REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "Los hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien
Compartiendo con mis hijas: "La casa de la Colina Negra" de José Antonio Cotrina
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Vamos a por el tercero
El día que decidí aceptar el reto de escribir una bitácora, pensé que sería capaz de aguantar unas semanas. No era la primera persona que me pedía hacerlo... durante un par de años habían aparecido por ahí más peticiones de que abriera mi propia página personal pero no terminaba por decidirme.

Mis diarios personales eran precisamente eso, demasiado personales. Tenía la sensación de perder mi intimidad, de en cierta manera, sentirme más frágil, si dejaba que alguien los leyera y de ahí mi reticencia.

Pero siempre habían sido peticiones en privado, nunca tan abiertamente como lo hizo Segfault.

Me había retado publicamente y soy una mujer a la que le gusta demostrarse que si puede. Así que áquel día último de noviembre empecé por fin mi primer blog. Durante unos días había estudiado las distintas páginas que ofrecían espacios gratuitos para blogs personales. Mi inglés es bastante zarrapastroso y además está olvidado después de más de 15 años sin usarlo... así que fuera las páginas que entonces explicaban su configuración en inglés. Y entre las que estaban en castellano, me gustó precisamente ésta por una opción de bloqueo que entonces no tenían otras.

Había un inconveniente, no tenía espacio ilimitado, sólo diez megas... pero para unas semanas...

Ocurrió lo inesperado. Me gustó sentir que me leían, me gustó escribir para que me leyeran, aunque siempre, en el fondo, me escribía a mi misma, como esos más de veinte años de diarios íntimos que siguen perdidos por los fondos de mi armario.

Y unas semanas terminaron por ser unos meses y año y algo después, se me acabó el espacio de mi primer blog.

En enero del 2006 llegó el segundo

Año y medio más tarde, es decir, dos años y medio largos del primero, o seiscientos setenta y seis post después, vuelve a ocurrirme lo mismo... me quedo sin espacio. Veinte megas de letras unidas, de palabras, de comentarios de esas personas al otro lado de la pantalla, son muchas letras unidas, muchas palabras... por las que os doy las gracias por aguantarme sueños, recuerdos, reinvenciones, anécdotas, babas y cabreos varios en esta mesa camilla.

El proximo post estrenará un nuevo blog. No será necesario que os preocupeis en cambiar enlaces, reciclaré la dirección como hice anteriormente.

Se os quiere.



 
Detalles




El amor se alimenta de pequeños detalles. Me ha costado estrellarme alguna vez para darme cuenta que la pasión siempre termina por quemarte si no se alimenta...

Y no me canso de repetirlo, pero esos pequeños detalles diarios que me ofrece de manera tan natural consiguen que me de cuenta de todo lo que le amo.

Gracias amor, por el de hoy, no creo que te des cuenta de la ilusión que me has dado.

Te quiero.



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Expertos
Cuando una persona te dice:

"Si un niño necesita un par de tortas es que ha fallado el educador".

Puede ser por un par de opciones:

1.- esa persona jamás ha convivido con niños.
2.- esa persona no tiene hijos.

Porque por mucho estudios que tengas (y seas psicólogo infantil) deberías saber que cada ser humano, ya sea padre o hijo, es distinto. Y en ocasiones ese par de tortas sirven más para calmar los padres ante una rabieta infantil, por completo normal en el desarrollo de la personalidad del niño, que como castigo. Eso si, siempre dentro del límite del sentido común.


Año 2000, primavera, llueve. Wendeling vuelve del colegio con Estel, que está en educación infantil de cuatro años, e Ithilien, de tres añitos.

Cada una lleva su paraguas, las niñas se sienten independientes con su sombrillita de dibujos animados, chapoteando en cuanto su madre las pierde de vista y disfrutando de la lluvia. En un momento determinado pasan delante de una tienda de todo a cien. El vendedor, ojo avisor ante la lluvia, ha colocado varios paraguas abiertos en la puerta del establecimiento, entre ellos uno infantil con orejitas de ratón.

Ithilien ve el paraguas.

Ithilien decide que quiere paraguas nuevo.

- Mami mira, quiero ese de ahí - dice señalando.

- Ithilien, si el tuyo es muy bonito.

- Pero este ya no me sirve - mientras lo tira con rabia al suelo. El agua empieza a caer por su cara, empapando su pelo. Wen recoge el paraguas y se lo alarga a la niña para que lo coja.

- ¡¡No lo quiero!! Ese ya está mojado. Yo quiero ese nuevo.

- Vamos, te estás mojando y te vas a enfermar. Coje el paraguas y a casa.

Wen empieza a sentirse molesta por el capricho de la pequeña. De improviso, la niña deja de avanzar bajo la lluvia y decide, literalmente, tirarse sobre un charco de agua, gritando:

- ¡¡Quiero el paraguas del ratón!!

La madre intenta levantarla del suelo, sigue lloviendo, empieza a mojarse ella también y su hija mayor mira asombrada el numerito de su hermana.

- ¡Se acabó el capricho! ¡En pie!

Pero Ithilien no consiente, vuelve a tirarse al charco, ya está por completo empapada. Wendeling intenta otro sistema, da la espalda a la niña y agarrando a Estel, siguen adelante en la calle. Dejando a su otra hija gritando y pataleando en el suelo, dentro de un charco, esperando que las siga.

Ithilien es cabezota, ni se inmuta que su madre se vaya. Grita, patalea, su voz empieza a romperse.

- ¡¡QUIERO EL PARAGUAS!!

Estel se solidariza con su hermana.

- Mami, no dejes a Ithilien, mami, mi hermana, no la dejes...

Solo ha avanzado unos metros y Wendeling empieza a sentirse agobiada por la inoportuna pataleta. Al final, descorazonada, opta por un sistema que no le gusta nada. Se vuelve hacia la niña y cuando llega a su altura, se agacha y le suelta una torta en la cara.

Ithilien se calla en medio de un grito. No esperaba la reacción de su madre... empieza a llorar bajito, sin gritos. se levanta del charco y agarra a su madre de la mano.

Cuando llegan a casa, las tres están cansadas y muy mojadas. Ithilien sigue hipando, pero ya no grita. Estel muy seria mira a su madre y a su hermana. Wendeling las lleva directas al baño y allí prepara una bañera con agua calentita.

Un ratito de juego en la bañera, unos besos y abrazos y muchos mimos.

Me gustaría saber como hubiera reaccionado el experto psicólogo infantil ante una rabieta...

 
Un domingo cualquiera
Arturo Pérez Reverte es un autor que nunca me deja indiferente. En ocasiones por completo de acuerdo en sus reflexiones y en otras me tiraría a su yugular. Enganchada a las aventuras del Capitán Alatriste desde hace diez años acabo de adquirir su última aventura "Corsarios de Levante" y deseando de meterme entre ellos y sentir, tal cual, lo que posiblemente pensaron, hicieron y sintieron nuestros aventureros de hace tres siglos.

Todo este preámbulo para contaros su última frase que me ha hecho pensar. Oída este fin de semana en una entrevista:

- España ha evolucionado desde el s. XVII y ahora está mucho mejor. Pero no así los españoles, porque hemos perdido muchos de los valores que nos hicieron ser tan grandes.

Ahí queda eso.




Domingo veinticuatro de junio del dos mil cero cero siete. San Juan.

Hora: sobre las doce de al mediodía.

Lugar: Parroquia María Madre de Dios, en Málaga.

Terminada la misa, el párroco informa que a partir del día uno de julio, los horarios de misa cambian a horario de verano:

- Las misas de diario serán a las ocho de la tarde. Y las de los domingos, solo habrá tres, las de las nueve de la mañana, las de las once y las de la ocho de la tarde... la misa de las doce y media se suspende durante los meses de verano.

- Mami, eso es porque al cura también le gusta ir a la playa - me suelta por lo bajini la señorita Ithilien... y me cuesta mucho no soltar la carcajada.

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Días malos
Hay días buenos, hay días regulares, hay días malos y hay días rematadamente malos. Porque si, sin alguna razón aparente, aunque tengan todas las razones, hay días que decides no levantar la cabeza, porque el peso de la responsabilidad te hunde.

Hay días en que decides que por hoy se acabó, que no puedes más, que dimites como persona... que solo quieres sentarte y no pensar.

Hay días en que te das cuenta que por mucho que luches por tu suerte, son otras personas las que decidiran por ti. Personas que no te conocen, pero que juzgaran objetivamente sus errores y tus aciertos... sin saber de que lado caerá la balanza... esa balanza que es ciega y que te gustaría poder operar de la vista.

Hay días que tienes que morderte los labios para no gritar... porque te das cuenta que no sirve de nada, aunque a otras personas les valga, porque piensan que quien más grita lleva la razón.

Y finalmente hay días que son los siguientes a estos días rematadamente malos, en los que el sol vuelve a salir aunque esté nublado. En los que te das cuenta, que tal vez hayas perdido, que tal vez la balanza no haya caído de tu lado. En los que descubras que tu esfuerzo y lucha no haya valido la pena... pero en los que nadie te puede quitar la ilusión por seguir peleando... en los que nadie te puede quitar la sonrisa en tu cara... en los que sientes a tu lado esos ojos que te aman.

Porque para quien no lo sepa, seguiré levantándome cada vez que caiga.

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