o jugaba entre sus patas. Wendeling supo nada más mirarla a los ojos, que jamás le haría daño. Fue amistad a primera vista.
Blanquita se convirtió en la compañera de aventuras imaginarias de Wendeling durante los años en que vivió en la casa del Fantasma. Fue su corcel, cuando era un caballero... su "Dr. Watson" si era una detective... incluso su barco, si la aventura era de piratas. Y jamás olvidará la de veces, en que la ha saludado dando un lametón con su enorme lengua, en el que la limpiaba toda la cara (ahora al recordarlo, Wen siente cierto asco... pero entonces le divertía las cosquillitas que le provocaba Blanquita).
A pesar de la fama de cabezotas que tienen los mulos, Blanquita siempre hizo caso de Wen... incluso en aquella romería en que la engalanó con lazos de colores las crines, a escondidas (porque su abuelo, no le había dado permiso), después de lavarla y cepillarla. Cuando el abuelo, enfadado, fue a quitárselos, Blanquita se revolvió y no consintió. Y aunque los niños se rieron de como iba Blanquita... Wen la llevaba muy orgullosa, con su espalda derecha y sonriendo.
- ¿Cómo te ha dejado que le hagas eso? ¡Vaya tontería!
- Porque Blanquita es mi amiga.
- Los mulos no son amigos, son cabezotas y solo sirven para trabajar en el campo.
- No lo digas muy fuerte, vaya que se enfade y te de una coz... Blanquita es mi amiga.
El día que le dijeron al volver del colegio, que Blanquita estaba enferma, Wendeling corrió a la cuadra, pero ya no la encontró.
Y hoy, ha vuelto a recordar a su compañera de tantas aventuras, mándadole un enorme beso... allí donde Blanquita se encuentre.
Sigo...
En ocasiones, no podemos evitar, sentirnos mal en nuestra propia soledad, aunque sea autoimpuesta, aunque sea el camino que hemos elegido. Y nuestro corazón se encoge, llorando desesperado por ese alguien que nos gustaría que nos consolara.
En ocasiones, sentirnos solos no implica estar solos, sino que la persona que deseemos que esté con nosotros, no lo está.
En ocasiones, sentir alguien cerca, no implica que esté a nuestro lado, sino sentir que lo está, aunque se halle lejos.
Y anoche, mi corazón lloró, por sentirse solo, por no encontrar cerca, aunque fuera en la distancia a la persona que ama.
Lo siento, pero me cuesta trabajo volver a acostumbrarme a la soledad. Y necesito decirlo, aunque a ti te haga daño. No es venganza, no es despecho, solo es un deseo, ya trasnochado, de sentirte cerca como antes.
...Y ahora, el llanto me acompaña en mis sueños.
En ocasiones, sentirnos solos no implica estar solos, sino que la persona que deseemos que esté con nosotros, no lo está.
En ocasiones, sentir alguien cerca, no implica que esté a nuestro lado, sino sentir que lo está, aunque se halle lejos.
Y anoche, mi corazón lloró, por sentirse solo, por no encontrar cerca, aunque fuera en la distancia a la persona que ama.
Lo siento, pero me cuesta trabajo volver a acostumbrarme a la soledad. Y necesito decirlo, aunque a ti te haga daño. No es venganza, no es despecho, solo es un deseo, ya trasnochado, de sentirte cerca como antes.
...Y ahora, el llanto me acompaña en mis sueños.
Hay noticias que me pueden
Lo siento, hay noticias que me pueden. Como mujer y como madre he soportado muchas injusticias, sobre todo referentes a los roles que nos corresponden como "mujeres". Pero cuando leo noticias como esta hace que me replantee si la parte masculina del ser humano puede considerarse persona (perdonar, chicos, en este momento solo es rabia acumulada por no poder hacer nada).
Que sí, que estoy a favor del derecho de presunción de inocencia de cualquier acusado, pero esas niñas son las víctimas, no las acusadoras de un delito menor... y hay muchas formas de declarar lo que les sucedió... pero obligarlas a hacerlo delante de esa persona, por la intrasigencia del juez, solo me demuestra que ese juez tendrá muchos estudios, pero carece de la educación mínima ante unos seres indefensos.
No estoy a favor del ojo por ojo (aunque en momentos de rabia pueda llegar a pensar lo que he dicho antes), pero me gustaría que ese juez sintiera lo que una mujer (y más una niña de 8 años) puede sentir ante una violación, la indefensión y el sentimiento de culpa, los problemas de personalidad que puede desarrollar y encima, tener que demostrar ante la persona que lo hizo y ante un juez machista (porque no puedo decir menos de esa persona) todo el daño que le hicieron.
Lo siento, hay noticias que me pueden.
Que sí, que estoy a favor del derecho de presunción de inocencia de cualquier acusado, pero esas niñas son las víctimas, no las acusadoras de un delito menor... y hay muchas formas de declarar lo que les sucedió... pero obligarlas a hacerlo delante de esa persona, por la intrasigencia del juez, solo me demuestra que ese juez tendrá muchos estudios, pero carece de la educación mínima ante unos seres indefensos.
No estoy a favor del ojo por ojo (aunque en momentos de rabia pueda llegar a pensar lo que he dicho antes), pero me gustaría que ese juez sintiera lo que una mujer (y más una niña de 8 años) puede sentir ante una violación, la indefensión y el sentimiento de culpa, los problemas de personalidad que puede desarrollar y encima, tener que demostrar ante la persona que lo hizo y ante un juez machista (porque no puedo decir menos de esa persona) todo el daño que le hicieron.
Lo siento, hay noticias que me pueden.
Puedo ser feliz con tan poco...
No es tan difícil conseguir una sonrisa tuya, una mirada, una risa. No es tan difícil terminar una conversación interesante, a carcajadas, satisfechos de nuestra amistad, no es tan dificil acariciarte, perderme en tus ojos, en tu olor... No es tan difícil amarte, soñar que me amas...
Me conformo con tan poco, solo deseo verte feliz, seguir conservando tu amistad, riéndome contigo. No te alejes de mi.
Aceptaré esa lejanía, si veo que te sientes mejor, pero no digas que es por mi bien... porque me haces daño.
¿No te das cuenta que me siento feliz si te veo bien? Pero has pasado de estar todos los días un ratito conmigo, aunque fuera una sonrisa... a días desaparecido, sin ni siquiera una mirada.
Puedo aceptar que no me ames, que no desees compartir tu vida conmigo. Pero me cuesta aceptar que te alejes.
Una simple sonrisa tuya, me hace feliz... es tan poco... no me la niegues. Echo de menos incluso un "hola, mi señora maia".
Puedo ser feliz con tan poco...
Me conformo con tan poco, solo deseo verte feliz, seguir conservando tu amistad, riéndome contigo. No te alejes de mi.
Aceptaré esa lejanía, si veo que te sientes mejor, pero no digas que es por mi bien... porque me haces daño.
¿No te das cuenta que me siento feliz si te veo bien? Pero has pasado de estar todos los días un ratito conmigo, aunque fuera una sonrisa... a días desaparecido, sin ni siquiera una mirada.
Puedo aceptar que no me ames, que no desees compartir tu vida conmigo. Pero me cuesta aceptar que te alejes.
Una simple sonrisa tuya, me hace feliz... es tan poco... no me la niegues. Echo de menos incluso un "hola, mi señora maia".
Puedo ser feliz con tan poco...
Consejos de Ithilien a su madre
Ithilien y su madre van camino del polideportivo donde entrena habitualmente. En un momento determinado, Wen se para delante de un escaparate y admira la ropa expuesta.
- Mira que camiseta tan bonita
- Si mami, pero mira, vale 33,90 € y eso es muy caro.
- Pero también muy bonita.
Siguen andando.
- Mami, ¿Sabes que los sitios caros venden cosas muyyyyyyy caras?
Wendeling mira a su hija
- Mira mami, lo que debes hacer es mirar escaparates de tiendas que no sean tan caras, que seguro que también tienen camisetas muy bonitas. Porque tenemos que ahorrar dinero. Todo está muy caro y no podemos quedarnos sin dinero hasta que cobres.
Wendeling sigue sonriendo escuchando los consejos de su hija.
Instantes después al pasar delante de la heladería:
- ¿Mami me compras un helado?
- ¿Pero no teníamos que ahorrar para no quedarnos sin dinero?
- No mami, tienes que ahorrar tu, yo quiero que me compres un helado.
Wendeling vuelve a mirar a su hija, dudando si besarla o darle un bocado en el moflete...
Nota: Estel ha actualizado su blog con un nuevo cuento.
- Mira que camiseta tan bonita
- Si mami, pero mira, vale 33,90 € y eso es muy caro.
- Pero también muy bonita.
Siguen andando.
- Mami, ¿Sabes que los sitios caros venden cosas muyyyyyyy caras?
Wendeling mira a su hija
- Mira mami, lo que debes hacer es mirar escaparates de tiendas que no sean tan caras, que seguro que también tienen camisetas muy bonitas. Porque tenemos que ahorrar dinero. Todo está muy caro y no podemos quedarnos sin dinero hasta que cobres.
Wendeling sigue sonriendo escuchando los consejos de su hija.
Instantes después al pasar delante de la heladería:
- ¿Mami me compras un helado?
- ¿Pero no teníamos que ahorrar para no quedarnos sin dinero?
- No mami, tienes que ahorrar tu, yo quiero que me compres un helado.
Wendeling vuelve a mirar a su hija, dudando si besarla o darle un bocado en el moflete...
Nota: Estel ha actualizado su blog con un nuevo cuento.
Soy egoista... ¿¿¿y....???
¿Por qué las personas que deciden no tener hijos, siempre terminan por echarte en cara que has traido unos hijos a este mundo para sufrir? Si yo respeto su decisión de no tenerlos ¿Por qué ellos no hacen lo mismo con mi decisión de tenerlos? ¿Por qué acusan a las personas con hijos de egoistas, que solo piensan en lo que sus hijos pueden darles y no caen en la cuenta que son ellos los que no quieren compartir lo que tienen con la responsabilidad de unos hijos?
Todas las decisiones son aceptables y respetables. Lo que ya no me gusta es que utilicen esas decisiones que han tomado para justificarse y atacar a los demás.
Puedo aceptar que alguien que no tiene como mantenerse por si mismo, decida no tener hijos. Pero que alguien que dispone de un sueldazo, con varias viviendas, coches de lujo y las últimas tecnologías. Que no desprecie una salida o un viaje... me suelte que él no trae hijos a este mundo para que sufran. Y encima me acuse de egoista por no pensar en ellos.
Verdad es que vivo con poco dinero y a final de mes siempre tengo que hacer cuentas para ver si llego. Verdad es que no tengo televisión de plasma, ni playstation (o como se diga), que en mi casa no dispongo de aire acondicionado ni de los cuarenta canales de Via Digital. Verdad es que no dispongo de bastante dinero para que mis hijas vistan a la última, ni usan zapatos de marca. Verdad es que no puedo llevarlas a comer un par de veces a la semana al McDonalds y tienen con conformarse con un par de veces al año. Verdad es que no puedo llevarlas a Eurodisney ni algún sitio similar... pero a mis hijas no les falta comida, ropa y vivienda y tienen el amor y el cariño de sus padres, aparte de una biblioteca a 100 metros de casa y varios parques en los que juegan con otros niños. Verdad es que me siento feliz cuando me dicen mami te quiero, o cuando les veo la cara de ilusión al comprarle unos zapatos nuevos. Verdad es que estoy dando mi vida por ellas.
Y que ahora venga y me acuse de egoista por traer unos hijos a este mundo de sufrimiento.
Todas las decisiones son aceptables y respetables. Lo que ya no me gusta es que utilicen esas decisiones que han tomado para justificarse y atacar a los demás.
Puedo aceptar que alguien que no tiene como mantenerse por si mismo, decida no tener hijos. Pero que alguien que dispone de un sueldazo, con varias viviendas, coches de lujo y las últimas tecnologías. Que no desprecie una salida o un viaje... me suelte que él no trae hijos a este mundo para que sufran. Y encima me acuse de egoista por no pensar en ellos.
Verdad es que vivo con poco dinero y a final de mes siempre tengo que hacer cuentas para ver si llego. Verdad es que no tengo televisión de plasma, ni playstation (o como se diga), que en mi casa no dispongo de aire acondicionado ni de los cuarenta canales de Via Digital. Verdad es que no dispongo de bastante dinero para que mis hijas vistan a la última, ni usan zapatos de marca. Verdad es que no puedo llevarlas a comer un par de veces a la semana al McDonalds y tienen con conformarse con un par de veces al año. Verdad es que no puedo llevarlas a Eurodisney ni algún sitio similar... pero a mis hijas no les falta comida, ropa y vivienda y tienen el amor y el cariño de sus padres, aparte de una biblioteca a 100 metros de casa y varios parques en los que juegan con otros niños. Verdad es que me siento feliz cuando me dicen mami te quiero, o cuando les veo la cara de ilusión al comprarle unos zapatos nuevos. Verdad es que estoy dando mi vida por ellas.
Y que ahora venga y me acuse de egoista por traer unos hijos a este mundo de sufrimiento.
Reflexiones...
... de Estel
- Mami ¿por qué tiene que haber hombres malos?
- Porque la vida es así y tiene que haber de todo. Hay personas buenas y personas malas. Y hay que tener cuidado porque realmente nunca sabemos cuando una persona no es tan buena como puede parecer.
- Pero si no hubiera hombres malos, no tendríamos que preocuparnos de que nos hicieran daño.
- Pues si. Pero la vida es así de complicada.
- Pues vaya, a mi me gustaría vivir una vida en la que no tuviera que preocuparme de si ese hombre es malo o quiere hacerme daño.
- No solo hay hombres malos, también hay mujeres, no lo olvides.
- Lo sé, mami.
--ooOOoo--
- Mami ¿cómo podemos saber si un hombre es malo o no?
- Es difícil de saber. Primero tienes que tener muy claro que no se pueden confiar en todas las personas. En principio solo en las que sepas que te quieren mucho.
- ¿Cómo papi, tú y las abuelas?
- Si. Después tienes que ser una chica muy inteligente, aprender y observar a las personas. Y terminar tomando decisiones por ti misma, no por lo que digan los demás.
- Pero es que yo muchas cosas no lo sé.
- Para eso tienes que aprender y ahora mismo estamos papá y yo para explicarte si tienes alguna duda.
- Vale.
- ¿Por qué estás tan preocupada por los hombres malos?
- Porque a veces veo cosas que no me gustan, pero no se si están mal o no.
- Cuando tengas esas dudas, pregúntanos y te lo podemos explicar. Aunque no sabemos todo, pero si hemos tenido más tiempo para aprender.
- Si, eres muy vieja, vas a cumplir 38 años.
- ¡Estel!
- Pero muy guapa también.
- Sí, si... ahora arréglalo.
Nota: Espero que esa confianza que siente Estel por su madre dure mucho tiempo. Wendeling está realmente orgullosa de como crecen y maduran sus hijas.
- Mami ¿por qué tiene que haber hombres malos?
- Porque la vida es así y tiene que haber de todo. Hay personas buenas y personas malas. Y hay que tener cuidado porque realmente nunca sabemos cuando una persona no es tan buena como puede parecer.
- Pero si no hubiera hombres malos, no tendríamos que preocuparnos de que nos hicieran daño.
- Pues si. Pero la vida es así de complicada.
- Pues vaya, a mi me gustaría vivir una vida en la que no tuviera que preocuparme de si ese hombre es malo o quiere hacerme daño.
- No solo hay hombres malos, también hay mujeres, no lo olvides.
- Lo sé, mami.
--ooOOoo--
- Mami ¿cómo podemos saber si un hombre es malo o no?
- Es difícil de saber. Primero tienes que tener muy claro que no se pueden confiar en todas las personas. En principio solo en las que sepas que te quieren mucho.
- ¿Cómo papi, tú y las abuelas?
- Si. Después tienes que ser una chica muy inteligente, aprender y observar a las personas. Y terminar tomando decisiones por ti misma, no por lo que digan los demás.
- Pero es que yo muchas cosas no lo sé.
- Para eso tienes que aprender y ahora mismo estamos papá y yo para explicarte si tienes alguna duda.
- Vale.
- ¿Por qué estás tan preocupada por los hombres malos?
- Porque a veces veo cosas que no me gustan, pero no se si están mal o no.
- Cuando tengas esas dudas, pregúntanos y te lo podemos explicar. Aunque no sabemos todo, pero si hemos tenido más tiempo para aprender.
- Si, eres muy vieja, vas a cumplir 38 años.
- ¡Estel!
- Pero muy guapa también.
- Sí, si... ahora arréglalo.
Nota: Espero que esa confianza que siente Estel por su madre dure mucho tiempo. Wendeling está realmente orgullosa de como crecen y maduran sus hijas.
¿Volver a ser o reinventarse?
Cuando Wendeling pensó tomar de nuevo las riendas de su vida, decidió que era mejor reinventarse a recuperar lo perdido. Porque ¿se puede ser como se fue? La fuerza, voluntad, ilusión, ganas de vivir de ella hace doce años, se quedaron por el camino un buen día.
Pero hoy ha sentido el deseo de ser lo que fue. Ante unas personas que tenían esas mismas ganas de vivir que tuvo ella; y de las que se ha sentido inferior, por su edad, por su deseos de sobrevivir más que de vivir. Esas personas tienen un futuro por delante y Wendeling lleva un pasado a sus espaldas y unas obligaciones que le impiden hacer lo que realmente le gustaría.
Eso si, no se arrepiente de lo que ha vivido, solo de la forma de morir, de no tomar decisiones y dejarse llevar, por lo que los demás y la sociedad consideraba adecuado; por no hacer daño a una persona por la que pensó, merecía la pena sacrificarse.
Al salir de esa entrevista de trabajo, la única idea que se le vino a la cabeza a Wen fue: "Ufff... que complicado es reinventarse en una sociedad de jóvenes... y que bueno está el Sr. Moreno".
Y la vida sigue y Wendeling ya no se queda atrás mirándola pasar...
Pero hoy ha sentido el deseo de ser lo que fue. Ante unas personas que tenían esas mismas ganas de vivir que tuvo ella; y de las que se ha sentido inferior, por su edad, por su deseos de sobrevivir más que de vivir. Esas personas tienen un futuro por delante y Wendeling lleva un pasado a sus espaldas y unas obligaciones que le impiden hacer lo que realmente le gustaría.
Eso si, no se arrepiente de lo que ha vivido, solo de la forma de morir, de no tomar decisiones y dejarse llevar, por lo que los demás y la sociedad consideraba adecuado; por no hacer daño a una persona por la que pensó, merecía la pena sacrificarse.
Al salir de esa entrevista de trabajo, la única idea que se le vino a la cabeza a Wen fue: "Ufff... que complicado es reinventarse en una sociedad de jóvenes... y que bueno está el Sr. Moreno".
Y la vida sigue y Wendeling ya no se queda atrás mirándola pasar...
... y con lo bien que me siento....
Os aseguro que quiero tomarme la vida con más calma, con sonrisas. Que intento disfrutar de todo lo que tengo. ¿Qué me duelen los pies? pues nada, un baño relajadito en mi mini bañera... eso si, si quiero sentarme, tengo que sacar los pies por el borde. ¿Qué me siento estresada? pues nada, un baño relajadito en mi mini bañera... eso si, si quiero sentarme, tengo que volver a sacar los pies por el borde... apss... no, que ya los tenía por fuera ¿Qué si al intentar levantarme de la bañera, no puedo hacerlo? Pues nada, ataque de risa de los mios, porque termino por darme el coscorrón con la estantería del borde y por no llorar... eso si, un hermoso chichón que intenta decorar mi frente. ¿Qué cuando consigo salir de la bañera y me miro en el espejo pienso "con lo buena que estoy y que no tenga un hombre en este momento a mi lado..."? pues nada, razón de automimos que sientan fenomenal, sobre todo cuando tienes la imaginación siempre en "on" y terminas fantaseando con un buen mozo de pelo largo y gafas (para los que tengan la vista bien, informar que para mi, las gafas en un hombre son un fetiche... siempre me han puesto a tono).
Mira que me gusta quejarme, con lo agustito que estoy en este momento, después de mi baño relajante, mi chichón decorativo y mi ración de automimos con fantasía de morenazo incluido.
En este momento solo necesito acompañante para el día 19, que disponga de entrada para el estreno de "La venganza de los Sith" y me sentiré la mujer más sonriente del planeta, bueno, no me iré tan lejos... la mujer más feliz de mi casa.
Y como estoy generosa, ¡¡¡hala!!! os dejo una caja llena de besos, que cada uno escoga los que quiera.
Mira que me gusta quejarme, con lo agustito que estoy en este momento, después de mi baño relajante, mi chichón decorativo y mi ración de automimos con fantasía de morenazo incluido.
En este momento solo necesito acompañante para el día 19, que disponga de entrada para el estreno de "La venganza de los Sith" y me sentiré la mujer más sonriente del planeta, bueno, no me iré tan lejos... la mujer más feliz de mi casa.
Y como estoy generosa, ¡¡¡hala!!! os dejo una caja llena de besos, que cada uno escoga los que quiera.
La vida
La vida sonrie
por los ojos del mundo.
La vida es un amor
apenas contemplado.
La vida, ese eterno lenguaje
de los árboles y los pájaros.
La vida algo más
que un dolor continuado,
un quehacer,
una monotonía.
En la vida
quiero perderme,
necesito florecer con la vida,
despertarme con los rayos del sol
y jugar a ser flor que se abre,
un riachuelo camino del mar
o la mariposa blanca de la tarde.
Necesito ser la vida
de este corazón mío
y prender una hoguera
donde quemar lo estéril.
La vida,
la vida verdadera,
es lo que necesito.
Me prometo, prometo a mi vida, no volver a sentirme muerta. No volver a intentarlo. Necesito la vida verdadera y para ello, necesito amar.
Te amo, y por eso tiemblo en este momento, por no poder acariciarte. Duele en el pecho no tenerte cerca, no mirarte a los ojos, no lamerte los labios.
Mis lágrimas solo son expresión de mi amor, de mi vida, de sentirme viva.
Prefiero amar, aunque duela, aunque estés lejos, aunque realmente no seas para mi. A perder mi vida, a sentirme muerta.
Y sentada en este rincón, acurrucada, abrazándome, siento mi vida.
Son mis brazos, no los tuyos. Es mi vida, ojalá fuera la tuya.
Dices que soy increible, déjame demostrártelo.
Estoy viva y te quiero.
por los ojos del mundo.
La vida es un amor
apenas contemplado.
La vida, ese eterno lenguaje
de los árboles y los pájaros.
La vida algo más
que un dolor continuado,
un quehacer,
una monotonía.
En la vida
quiero perderme,
necesito florecer con la vida,
despertarme con los rayos del sol
y jugar a ser flor que se abre,
un riachuelo camino del mar
o la mariposa blanca de la tarde.
Necesito ser la vida
de este corazón mío
y prender una hoguera
donde quemar lo estéril.
La vida,
la vida verdadera,
es lo que necesito.
Me prometo, prometo a mi vida, no volver a sentirme muerta. No volver a intentarlo. Necesito la vida verdadera y para ello, necesito amar.
Te amo, y por eso tiemblo en este momento, por no poder acariciarte. Duele en el pecho no tenerte cerca, no mirarte a los ojos, no lamerte los labios.
Mis lágrimas solo son expresión de mi amor, de mi vida, de sentirme viva.
Prefiero amar, aunque duela, aunque estés lejos, aunque realmente no seas para mi. A perder mi vida, a sentirme muerta.
Y sentada en este rincón, acurrucada, abrazándome, siento mi vida.
Son mis brazos, no los tuyos. Es mi vida, ojalá fuera la tuya.
Dices que soy increible, déjame demostrártelo.
Estoy viva y te quiero.
Ya va siendo hora
Wendeling acaba de llegar del trabajo, se encuentra muy cansada, con ganas de sentarse, pero también hambrienta. Al final decide por comer algo.
Sentada delante de la mesa... piensa. Ya va siendo hora.
Poco a poco está adaptándose a su nueva vida. Una vida que ha escogido ella, aunque no es la que había soñado años antes. Pero es su vida. Sus hijas, su trabajo, su casa, su no-pareja,... intentando volver a unir sus sueños rotos. Tiene guardados todos los pedacitos en una caja y... Ya va siendo hora.
¿Será capaz?
Wendeling se levanta, se acerca a la puerta del salón.
La cierra.
Tiembla y termina por arrodillarse en el suelo.
Delante hay un paquete de pañales empezado. Llevan ahí 121 meses.
- Es absurdo. Lo sé. No sirven para nada, solo para hacerme sufrir más. Ya va siendo hora... si... vamos Wen. No muerden.
Se decide y alarga su mano. Ésta se para a unos centímetros del paquete. Unas lágrimas intentan escapar de sus ojos.
- Mira que eres tonta, llorar por unos pañales.
"Son sus pañales, si los quitas de ahí, el desaparecerá por completo, como si no hubiera existido".
Termina por cogerlos. Saca uno de ellos y lo abraza. Corre y lo guarda en un cajón de su dormitorio, debajo de las sábanas.
Se muerde el labio para aguantar las lágrimas. Lleva el paquete agarrado en su mano derecha.
La puerta de la casa. Sube una planta y llama a una puerta.
- Hola. Mira, he encontrado un paquete de pañales a medio gastar en casa, por si pueden servirte para tu hijo.
- Gracias, eso siempre viene bien. Pero, tus hijas ya son mayores ¿no?
- Si, es que estuvo hace tiempo mi sobrino en casa y se quedaron allí y nunca me acuerdo de llevárselos. Así que me he acordado de ti y recuerdo lo bien que vienen los pañales.
- Claro que si, gracias de nuevo.
- De nada.
Wendeling baja corriendo las escaleras. Entra, cierra y se para en medio del salón. Mira tras la puerta.
Ya no están.
Despacio, muy despacio, se dirige a su dormitorio y coge el pañal que guardó un momento antes. Lo abraza. Por fin empieza a llorar.
Se sienta en la cama y acuna ese pañal.
"Mi niño, quiero a mi niño, quiero a mi niño..."
Ese trocito de sueño seguirá roto para siempre.
Sentada delante de la mesa... piensa. Ya va siendo hora.
Poco a poco está adaptándose a su nueva vida. Una vida que ha escogido ella, aunque no es la que había soñado años antes. Pero es su vida. Sus hijas, su trabajo, su casa, su no-pareja,... intentando volver a unir sus sueños rotos. Tiene guardados todos los pedacitos en una caja y... Ya va siendo hora.
¿Será capaz?
Wendeling se levanta, se acerca a la puerta del salón.
La cierra.
Tiembla y termina por arrodillarse en el suelo.
Delante hay un paquete de pañales empezado. Llevan ahí 121 meses.
- Es absurdo. Lo sé. No sirven para nada, solo para hacerme sufrir más. Ya va siendo hora... si... vamos Wen. No muerden.
Se decide y alarga su mano. Ésta se para a unos centímetros del paquete. Unas lágrimas intentan escapar de sus ojos.
- Mira que eres tonta, llorar por unos pañales.
"Son sus pañales, si los quitas de ahí, el desaparecerá por completo, como si no hubiera existido".
Termina por cogerlos. Saca uno de ellos y lo abraza. Corre y lo guarda en un cajón de su dormitorio, debajo de las sábanas.
Se muerde el labio para aguantar las lágrimas. Lleva el paquete agarrado en su mano derecha.
La puerta de la casa. Sube una planta y llama a una puerta.
- Hola. Mira, he encontrado un paquete de pañales a medio gastar en casa, por si pueden servirte para tu hijo.
- Gracias, eso siempre viene bien. Pero, tus hijas ya son mayores ¿no?
- Si, es que estuvo hace tiempo mi sobrino en casa y se quedaron allí y nunca me acuerdo de llevárselos. Así que me he acordado de ti y recuerdo lo bien que vienen los pañales.
- Claro que si, gracias de nuevo.
- De nada.
Wendeling baja corriendo las escaleras. Entra, cierra y se para en medio del salón. Mira tras la puerta.
Ya no están.
Despacio, muy despacio, se dirige a su dormitorio y coge el pañal que guardó un momento antes. Lo abraza. Por fin empieza a llorar.
Se sienta en la cama y acuna ese pañal.
"Mi niño, quiero a mi niño, quiero a mi niño..."
Ese trocito de sueño seguirá roto para siempre.
Pequeña Wendeling
Wen nunca ha sido una mujer bajita, más bien al contrario, con sus 1,70 + 0,10 metros ha tenido algunos problemillas con toldos de establecimientos comerciales, e incluso, con distintos hombres con los que ha salido. Normalmente a los chicos les molesta levantar la mirada para mirar a una mujer... y no digamos si es para besarla. Parece que les hiere en su hombría que ella sea más alta.
Pero hoy Wendeling se ha sentido pequeñita.
Esta mañana, esperando el bus, ha oido a sus espaldas hablar en ingles. La curiosidad innata de Wen ha hecho que vuelva la cabeza y... ¡sorpresa! no ha visto a una persona. Era un cintura: unos pantalones y una camiseta oscura... a la altura de sus ojos. Wendeling ha ido levantando la mirada y ha tenido que dar un paso atrás, para tropezarse con el hombre más alto que ha visto en su vida.
Cuando esa cintura con piernas se ha dado cuenta que Wendeling lo observaba, le ha dirigido una enorme y blanca sonrisa de oreja a oreja. Lo de blanca viene por la cantidad de dientes grandes y blancos que cabian en esa boca. Ella cree que ese hombre tenía más de los 32 dientes establecidos, porque se le veían muchos.
Wendeling ha devuelto la sonrisa, algo sonrojada, porque la han pillado "in fraganti". Pero en su descargo tiene que nunca había tenido a menos de un par de pasos de distancia, un hombre que supera los 2 metros de altura con creces (el hermano de Wen ronda los 1,90 m, sabe lo que es un hombre alto... ¿pero tanto?).
Minutos después llega el bus. Wendeling entra y se sienta. Instantes después sube el primer escalón la cintura con piernas, paga su billete, levanta la vista y sonríe a Wendeling, a la que han vuelto a pillar mirándolo.
Sube el segundo escalón del bus.
¡CLONK!
Durante unos segundos, el interior del autobús ha simulado ser una enorme campana... cuyo badajo a encogido la cabeza automáticamente mientras se la rascaba. Sonrisas abiertas de todos los ocupantes del autobús, incluso alguna carcajada algo oculta. Y unas palabras con acento inglés al pasar al lado de Wendeling:
- Esto me pasa por despistarme una sonrisa tan bonita.
Pero hoy Wendeling se ha sentido pequeñita.
Esta mañana, esperando el bus, ha oido a sus espaldas hablar en ingles. La curiosidad innata de Wen ha hecho que vuelva la cabeza y... ¡sorpresa! no ha visto a una persona. Era un cintura: unos pantalones y una camiseta oscura... a la altura de sus ojos. Wendeling ha ido levantando la mirada y ha tenido que dar un paso atrás, para tropezarse con el hombre más alto que ha visto en su vida.
Cuando esa cintura con piernas se ha dado cuenta que Wendeling lo observaba, le ha dirigido una enorme y blanca sonrisa de oreja a oreja. Lo de blanca viene por la cantidad de dientes grandes y blancos que cabian en esa boca. Ella cree que ese hombre tenía más de los 32 dientes establecidos, porque se le veían muchos.
Wendeling ha devuelto la sonrisa, algo sonrojada, porque la han pillado "in fraganti". Pero en su descargo tiene que nunca había tenido a menos de un par de pasos de distancia, un hombre que supera los 2 metros de altura con creces (el hermano de Wen ronda los 1,90 m, sabe lo que es un hombre alto... ¿pero tanto?).
Minutos después llega el bus. Wendeling entra y se sienta. Instantes después sube el primer escalón la cintura con piernas, paga su billete, levanta la vista y sonríe a Wendeling, a la que han vuelto a pillar mirándolo.
Sube el segundo escalón del bus.
¡CLONK!
Durante unos segundos, el interior del autobús ha simulado ser una enorme campana... cuyo badajo a encogido la cabeza automáticamente mientras se la rascaba. Sonrisas abiertas de todos los ocupantes del autobús, incluso alguna carcajada algo oculta. Y unas palabras con acento inglés al pasar al lado de Wendeling:
- Esto me pasa por despistarme una sonrisa tan bonita.
¿El mundo está loco... o qué?
Sábado 30 de abril, de madrugada, o más concretamente, domingo 1 de mayo muy temprano. Wendeling mantiene una conversación muy transcendental sobre su próximo futuro.
Es muy tarde, los dos se sienten cansandos, pero creen que tienen que terminar la conversación. Es un posible futuro juntos o no, lo que están exponiendo.
Suena el teléfono, es el de Wendeling. Ésta, algo sobresaltada mira la hora: 3:40 de la mañana. ¿Quién puede llamarla a esa hora? algo le ha pasado a sus hijas... Él también se preocupa.
- Cógelo.
Se corta la llamada, antes que Wendeling llegue al teléfono.
Segundos después, vuelve a sonar. Justo en el momento en que Wendeling buscaba el teléfono en su bolso. Pero ahora es un mensaje. Preocupada, mira al teléfono.
El sms es de él. Borró su nombre de la agenda, pero reconoce el número, han sido demasiadas llamadas recibidas para olvidarlo.
"Hola preciosa ¿Qué tal? Te envio este para decirte que hoy me he casado, pero no me olvido de ti."
Asombrada, Wendeling enseña el sms. Su acompañante conoce la historia y los malos meses que esa persona la hizo pasar.
- ¿Pero no dijo que lo borraras de su vida?
- Yo lo he borrado de mi vida, pero al parecer, él de la suya, no. Se ha acordado de mi en su noche de bodas.... Pero a ver, espera... Hace dos meses que no sé nada de él... y ¿ha conocido alguien y se ha casado?
Se miran mutuamente, no pueden reprimir la sonrisa cómplice.
- Pobrecilla. Lo siento por ella.
- Mándale una respuesta.
- Pero ¿qué le pongo? - responde Wendeling.
- Lo que sea.
"Enhorabuena, que seas muy feliz. Yo también esta noche"
Segundos después un nuevo mensaje llega al teléfono de Wendeling.
"Tú también ¿qué?"
Al final, la noche termina en un auténtico ataque de risa entre los dos. Después de todo, son los mejores amigos que han tenido en mucho tiempo.... y no van a dejar de serlo.
- Desde luego, el mundo está loco
- Creo, que más bien es él, el que no está muy cuerdo.
Es muy tarde, los dos se sienten cansandos, pero creen que tienen que terminar la conversación. Es un posible futuro juntos o no, lo que están exponiendo.
Suena el teléfono, es el de Wendeling. Ésta, algo sobresaltada mira la hora: 3:40 de la mañana. ¿Quién puede llamarla a esa hora? algo le ha pasado a sus hijas... Él también se preocupa.
- Cógelo.
Se corta la llamada, antes que Wendeling llegue al teléfono.
Segundos después, vuelve a sonar. Justo en el momento en que Wendeling buscaba el teléfono en su bolso. Pero ahora es un mensaje. Preocupada, mira al teléfono.
El sms es de él. Borró su nombre de la agenda, pero reconoce el número, han sido demasiadas llamadas recibidas para olvidarlo.
"Hola preciosa ¿Qué tal? Te envio este para decirte que hoy me he casado, pero no me olvido de ti."
Asombrada, Wendeling enseña el sms. Su acompañante conoce la historia y los malos meses que esa persona la hizo pasar.
- ¿Pero no dijo que lo borraras de su vida?
- Yo lo he borrado de mi vida, pero al parecer, él de la suya, no. Se ha acordado de mi en su noche de bodas.... Pero a ver, espera... Hace dos meses que no sé nada de él... y ¿ha conocido alguien y se ha casado?
Se miran mutuamente, no pueden reprimir la sonrisa cómplice.
- Pobrecilla. Lo siento por ella.
- Mándale una respuesta.
- Pero ¿qué le pongo? - responde Wendeling.
- Lo que sea.
"Enhorabuena, que seas muy feliz. Yo también esta noche"
Segundos después un nuevo mensaje llega al teléfono de Wendeling.
"Tú también ¿qué?"
Al final, la noche termina en un auténtico ataque de risa entre los dos. Después de todo, son los mejores amigos que han tenido en mucho tiempo.... y no van a dejar de serlo.
- Desde luego, el mundo está loco
- Creo, que más bien es él, el que no está muy cuerdo.
Regalos
Querida mama:
Te quiero contar
alguna cosita
que te va a gustar;
que te quiero mucho,
que te quiero... más
aunque algunas veces
yo me porte mal.
Aunque te conteste,
aunque te hable mál
tu no me hagas caso,
mejor... no escuchar.
Y recuerda siempre
que eres la mejor
y que yo te quiero
con el corazón.
Hola mamá: ¡Felicidades por el Día de la madre!
No he conocido a una madre más buena que tú.
¡Te quiero mucho! ¿Por qué eres tan buena?
Ithilien.
Nota: Tarjeta de felicitación y ambientador natural realizado en clase.
--ooOOoo--
Mami, a mi nadie me ha ayudado, lo he hecho yo en casa y me ha costado mucho. No es un regalo muy bueno, pero lo hago porque te quiero.
Estel.
Nota: Maqueta de piano de cola realizado en papel y cartulina. Con todos los detalles, partitura incluida.
Te quiero contar
alguna cosita
que te va a gustar;
que te quiero mucho,
que te quiero... más
aunque algunas veces
yo me porte mal.
Aunque te conteste,
aunque te hable mál
tu no me hagas caso,
mejor... no escuchar.
Y recuerda siempre
que eres la mejor
y que yo te quiero
con el corazón.
Hola mamá: ¡Felicidades por el Día de la madre!
No he conocido a una madre más buena que tú.
¡Te quiero mucho! ¿Por qué eres tan buena?
Ithilien.
Nota: Tarjeta de felicitación y ambientador natural realizado en clase.
--ooOOoo--
Mami, a mi nadie me ha ayudado, lo he hecho yo en casa y me ha costado mucho. No es un regalo muy bueno, pero lo hago porque te quiero.
Estel.
Nota: Maqueta de piano de cola realizado en papel y cartulina. Con todos los detalles, partitura incluida.
Piensa con la cabeza, Wen
- Pero, ¿No ves que no tenemos futuro? Piensa con la cabeza, Wen.
- ¿Qué te dice tu corazón? Olvida ahora la cabeza.
- No puedo hacerlo, soy demasiado cerebral. Me conoces.
- ¿Pero que te dice tu corazón?
- Lo he pensado mucho, me he sentido mal, cuando te leía, pero no podía decirtelo sino cara a cara. No te mereces menos.
- ¿Decirme...?
- Que como pareja no tenemos futuro. Mis dudas y tus obligaciones...
- Pídemelo. Hazlo y me iré contigo.
- No puedo hacerte eso... haceros eso. Lo sabes.
--ooOOoo--
- Eres una mujer maravillosa, Wen. Cuando te miro soy incapaz de pensar en otra cosa... pero cuando no estamos juntos, vuelven las dudas. Hay días, momentos, en los que me duele no estar contigo, es lo que te echo de menos. Y ultimamente hay demasiados momentos en los que no te recuerdo.
--ooOOoo--
- Miénteme.
- ¿Qué?
- Que me mientas. Dímelo.
- No puedo.
- Te irás en unas horas. No te preocupes. Sé que no es verdad. Pero quiero escucharlo, por favor.
- No me hagas eso, Wen. No me hagas sentir más culpable. Me prometí, te prometí no hacerte daño y te lo estoy haciendo.
- Cuando me lo decías ¿era de verdad?
- Claro que era de verdad, nunca te he engañado. Lo sentía. Ahora no lo sé.
- Por favor.
- ....
- Por favor.
- No me mires así, me estás haciendo daño.
- ¿Lo sientes?
- Sí.
- Miénteme.
- ....
- Mírame a los ojos y miénteme.
- Te quiero.
--ooOOoo--
- Quiero llevarme esa sonrisa. No quiero olvidarte nunca, Wen. Eres demasiado importante para mi.
- Por favor, no desaparezcas.
- No lo haré, te prometí seguir siendo amigos mínimo. Y somos más que amigos ahora mismo.
- Pero no es lo que yo quiero.
- No puedo darte más. Perdóname. ¿En junio?
- Si.
--ooOOoo--
Dedicatoria a Wendeling de su último regalo: "Aunque parezca que el túnel es oscuro y largo, Wen, siempre hay una brillante luz de esperanza al final. Ojalá la encuentres pronto. La encontrarás pronto, querida Wendeling. Besos."
Definitivamente, Wendeling deberá seguir su camino sola.
- ¿Qué te dice tu corazón? Olvida ahora la cabeza.
- No puedo hacerlo, soy demasiado cerebral. Me conoces.
- ¿Pero que te dice tu corazón?
- Lo he pensado mucho, me he sentido mal, cuando te leía, pero no podía decirtelo sino cara a cara. No te mereces menos.
- ¿Decirme...?
- Que como pareja no tenemos futuro. Mis dudas y tus obligaciones...
- Pídemelo. Hazlo y me iré contigo.
- No puedo hacerte eso... haceros eso. Lo sabes.
--ooOOoo--
- Eres una mujer maravillosa, Wen. Cuando te miro soy incapaz de pensar en otra cosa... pero cuando no estamos juntos, vuelven las dudas. Hay días, momentos, en los que me duele no estar contigo, es lo que te echo de menos. Y ultimamente hay demasiados momentos en los que no te recuerdo.
--ooOOoo--
- Miénteme.
- ¿Qué?
- Que me mientas. Dímelo.
- No puedo.
- Te irás en unas horas. No te preocupes. Sé que no es verdad. Pero quiero escucharlo, por favor.
- No me hagas eso, Wen. No me hagas sentir más culpable. Me prometí, te prometí no hacerte daño y te lo estoy haciendo.
- Cuando me lo decías ¿era de verdad?
- Claro que era de verdad, nunca te he engañado. Lo sentía. Ahora no lo sé.
- Por favor.
- ....
- Por favor.
- No me mires así, me estás haciendo daño.
- ¿Lo sientes?
- Sí.
- Miénteme.
- ....
- Mírame a los ojos y miénteme.
- Te quiero.
--ooOOoo--
- Quiero llevarme esa sonrisa. No quiero olvidarte nunca, Wen. Eres demasiado importante para mi.
- Por favor, no desaparezcas.
- No lo haré, te prometí seguir siendo amigos mínimo. Y somos más que amigos ahora mismo.
- Pero no es lo que yo quiero.
- No puedo darte más. Perdóname. ¿En junio?
- Si.
--ooOOoo--
Dedicatoria a Wendeling de su último regalo: "Aunque parezca que el túnel es oscuro y largo, Wen, siempre hay una brillante luz de esperanza al final. Ojalá la encuentres pronto. La encontrarás pronto, querida Wendeling. Besos."
Definitivamente, Wendeling deberá seguir su camino sola.