Angel de la guarda
Cuando Wen fue a vivir con sus padres, a sus once años ya cumplidos, se encontró con una habitación para ella sola, un dormitorio con los muebles a juego (hasta entonces, en casa de sus abuelos, compartía habitación con la antigua cocina, una chimenea, una fresquera y un armario no a juego con su cama de colchón de lana) y con un cuadro sobre la cama: un ángel de la guarda que prevenía a dos niños sobre el precipicio en el que estaban jugando.
Le resultó curioso el cuadro (que su madre todavía conserva en su antigua habitación). Porque siempre relacionó al ángel con la primera oración que le enseñó su abuela:
"Angel de la guarda,
dulce compañía,
no me dejes solo
ni de noche ni de día."
Hasta que años después, descubrió que si debía de existir ese ángel tan especial, tan personal, que cuida a los niños, el día que se le ocurrió llevar a su hija pequeña (de tan solo catorce meses de edad y que empezaba a andar) a visitar a su abuela. En el ascensor, que todavía no disponía de puerta interior, la pequeña se le ocurrió investigar esa pared que se movía... en un descuido de su madre, el ascensor "tragó" el bracito hasta el hombro, en los pocos segundos que tardó su madre en reaccionar y parar el ascensor. Los llantos de la pequeña dejaron a su madre tan mal, con un sentimiento de culpabilidad tan enorme, del que tardó mucho en recuperarse, a pesar de que después de múltiples pruebas en las urgencias del hospital infantil, el médico le informó que no tenía ningún daño irrecuperable, salvo una leve quemadura producida por el roce:
- Señora, debe usted dar las gracias al ángel de la guarda de la pequeña, porque sorprendentemente lo que tiene se le curará en unos días... si usted hubiera visto lo que yo por culpa de esos ascensores... Esa niña tiene un ángel muy bueno, de verdad, señora. No olvide darle las gracias.
Wen no se olvidó de darle las gracias.
Y hoy, también debe darles las gracias por ese regalo tan especial a mi ángel de la guarda particular, aunque lo más seguro es que no llegue a leer nunca estas palabras.
Nota: hasta la vuelta, dentro de quince días, mi cuenta atrás llega a su final y los nervios, junto con una enorme sonrisa, no me abandonan.
Le resultó curioso el cuadro (que su madre todavía conserva en su antigua habitación). Porque siempre relacionó al ángel con la primera oración que le enseñó su abuela:
"Angel de la guarda,
dulce compañía,
no me dejes solo
ni de noche ni de día."
Hasta que años después, descubrió que si debía de existir ese ángel tan especial, tan personal, que cuida a los niños, el día que se le ocurrió llevar a su hija pequeña (de tan solo catorce meses de edad y que empezaba a andar) a visitar a su abuela. En el ascensor, que todavía no disponía de puerta interior, la pequeña se le ocurrió investigar esa pared que se movía... en un descuido de su madre, el ascensor "tragó" el bracito hasta el hombro, en los pocos segundos que tardó su madre en reaccionar y parar el ascensor. Los llantos de la pequeña dejaron a su madre tan mal, con un sentimiento de culpabilidad tan enorme, del que tardó mucho en recuperarse, a pesar de que después de múltiples pruebas en las urgencias del hospital infantil, el médico le informó que no tenía ningún daño irrecuperable, salvo una leve quemadura producida por el roce:
- Señora, debe usted dar las gracias al ángel de la guarda de la pequeña, porque sorprendentemente lo que tiene se le curará en unos días... si usted hubiera visto lo que yo por culpa de esos ascensores... Esa niña tiene un ángel muy bueno, de verdad, señora. No olvide darle las gracias.
Wen no se olvidó de darle las gracias.
Y hoy, también debe darles las gracias por ese regalo tan especial a mi ángel de la guarda particular, aunque lo más seguro es que no llegue a leer nunca estas palabras.
Nota: hasta la vuelta, dentro de quince días, mi cuenta atrás llega a su final y los nervios, junto con una enorme sonrisa, no me abandonan.
Una noche
Volví al pueblo, ese pueblo donde nací, donde me eduqué los primeros años con mis padres y los segundos con mis abuelos y tíos. Ese pueblo que suele hacerme sentir nostalgia... para velar a mi tía.
Y me encontré otro pueblo... aunque en resquicios vuelvo a encontrarme con mis recuerdos, el tiempo ha pasado, ya no es mi pueblo. Ha triplicado su población en estos años y ha cambiado tanto, que me cuesta reconocer ciertos lugares en los que una Wendeling niña vivió.
Reencuentro con tu familia: tíos, primos y el resto (ese resto con el que te encuentras indeciso, porque todos parecen reconocerte pero uno duda el tipo de parentesco que tiene con ellos) y una larga noche, en el que te encuentras constantemente con ese vacío que un día fue tu tía y que todos se empeñan en confirmar (y confirmarse) que parece dormida, como si fuera a despertar en breve, a pesar de ese extraño color amarillo de su piel.
Lágrimas silenciosas, lágrimas con gemidos, dolor, horas que parecen no pasar nunca y sorprendentemente, historias... esas historias que me gusta sentir, sobre un mundo, unas personas y un pueblo que a simple vista ha sido devorado por el actual.
Historias de niños traviesos, de trabajo duro, de pocas esperanzas en un futuro pero muchas ilusiones... historias que te hacen sonreir, en ocasiones reir abiertamente y en otras dejar escapar lágrimas... pero historias que a pesar del tiempo, sientes vivas en ti, porque sucedieron en ese pueblo que en momentos logras atisbar por leves resquicios.
Ha sido una noche larga, con lágrimas, con dolor.... y muy muy viva. Una noche que pienso guardar para no perder, porque en mi descansan esas historias que conseguirán que la vida, no muera.
Y me encontré otro pueblo... aunque en resquicios vuelvo a encontrarme con mis recuerdos, el tiempo ha pasado, ya no es mi pueblo. Ha triplicado su población en estos años y ha cambiado tanto, que me cuesta reconocer ciertos lugares en los que una Wendeling niña vivió.
Reencuentro con tu familia: tíos, primos y el resto (ese resto con el que te encuentras indeciso, porque todos parecen reconocerte pero uno duda el tipo de parentesco que tiene con ellos) y una larga noche, en el que te encuentras constantemente con ese vacío que un día fue tu tía y que todos se empeñan en confirmar (y confirmarse) que parece dormida, como si fuera a despertar en breve, a pesar de ese extraño color amarillo de su piel.
Lágrimas silenciosas, lágrimas con gemidos, dolor, horas que parecen no pasar nunca y sorprendentemente, historias... esas historias que me gusta sentir, sobre un mundo, unas personas y un pueblo que a simple vista ha sido devorado por el actual.
Historias de niños traviesos, de trabajo duro, de pocas esperanzas en un futuro pero muchas ilusiones... historias que te hacen sonreir, en ocasiones reir abiertamente y en otras dejar escapar lágrimas... pero historias que a pesar del tiempo, sientes vivas en ti, porque sucedieron en ese pueblo que en momentos logras atisbar por leves resquicios.
Ha sido una noche larga, con lágrimas, con dolor.... y muy muy viva. Una noche que pienso guardar para no perder, porque en mi descansan esas historias que conseguirán que la vida, no muera.
Una despedida
Acaba de morir y no puedo por menos que intentar recordarla en los pocos momentos en la que la vi sonreir... y en todos esos en que sus maravillosos hijos la hicieron sentir bien. Porque su vida, desgraciadamente, aunque bastante común, no fue una buena vida... Salvo por el amor que les dio a ellos y por el cariño que le han devuelto en estos últimos años, en los que al menos, la vi sonreir.
Te quiero Tita.
Te quiero Tita.
Piedras corazón
¿Quién no ha pasado por una época coleccionista?
Todos de niños hemos intentado empezar alguna colección de algún tema. Recuerdo los sobrecitos con estampitas que te regalaba Danone al comprar cuatro yogur... empecé colecciones de Heidi, Marco, Orzobei, Sandokan, Mazinger-Z,.... nunca acabé, a pesar de los atracones de yogur de fresa (mis favoritos).
Durante un tiempo, no llegué a coleccionar precisamente, pero reuní un buen montón de muñecas recortables, canicas, chapas, cromos, cuentos troquelados....
Y un buen día, tropecé con una pequeña piedra (en mi pueblo se llaman chinas), de color muy blanco y forma de corazón. Durante todo ese día la llevé en mi mano, me pasé horas sentada, sencillamente mirándola o sintiéndola en mi mano cerrada. La enseñé a mis amigas pero después de un:
- ¡Qué bonita!
La olvidaron. No llegaron a sentir lo mismo. Para ellas era una simple china... para mi mucho más. Porque la naturaleza le había dado una forma especial... de corazón.
Fue la primera vez que sentí la necesidad de coleccionar, así que empecé a buscar piedras corazón.
Durante años seguí mi aficción. Llegué a tener decenas (si no cientos... nunca llegué a contarlas) de piedras por casa... las pequeñas en cajitas de zapatos decoradas... las más grandes en repisas, estanterías, muebles... y algunas más grandes, debajo de mi cama. Me gustaba mirarlas, sentirlas en mis manos, rozarlas con mis dedos... eran piedras corazón... eran especiales porque me hacían sentir que tenía un objetivo.
Y un buen día dejé de buscarlas... con el tiempo fueron desapareciendo de casa. En ocasiones las regalaba, en otras, quería guardarlas tan bien, que terminaban perdidas... y alguna vez más, me tropecé a mi madre quitándolas de en medio por diversos sistemas. Evolucioné y dejé de tener el ansia de buscar por todos los rincones. Hoy solo me queda el recuerdo de haberlas tenido y la sensación que me hacían sentir.
Todos de niños hemos intentado empezar alguna colección de algún tema. Recuerdo los sobrecitos con estampitas que te regalaba Danone al comprar cuatro yogur... empecé colecciones de Heidi, Marco, Orzobei, Sandokan, Mazinger-Z,.... nunca acabé, a pesar de los atracones de yogur de fresa (mis favoritos).
Durante un tiempo, no llegué a coleccionar precisamente, pero reuní un buen montón de muñecas recortables, canicas, chapas, cromos, cuentos troquelados....
Y un buen día, tropecé con una pequeña piedra (en mi pueblo se llaman chinas), de color muy blanco y forma de corazón. Durante todo ese día la llevé en mi mano, me pasé horas sentada, sencillamente mirándola o sintiéndola en mi mano cerrada. La enseñé a mis amigas pero después de un:
- ¡Qué bonita!
La olvidaron. No llegaron a sentir lo mismo. Para ellas era una simple china... para mi mucho más. Porque la naturaleza le había dado una forma especial... de corazón.
Fue la primera vez que sentí la necesidad de coleccionar, así que empecé a buscar piedras corazón.
Durante años seguí mi aficción. Llegué a tener decenas (si no cientos... nunca llegué a contarlas) de piedras por casa... las pequeñas en cajitas de zapatos decoradas... las más grandes en repisas, estanterías, muebles... y algunas más grandes, debajo de mi cama. Me gustaba mirarlas, sentirlas en mis manos, rozarlas con mis dedos... eran piedras corazón... eran especiales porque me hacían sentir que tenía un objetivo.
Y un buen día dejé de buscarlas... con el tiempo fueron desapareciendo de casa. En ocasiones las regalaba, en otras, quería guardarlas tan bien, que terminaban perdidas... y alguna vez más, me tropecé a mi madre quitándolas de en medio por diversos sistemas. Evolucioné y dejé de tener el ansia de buscar por todos los rincones. Hoy solo me queda el recuerdo de haberlas tenido y la sensación que me hacían sentir.
Ver a nuestro alrededor
Siempre empezamos a ver a nuestro alrededor cuando nos identificamos con él... mientras tanto, no existe, o más bien, no nos importa.
Recuerdo salir de una farmacia, tengo un retraso de dos semanas y aunque eso es habitual en mi (por mi desarreglo hormonal), siento que esta vez es distinto... hay un cosquilleo que me recorre por entero.
Estoy embarazada.
Suena a tópico, pero me siento distinta y la misma. Me siento completa e ilusionada... Me siento feliz y con miedo, con mucho miedo... que me hace sonreir.
Dos pasos delante de mi, en la acera, hay una mujer embarazada, mirando un escaparate.
Cruzo la calle, y veo a otra, cargada con bolsas de la compra.
Unos pasos más adelante, una pareja pasea cogida de la mano, ella está embarazada.
Una mujer riñe a su hijo por alguna travesura, está embarazada.
Entro en el portal de mi bloque y espera el ascensor la vecina del segundo, acabo de darme cuenta que está embarazada.
¿Es la época de los embarazos? O tal vez, hasta ahora, hasta este momento en que acaban de confirmarme mi embarazo, no me había parado a mirar a mi alrededor.
Y hoy, he vuelto a mirar a mi alrededor, para ver a una pareja, que se miran a los ojos justo después de besarse.
Entro en el portal de un edificio y en un escalón hay una pareja, muy joven, haciendo manitas y hablando de ir al día siguiente a la playa.
Hago mi recorrido habitual camino de casa y me sonrio al ver como los vecinos del octavo, riñen mientras salen de su coche y justo unos minutos después, ella le besa y le llama mi cabezón.
Y finalmente no he podido sentir mucha nostalgia, cuando un chico, animaba a su chica a comprarse la falda del escaparate y la llamaba mi amor.
¿Es la época de los enamorados? O tal vez, hasta ahora, hasta este momento en que reconozco mi enamoramiento, no me había parado a mirar a mi alrededor.
Aclaración: No estoy embarazada, era un recuerdo de mi primer embarazo. Aunque me haría ilusión tener un nuevo hijo, creo que mi médico no estaría muy contento que digamos (a causa de mis problemas hormonales).
Recuerdo salir de una farmacia, tengo un retraso de dos semanas y aunque eso es habitual en mi (por mi desarreglo hormonal), siento que esta vez es distinto... hay un cosquilleo que me recorre por entero.
Estoy embarazada.
Suena a tópico, pero me siento distinta y la misma. Me siento completa e ilusionada... Me siento feliz y con miedo, con mucho miedo... que me hace sonreir.
Dos pasos delante de mi, en la acera, hay una mujer embarazada, mirando un escaparate.
Cruzo la calle, y veo a otra, cargada con bolsas de la compra.
Unos pasos más adelante, una pareja pasea cogida de la mano, ella está embarazada.
Una mujer riñe a su hijo por alguna travesura, está embarazada.
Entro en el portal de mi bloque y espera el ascensor la vecina del segundo, acabo de darme cuenta que está embarazada.
¿Es la época de los embarazos? O tal vez, hasta ahora, hasta este momento en que acaban de confirmarme mi embarazo, no me había parado a mirar a mi alrededor.
Y hoy, he vuelto a mirar a mi alrededor, para ver a una pareja, que se miran a los ojos justo después de besarse.
Entro en el portal de un edificio y en un escalón hay una pareja, muy joven, haciendo manitas y hablando de ir al día siguiente a la playa.
Hago mi recorrido habitual camino de casa y me sonrio al ver como los vecinos del octavo, riñen mientras salen de su coche y justo unos minutos después, ella le besa y le llama mi cabezón.
Y finalmente no he podido sentir mucha nostalgia, cuando un chico, animaba a su chica a comprarse la falda del escaparate y la llamaba mi amor.
¿Es la época de los enamorados? O tal vez, hasta ahora, hasta este momento en que reconozco mi enamoramiento, no me había parado a mirar a mi alrededor.
Aclaración: No estoy embarazada, era un recuerdo de mi primer embarazo. Aunque me haría ilusión tener un nuevo hijo, creo que mi médico no estaría muy contento que digamos (a causa de mis problemas hormonales).
Etiquetas: recuerdo embarazada
final de mes
Reconozco que no son los mejores días, que estamos a finales de mes y todo el mundo que no está de vacaciones, piensa en ellas... pero ¡¡leñes!! ¿qué gana el cliente haciéndome pasear durante varios días para al final no abrirme la puerta? ¿qué gana cuando me abre la puerta del edificio y después me ignora al llamar a la puerta de su casa? ¿qué gana al mentirme cuando sabe que a la vuelta de la esquina sabré que es una mentira?... ¡¡qué el pedido lo ha hecho él por propia voluntad, nadie le ha vendido nada!!... ¡¡qué a mi no me pagan por ventas sino por clientes asociados a mi zona!! ...
Aunque la verdad sea dicha, no me ha importado mucho el tener que volverme de lleno por tercera vez, si yo sólo pienso en la semana que viene cuando pueda besar, oler, morder, arañar y todo lo que se tercie a mi lindo gatito.
Solo una semana más...
Aunque la verdad sea dicha, no me ha importado mucho el tener que volverme de lleno por tercera vez, si yo sólo pienso en la semana que viene cuando pueda besar, oler, morder, arañar y todo lo que se tercie a mi lindo gatito.
Solo una semana más...
Momento babero
Perdonarme este momento orgullo maternal... pero ¿a qué la muñeca es genial?
Viento, veletas y justicia
Todo el mundo sabe (si, estoy generalizando) que las personas somos veletas que terminamos girando al viento que sigue la mayoría. Pero es que hoy lo he podido comprobar y me ha costado morderme el labio para no terminar soltando una barbaridad en medio de un mundo hostil como es la carnicería del barrio.
¿Y de que hablaban las marujas mientras esperaban su turno? pues del tema del día... que la Pantoja va a terminar llevándole el pañillo de la comida al novio a la carcel. Tema por completo normal y corriente, dadas las circunstancias, y que además he escuchado en la parada del bus y en la oficina.
La conversación ha terminado girando hacia la barbaridad urbanística que se ha cometido en la costa marbellí... en los millones que se han esfumado y en los pequeños gastos y facturillas endosadas a cargo del ayuntamiento. Todas estaban de acuerdo es que son unos ladrones y tienen que pagar por ello.
Pero mi mordedura de labio (y la consecuente herida) ha venido porque he recordado, que esas mismas señoras, hace unos años, defendieron a capa y espada todo lo que el señor Gil hacía en Marbella ...
- Y lo bonita que la está dejando. Sin mendigos, sin putas.
- Y sin dinero - añadía yo entonces, porque casualmente estaba trabajando allí cuando el señor Gil juró su cargo como alcalde y empecé a ver los trapicheos que se llevaban entre él y sus amigos.
- Pero mujer, si eso lo hacen todos. ¿Qué político no mete mano? Pero él al menos está dejando muy bonita a Marbella.
Y hoy, diez años después... esas mismas señoras, muy entendidas en urbanismo, critican la pérdida de terreno no urbanizable por culpa de las ansias de riqueza de unos señores... esos mismos señores que estaban dejando tan bonita a la ciudad hace unos años.
Hoy me siento rara por tener la misma opinión que la mayoría: esos señores deben devolver lo que no es suyo y pagar por los delitos... pero al parecer, todo el mundo ha olvidado que llevo repitiendo lo mismo desde hace bastantes años. Lástima que hayan tenido que intervenir unos jueces para que por una vez, las veletas, el viento y yo vayamos en la misma dirección.
¿Y de que hablaban las marujas mientras esperaban su turno? pues del tema del día... que la Pantoja va a terminar llevándole el pañillo de la comida al novio a la carcel. Tema por completo normal y corriente, dadas las circunstancias, y que además he escuchado en la parada del bus y en la oficina.
La conversación ha terminado girando hacia la barbaridad urbanística que se ha cometido en la costa marbellí... en los millones que se han esfumado y en los pequeños gastos y facturillas endosadas a cargo del ayuntamiento. Todas estaban de acuerdo es que son unos ladrones y tienen que pagar por ello.
Pero mi mordedura de labio (y la consecuente herida) ha venido porque he recordado, que esas mismas señoras, hace unos años, defendieron a capa y espada todo lo que el señor Gil hacía en Marbella ...
- Y lo bonita que la está dejando. Sin mendigos, sin putas.
- Y sin dinero - añadía yo entonces, porque casualmente estaba trabajando allí cuando el señor Gil juró su cargo como alcalde y empecé a ver los trapicheos que se llevaban entre él y sus amigos.
- Pero mujer, si eso lo hacen todos. ¿Qué político no mete mano? Pero él al menos está dejando muy bonita a Marbella.
Y hoy, diez años después... esas mismas señoras, muy entendidas en urbanismo, critican la pérdida de terreno no urbanizable por culpa de las ansias de riqueza de unos señores... esos mismos señores que estaban dejando tan bonita a la ciudad hace unos años.
Hoy me siento rara por tener la misma opinión que la mayoría: esos señores deben devolver lo que no es suyo y pagar por los delitos... pero al parecer, todo el mundo ha olvidado que llevo repitiendo lo mismo desde hace bastantes años. Lástima que hayan tenido que intervenir unos jueces para que por una vez, las veletas, el viento y yo vayamos en la misma dirección.
Metedura de pata (o de pierna en mi caso)
Odio ser novata en un trabajo, pero últimamente no tengo remedio... en todos mis últimos trabajos de los dos últimos años... he sido novata. En alguna ocasión esos trabajos han sido tan breves, que no he tenido tiempo ni a que me den la novatada.
Pero ya tocaba.
Hoy he sufrido... bueno, sufrir la novatada no, más bien la vergüenza de una metedura de pata, que además me ha costado cargar con unos buenos kilos de peso adicional en mi mochila, con lo fácil que hubiera sido mirar bien la factura y comprobar que todo estaba pagado.
Lección aprendida: antes de volver con peso adicional (además del dolor de pies, dolor de hombros y espalda añadido), miro y remiro la factura al completo. Así me libraré del sobrepeso en la mochila y la verguenza de pedir perdón por la metedura de pata.
Lo peor será mañana al contárselo a la jefa, me temo una regañina por no haber sido más cuidadosa en mi trabajo ... aunque bien pensado, quizás termine en un precioso color rojizo en las mejillas si le da un ataque de risa.
Conclusión: ¡¡No me gusta ser novata!!
Pero ya tocaba.
Hoy he sufrido... bueno, sufrir la novatada no, más bien la vergüenza de una metedura de pata, que además me ha costado cargar con unos buenos kilos de peso adicional en mi mochila, con lo fácil que hubiera sido mirar bien la factura y comprobar que todo estaba pagado.
Lección aprendida: antes de volver con peso adicional (además del dolor de pies, dolor de hombros y espalda añadido), miro y remiro la factura al completo. Así me libraré del sobrepeso en la mochila y la verguenza de pedir perdón por la metedura de pata.
Lo peor será mañana al contárselo a la jefa, me temo una regañina por no haber sido más cuidadosa en mi trabajo ... aunque bien pensado, quizás termine en un precioso color rojizo en las mejillas si le da un ataque de risa.
Conclusión: ¡¡No me gusta ser novata!!
Días, momentos y risas
Hay días más interesantes y días más sosos. Hay días que se disfrutan más y días que deseas acaben pronto. Pero lo que me niego a dejar pasar es un día que no ocurra nada. Quiero vivir, disfrutar, sentir... todos los días, porque para eso estoy viva.
Momento surrealista total a la hora de la comida... momento que no he dejado escapar... momento que me he reído con todas mis ganas:
- Estel ¿te traes el postre?
- Si mami ¿qué quieres?
- Yo una pera, pero también hay yogur.
Desde la cocina:
- Ithilien, Anazia... ¿vosotras que queréis?
- ¡Yogur! - a duo.
- Pues hay de... - leyendo los distintos sabores - fresa, plátano, macedonia, frutas del bosque, coco y frutas eróticas.
Wen se atraganta... Anazia mira a Wen y terminan las dos con un ataque de risa.
- ¿Frutas que...?
- ¡¡Ahhh!! me he equivocado, frutas exóticas.
- Mami ¿de qué te ríes?
- De lo que ha dicho tu hermana.
- Pero si sólo se ha equivocado en una letra.
- Ya... ya....
Y nuevo ataque de risa al recordar el yogur de frutas eróticas.
- Estel tráeme uno de esas frutas, que quiero comprobar si son efectivas.
- Si son ... ¿qué?...
Vuelta a reir sin poder parar.
- Nada... nada... Estel, tráete el yogur.
- Mira que sois raros los mayores a veces ¿eh?
Nota: El momento surrealista ha durado varias horas, porque no he podido dejar de reir durante toda la tarde cada vez que he recordado el yogur de frutas eróticas.
Hay que disfrutar de los pequeños momentos que nos depara el día a día... porque para esos estamos vivos.
Momento surrealista total a la hora de la comida... momento que no he dejado escapar... momento que me he reído con todas mis ganas:
- Estel ¿te traes el postre?
- Si mami ¿qué quieres?
- Yo una pera, pero también hay yogur.
Desde la cocina:
- Ithilien, Anazia... ¿vosotras que queréis?
- ¡Yogur! - a duo.
- Pues hay de... - leyendo los distintos sabores - fresa, plátano, macedonia, frutas del bosque, coco y frutas eróticas.
Wen se atraganta... Anazia mira a Wen y terminan las dos con un ataque de risa.
- ¿Frutas que...?
- ¡¡Ahhh!! me he equivocado, frutas exóticas.
- Mami ¿de qué te ríes?
- De lo que ha dicho tu hermana.
- Pero si sólo se ha equivocado en una letra.
- Ya... ya....
Y nuevo ataque de risa al recordar el yogur de frutas eróticas.
- Estel tráeme uno de esas frutas, que quiero comprobar si son efectivas.
- Si son ... ¿qué?...
Vuelta a reir sin poder parar.
- Nada... nada... Estel, tráete el yogur.
- Mira que sois raros los mayores a veces ¿eh?
Nota: El momento surrealista ha durado varias horas, porque no he podido dejar de reir durante toda la tarde cada vez que he recordado el yogur de frutas eróticas.
Hay que disfrutar de los pequeños momentos que nos depara el día a día... porque para esos estamos vivos.
El perrito
Me gustan los animales, de pequeña me he criado con ellos en una enorme casa de pueblo, de mayor, me han dejado jugar en ocasiones y en otras, me han bufado, ladrado, piado, ... y de todo un poco. Al igual que un enorme porcentaje de personas, también tengo mascotas en casa, que me gusta cuidar y con las que compartir unos buenos ratitos... Pero me sigue sorprendiendo muchísimo cuando descubro a un enorme mastín (su lomo me llegaba a la cintura y eso que no soy precisamente bajita) compartiendo pisito con una pareja y sus tres hijos pequeños. Aunque lo que me ha dejado sin habla y he sentido un enorme repelús, ha sido cuando la señora de la casa, al intentar calmar a su enorme perro que se ha dedicado a ladrarme con toda su alma, se ha puesto de rodillas delante de él y besazo a los morros al "animalito" una y otra vez.
Debo reconocer que he sentido miedo, aunque una vez calmado el perraco, mi imaginación, siempre en "on" me la ha jugado y no he podido evitar reirme al imaginarme dándole besos a mi hamster para calmarle uno de sus prontos mordisqueriles... vaya susto se llevaría el pobre.
Debo reconocer que he sentido miedo, aunque una vez calmado el perraco, mi imaginación, siempre en "on" me la ha jugado y no he podido evitar reirme al imaginarme dándole besos a mi hamster para calmarle uno de sus prontos mordisqueriles... vaya susto se llevaría el pobre.
Y los días van cayendo, despacio...
Y los días van cayendo, despacio... muy despacio para el deseo de estar a su lado viendo sus ojos, tocando su mejilla y besando su sonrisa.
Y los días van cayendo, despacio... pero pasan y mi sonrisa no abandona mi cara. Demasiado tiempo sin oler su pelo, sin saborear su piel. Pero los días me hacen acercarme más y más, porque esos días que nos separan, también nos acercan inexorablemente, sin remedio y con todas las ganas.
Y los días van cayendo, despacio... pero avanzan y con ellos, mi amor aumenta, mientras se acerca el momento de estar junto a él.
Nota: desvaríos de un viernes noche mientras lo echo de menos y deseando que las dos semanas que faltan para encontrarnos, pasen en un suspiro... para después parar el tiempo y no dejar de estar a su lado nunca más.
Y los días van cayendo, despacio... pero pasan y mi sonrisa no abandona mi cara. Demasiado tiempo sin oler su pelo, sin saborear su piel. Pero los días me hacen acercarme más y más, porque esos días que nos separan, también nos acercan inexorablemente, sin remedio y con todas las ganas.
Y los días van cayendo, despacio... pero avanzan y con ellos, mi amor aumenta, mientras se acerca el momento de estar junto a él.
Nota: desvaríos de un viernes noche mientras lo echo de menos y deseando que las dos semanas que faltan para encontrarnos, pasen en un suspiro... para después parar el tiempo y no dejar de estar a su lado nunca más.
Mentiras
Soy de naturaleza vergonzosa. Me cuesta no ponerme roja ante cualquier incidencia, aunque eso no me impide preguntar si hace falta o reaccionar ante cualquier circunstancia... pero lo que más me puede es la vergüenza ajena, ante hechos, dichos o acciones en las que otras personas parecen pasar o no importarle lo que piensen de ellas.
En mi nuevo trabajo, me he tropezado con una cliente que es conocida... es más, durante años he sido yo su cliente de su negocio de droguería. Conozco sus circunstancias, su vida personal más o menos, conozco a su marido y a su hijo que trabaja con ella ocasionalmente en el negocio familiar... Así que cuando hoy me he presentando como la nueva representante de "x"... mi sorpresa ha sido mayúscula al darme la excusa más absurda posible para justificarse por su negativa a realizar pedido.
Me he quedado con la boca abierta y después he notado como se me han subido los colores. ¿No le habría sido más fácil decirme directamente la verdad, que yo hubiera aceptado, a soltarme la enorme mentira que me ha dicho... a sabiendas que yo sé que es mentira? Así también me habría ahorrado la enorme vergüenza ajena que he sentido por una persona a la que yo consideré amiga.
En mi nuevo trabajo, me he tropezado con una cliente que es conocida... es más, durante años he sido yo su cliente de su negocio de droguería. Conozco sus circunstancias, su vida personal más o menos, conozco a su marido y a su hijo que trabaja con ella ocasionalmente en el negocio familiar... Así que cuando hoy me he presentando como la nueva representante de "x"... mi sorpresa ha sido mayúscula al darme la excusa más absurda posible para justificarse por su negativa a realizar pedido.
Me he quedado con la boca abierta y después he notado como se me han subido los colores. ¿No le habría sido más fácil decirme directamente la verdad, que yo hubiera aceptado, a soltarme la enorme mentira que me ha dicho... a sabiendas que yo sé que es mentira? Así también me habría ahorrado la enorme vergüenza ajena que he sentido por una persona a la que yo consideré amiga.
Consejos gratuitos
¿Cuestión de naturaleza? ¿De personalidad? No lo sé, pero no me gustan dar consejos. Tengo muy claro el tipo de consejo que me van a dar según sea la persona. Si tengo un problema y acudo a un sacerdote, no me equivocaré en lo que me dirá... igual que no me equivocaré si me lo da mi madre, una amiga o la vecina del quinto. Aunque reconozco que si me lo da un desconocido, mis probabilidades de acertar serán mínimas... pero ¿pedirle un consejo a un desconocido? no, gracias.
No me gusta recibir consejos, así que no suelo darlos. Cuando alguien me lo pide, acudo a mi experiencia previa y cuento como reaccioné ante un hecho similar, pero la decisión a tomar es de la otra persona, jamás se me ocurrirá decirle que lo haga así o asá (que mala política sería... porque me costaría mucho, pero muchísimo, pedir el voto para mi... je... ¿aconsejar un voto? no, gracias).
No caeré en el tópico de contar que escribo para mi... porque además de eso, también escribo para que me lean. Me gusta contar historias y me gusta que las personas que las leen, se las vayan imaginando. Para mi lo principal son las palabras.
Así que para la persona que me ha escrito un mail, aconsejándome cambiar mi blog... ponerle varios gifs en cada artículo, introducir música que acompañe, enlazar bitácoras más "importantes", hacer un diseño más interesante... para convertir a esta pequeña salita de estar en un salón muy importante con muchas visitas... decirle que no, gracias por el consejo gratuito pero prefiero a mis amigos, aunque sean pocos, en esta pequeña salita, porque sus visitas, con sus conversaciones, siempre son de agradecer a conseguir un gran blog que a nadie le diga nada, ni incluso a mi.
No me gusta recibir consejos, así que no suelo darlos. Cuando alguien me lo pide, acudo a mi experiencia previa y cuento como reaccioné ante un hecho similar, pero la decisión a tomar es de la otra persona, jamás se me ocurrirá decirle que lo haga así o asá (que mala política sería... porque me costaría mucho, pero muchísimo, pedir el voto para mi... je... ¿aconsejar un voto? no, gracias).
No caeré en el tópico de contar que escribo para mi... porque además de eso, también escribo para que me lean. Me gusta contar historias y me gusta que las personas que las leen, se las vayan imaginando. Para mi lo principal son las palabras.
Así que para la persona que me ha escrito un mail, aconsejándome cambiar mi blog... ponerle varios gifs en cada artículo, introducir música que acompañe, enlazar bitácoras más "importantes", hacer un diseño más interesante... para convertir a esta pequeña salita de estar en un salón muy importante con muchas visitas... decirle que no, gracias por el consejo gratuito pero prefiero a mis amigos, aunque sean pocos, en esta pequeña salita, porque sus visitas, con sus conversaciones, siempre son de agradecer a conseguir un gran blog que a nadie le diga nada, ni incluso a mi.
Masajitos a diez céntimos
¿A quién no le gustan los masajes? Sentir esas manos pasando por tu cuerpo, acariciando en momentos y en otras ayudando a los músculos a relajarse, a encontrar su mejor postura....
Me encantan los masajes, siento como si por momentos, viviera en otro cuerpo del que se evaporan los problemas y termino con una enorme sonrisa de satisfacción.
También me gusta que mis hijas tengan iniciativas para ganar algo de dinero. Que sientan la responsabilidad y la obligación de realizar un trabajo para obtener un beneficio.
Pero lo que ya no me gusta tanto (porque uno más uno, en ocasiones no suman dos), es que me despierten a las ocho de la mañana con un:
- Mami... ¿te doy un masajito por diez céntimos?
La madre que la "parió" ¿quién sería?
Me encantan los masajes, siento como si por momentos, viviera en otro cuerpo del que se evaporan los problemas y termino con una enorme sonrisa de satisfacción.
También me gusta que mis hijas tengan iniciativas para ganar algo de dinero. Que sientan la responsabilidad y la obligación de realizar un trabajo para obtener un beneficio.
Pero lo que ya no me gusta tanto (porque uno más uno, en ocasiones no suman dos), es que me despierten a las ocho de la mañana con un:
- Mami... ¿te doy un masajito por diez céntimos?
La madre que la "parió" ¿quién sería?
Bienvenida a casa
Cuando era niña y vivía en casa de mis abuelos, jamás vi anormal que vivieran con las puertas de casa abiertas. No me sorprendía que cualquier vecino entrara y preguntara por alguien o que una vecina pidiera un poco de harina o incluso, alguna sartén que no se pegara la tortilla. Durante todo el día, cualquiera podía entrar, aunque en ese momento ningúno de los habitantes de casa estuvieran cerca... los gatos entraban y salían sin impedimento... los niños también.
Cuando fui a vivir con mis padres, aunque ya no fuera en un pueblo, sino en una gran ciudad, la vida se vivía igual: la puerta de su piso siempre estaba abierta durante el día. Eso si, cuando salían todos, la puerta se cerraba, pero esa era, junto con el momento de irse a dormir, la ocasión en que se hacía. Era habitual que en el momento de la merienda, mi madre se encontrara con sus dos hijos y algunos hijos de vecinos más, pidiendo un bocadillo de chorizo. Y allí estaba ella, saliendo pronta a la panadería, para abastecer a la chiquillería. Jamás hubo una queja por esa circunstancia... ni por la de encontrarse con otras vecinas al olor del café, entrando por la puerta. Mis padres, al igual que mis abuelos, siempre disfrutaron de una intensa vida vecinal.
Así que me costó mucho adaptarme a una vida solitaria, aunque rodeada de vecinos, cuando salí de mi casa. Me costó bastante descubrir que en mi nueva vivienda, las puertas de los vecinos siempre estaban cerradas, que aparte de un triste y solitario hola y adios, al tropezarse por la escalera o un comentario sobre el tiempo al coincidir en el ascensor, no había vida social. Me costó adaptarme a tener la puerta de mi piso cerrada.
Hubo despedidas cuando me marché de casa de mis padres para emprender mi nueva vida. Pero no hubo bienvenidas en mi nueva vivienda.
Descubrí que esa buena cualidad de mis abuelos y mis padres, que ese compartir entre vecinos, ya no existía. O tal vez era yo la que no había heredado la facilidad para hacer amigos que ellos tenían. Pero si hay algo que reconozco que comparto con mi familia... y es la facilidad para ofrecer lo que tienes, aunque sea poco.
Mañana llegará un nuevo habitante a casa. No tengo mucho, solo un techo sobre mi cabeza y unas habitaciones bastante desordenadas, no en vano, creo sinceramente que no tengo hijas, sino un par de leonas. Pero lo he ofrecido de corazón. No me importará compartirlo si a cambio veo ilusión en unos ojos que sonríen, estaré bien pagada.
Bienvenida a casa.
Cuando fui a vivir con mis padres, aunque ya no fuera en un pueblo, sino en una gran ciudad, la vida se vivía igual: la puerta de su piso siempre estaba abierta durante el día. Eso si, cuando salían todos, la puerta se cerraba, pero esa era, junto con el momento de irse a dormir, la ocasión en que se hacía. Era habitual que en el momento de la merienda, mi madre se encontrara con sus dos hijos y algunos hijos de vecinos más, pidiendo un bocadillo de chorizo. Y allí estaba ella, saliendo pronta a la panadería, para abastecer a la chiquillería. Jamás hubo una queja por esa circunstancia... ni por la de encontrarse con otras vecinas al olor del café, entrando por la puerta. Mis padres, al igual que mis abuelos, siempre disfrutaron de una intensa vida vecinal.
Así que me costó mucho adaptarme a una vida solitaria, aunque rodeada de vecinos, cuando salí de mi casa. Me costó bastante descubrir que en mi nueva vivienda, las puertas de los vecinos siempre estaban cerradas, que aparte de un triste y solitario hola y adios, al tropezarse por la escalera o un comentario sobre el tiempo al coincidir en el ascensor, no había vida social. Me costó adaptarme a tener la puerta de mi piso cerrada.
Hubo despedidas cuando me marché de casa de mis padres para emprender mi nueva vida. Pero no hubo bienvenidas en mi nueva vivienda.
Descubrí que esa buena cualidad de mis abuelos y mis padres, que ese compartir entre vecinos, ya no existía. O tal vez era yo la que no había heredado la facilidad para hacer amigos que ellos tenían. Pero si hay algo que reconozco que comparto con mi familia... y es la facilidad para ofrecer lo que tienes, aunque sea poco.
Mañana llegará un nuevo habitante a casa. No tengo mucho, solo un techo sobre mi cabeza y unas habitaciones bastante desordenadas, no en vano, creo sinceramente que no tengo hijas, sino un par de leonas. Pero lo he ofrecido de corazón. No me importará compartirlo si a cambio veo ilusión en unos ojos que sonríen, estaré bien pagada.
Bienvenida a casa.
Te quiero papa
Está enfermo, ingresado en el hospital, tiene muchos años y a pesar de que todo el mundo me dirá que es ley de vida, me cuesta mucho aceptarlo. Lo siento, hoy sólo tengo cabeza para recordar los cientos de mimos y cariños que mi abuelo me ha dado a lo largo de mi vida.
Te quiero papa.
Editado ocho de julio: Está reaccionando bien al tratamiento impuesto por los médicos, pero su casi siglo de vida limita mucho las posibles actuaciones a seguir. Cuesta mucho sonreir cuando sabes que quizás tengas los útlimos recuerdos de alguien a quien quieres.
Editado diez de julio: Evoluciona muy bien, quizás en unos días vuelva a estar en casa... en su casa. Gracias a todos por vuestros apoyos, de corazón.
Te quiero papa.
Editado ocho de julio: Está reaccionando bien al tratamiento impuesto por los médicos, pero su casi siglo de vida limita mucho las posibles actuaciones a seguir. Cuesta mucho sonreir cuando sabes que quizás tengas los útlimos recuerdos de alguien a quien quieres.
Editado diez de julio: Evoluciona muy bien, quizás en unos días vuelva a estar en casa... en su casa. Gracias a todos por vuestros apoyos, de corazón.
¿Qué es ser virgen?
En ocasiones me dicen que con mis hijas no me da tiempo a aburrirme, aunque ayer llegué a la conclusión de que realmente, lo que no puedo hacer es despistarme, porque me pillan a la vuelta de cambio.
Durante la cena:
- Mami ¿qué es ser virgen?
La mami (o sea moi) se le hace un nudo en la garganta, justo al escuchar la pregunta, intenta beber agua para darse un poco más de tiempo antes de contestar a la pregunta... organiza sus pensamientos y responde, de manera tal que Ithilien acepta. Pero en eso llega Estel:
- ¿Y eso por qué ocurre?
- ¿¡¡¡QUÉ!!!?
- Que ¿por qué hay personas así?
Y me da la puntilla...
- Bueno, pues... porque... siempre tiene que haber una primera vez para todo.
Ufff... cada día siento que es más difícil ser madre de unas niñas... y el miedo que siento cuando pasen a ser adolescentes...
Durante la cena:
- Mami ¿qué es ser virgen?
La mami (o sea moi) se le hace un nudo en la garganta, justo al escuchar la pregunta, intenta beber agua para darse un poco más de tiempo antes de contestar a la pregunta... organiza sus pensamientos y responde, de manera tal que Ithilien acepta. Pero en eso llega Estel:
- ¿Y eso por qué ocurre?
- ¿¡¡¡QUÉ!!!?
- Que ¿por qué hay personas así?
Y me da la puntilla...
- Bueno, pues... porque... siempre tiene que haber una primera vez para todo.
Ufff... cada día siento que es más difícil ser madre de unas niñas... y el miedo que siento cuando pasen a ser adolescentes...
Bitácoras
Cuando en el año 2002 descubrí el mundo de los blogs, no llegué a imaginar cuanto supondrían para mi ni hasta que punto llegaría a involucrarme en ellos, teniendo el mío propio.
Todo un descubrimiento en el que entraba de puntillas, con algo de verguenza al sentir que leía diarios privados, y salía procurando no hacer ruido, que nadie descubriera mis pisadas al pasar por esos pedacitos de habitaciones personales.
Hasta que un día, meses después, un artículo me impresionó de tal manera, que no puede salir sin dejar mi pedacito en él... comenté. Horas después recibí un mail de la persona que escribía esa página. Le había gustado mi comentario y por fín había puesto un nombre a ese alguien que entraba de puntillas sin hacer ruido. Vaya, había olvidado que se podían hacer esas cosas si eras lo bastante avispado.
Poco a poco empecé a dejar mis pedacitos en todos los blogs que leía (para entonces eran un buen montón), empecé a interrelacionarme con las personas que escribían y mostraban esa parte de su vida. Y empecé a hacer amigos.
También descubrí que el mundo de los blogs es exactamente igual que el mundo físico con el que nos relacionamos todos los días. Las personas evolucionan y un buen día, desaparecen. Muchos ponían punto y final a su etapa como escritores sin avisar. Sencillamente un día dejaban su último artículo y no volvían. Otros se despedían hasta pronto... otros hasta siempre... otros sencillamente borraban su blog... otros siguen ahí después de años, al pie del cañón... pero son tan pocos (sólo cuatro de ese primer grupo de favoritos en el que me movía al principio de mi adicción a este munto siguen activos después de estos años), pero muchos más entraban, siempre había páginas nuevas que descubrir, algunas sencillamente no te gustaban, pero con otras sentías inmeditamente una atracción por el autor y querías saber más y más.
Casi al principio de dejar mis comentarios, empezaron a pedirme que escribiera mi propia bitácora. Al parecer los pedacitos de mi que iba dejando no solían dejar indiferentes... me resistía, mis diarios los sentía muy personales y me costaba imaginar a personas leyendo, comentando y evaluando quien era yo y porqué actuaba como lo hacía.
Yo también evolucioné con el tiempo y al final me dejé retar y convencer para empezar a escribir y dejar que me leyeran. Todo un descubrimiento el saberme leída que me enganchó definitivamente.
Y ahora, en pleno verano, ese grupo de bitácoras que casi se te hace imprescindible día a día, empiezan a desaparecer. Después de estos años debería estar acostumbrada, sé que un porcentaje muy pequeño volverán a abrir cuando terminen las vacaciones, pero la gran mayoría se quedará en el verano... y duele ver perderse esos pedacitos de otras vidas, a las que has ido tomando cariño pasados los días.
Para todos, los que se van de vacaciones y los que no, desear un buen verano, yo seguiré por aquí, os sigo necesitando.
Todo un descubrimiento en el que entraba de puntillas, con algo de verguenza al sentir que leía diarios privados, y salía procurando no hacer ruido, que nadie descubriera mis pisadas al pasar por esos pedacitos de habitaciones personales.
Hasta que un día, meses después, un artículo me impresionó de tal manera, que no puede salir sin dejar mi pedacito en él... comenté. Horas después recibí un mail de la persona que escribía esa página. Le había gustado mi comentario y por fín había puesto un nombre a ese alguien que entraba de puntillas sin hacer ruido. Vaya, había olvidado que se podían hacer esas cosas si eras lo bastante avispado.
Poco a poco empecé a dejar mis pedacitos en todos los blogs que leía (para entonces eran un buen montón), empecé a interrelacionarme con las personas que escribían y mostraban esa parte de su vida. Y empecé a hacer amigos.
También descubrí que el mundo de los blogs es exactamente igual que el mundo físico con el que nos relacionamos todos los días. Las personas evolucionan y un buen día, desaparecen. Muchos ponían punto y final a su etapa como escritores sin avisar. Sencillamente un día dejaban su último artículo y no volvían. Otros se despedían hasta pronto... otros hasta siempre... otros sencillamente borraban su blog... otros siguen ahí después de años, al pie del cañón... pero son tan pocos (sólo cuatro de ese primer grupo de favoritos en el que me movía al principio de mi adicción a este munto siguen activos después de estos años), pero muchos más entraban, siempre había páginas nuevas que descubrir, algunas sencillamente no te gustaban, pero con otras sentías inmeditamente una atracción por el autor y querías saber más y más.
Casi al principio de dejar mis comentarios, empezaron a pedirme que escribiera mi propia bitácora. Al parecer los pedacitos de mi que iba dejando no solían dejar indiferentes... me resistía, mis diarios los sentía muy personales y me costaba imaginar a personas leyendo, comentando y evaluando quien era yo y porqué actuaba como lo hacía.
Yo también evolucioné con el tiempo y al final me dejé retar y convencer para empezar a escribir y dejar que me leyeran. Todo un descubrimiento el saberme leída que me enganchó definitivamente.
Y ahora, en pleno verano, ese grupo de bitácoras que casi se te hace imprescindible día a día, empiezan a desaparecer. Después de estos años debería estar acostumbrada, sé que un porcentaje muy pequeño volverán a abrir cuando terminen las vacaciones, pero la gran mayoría se quedará en el verano... y duele ver perderse esos pedacitos de otras vidas, a las que has ido tomando cariño pasados los días.
Para todos, los que se van de vacaciones y los que no, desear un buen verano, yo seguiré por aquí, os sigo necesitando.
El colchón de Star Trek
"Blu... blu... blu... blu..."
- Mamiiiiiiiiii.... teléfono.
- Leñes con el nuevo teléfono, que no escucho cuando suena el pavo.
- Mami, no es un pavo.
- Ya... ya sé que no es un pavo Ithilien.
Y Wen se dirige rauda a contestar la llamada.
- ¿Si?... ¡ah! hola mamá ¿qué te cuentas?... No, todavía no he mirado los colchones... ¿Cómo que no hace falta que mire?... ¿Qué me has comprado un colchón?... A ver, mamá, cuéntame que es eso del colchón.... Ajá... ¿Y de qué es el colchón? ¿De muelles? ¿De estos de látex que están de moda ultimamente?... ¿Cómo?... ¡ah!... ya... que no tienes ni idea pero que a ti te pareció bueno. Mira mamá, quedamos mañana y ya hablamos de que es esa compra tan estupenda que has hecho.... Hasta mañana mamá... si.... vale, un beso.
Días después.
"Blu... blu... blu... blu... blu...."
- Mamiiiiiiiiiiiii... el pavo.....
- Ya, ya lo he oido, ya voy.
- ¿Diga?... ¿Quién?... No, no... yo no me llamo así.... ya... ya... sí, esa es mi madre... ¿El colchón?... si, si, pueden traerlo hoy.
Horas más tarde.
"Ding... dong..."
- Mamiiiiiiiiii... llaman a la puerta.
- Pues algún día podrías abrir en vez de gritarme.
- ¿Pero y si es un desconocido? mejor abres tú.
"Esta niña que siempre tiene que decir la última palabra"
Wen abre la puerta y ve a un señor, pequeñito, delgadito, con un enorme rollo bajo el brazo.
- Buenas días, traigo el colchón.
"Eso debe de ser el cubrecolchón"
- Si, aquí es, pase... ¿están subiendo el colchón por la escalera?
- ¿Qué?... no, no... éste es el colchón - mientras señala el enorme rollo cubierto de plástico, lo agarra sin esfuerzo y lo introduce en la casa.
Wen sorprendida no sabe si mirar el señor pequeñito o al enorme rollo.
- ¿Eso?
- Si, está envasado al vacío. ¿Dónde lo dejo?
- Por aquí.
- Este novedísimo colchón está fabricado con un polímero... bla... bla... bla.... antialérgico, antihumedad, indeformable, anatómico, con garantía de diez años,... bla... bla... bla.
Ella casi no escucha la enorme parrafada que le dice el señor pequeñito, cuando éste quita la protección de plástico y zasss.... el enorme rollo se abre en décimas de segundo y se convierte en un colchón.
"¡¡Ostras!! ¡¡Pero si es verdad, es el colchón!!"
- Debe dejar que termine por airearse al completo y coja su forma, al menos veinticuatro horas. Después podrá usarlo y ya notará la diferencia. Ha hecho usted una buena compra.... bla... bla... bla.... Si puede firmarme usted aquí.
Wendeling despierta.
- ¿Qué?
- El recibo de entrega, si puede firmármelo por favor.
Alcanza a firmar el recibo sin dejar de mirar de reojo el colchón antialérgico, antihumedad, indeformable, anatómico, con garantía de diez años.
El señor pequeñito se despide.
- Y no dude en llamarnos si encuentra alguna pequeña pega o tiene alguna duda...
- Sí... sí...
- Mami, vaya colchón más raro te ha comprado la abuela - comenta Ithilien mientras lo toca con un dedo indeciso primero y después apoyándose con las dos manos.
- Es que los tiempos adelantan una barbaridad - sentencia Estel.
- Mamiiiiiiiiii.... teléfono.
- Leñes con el nuevo teléfono, que no escucho cuando suena el pavo.
- Mami, no es un pavo.
- Ya... ya sé que no es un pavo Ithilien.
Y Wen se dirige rauda a contestar la llamada.
- ¿Si?... ¡ah! hola mamá ¿qué te cuentas?... No, todavía no he mirado los colchones... ¿Cómo que no hace falta que mire?... ¿Qué me has comprado un colchón?... A ver, mamá, cuéntame que es eso del colchón.... Ajá... ¿Y de qué es el colchón? ¿De muelles? ¿De estos de látex que están de moda ultimamente?... ¿Cómo?... ¡ah!... ya... que no tienes ni idea pero que a ti te pareció bueno. Mira mamá, quedamos mañana y ya hablamos de que es esa compra tan estupenda que has hecho.... Hasta mañana mamá... si.... vale, un beso.
Días después.
"Blu... blu... blu... blu... blu...."
- Mamiiiiiiiiiiiii... el pavo.....
- Ya, ya lo he oido, ya voy.
- ¿Diga?... ¿Quién?... No, no... yo no me llamo así.... ya... ya... sí, esa es mi madre... ¿El colchón?... si, si, pueden traerlo hoy.
Horas más tarde.
"Ding... dong..."
- Mamiiiiiiiiii... llaman a la puerta.
- Pues algún día podrías abrir en vez de gritarme.
- ¿Pero y si es un desconocido? mejor abres tú.
"Esta niña que siempre tiene que decir la última palabra"
Wen abre la puerta y ve a un señor, pequeñito, delgadito, con un enorme rollo bajo el brazo.
- Buenas días, traigo el colchón.
"Eso debe de ser el cubrecolchón"
- Si, aquí es, pase... ¿están subiendo el colchón por la escalera?
- ¿Qué?... no, no... éste es el colchón - mientras señala el enorme rollo cubierto de plástico, lo agarra sin esfuerzo y lo introduce en la casa.
Wen sorprendida no sabe si mirar el señor pequeñito o al enorme rollo.
- ¿Eso?
- Si, está envasado al vacío. ¿Dónde lo dejo?
- Por aquí.
- Este novedísimo colchón está fabricado con un polímero... bla... bla... bla.... antialérgico, antihumedad, indeformable, anatómico, con garantía de diez años,... bla... bla... bla.
Ella casi no escucha la enorme parrafada que le dice el señor pequeñito, cuando éste quita la protección de plástico y zasss.... el enorme rollo se abre en décimas de segundo y se convierte en un colchón.
"¡¡Ostras!! ¡¡Pero si es verdad, es el colchón!!"
- Debe dejar que termine por airearse al completo y coja su forma, al menos veinticuatro horas. Después podrá usarlo y ya notará la diferencia. Ha hecho usted una buena compra.... bla... bla... bla.... Si puede firmarme usted aquí.
Wendeling despierta.
- ¿Qué?
- El recibo de entrega, si puede firmármelo por favor.
Alcanza a firmar el recibo sin dejar de mirar de reojo el colchón antialérgico, antihumedad, indeformable, anatómico, con garantía de diez años.
El señor pequeñito se despide.
- Y no dude en llamarnos si encuentra alguna pequeña pega o tiene alguna duda...
- Sí... sí...
- Mami, vaya colchón más raro te ha comprado la abuela - comenta Ithilien mientras lo toca con un dedo indeciso primero y después apoyándose con las dos manos.
- Es que los tiempos adelantan una barbaridad - sentencia Estel.
Recuperar las ilusiones
Julio, pleno verano, mucha calor, vacaciones en el colegio... y Wen empieza en un nuevo trabajo en el que tendrá que callejear.... Y cómo todos los trabajos que encuentra ultimamente, no muy bien pagado.
Se admiten apuestas: "¿Cuánto tiempo tardará en estar de nuevo desempleada?"
Aunque la verdad sea dicha, ha empezado con muy bien pie, teniendo en cuenta que su contrato comienza el uno de julio y en agosto, la empresa cierra por vacaciones.
Nuevo trabajo, pero por ahora, deja aparcadas las nuevas ilusiones... ha perdido muchas ultimamente y necesita recuperarlas un poquito antes de apostarlas de nuevo.
Se admiten apuestas: "¿Cuánto tiempo tardará en estar de nuevo desempleada?"
Aunque la verdad sea dicha, ha empezado con muy bien pie, teniendo en cuenta que su contrato comienza el uno de julio y en agosto, la empresa cierra por vacaciones.
Nuevo trabajo, pero por ahora, deja aparcadas las nuevas ilusiones... ha perdido muchas ultimamente y necesita recuperarlas un poquito antes de apostarlas de nuevo.