REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "Los hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien
Compartiendo con mis hijas: "La casa de la Colina Negra" de José Antonio Cotrina
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Sindicación
 
Madres y supermadres
¿En que momento una mujer se convierte en madre?

Hay quien opina que es en el momento de la concepción. Otras personas creen que es justo cuando nace el retoño. Y algunas más que es varios días después del nacimiento. Yo formo parte del grupo que piensa que no es necesario tener un hijo físicamente, sino sentirlo... desde el instante que sientes que eres la única protección que tiene... que sientes que te necesita... que sin ti no puede seguir viviendo... En ese momento eres madre. Te sientes madre.

Me sentí madre desde el primer instante en que sospeché mi embarazo.

Y es justo en ese momento, en el que te sientes madre, cuando darías tu vida por él. Porque a partir de ese instante, tus objetivos quedan aparcados, solo la vida de tu hijo es el objetivo. Conseguir que salga adelante en un primer instante. Después empezar a enseñarle. Ver como va creciendo.

Educarle.

Y los hijos van creciendo... pero tú sigues siendo madre. Tu hijo es especial, siempre será el niño más especial que existe en el universo. Ves sus logros y te alegras, te das cuenta que todo el esfuerzo ha valido la pena. Todos tus desvelos, todas tus energías gastadas, tienen su fruto.

Pero eres madre y también eres humana.

Un buen día te das cuenta que ese niño, es tu hijo y también es humano. Tiene sus fallos. Los ves, aunque intentes corregirlos, aunque intentes disimularlos.

¿En que momento decide un madre que su hijo es perfecto y deja de ver esos pequeños errores?

Cuando quiere obviar que en algún momento ha equivocado su educación. Se lo niega categóricamente. Ella es una supermadre, no se ha equivocado al educar a su hijo y por consiguiente este es perfecto.

Y defenderá esa perfección a muerte, igual que antes daba su vida por él. Su hijo no es humano. Es un superhombre y es el resto del mundo el que está equivocado.

Es difícil, muy complicado, hacer comprender a esa madre que tal vez su hijo no cumpla jamás las expectativas que ella se forjó.

Toda madre tiene que tener cuidado en no convertirse en supermadre, porque toda madre puede caer en ello. Tenemos que tener nuestra objetividad muy presente con nuestros hijos, porque es muy fácil ver los fallos educacionales en otros niños y no verlos en los nuestros.

Pero toda madre seguirá siendo madre, hasta que fallezca. Y la supermadre seguirá sacando uñas y dientes con su hijo de veinte años, de cuarenta o de sesenta... aunque provoque una triste sonrisa sarcástica ver a una supermadre de ochenta años defendiendo a su retoño usando las mismas técnicas que cuando éste iba a la guardería.

 
Una sonrisa
Una sonrisa.

Siempre he pensado que el mundo se creó a partir de una sonrisa. Que la luz surgió en la chispa de unos ojos sonrientes. Y el amor a través de unos labios que acarician con unos besos.

Siempre he pensado que ese es el mundo que quiero, el mundo que deseo para ellas. ES el mundo que recibí de mi madre y el que quiero ceder a mis hijas.

Una sonrisa, el mundo se creó a partir de una sonrisa. Y a pesar de mis desengaños, de mis temores, de mis tropiezos, nadie podrá quitarme esa sonrisa que creó el mundo. Nadie me robará la sonrisa que creó el mundo de mis niñas.

Con una sonrisa.



Nota: El amor no se demuestra con riquezas, sino con una sonrisa que chispea. Y el amor más puro es el que siente una madre por sus pequeños (o un padre, pero sólo puedo hablar desde mi experiencia).

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Final de la infancia
El día que descubres que tus hijas han dejado de ser inocentes, sientes como si veinte años cayeran de golpe sobre tí. Hasta ahora era una quien las protegía ante los daños que la maldad puede producir en ellas, o al menos ese era tu consuelo.

Mis niñas...

Y hoy, descubres que su padre, en decisión unilateral y sin consultar, las ha llevado a reservar sus juguetes para reyes.

- ¿Qué? ¿qué habéis hecho que?

Y preguntas y descubres que ya no son tan niñas, que su padre les contó hace poco quien eran de verdad los reyes magos... que no eran tan magos los pobres.

- ¿Y por qué no me habéis dicho nada?

- Es que te vemos tan ilusionada...

Y te quedas con la boca abierta, porque ahora, en su madurez son ellas las que te protegen para que una no pierda la inocencia y la ilusión.

- Bueno mami, la verdad es que un poco magos si que son, porque ¿cómo los padres pueden gastar tanto dinero en un día?

- Porque Estel, ahorran durante todo el año, para que sus hijos crean en la magia de la vida. Porque los aman y el mejor regalo que unos padres pueden recibir es una enorme sonrisa llena de ilusión, aunque les cueste todo un año de esfuerzos y sacrificios.

Estel e Ithilien van saltando las barreras que significan el final de su infancia y yo no puedo evitar soltar unas lágrimas imaginando los tropiezos que se llevaran en su vida hasta alcanzar la madurez. Duele no poder protegerlas siempre.

Duele verlas crecer.

 
Imbecibilidad
En ocasiones el subconsciente nos juega malas pasadas... o tal vez es que nos quiere mostrar el camino y no le dejamos.

Wendeling trabajando, como siempre pensando en los pajaritos mientras anda por la calle, un escaparate lleno de revistas, es su papelería habitual, pero hoy sólo pasará por la puerta, sin entrar.

De pronto, hay algo que le llama la atención. Es su revista favorita, la única a la que ha sido fiel los últimos veinticinco años.

Pero lo que le ha llamado la atención hasta el extremo de parar y confirmar lo que ha leído, es el artículo que muestra la portada:

La ciencia ya lo ha logrado: IMBECIBILIDAD

No sabía que algo así tenía que demostrarlo la ciencia, la verdad.

Nota: Lo que realmente pone en portada es INVISIBILIDAD, pero como decía al principio, tal vez el subconsciente quiere mostrarnos algo y no le hacemos caso.

 
Piropos
Cuando tenía diecisiete años, cierto chico (o ya hombre, porque pasaba de los veinticinco) que al parecer yo le interesaba pero que él a mi nada de nada (demasiado viejo y poco progre para mi gusto de entonces) me dijo una noche, mientras compartíamos una mesa en un pub abarrotado de personal:

- Wen, eres una mujer de bandera, una mujer de pieles y joyas.

En aquel momento quise pensar que sólo pretendía decirme un piropo aunque mi intuición me dictaba que lo que pretendía era halagarme, intentar convencerme que era una mujer para lucir, una perfecta amante pero nunca la pareja estable de alguien.

Mi romanticismo de entonces consiguió acallar mis dudas y seguir buscando al hombre ideal. Aunque poco después de esa sentencia, fui la mujer de pieles y joyas de alguien que solo pretendió exhibirme como conquista y nunca amarme.

Aprendemos de nuestros errores, aunque nos creamos tan inteligentes como para no caer en ellos.


Nota: y pensar que este post ha surgido de un piropo que he recibido hoy en la calle: "Esto si que es una mujer y no las que se crían ahora", que me hizo recordar aquel de mujer de pieles y joyas. Sigue sorprendiéndome mi capacidad de divagar mientras camino y las relaciones que establece la memoria.

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Aprendiendo a defenderme
Aunque en circunstancias que cuente aquí, no lo parezca, soy de naturaleza vergonzosa. En muchas ocasiones prefiero callarme ante las injusticias que me afectan directamente... peco de demasiado pacífica y creo que las personas que me rodean tienen un concepto de mi de alguien con el que siempre contar y aprovecharse, porque raramente digo no, aunque estoy aprendiendo a hacerlo.

Pero hoy la indignación ha podido conmigo. Reconozco que estoy cambiando, porque hace unos años me hubiera callado y tragado todo, reconociendo mi supuesto error. Hoy me he sorprendido cuando de mi boca, muy bajito al principio el volumen de mi voz, ha salido un:

- ¿Y no se te cae la cara de vergüenza?

A una antigua compañera con la que compartí trabajo, amistad y confianza durante tres años.

Sentía como mi voz tartamudeaba, costándole salir. Los colores subieron a mi cara. El corazón latía más fuerte... mi cabeza pensaba que mejor callarse, que era una tontería... pero mi yo vergonzoso acabó perdiendo ante el yo indignado. Era una injusticia, moralmente yo no era la equivocada, sino ella. Mi voz terminó afianzándose y volviendo a repetir:

- Debería caérsete la cara de vergüenza. Después de todo lo que sé de ti, que tu me digas a mi que yo soy la equivocada.

- Yo te he hablado bien Wen, no me tienes por qué contestar así. Las cosas son así y hay que aceptarlas. A mi no me tiene que caérseme la cara de vergüenza, porque yo no he hecho nada mal.

- Perdona, pero lo has hecho mal durante mucho tiempo, la de veces que estúpida de mi, te he salvado la situación yo... y que ahora me vengas con esas.

Mi yo vergonzoso ha vuelto a resurgir, haciéndome callar, al ver su cara de indignación... "la de ella", altiva y sabiéndose con la razón, su razón, claro.

Pero cuando se ha marchado, me he sonreído. Yo sé quien es la equivocada en este caso y aunque me espero que la historia transcienda como una Wen furiosa sin razón, que la ha atacado y ella ha resultado vencedora. No me importa en este momento.

Día a día, me sigo reinventado y me gusta el resultado.

La vida sigue y yo sigo con ella.

 
Cotilleos de antes y de ahora
¿Hay algo peor que darte cuenta que están criticando a una de tus mejores amigas a su espalda?

Pues si, darte cuenta que...


Mil novecientos noventa y dos. El año que todos esperaban, el gran boom de visitas y por descontado, el gran año de las azafatas de exposiciones. Todas tenían trabajo, es más, había tanta oferta que hasta empezaban a contratar a personal sin experiencia ni titulación.

Los meses de verano fueron agotadores, demasiadas horas trabajadas, aunque a fin de mes, compensaba sobradamente. Wendeling cobraba por dietas más incluso que su sueldo.

Todas las mañanas, uno de los tres vagones del cercanías de la costa del sol, iba abarrotado de promotoras y azafatas de exposiciones. Después de varios meses compartiéndolo, casi todas se conocían de vista e identificaban a las distintas empresas por los uniformes que cada una llevaban. Pero siempre había chicas nuevas, casi a diario.

Final del verano, Wen se sube con una compañera en el tren, es última hora de la tarde y está deseando llegar a casa, ducharse, cenar y meterse en la cama. Se encuentra realmente cansada.

Encuentran asiento junto a otras dos compañeras, reconocen el uniforme de una empresa rival, aunque en el fondo, todas son iguales. A los pocos minutos, empiezan a compartir conversación con ellas, les espera una hora de viaje.

Hablan del trabajo, las otras chicas solo llevan unas semanas en él y no les gusta mucho. Hablan del calor, hablan de las horas de pie sin hacer nada, hablan de chicos, hablan de sueldos, hablan de otras compañeras y la rivalidad que existe entre marcas en ocasiones....

- ¿Y vosotros con quién trabajáis? - refiriéndose a la empresa.

- Con Alfonso. Vosotras sois de Francis ¿no?

- Si. Ah... Alfonso, creo que me he tropezado con algunas compañeras vuestras.

Y pronuncia varios nombres y lugares.

- Si, las conocemos.

- Pues también debéis conocer a una tal Wen, que al parecer lleva mucho tiempo trabajando con Alfonso y le da siempre los mejores lugares.

Wen sonríe, está a punto de indicar que hablan de ella, cuando su compañera le da un codazo.

- Pues no sé quien dices - habla la compañera de Wendeling.

- Si, mujer, si llevas tiempo en esa empresa, tienes que conocerla. Se llama Wen, tiene gafas, pelo largo y es bastante guapa. Me han dicho que está trabajando por la costa, era para preguntarte si la has visto en el tren.

- Pues creo que si sé de quien hablas. ¿Para que quieres verla?

- No, si yo no quiero verla, ni conocerla. Es una chupapo**s, por eso tiene ese enchufe y consigue los mejores trabajos.

Wen abre mucho los ojos. Su compañera se queda con la boca abierta.

- ¡¡¡¿Qué?!!! ¿Qué quieres decir?

- Pues que se acuesta con el jefe, claro. Pero le está bien empleado, porque se ha quedado embarazada y ahora el jefe no quiere saber nada de ella.

- Me has dicho que no la conoces.

- No y te preguntaba si tú la conocías para no arrimarme a ella. Con esa gentuza yo no quiero tratos. Desprestigian a esta profesión.

Wen, callada, hundida en el asiento, roja como un tomate, sigue mirándo a la chica con la boca abierta, mientras su compañera intenta defenderla.

- Pues haz el favor de no hablar mal de alguien sin conocerlo. Porque Wen es una de las mejores profesionales que han trabajado en este sector, tiene un montón de años de experiencia y por eso consigue esos trabajos que son algo más complicados. Trabaja más horas que las demás y por consiguiente cobra más. Pero jamás creeré eso. Y más cuando me lo cuenta alguien que ni siquiera la conoce. Y si de verdad se hubiera quedado embarazada y el jefe no quisiera saber de ella, no seguiría trabajando con él ¿no crees?

Wendeling siente verguenza ajena. Están hablando de ella..., están hablando mal, muy mal, desprestigiándola a ella como persona y como profesional... y encima son dos desconocidas que creen a pies juntillas algo que le ha dicho alguien. Es incapaz de abrir la boca, de decir que esa Wen es ella. Que jamás se ha acostado con su jefe, que ni siquiera le atrae, es su jefe y ya está. Sin ningún tipo de relación fuera del trabajo.

- Claro, tú que vas a decir, si trabajas para el mismo jefe, seguro que a ti también te apetecería que él te metiera mano y conseguir más dinero.

Wen se levanta del asiento, prefiere irse a otro lugar, aunque sea de pie, no soporta más estar al lado de alguien tan rastrero. Su compañera la sigue.

- No te preocupes, Wen, las que de verdad te conocemos, sabemos que todo eso es mentira.

- ¿Y cuántas de verdad me conocen? ¿Cuánto tiempo lleva todo ese cotilleo por ahí para que dos novatas lo hayan escuchado? Me gusta este trabajo, me gusta lo que hago, pero no me gusta nada esa rivalidad. ¿Es que no se dan cuenta que así nunca conseguiremos un sueldo justo? ¿qué nunca seremos compañeras de verdad?

Nota: con el tiempo, el bulo fue extendiéndose, hasta el extremo de un año más tarde, escuchar una felicitación por ese hijo que había tenido... un hijo al que incluso pusieron un nombre: Álvaro. Claro, la madre del supuesto retoño fue la última en enterarse que tenía un hijo. Y hoy, he recordado toda esta historia al comprobar como un grupo de supuestas amigas de una muy buena amiga mía, hablaban mal de ella, sin saber que yo estaba a menos de 3 metros, escuchando como criticaban desde su manera de hablar, a la ropa que usaba y hasta su aptitud (si, de apto) en educar a sus hijos.


 
Conversaciones sobre hijos
Donde hay un grupo de madres, habrá conversación sobre hijos. Seguro. De sus notas, de sus travesuras, de sus enfermedades... de cuánto aprenden y de como nos lo comeríamos a besos.

Todos los niños son especiales (me repito, pero como madre, lo siento así).

Y después están las madres que sus hijos son los más especiales, porque sea cual sea el tipo de conversación sobre hijos, los suyos resaltarán: si se habla de travesuras, los suyos harán la más gorda, si se habla de notas, los suyos serán los más estudiosos... y las malas notas consecuencia de que los profesores le tienen manía a sus hijos y si se habla de enfermedades, los suyos serán los más enfermos, los que más han estado ingresados en el hospital, los que más dinero se han gastado en médicos y/o antibióticos y por supuesto, los que más operaciones llevan a cuestas.

Pobrecitos retoños, que nunca dejarán satisfechas a sus madres...
 
Roles femeninos
Wendeling descubrió siendo muy pequeña, que los niños y las niñas no eran iguales, como tampoco lo eran los hombres y las mujeres... y no a causa de sus diferencias físicas exteriores, sino a los roles que jugaban unos y otros.

Una niña podía montar en bicicleta, pero tenía que ser una bicicleta distinta a la de los niños.

Una niña no podía vestir pantalones.

Una niña no podía tirar piedras y mucho menos dar en el blanco.

Una niña no podía ser el caballero que salvara al reino.

Una niña no podía jugar al futbol, ni a las chapas, ni a las canicas... para ella existían otros juegos más femeninos, como los cromos, las muñecas recortables, la comba o el guiso.

Preguntó el porqué en muchas ocasiones y siempre recibía la misma respuesta: las niñas eran más débiles y debían dejarse cuidar y proteger por los hombres (o en estos casos, por los niños).

- ¿Proteger? ¿De quién?

- De los hombres malos.

- Pero si los malos son hombres... ¿cómo puedo confiar en ellos?

- Una niña no hace ese tipo de preguntas, para eso son niñas, aceptan que son más débiles y que tienen que ser protegidas.

Y ahí terminaba la discusión.

Pero Wen nunca lo aceptó. Ella era amiga de un fantasma, tenía una mula como compañera de juegos y su imaginación le aseguraba el escape perfecto.

Cuando creció un poco más, se dio cuenta que era verdad, los hombres y las mujeres no eran iguales, pero la razón no coincidía. Las mujeres no eran más débiles, solo se las forzaba en una educación estancada a aceptar ese rol en sus vidas.

Empezó a admirar a esas mujeres que habían sido capaces de no aceptar ser más débiles por obligación. Se descubrió devorando biografías de escritoras, músicas, científicas, reinas,... que fueron capaces de imponer sus ideas, de demostrar que era falsa esa supuesta debilidad femenina.

Y hoy, Wendeling, madre de dos hijas, intenta educarlas como igual a los hombres, ni mejor ni peor que ellos... luchará por que sus hijas puedan elegir sus juegos, su vestuario, su futuro, sin imposición ninguna de roles. Aunque cuesta... cuesta mucho, porque todavía existen hombres y mujeres que siguen aceptando que la mujer está ahí para servir al hombre y que éste ha de protegerla por ser más débil.

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La frase del día
A Estel siempre le ha gustado disfrazarse. Imaginar que es otra persona. Jugar a hacer gestos con su cara delante de su espejo. Ensayar movimientos...

Puede estar así durante horas, viviendo en su propio mundo imaginario.

Pero hoy nos ha llamado para hacernos partícipes de un nuevo gesto: Se ha mordido los carrillos, ha puesto boquita de piñón, mano en la cintura y moviendo el culete ha soltado la frase del día:

- Mira mami, así parezco tan delgada como una modelo... ¡¡pero que fea!! - mirándose de reojo al espejo.

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Miedos
Los miedos son los que nos hacen movernos en ocasiones, en otras consiguen que nos quedemos quietos. En definitiva, es el miedo el que nos hace evolucionar por conseguir evitarlo y también nos lleva a la inmovilidad intentando tal vez que lo que nos provoca ese miedo, pase de largo sin vernos.

¿Cuál es la mejor opción?

Durante años escogí esconderme. Aunque resulte redundante, sentía pánico a tener miedo.

Aprendí que nuestra manera de enfrentarnos a nuestros miedos tiene un poco que ver con nuestra personalidad y un mucho con la experiencia que nos dicta la vida.

Hoy en día decido enfrentarme a mis miedos, aunque hagan daño y valoro si ese dolor merece la pena sufrirlo por acallar mi miedo.

Decidí evolucionar y no solo Reinventar mi vida sino también reinventar mi manera de enfrentarme a mis miedos.

Ya no siento pánico por tener miedo. Ahora me siento guerrera y sé que no podrá conmigo.

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Madres perfectas
No me considero la madre perfecta. Reconozco mis fallos. Suelo ser bastante blanda en determinadas circunstancias. En ocasiones mis hijas me contestan y me cuesta no reírme ante sus respuestas cuando sé que debería imponer mi autoridad.

En otros momentos reacciono con demasiada dureza ante travesuras que en sí, no son tan problemáticas. Y cuando me doy cuenta, me hace sentir culpable.

Pero lo que ya no comprendo es como niños de la edad de mis hijas, se encuentran día tras día, jugando en la calle cuando deberían estar durmiendo. Lo que ya no comprendo es como permiten que niños de seis, siete, ... años, vean programas en televisión a altas horas de la madrugada. Lo que realmente me asusta es escuchar que una profesora de educación infantil tuvo que enfrentarse a un niño de cuatro años, armado con una navaja de grandes dimensiones y que la madre de dicho pequeño se justificara del hecho indicando que el niño le montó una rabieta al intentarle quitar la navaja, así que dejó que se la llevara al colegio.

No me considero la madre perfecta. Pero tengo miedo de las madres que si lo son.

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Despertando
He leído tantas veces que el amor muere con la convivencia, que no sé como enfrentarme a la idea de que es en el día a día, juntos, cuando más lo amo, cuando más me doy cuenta de todo lo que significa para mi, todo lo que significa en mi vida.

Llegó la hora de despertar de este maravilloso sueño. Y aunque todavía me cuesta decidirme a abrir los ojos, porque ronda tan cerca su olor, sé que tengo que enfrentarme a ello.

Mañana, cuando despierte, no lo encontraré a mi lado en la cama, aunque sienta que está cerca de mi.

Pero mañana, cuando despierte, mi vida seguirá adelante, día a día, hora a hora, acercándome... acercándonos al momento en que nuevamente estemos compartiendonos.

Y pese a quien le pese, pese a quien nos llame cursis empalagosos: Te quiero Monty.

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Felicidad
Durante años conté a quien quiso escucharme que la felicidad no existía como estado en sí, que solo existían pequeños momentos en los que te sentías dichoso y normalmente lo descubrías justo cuando esos momentos se habían acabado... que sólo te dabas cuenta que habías sido feliz cuando ya no lo eras.

Reconozco mi error.

Sí existe la felicidad. Como sentimiento y como estado. Y se siente cuando te encuentras así, porque en este momento, todos los problemas tienen solución, porque en este momento me siento feliz.

Ya no me es tan importante el llegar a fin de mes, ya no me es tan importante mi aspecto físico, ya no me es tan importante lo que los demás piensen o digan.

Soy feliz, me siento feliz, me hacen feliz.

En ocasiones encuentras a alguien a través de la distancia, que hace latir tu corazón y que vuelva la sonrisa ilusionada. Y aunque me será muy duro despertar cuando termine la semana, no es tan importante la distancia, porque sé que él sigue ahí, a mi lado, haciéndome feliz.


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Han pasado ya...
Han pasado ya veintisiete meses del primer tropiezo.

Han pasado ya quince meses del primer encuentro.

Y sigo sintiendo como se me pone el vello de punta al menor de sus roces, como me mojo los labios esperando sus besos, como las mariposas siguen revoloteando dentro de mi ante sus "te amo Wen".

En los deseos de los sueños se encuentra la ilusión. Lo mejor de todo es que estoy compartiendo ese sueño, deseando e ilusionada.

Despacito, sin aviso, llegó, pero sigue llegando más día a día. Mañana más y los próximos nueve días podré acumular muchos más recuerdos, muchos más deseos, mucha más ilusión. Porque junto a él, el amor no se quema, no se consume, porque junto a él, he descubierto por fin, cuál es mi sueño a cumplir.

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Mis neopets
wendymel obtuvo su Neopet en http://www.neopets.com


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Yo también tengo diez años.
 
Nostalgia gatuna
Ultimamente Wendeling sueña con gatos. No se ha parado a pensar que posible significado tiene esos sueños, pero le han hecho recordar con un toque de nostalgia a Zipi y Zape, los gatos que vivían con ella en la casa del fantasma. La de horas jugando a las casitas con ellos (y la imagen por completo surrealista de Zipi, vestido con un traje de flamenca de una muñeca de Wen, corriendo y saltando por los tejados después de escaparse de las manos de la niña) o saliendo a pasear con zape, metido en un cochecito de bebé de juguete y dejándose poner un simulacro de pañal.

Zipi y Zape eran hermanos, Zipi de color dorado y blanco, Zape por completo negro salvo una mancha blanca en una de sus patas y la punta de la cola. Por aquella época Wendeling estaba enganchada a los tebeos de Escobar, así que cuando llegaron a casa y después de escuchar a su abuela un zapeeeee, al bajar al gatito de la mesa, terminaron bautizados como sus homónimos de los tebeos.

Eran gatos cazadores, estaban en la casa por una única razón: limitar la sociedad ratonil que vivía entre las paredes, así que como animales libres entraban y salían de la vivienda, se procuraban su propio alimento y tenían sus contactos con sus posibles novias. En compensación la abuela les dejaba un rincón calentito cuando hacía frío o llovía y si había suerte, podían comerse las sobras de pescado o de la comida, aparte de un platito de leche ocasional... Y también eran los amigos de Wen.

La casa del fantasma era un caserón muy grande y los gatos tenían completa libertad para andar por cualquier parte de ella, salvo una de las habitaciones de la planta de arriba. Allí la abuela guardaba conservas y estaban los armarios con la ropa de fuera de temporada, además de los objetos más valiosos que había atesorado en su vida (incluidas varias copas de cristal fino). Esa habitación estaba siempre cerrada, incluso para una Wen niña y curiosa que había recibido ya varias amonestaciones por jugar con las copas de cristal. Y los gatos lo sabían... ahí no se entraba, pero como animales curiosos, aprovechaban cualquier momento en que estuviera la puerta abierta para asomarse por ella y descubrir un trocito de mundo virgen gatuno.

ooOOoo

Tarde soleada de primeros de mayo, que Wen aprovecha en una terraza por completo llena de geranios en flor, para leer un ratito. Los gatitos son cachorros, solo llevan cuatro meses viviendo con ellos. Zipi que salta sobre sus rodillas, Wen que baja su mano y acaricia al gato, creyendo que está buscando mimos... pero Zipi baja y sale corriendo. La pequeña vuelve a su tebeo.

Dos minutos después, Zipi realiza la misma jugada, pero en esta ocasión, al saltar de las rodillas de Wen, no sale corriendo, se queda parado mirándola... Ella vuelve la vista a su lectura. El gatito lanza un leve maullido para llamar su atención. En ese momento se da cuenta que pasa algo, Zipi se pone a andar y varios pasos después vuelve a mirar atrás para ver si ella le sigue. Wendeling deja su tebeo y se levanta de la silla, sigue a un Zipi que constantemente mira detrás de él y finalmente terminan delante de la puerta de la habitación prohibida. Se sienta delante de la puerta y tuerce un poquito su cabeza.

- Si quieres entrar ahí, la llevas buena. Mama no quiere que entremos, porque podemos romper algo.

Wendeling se vuelve con intención de marcharse, pero el gatito se planta delante de sus pies, levanta su cabeza y vuelve a maullar...

- Yo no abro esa puerta, que no quiero que me castiguen, Zipi.

El gatito se pone de pie delante de la puerta y hace intención de arañarla.

- ¡¡Eh!! Eso no se hace.

Nuevo maullido, en esta ocasión intentando meter una patita por debajo de la puerta. Y por fin, la niña sospecha que...

Abre la puerta... y un Zape raudo, veloz y asustado, sale corriendo por el pasillo, seguido de Zipi. Después de la sorpresa inicial, Wendeling no tiene más remedio que soltar una carcajada. Cuando comprueba que todo está en orden dentro de la habitación, vuelve a cerrar la puerta. Menos mal que la abuela no andaba cerca, porque podrían haberse llevado un buen castigo por su curiosidad.
 
Pobres personas
Podemos enseñar a nuestra mente y ser una persona inteligente.

Podemos ejercitar nuestro cuerpo y ser una mujer diez.

Pero como no eduquemos nuestro espíritu, seguiremos siendo unas pobres personas.

Todo el mundo está de acuerdo con esa máxima, pero seguimos prefiriendo que los demás piensen "bien" de uno mismo a ser consecuentes con nuestras ideas. Está muy bien dar libertad de elección a nuestros hijos, pero por favor, que puedan elegir con respecto a su edad. Un niño de diez años todavía no tiene juicio como para elegir por si mismo que ya es hora de dejar de estudiar y ponerse a trabajar. Un niño de diez años todavía no tiene juicio como para elegir por si mismo tomar drogas. Un niño de diez años todavía no tiene juicio como para imponer a su familia que se ve en televisión, a que hora deben acostarse los demás y ponerse un tatuaje.... pero a pesar de todo hay padres que se siente orgullosos porque dan completa libertad de elección a su hijo de diez años.

Que se aplique el cuento a quien le pique.



Nota: Y en otro orden de cosas, ya estamos casi perfectas las tres, aunque todavía colea un poco de cansancio de este finde largo y algo complicado que acabamos de vivir.