Cumpleaños
Reinventando mi vida un día atrás.
Reinventando mi vida una semana atrás.
Reinventando mi vida un mes atrás.
Reinventando mi vida seis meses atrás.
Reinventando mi vida un año atrás.
Reinventando mi vida dos años atrás.
Y entre el primer Reinventando mi vida y el último hay quinientos cincuenta y cuatro (554) artículos y nueve mil trescientos un (9.301) comentarios.
Gracias a todos los que seguís por aquí. Hay tarta y chocolate caliente, pasad y poneos cómodos.
Y aunque fue por casualidad, también quiero desearle el mejor cumpleaños a esa persona que me hace feliz día a día. Por culpa suya tengo ilusión en un mañana muy cercano: Felicidades Monty. Te quiero.
Reinventando mi vida una semana atrás.
Reinventando mi vida un mes atrás.
Reinventando mi vida seis meses atrás.
Reinventando mi vida un año atrás.
Reinventando mi vida dos años atrás.
Y entre el primer Reinventando mi vida y el último hay quinientos cincuenta y cuatro (554) artículos y nueve mil trescientos un (9.301) comentarios.
Gracias a todos los que seguís por aquí. Hay tarta y chocolate caliente, pasad y poneos cómodos.
Y aunque fue por casualidad, también quiero desearle el mejor cumpleaños a esa persona que me hace feliz día a día. Por culpa suya tengo ilusión en un mañana muy cercano: Felicidades Monty. Te quiero.
Etiquetas: cumpleaños
Dragones
- Mami, mami...!!!
- Si, estoy aquí ¿qué quieres?
- ¿Los dragones tienen pelo?
- Teniendo en cuenta que son animales legendarios y que nadie los ha visto... creo que tienen escamas.
- Ah... vale. - Responde una Estel muy pensativa. - Entonces...
- ¿Entonces qué?
- ¿Por qué hay dragones de peluche con pelito suave?
Nota: Todavía estoy pensado en si era una duda verdadera o estaba quedándose conmigo.
- Si, estoy aquí ¿qué quieres?
- ¿Los dragones tienen pelo?
- Teniendo en cuenta que son animales legendarios y que nadie los ha visto... creo que tienen escamas.
- Ah... vale. - Responde una Estel muy pensativa. - Entonces...
- ¿Entonces qué?
- ¿Por qué hay dragones de peluche con pelito suave?
Nota: Todavía estoy pensado en si era una duda verdadera o estaba quedándose conmigo.
Grandes decisiones
¿Has llorado alguna vez por no poder tomar una decisión?
Últimamente mis hijas viven inmersas en una intensa vida social. En un mes han recibido, y aceptado, cinco invitaciones a distintas celebraciones de cumpleaños... e Ithilien se las prometía muy felices esta semana cuando se encontró con dos invitaciones más, una el viernes, de un amigo de su hermana Estel y otra de su íntima compañera de clase, para el sábado.
Todo perfecto. Estaría de fiesta dos días seguidos.
¿Perfecto?
Pues al parecer, a última hora la madre de su compañera no puede festajar el cumpleaños de su hija el sábado y ha decidido trasladarlo al viernes... a la misma hora que la otra celebración.
Y ahí está Ithilien, llorando como una magdalena, por culpa de una decisión que no llega a tomar. Le gusta más el plan organizado en la fiesta del amigo de su hermana, pero tampoco quiere desilusionar a su compañera y no asistir a su fiesta.... lágrimas y miradas de desesperación que lanza a su madre, intentando que yo encuentre la solución mágica y así ella no tenga que tomar una decisión tan complicada.
¡Qué difícil resulta hacerse mayor!
Lo peor es que sea cual sea su decisión, saldré perdiendo yo, porque acabará comprendiendo que no soy infalible.
¡Qué difícil resulta darse cuenta que ya no eres supermamá para tus hijos!
Actualización: Al final ha tomado su decisión, creo que es la más correcta, aunque sigue con sus dudas, espero que no cambie mucho.
Últimamente mis hijas viven inmersas en una intensa vida social. En un mes han recibido, y aceptado, cinco invitaciones a distintas celebraciones de cumpleaños... e Ithilien se las prometía muy felices esta semana cuando se encontró con dos invitaciones más, una el viernes, de un amigo de su hermana Estel y otra de su íntima compañera de clase, para el sábado.
Todo perfecto. Estaría de fiesta dos días seguidos.
¿Perfecto?
Pues al parecer, a última hora la madre de su compañera no puede festajar el cumpleaños de su hija el sábado y ha decidido trasladarlo al viernes... a la misma hora que la otra celebración.
Y ahí está Ithilien, llorando como una magdalena, por culpa de una decisión que no llega a tomar. Le gusta más el plan organizado en la fiesta del amigo de su hermana, pero tampoco quiere desilusionar a su compañera y no asistir a su fiesta.... lágrimas y miradas de desesperación que lanza a su madre, intentando que yo encuentre la solución mágica y así ella no tenga que tomar una decisión tan complicada.
¡Qué difícil resulta hacerse mayor!
Lo peor es que sea cual sea su decisión, saldré perdiendo yo, porque acabará comprendiendo que no soy infalible.
¡Qué difícil resulta darse cuenta que ya no eres supermamá para tus hijos!
Actualización: Al final ha tomado su decisión, creo que es la más correcta, aunque sigue con sus dudas, espero que no cambie mucho.
Momento surrealista del día
Wendeling caminando por una calle todavía sin nombre de un nuevo barrio. Una calle solitaria a la que bordean un grupo de edificios en distintas fases de construcción. Al final se encuentra un bloque de viviendas ya terminado en el que habitan unas pocas familias. Tiene una cita con una de ellas por motivos de su trabajo.
Se escuchan golpes en los distintos edificios, alguna máquina cortando azulejos... un grupo de pintores colgados de un andamio da color a una de las fachadas, cuando una persona la adelanta por el borde de esa calle sin acera todavía. Viste pantalón azul marino y jersey rojo de hilo. Una pequeña mochila colgada a su hombro. Como siempre cuando camina a solas, Wen va divagando-soñando y no ve la cara de la persona que le ha adelantado, pero una vez detrás de ella, admira una hermosa melena morena que le llega a media espalda.
Pelo negro liso, que la velocidad al andar hace mover un poco. Siente cierta envidia porque su pelo no tiene ese volumen ni ese brillo.
De uno de los edificios sale una voz muy clara:
- ¡¡Niña!! ¡¡El rojo te sienta muy bien!!
Wen sonríe ante el piropo, sabe que no es a ella, sino a la persona que persigue en ese momento.
- ¡¡Dime tu nombre para que pueda pedirte a los reyes!!
Para su sorpresa, la persona piropeada responde:
- Primero vete al oculista... ¡¡¡qué soy un tío!!!
Unas enormes carcajadas de los compañeros del piropeador corean la frase. Contagiando a Wendeling, que hasta ese momento sólo había admirado su hermosa melena, sin fijarse si pertenecía a un hombre o a una mujer.
Cuando llega a su destino, todavía con la risa en la cara, siente que son los instantes como éste los que merecen ser recordados, aunque sean tan surrealistas.
Se escuchan golpes en los distintos edificios, alguna máquina cortando azulejos... un grupo de pintores colgados de un andamio da color a una de las fachadas, cuando una persona la adelanta por el borde de esa calle sin acera todavía. Viste pantalón azul marino y jersey rojo de hilo. Una pequeña mochila colgada a su hombro. Como siempre cuando camina a solas, Wen va divagando-soñando y no ve la cara de la persona que le ha adelantado, pero una vez detrás de ella, admira una hermosa melena morena que le llega a media espalda.
Pelo negro liso, que la velocidad al andar hace mover un poco. Siente cierta envidia porque su pelo no tiene ese volumen ni ese brillo.
De uno de los edificios sale una voz muy clara:
- ¡¡Niña!! ¡¡El rojo te sienta muy bien!!
Wen sonríe ante el piropo, sabe que no es a ella, sino a la persona que persigue en ese momento.
- ¡¡Dime tu nombre para que pueda pedirte a los reyes!!
Para su sorpresa, la persona piropeada responde:
- Primero vete al oculista... ¡¡¡qué soy un tío!!!
Unas enormes carcajadas de los compañeros del piropeador corean la frase. Contagiando a Wendeling, que hasta ese momento sólo había admirado su hermosa melena, sin fijarse si pertenecía a un hombre o a una mujer.
Cuando llega a su destino, todavía con la risa en la cara, siente que son los instantes como éste los que merecen ser recordados, aunque sean tan surrealistas.
Decisiones
En un banco, con una amiga:
- ¿Volverías con tu exmarido?
- No.
- Que segura lo has dicho. ¿Nunca te lo has preguntado?
- Muchas veces, durante el tiempo en que estuve dudando tomar la decisión, pero cuando me di cuenta del camino a seguir...
- ¿El camino a seguir?
- Si. Verás... sería capaz de compartir mi vida con alguien a quien no amo, pero soy incapaz de compartir mi vida con alguien que precisamente no hace eso.
- Sigo sin entenderte Wen.
- Para que funcione, hay que compartir en ambas direcciones.
- Ultimamente muchas parejas que conozco se están separando y es muy triste ver como tiran todos esos años por la borda...
- ¡¡Ehhh!! - Wen interrumpe a su amiga - que yo no he tirado ningún año por la borda. Soy consciente de todos esos años y no los considero para nada perdidos. Solo que tomé la decisión de seguir otro camino distinto, porque en el que estaba me hacía mucho daño. Me di cuenta que solo tengo una vida y no estaba dispuesta a no intentar ser feliz ¿por convicciones sociales? ¿por vagueza? ¿por comodidad? y ahora no me echo atrás, por eso estoy tan segura de no volver... porque a pesar de todo el trabajo y la dureza con la que me he encontrado, me siento mucho más completa como ser humano.
- ¿Volverías con tu exmarido?
- No.
- Que segura lo has dicho. ¿Nunca te lo has preguntado?
- Muchas veces, durante el tiempo en que estuve dudando tomar la decisión, pero cuando me di cuenta del camino a seguir...
- ¿El camino a seguir?
- Si. Verás... sería capaz de compartir mi vida con alguien a quien no amo, pero soy incapaz de compartir mi vida con alguien que precisamente no hace eso.
- Sigo sin entenderte Wen.
- Para que funcione, hay que compartir en ambas direcciones.
- Ultimamente muchas parejas que conozco se están separando y es muy triste ver como tiran todos esos años por la borda...
- ¡¡Ehhh!! - Wen interrumpe a su amiga - que yo no he tirado ningún año por la borda. Soy consciente de todos esos años y no los considero para nada perdidos. Solo que tomé la decisión de seguir otro camino distinto, porque en el que estaba me hacía mucho daño. Me di cuenta que solo tengo una vida y no estaba dispuesta a no intentar ser feliz ¿por convicciones sociales? ¿por vagueza? ¿por comodidad? y ahora no me echo atrás, por eso estoy tan segura de no volver... porque a pesar de todo el trabajo y la dureza con la que me he encontrado, me siento mucho más completa como ser humano.
De vuelta a la casa del fantasma
Cuando despiertas y descubres que por tercera vez en pocos días has vuelto a soñar con tu casa del fantasma, sientes que algo se te escapa. Y en ésta última ocasión ha sido tan vívido, con tantos detalles que creía olvidados, que he sentido el dolor de la nostalgia al darme cuenta que nunca volveré a mi casa.
Tal vez ese sea el motivo, sentir que todavía no he llegado a mi casa aunque la sienta muy cerca.
Pero todavía me queda la sonrisa en la cara, porque en esta última ocasión he soñado con él, y con la ella de él... juntos los dos, mientras visitaban mi casa del fantasma y les iba contando la historia de tantos detalles acumulados en toda la vida de la vivienda, incluso los nos vivimos por mi.
Tal vez ese sea el motivo, sentir que todavía no he llegado a mi casa aunque la sienta muy cerca.
Pero todavía me queda la sonrisa en la cara, porque en esta última ocasión he soñado con él, y con la ella de él... juntos los dos, mientras visitaban mi casa del fantasma y les iba contando la historia de tantos detalles acumulados en toda la vida de la vivienda, incluso los nos vivimos por mi.
Adolescencia
Como madre, siento la impotencia de encontrar a mi hija llorando y no conseguir que me cuente el motivo. Es ahora cuando me gustaría ser una amiga, que confiara plenamente en mi para poder ayudarla a pasar esos malos momentos, que sé que está pasando, pero parece querer olvidar con su silencio.
Recuerdo mi propia adolescencia... el dolor al creer que a nadie interesaba unido a una timidez extrema.
Y ese dolor, que nunca desaparece por completo, sino que te adaptas a vivir con él, vuelve a resurgir aumentado, porque ahora no soy yo sola, sino es mi hija, el sentido de mi vida, la que lo está sufriendo.
Nos quedan algunos años muy duros que vivir, espero conseguir que se de cuenta que serán menos dolorosos si los comparte, porque creo ciegamente que el amor todo lo puede.
Te quiero Estel.
Recuerdo mi propia adolescencia... el dolor al creer que a nadie interesaba unido a una timidez extrema.
Y ese dolor, que nunca desaparece por completo, sino que te adaptas a vivir con él, vuelve a resurgir aumentado, porque ahora no soy yo sola, sino es mi hija, el sentido de mi vida, la que lo está sufriendo.
Nos quedan algunos años muy duros que vivir, espero conseguir que se de cuenta que serán menos dolorosos si los comparte, porque creo ciegamente que el amor todo lo puede.
Te quiero Estel.
Etiquetas: adolescencia dolor
La frase del día
En cualquier curso de marketing te enseñan que la mejor manera de conseguir que alguien hable, es obligándolo con tus silencios. El mejor lugar que he encontrado nunca para confirmarlo es en un ascensor...
Primero te sientes molesto porque en un espacio tan pequeño, tres personas más ocupan parte de tu espacio vital.
Después te sientes obligado, por educación y por cubrir los silencios de los demás, a saludar primero y hablar del tiempo después.
Pero cuando se acaba la conversación sobre calores o fríos, surgen las frases más geniales para formar parte del diccionario del absurdo.
Conversación que he mantenido hoy, en el ascensor, con una señora desconocida, cuando he ido a visitar a un cliente.
- Uffff... que calor.
- Y estamos a noviembre ya, no sé cuando llegará el otoño este año.
- Bueno, por la noche algo si que ha refrescado.
- Pues si.
- .....
- .....
- .....
Yo con cara de asco, la señora que se da cuenta.
- Huele a humo.
- Alguien ha fumado en el ascensor. Que poca educación hacia los demás, en un espacio tan pequeño y que no se renueva el aire...
- Yo tampoco aguanto el humo. Es más, he tenido que "quitarme" del bar porque por las mañanas no soportaba el humo de los demás mientras desayunaba...
Nota: Sin comentarios.
Primero te sientes molesto porque en un espacio tan pequeño, tres personas más ocupan parte de tu espacio vital.
Después te sientes obligado, por educación y por cubrir los silencios de los demás, a saludar primero y hablar del tiempo después.
Pero cuando se acaba la conversación sobre calores o fríos, surgen las frases más geniales para formar parte del diccionario del absurdo.
Conversación que he mantenido hoy, en el ascensor, con una señora desconocida, cuando he ido a visitar a un cliente.
- Uffff... que calor.
- Y estamos a noviembre ya, no sé cuando llegará el otoño este año.
- Bueno, por la noche algo si que ha refrescado.
- Pues si.
- .....
- .....
- .....
Yo con cara de asco, la señora que se da cuenta.
- Huele a humo.
- Alguien ha fumado en el ascensor. Que poca educación hacia los demás, en un espacio tan pequeño y que no se renueva el aire...
- Yo tampoco aguanto el humo. Es más, he tenido que "quitarme" del bar porque por las mañanas no soportaba el humo de los demás mientras desayunaba...
Nota: Sin comentarios.
Inma y Rebeca
Inma siempre fue una niña solitaria, con muy pocos amigos. Hija menor de unos padres bastante mayores... llegó a olvidar cuando sus hermanos vivían en casa... siempre sola. Inma no tenía un físico muy agraciado y además su ceguera creciente la hacía ser día a día más introvertida.
Cuando Wendeling e Inma se conocieron, tenía doce años, era un año mayor. Ocasionalmente visitaba a su hermana casada, vecina de Wen y jugaban juntas. Las dos eran bastante introvertidas pero por alguna razón que se les escapaba, intimaron muy rápidamente.
El tiempo fue pasando y los juegos infantiles también, llegando las confidencias sobre ilusiones, chicos y futuro. Wen maduró de golpe tras la muerte de su padre, Inma aumentó su introversión al mismo ritmo que su pérdida de vista.
A los dieciocho años, confesó que se había hecho a la idea de permanecer toda su vida sola. Sería una viejecita virgen y gruñona, por falta de oportunidad, no de ganas. Wen intentó animarla... un día conocería a alguien especial que se enamoraría de ella, porque se daría cuenta de la gran persona que se escondía tras esas enormes gafotas.
A los veinte años se enamoró. Contó a su amiga, llorosa, que él la correspondía... y a pesar de las lágrimas, Wen se alegró por ella, porque la supo feliz.
Los problemas empezaron a los pocos días, cuando él solicitó sus servicios sexuales y ella rehusó. No se sentía preparada. Él insistió una y otra vez, intentó agasajarla con grandes regalos, le prometió todo lo prometible y cuando se dio cuenta que Inma no cedería, la amenazó con abandonarla y buscar en otra lo que ella no podía darle... a pesar de todo su amor.
El noviazgo de Inma solo duró dos semanas. Y ella volvió a encontrarse sóla.
Un par de años más tarde, Wen ya había conocido a quien sería su marido. Inma seguía encerrada en su mundo, cada vez con menos contacto con él exterior, dedicada al cuidado de sus padres muy mayores, cuando recibió una invitación a una fiesta de fin de año.
Al principio rehusó. La invitación provenía de ese pseudo-novio del que no había sabido nada en dos años. Pero al final, tal vez porque le halagó que se acordara de ella después del tiempo, aceptó salir esa noche con él. Preparativos para sentirse guapa, peluquería, modelito y una enorme sonrisa que Wen intuyó cuando la llamó para contárselo.
- Pásalo bien... y no hagas algo que realmente no quieras hacer.
La relación volvió a reanudarse dos años más tarde y durante tres meses Inma fue la mujer más feliz... hasta que le contó a su novio que iba a convertirse en futuro padre.
- Si te has acostado conmigo borracha, es que te puedes acostar con cualquiera. Ese niño no es mío. ¿Cómo se te ha podido ocurrir que yo me podría casar con alguien tan fea? y encima ciega...
E Inma volvió a quedarse sin novio, pero no sola.
- ¿Qué estás embarazada? ¿Y sin marido? ¿Y quién es el padre?
Con veintidos años, embarazada, sin pareja, sin casa en la que vivir y sin familia. Inma se encontró en la calle de la noche a la mañana... por querer vivir un sueño, por no sentirse sola. Esa noche durmió en casa de Wen... al día siguiente tras hablar con su hermana, se trasladó a su casa.
Durante siete meses Inma y Wen compartieron el crecimiento de ese pequeño. Con lágrimas cosieron pañales y tricotaron pequeños jerseys. Con lágrimas pensaron en un nombre. Con lágrimas y mucho valor, intentaron llamar a sus padres, que no quisieron escucharla... había deshonrado a la familia. Con lágrimas informaron a los padres de él, que iban a ser abuelos... Él volvió a insultarla, ese niño no era suyo y lo mejor que podía hacer era deshacerse de él.
Con lágrimas, dolor pero también con ilusión y mucho amor, un día nació Rebeca... una niña preciosa que la genética decidió que fuera la viva imagen de su padre.
Los padres de Inma terminaron por reconocer que esa pequeña era su nieta y madre e hija volvieron a vivir en su casa. Los abuelos paternos, también aceptaron a esa pequeña que visitaron con frecuencia. El único discordante, que no aceptó sus obligaciones, fue el padre.
No era su hija.
E Inma aceptó ser madre soltera con una hija de padre desconocido... hasta cinco años más tarde... Inma había enfocado su vida, Rebeca era el motor que la hacía reir y esforzarse día a día por educarla y salir adelante. Seguía cuidando a sus padres, cada vez más mayores y con muchos achaques a pesar de su visión tan limitada. Encontró un trabajo fuera de casa y pensaba matricularse en algunos cursos cuando él volvió a aparecer en su vida.
Con cierto retraso, cinco años más tarde, le entró el amor paterno y reclamó la custodia de su hija. Una niña que a pesar de la insistencia de sus abuelos, se había negado a reconocer y aceptar. Una niña que nunca había visto cara a cara y que... cinco años más tarde, había descubierto que amaba con locura.
Pero en esta ocasión Inma no aceptó que él volviera a aparecer en su vida. Se negó a los análisis de paternidad, se negó a una pensión retroactiva de cinco años. Rebeca tenía unos abuelos y una madre, no necesitaba ese tipo de padre. Declaró que no conocía al padre de su hija y siguió con su vida adelante. Afirmó que su ceguera (en la que se apoyaba el padre de la pequeña para solicitar su custodia) no era un impedimento para cuidar, educar y mantener a su hija... y lo demostró.
Nota: Hoy, por casualidad, me he tropezado con Rebeca, una joven preciosa, de la mano de un chico que me ha presentado como su novio. Su madre sigue sola, después de la muerte de sus padres, pero consiguió tener un objetivo en su vida, su hija y se siente enormemente orgullosa de ella.
Cuando Wendeling e Inma se conocieron, tenía doce años, era un año mayor. Ocasionalmente visitaba a su hermana casada, vecina de Wen y jugaban juntas. Las dos eran bastante introvertidas pero por alguna razón que se les escapaba, intimaron muy rápidamente.
El tiempo fue pasando y los juegos infantiles también, llegando las confidencias sobre ilusiones, chicos y futuro. Wen maduró de golpe tras la muerte de su padre, Inma aumentó su introversión al mismo ritmo que su pérdida de vista.
A los dieciocho años, confesó que se había hecho a la idea de permanecer toda su vida sola. Sería una viejecita virgen y gruñona, por falta de oportunidad, no de ganas. Wen intentó animarla... un día conocería a alguien especial que se enamoraría de ella, porque se daría cuenta de la gran persona que se escondía tras esas enormes gafotas.
A los veinte años se enamoró. Contó a su amiga, llorosa, que él la correspondía... y a pesar de las lágrimas, Wen se alegró por ella, porque la supo feliz.
Los problemas empezaron a los pocos días, cuando él solicitó sus servicios sexuales y ella rehusó. No se sentía preparada. Él insistió una y otra vez, intentó agasajarla con grandes regalos, le prometió todo lo prometible y cuando se dio cuenta que Inma no cedería, la amenazó con abandonarla y buscar en otra lo que ella no podía darle... a pesar de todo su amor.
El noviazgo de Inma solo duró dos semanas. Y ella volvió a encontrarse sóla.
Un par de años más tarde, Wen ya había conocido a quien sería su marido. Inma seguía encerrada en su mundo, cada vez con menos contacto con él exterior, dedicada al cuidado de sus padres muy mayores, cuando recibió una invitación a una fiesta de fin de año.
Al principio rehusó. La invitación provenía de ese pseudo-novio del que no había sabido nada en dos años. Pero al final, tal vez porque le halagó que se acordara de ella después del tiempo, aceptó salir esa noche con él. Preparativos para sentirse guapa, peluquería, modelito y una enorme sonrisa que Wen intuyó cuando la llamó para contárselo.
- Pásalo bien... y no hagas algo que realmente no quieras hacer.
La relación volvió a reanudarse dos años más tarde y durante tres meses Inma fue la mujer más feliz... hasta que le contó a su novio que iba a convertirse en futuro padre.
- Si te has acostado conmigo borracha, es que te puedes acostar con cualquiera. Ese niño no es mío. ¿Cómo se te ha podido ocurrir que yo me podría casar con alguien tan fea? y encima ciega...
E Inma volvió a quedarse sin novio, pero no sola.
- ¿Qué estás embarazada? ¿Y sin marido? ¿Y quién es el padre?
Con veintidos años, embarazada, sin pareja, sin casa en la que vivir y sin familia. Inma se encontró en la calle de la noche a la mañana... por querer vivir un sueño, por no sentirse sola. Esa noche durmió en casa de Wen... al día siguiente tras hablar con su hermana, se trasladó a su casa.
Durante siete meses Inma y Wen compartieron el crecimiento de ese pequeño. Con lágrimas cosieron pañales y tricotaron pequeños jerseys. Con lágrimas pensaron en un nombre. Con lágrimas y mucho valor, intentaron llamar a sus padres, que no quisieron escucharla... había deshonrado a la familia. Con lágrimas informaron a los padres de él, que iban a ser abuelos... Él volvió a insultarla, ese niño no era suyo y lo mejor que podía hacer era deshacerse de él.
Con lágrimas, dolor pero también con ilusión y mucho amor, un día nació Rebeca... una niña preciosa que la genética decidió que fuera la viva imagen de su padre.
Los padres de Inma terminaron por reconocer que esa pequeña era su nieta y madre e hija volvieron a vivir en su casa. Los abuelos paternos, también aceptaron a esa pequeña que visitaron con frecuencia. El único discordante, que no aceptó sus obligaciones, fue el padre.
No era su hija.
E Inma aceptó ser madre soltera con una hija de padre desconocido... hasta cinco años más tarde... Inma había enfocado su vida, Rebeca era el motor que la hacía reir y esforzarse día a día por educarla y salir adelante. Seguía cuidando a sus padres, cada vez más mayores y con muchos achaques a pesar de su visión tan limitada. Encontró un trabajo fuera de casa y pensaba matricularse en algunos cursos cuando él volvió a aparecer en su vida.
Con cierto retraso, cinco años más tarde, le entró el amor paterno y reclamó la custodia de su hija. Una niña que a pesar de la insistencia de sus abuelos, se había negado a reconocer y aceptar. Una niña que nunca había visto cara a cara y que... cinco años más tarde, había descubierto que amaba con locura.
Pero en esta ocasión Inma no aceptó que él volviera a aparecer en su vida. Se negó a los análisis de paternidad, se negó a una pensión retroactiva de cinco años. Rebeca tenía unos abuelos y una madre, no necesitaba ese tipo de padre. Declaró que no conocía al padre de su hija y siguió con su vida adelante. Afirmó que su ceguera (en la que se apoyaba el padre de la pequeña para solicitar su custodia) no era un impedimento para cuidar, educar y mantener a su hija... y lo demostró.
Nota: Hoy, por casualidad, me he tropezado con Rebeca, una joven preciosa, de la mano de un chico que me ha presentado como su novio. Su madre sigue sola, después de la muerte de sus padres, pero consiguió tener un objetivo en su vida, su hija y se siente enormemente orgullosa de ella.
Etiquetas: madre
Conversaciones ajenas
En el autobús
- Me he levantado a las siete de la mañana, para dejar la comida preparada, las camas hechas, la colada tendida, el baño y la cocina recogidos...
- Y ¿a dónde ibas?
- A ningún sitio, pero no puedo ver la casa desordenada.
- Entonces ¿qué has hecho el resto del día? No trabajas fuera de casa, tus hijos son ya lo bastante mayores para no querer que estés encima de ellos, tu marido viene muy tarde... y tú madrugando para tener la casa lista...
- Claro, cuando he terminado, como no tenía nada más que hacer, he ido a casa de mi sobrina, tenía que contarle lo que ayer me dijo mi suegra sobre la mujer de su cuñado...
Y pierdo el hilo de su conversación cuando se bajan en una parada.
Definitivamente me declaro maruja rara, pero claro, cuestión de preferencias... jamás se me ocurriría madrugar para tener tiempo de cotillear sobre vidas ajenas, a no ser las vidas de los personajes de un libro.
Nota: aclarar que habitualmente no sigo conversaciones ajenas, a no ser en el autobús y con un volumen muy elevado de voz de las señoras...
- Me he levantado a las siete de la mañana, para dejar la comida preparada, las camas hechas, la colada tendida, el baño y la cocina recogidos...
- Y ¿a dónde ibas?
- A ningún sitio, pero no puedo ver la casa desordenada.
- Entonces ¿qué has hecho el resto del día? No trabajas fuera de casa, tus hijos son ya lo bastante mayores para no querer que estés encima de ellos, tu marido viene muy tarde... y tú madrugando para tener la casa lista...
- Claro, cuando he terminado, como no tenía nada más que hacer, he ido a casa de mi sobrina, tenía que contarle lo que ayer me dijo mi suegra sobre la mujer de su cuñado...
Y pierdo el hilo de su conversación cuando se bajan en una parada.
Definitivamente me declaro maruja rara, pero claro, cuestión de preferencias... jamás se me ocurriría madrugar para tener tiempo de cotillear sobre vidas ajenas, a no ser las vidas de los personajes de un libro.
Nota: aclarar que habitualmente no sigo conversaciones ajenas, a no ser en el autobús y con un volumen muy elevado de voz de las señoras...
Etiquetas: cotilleos
Notas de hoy y de ayer
Wen está sentada delante de la mesa del profesor de Estel... es la silla de uno de los pupitres.
El profesor tras su mesa, con su silla alta y a pesar de que en pie, ella le saca sus buenos diez centímetros, sentados los dos, él domina la situación. Hablan de los últimos exámenes de la pequeña, su nota ha bajado y aunque la madre no se alarma todavía, es la pequeña la que está sufriendo, su autoestima va bajando de manera alarmante al ver que a pesar de todos sus esfuerzos y horas de estudio autoimpuestas, no consigue subir nota.
La conversación empieza con la timidez de Estel, y después pasan a las notas. Los exámenes sobre la mesa. El profesor indicando que son perfectos, que es su mejor alumna y que ojalá tuviera más niños como ella, con esa ansia de aprender y comprender.
- ¿Y entonces? Si los exámenes son perfectos... ¿esas notas que ella me muestra de aprobados raspando? Aquí hay un examen de matemáticas. Ocho problemas, usted me dice que está bien y sólo lo ha puntuado con un suficiente.
- En ese examen solo falló en una operación, el problema está bien resuelto. Quiero que la niña no se me duerma en los laureles, que esté atenta...
- Pues ese cinco le ha costado varias horas de llanto en casa. Al igual que el seis del examen de los verbos.
- Fue la única que se supo toda la conjugación de los verbos irregulares que puse en ese examen...
- Entonces no entiendo esa nota - responde Wen.
- Tiene una falta de ortografía, ha cambiado una "jota" por una "ge".
- ¿Y por una falta ortográfica le ha bajado cuatro puntos su nota?
- Seguro que la próxima vez se acuerda.
Y aunque le cueste aceptarlo, porque ve a su hija día a día angustiada... reconoce que en ese aspecto, el profesor tiene razón.
ooOOoo
Wendeling tiene dieciocho años, estudia COU y espera su nota en el examen trimestral de Lengua Española. Sabe que está aprobada, pero duda si la nota final será de notable o sobresaliente.
Sorpresa.
Examen suspenso.
- ¿Qué? No puede ser, quiero ver mi examen.
El profesor lo busca y se lo pasa.
- Señorita, si usted no es capaz ni de escribir su nombre bien, no merece siquiera que corrija su examen.
Wendeling ve con asombro, como el profesor ha rodeado con rotulador rojo su apellido, implantándole una enorme tilde en una "i". El profesor ha encontrado una falta ortográfica y por consiguiente, ni se ha molestado en ver el examen, suspenso automático.
- Pero... pero... mi apellido no lleva tilde.
- Claro que lo lleva, señorita.
- No lo lleva, es monosílabo. Además, en mis dieciocho años, ningún profesor... jamás... me han dicho que mi apellido se acentúa.
- La ignorancia no es excusa. Podría usted haberlo deducido. Rompe diptongo y se convierte en hiato.
Y ahí se quedó Wen, con su suspenso y la boca abierta, intentando asimilar que su apellido lleva tilde.
El profesor tras su mesa, con su silla alta y a pesar de que en pie, ella le saca sus buenos diez centímetros, sentados los dos, él domina la situación. Hablan de los últimos exámenes de la pequeña, su nota ha bajado y aunque la madre no se alarma todavía, es la pequeña la que está sufriendo, su autoestima va bajando de manera alarmante al ver que a pesar de todos sus esfuerzos y horas de estudio autoimpuestas, no consigue subir nota.
La conversación empieza con la timidez de Estel, y después pasan a las notas. Los exámenes sobre la mesa. El profesor indicando que son perfectos, que es su mejor alumna y que ojalá tuviera más niños como ella, con esa ansia de aprender y comprender.
- ¿Y entonces? Si los exámenes son perfectos... ¿esas notas que ella me muestra de aprobados raspando? Aquí hay un examen de matemáticas. Ocho problemas, usted me dice que está bien y sólo lo ha puntuado con un suficiente.
- En ese examen solo falló en una operación, el problema está bien resuelto. Quiero que la niña no se me duerma en los laureles, que esté atenta...
- Pues ese cinco le ha costado varias horas de llanto en casa. Al igual que el seis del examen de los verbos.
- Fue la única que se supo toda la conjugación de los verbos irregulares que puse en ese examen...
- Entonces no entiendo esa nota - responde Wen.
- Tiene una falta de ortografía, ha cambiado una "jota" por una "ge".
- ¿Y por una falta ortográfica le ha bajado cuatro puntos su nota?
- Seguro que la próxima vez se acuerda.
Y aunque le cueste aceptarlo, porque ve a su hija día a día angustiada... reconoce que en ese aspecto, el profesor tiene razón.
ooOOoo
Wendeling tiene dieciocho años, estudia COU y espera su nota en el examen trimestral de Lengua Española. Sabe que está aprobada, pero duda si la nota final será de notable o sobresaliente.
Sorpresa.
Examen suspenso.
- ¿Qué? No puede ser, quiero ver mi examen.
El profesor lo busca y se lo pasa.
- Señorita, si usted no es capaz ni de escribir su nombre bien, no merece siquiera que corrija su examen.
Wendeling ve con asombro, como el profesor ha rodeado con rotulador rojo su apellido, implantándole una enorme tilde en una "i". El profesor ha encontrado una falta ortográfica y por consiguiente, ni se ha molestado en ver el examen, suspenso automático.
- Pero... pero... mi apellido no lleva tilde.
- Claro que lo lleva, señorita.
- No lo lleva, es monosílabo. Además, en mis dieciocho años, ningún profesor... jamás... me han dicho que mi apellido se acentúa.
- La ignorancia no es excusa. Podría usted haberlo deducido. Rompe diptongo y se convierte en hiato.
Y ahí se quedó Wen, con su suspenso y la boca abierta, intentando asimilar que su apellido lleva tilde.
Momento babero
A pesar de todas mis dudas, a pesar de todos mis miedos, a pesar de todos mis errores, hay momentos en los que vislumbro que no debo hacerlo tan mal con mis hijas.
Momento orgullo maternal después de conversación con el profesor de mi hija Estel.
Momento orgullo maternal después de conversación con el profesor de mi hija Estel.
De mujer a mujer
Cuando Wendeling escuchó por primera vez la palabra periodo (o cualquiera de sus sinónimos) tenía ya diez años. Por azares de su vida, nunca llegó a hablar de ello con sus amigas y en su casa del fantasma, no convivió con otras mujeres mayores, sólo con su abuela. Así que llegó virgen a su primera conversación con su madre sobre ese tema.
- Wendeling, pásate por la tienda y me traes un paquete de compresas de la marca X.
- Si mamá.
A la vuelta, su madre se la queda mirando y cuando está a punto de volver al libro que dejó por atender al recado...
- Wen ¿Tú sabes para que sirve esto?
- Para no manchar las braguitas.
- Sí, pero... ¿sabes por qué?
Wen se queda pensando en el sentido de la pregunta mientras mira a su madre sorprendida.
- Mamá, no sé lo que quieres decir.
- ¿Nunca has hablado con tus amigas sobre eso?
- ¿Sobre qué?
- Seguro que si has hablado.
- Mamá, no sé de que hablas.
Y en aquel momento era por completo cierto, Wendeling no sabía de qué hablaba su madre, con la que llevaba conviviendo sólo unos meses.... aunque ella se resistiera a creerlo.
- De lo que pasa cuando una niña se convierte en mujer.
- Pues que le crecen las tetas y el pelito de los sobacos... ¡¡ahh!! y que puede empezar a pintarse los labios y se ponen rojas cuando un niño se le acerca.
- Si... si... todo eso pasa y algo más. Pero seguro que has hablado con tus amigas de eso, no te de vergüenza decírmelo.
- Mamá, no he hablado con mis amigas de eso y no sé que algo más pasa.
Una Wen algo cansada de la conversación, intenta volver a su libro cuando escucha:
- Pues que te viene el periodo.
- ¿Y eso qué es?
Y justo en aquel momento, tiene la primera conversación de mujer a mujer con su madre, esa desconocida a la cual había visto en fotos y en muy contadas ocasiones durante toda su vida, pero a la que quiere por ser su madre, justo en aquel momento, se siente por primera vez muy cerca de ella, porque justo en aquel momento comprende que comparten algo que no hará con su hermano o su padre.
ooOOoo
Con el paso del tiempo, Wendeling se convirtió en madre de dos niñas y decidió que ellas también sabrían por su madre cual era el significado de ser mujer, como hicieron con ella. Y aunque sus hijas saben perfectamente para que sirve una compresa o un tampón, cree que ya ha llegado el momento de compartir lo que significa ser mujer.
Nota: Gracias mamá por ser la primera.
- Wendeling, pásate por la tienda y me traes un paquete de compresas de la marca X.
- Si mamá.
A la vuelta, su madre se la queda mirando y cuando está a punto de volver al libro que dejó por atender al recado...
- Wen ¿Tú sabes para que sirve esto?
- Para no manchar las braguitas.
- Sí, pero... ¿sabes por qué?
Wen se queda pensando en el sentido de la pregunta mientras mira a su madre sorprendida.
- Mamá, no sé lo que quieres decir.
- ¿Nunca has hablado con tus amigas sobre eso?
- ¿Sobre qué?
- Seguro que si has hablado.
- Mamá, no sé de que hablas.
Y en aquel momento era por completo cierto, Wendeling no sabía de qué hablaba su madre, con la que llevaba conviviendo sólo unos meses.... aunque ella se resistiera a creerlo.
- De lo que pasa cuando una niña se convierte en mujer.
- Pues que le crecen las tetas y el pelito de los sobacos... ¡¡ahh!! y que puede empezar a pintarse los labios y se ponen rojas cuando un niño se le acerca.
- Si... si... todo eso pasa y algo más. Pero seguro que has hablado con tus amigas de eso, no te de vergüenza decírmelo.
- Mamá, no he hablado con mis amigas de eso y no sé que algo más pasa.
Una Wen algo cansada de la conversación, intenta volver a su libro cuando escucha:
- Pues que te viene el periodo.
- ¿Y eso qué es?
Y justo en aquel momento, tiene la primera conversación de mujer a mujer con su madre, esa desconocida a la cual había visto en fotos y en muy contadas ocasiones durante toda su vida, pero a la que quiere por ser su madre, justo en aquel momento, se siente por primera vez muy cerca de ella, porque justo en aquel momento comprende que comparten algo que no hará con su hermano o su padre.
ooOOoo
Con el paso del tiempo, Wendeling se convirtió en madre de dos niñas y decidió que ellas también sabrían por su madre cual era el significado de ser mujer, como hicieron con ella. Y aunque sus hijas saben perfectamente para que sirve una compresa o un tampón, cree que ya ha llegado el momento de compartir lo que significa ser mujer.
Nota: Gracias mamá por ser la primera.
Deseos
¿Qué haces cuándo descubres que has deseado algo con tanta intensidad que lo has conseguido?
Te quedas con la boca abierta y no sabes si cerrarla para sonreír. Porque en ocasiones los deseos llegan en el momento menos oportuno.
Te quedas con la boca abierta y no sabes si cerrarla para sonreír. Porque en ocasiones los deseos llegan en el momento menos oportuno.
Etiquetas: deseos
Aventura con agua
Con el paso de las horas, todo sigue igual. De vez en cuando aparecen lanchas de la cruz roja o del ejército, preguntando si están bien. Ante la respuesta afirmativa, se marchan. Traen rumores de que la Fujitsu ha quedado bajo el agua... hasta dos metros...
Alguien toca en el hombro de Wendeling. Parece que al final se ha quedado dormida en la silla. Siente que le duele el cuello por mala postura.
- Coge tus cosas, nos vamos.
Wen mira a su compañera, está sonriendo.
- ¿Ha bajado el agua?
- Si, algo, pero nos sacan en zodiac... y en escavadoras.
Levanta las cejas, creyendo que ha oido mal.
Pero no, cuando llega a la planta baja, ve que hay gente saliendo por la ventana, hasta la pala de una escavadora, van saliendo de dos en dos. La Zodiac se lleva un grupo de gente más.
- Si alguien no se atreve, puede quedarse, pero nos han dicho que es seguro. Eso si, nos llenaremos de barro.
Decide esperar varios turnos más, aunque está preocupada por su familia, pero hay gente tan ansiosa por salir de allí, que va cediendo turnos.
Casi madrugada, no sabe la hora, ha perdido su reloj, cuando por fin se monta en la zodiac. El nivel ha bajado, los hombres que la ayudan a salir están con el agua por el muslo. Lentamente recorren las calles del polígono. Alguien pregunta, ella no atiende, agarra con fuerza su bolso, los zapatos en las manos, no quiere perderlos. Escucha algo de que lo peor se lo han llevado los polígonos industriales donde estaban... y los barrios cercanos.
- ...El arroyo de las cañas también se ha desbordado...
Wen tiembla, ella vive por esa zona.
- ¿Tienes frío?
Termina envuelta en una pequeña manta que le pica.
Llegan a una zona que desconoce, nunca ha estado por ahí. Hay varios camiones del ejército, alguna ambulancia, y un grupo de gente envuelta en mantas.
De pronto se encuentra en suelo seco, alguien le da un vasito con café. Está muy fuerte. Preguntas... intenta encontrar a alguien conocido, ve como una de sus compañeras monta en una pequeña furgoneta y se va.
- ¿Dónde vives?
- Carretera Cádiz.
- Podemos llevarte cerca, el agua por allí ya se ha ido.
Y Wendeling termina de madrugada, chapoteando por calles llenas de barro, al menos el alumbrado eléctrico funciona. En varias ocasiones se ha quedado descalza, porque su zapato ha quedado atascado en ese grumo en que se ha convertido la calzada.
En casa ya, no hay nadie... son las siete de la mañana.
Tiene la idea de llamar a sus vecinos, pero es demasiado temprano. No hay agua, no se puede lavar, pero termina limpiándose como puede.
Hay línea de teléfono. Llamada al restaurante donde trabaja su madre... no contestan.
Son las ocho cuando suena el teléfono. Wen despierta sobresaltada, se ha vuelto a quedar dormida en el sofá. Su jefe... todo está bien, le esperan en su nuevo trabajo... la vida sigue... sin saber nada de su madre ni de su hermano.
Nota 1: en las imágenes aparece mi calle... la calle donde vivía antes, la calle donde sigue viviendo mi madre. En algunas zonas el agua alcanzó el metro de altura dentro de las viviendas... el barro, con todo lo que arrastró el agua, tardó mucho en desaparecer.
Nota 2: mi madre no pudo pasar al encontrarse la carretera que une Torremolinos con Málaga cortada en varios tramos, la riada anegó también aeropuerto y campamento militar. Terminó en un hotel, solo pudo ponerse en contacto conmigo ese miércoles 15 de noviembre por la tarde... esa misma noche consiguió llegar a casa.
Nota 3: mi hermano servía en la Legión entonces, durante tres días no supimos nada de él. En esos días salvó a varias personas que la fuerza del agua se llevaba, con una cuerda atada a la cintura, para que no lo arrastrara a él también, sacó a varias personas de vehículos que se habían quedado en los cambios de sentido subterráneos... después estuvo en el grupo que rastreó durante días el cauce del río Guadalhorce en el que varias personas desaparecieron. Como premio a su valor consiguió una bonita bronquitis y la pérdida auditiva en su oído izquierdo.
Nota 4: y a mi me quedó el estremecimiento cada vez que veo una inundación, una pequeña riada como la que viví éste martes pasado.
Alguien toca en el hombro de Wendeling. Parece que al final se ha quedado dormida en la silla. Siente que le duele el cuello por mala postura.
- Coge tus cosas, nos vamos.
Wen mira a su compañera, está sonriendo.
- ¿Ha bajado el agua?
- Si, algo, pero nos sacan en zodiac... y en escavadoras.
Levanta las cejas, creyendo que ha oido mal.
Pero no, cuando llega a la planta baja, ve que hay gente saliendo por la ventana, hasta la pala de una escavadora, van saliendo de dos en dos. La Zodiac se lleva un grupo de gente más.
- Si alguien no se atreve, puede quedarse, pero nos han dicho que es seguro. Eso si, nos llenaremos de barro.
Decide esperar varios turnos más, aunque está preocupada por su familia, pero hay gente tan ansiosa por salir de allí, que va cediendo turnos.
Casi madrugada, no sabe la hora, ha perdido su reloj, cuando por fin se monta en la zodiac. El nivel ha bajado, los hombres que la ayudan a salir están con el agua por el muslo. Lentamente recorren las calles del polígono. Alguien pregunta, ella no atiende, agarra con fuerza su bolso, los zapatos en las manos, no quiere perderlos. Escucha algo de que lo peor se lo han llevado los polígonos industriales donde estaban... y los barrios cercanos.
- ...El arroyo de las cañas también se ha desbordado...
Wen tiembla, ella vive por esa zona.
- ¿Tienes frío?
Termina envuelta en una pequeña manta que le pica.
Llegan a una zona que desconoce, nunca ha estado por ahí. Hay varios camiones del ejército, alguna ambulancia, y un grupo de gente envuelta en mantas.
De pronto se encuentra en suelo seco, alguien le da un vasito con café. Está muy fuerte. Preguntas... intenta encontrar a alguien conocido, ve como una de sus compañeras monta en una pequeña furgoneta y se va.
- ¿Dónde vives?
- Carretera Cádiz.
- Podemos llevarte cerca, el agua por allí ya se ha ido.
Y Wendeling termina de madrugada, chapoteando por calles llenas de barro, al menos el alumbrado eléctrico funciona. En varias ocasiones se ha quedado descalza, porque su zapato ha quedado atascado en ese grumo en que se ha convertido la calzada.
En casa ya, no hay nadie... son las siete de la mañana.
Tiene la idea de llamar a sus vecinos, pero es demasiado temprano. No hay agua, no se puede lavar, pero termina limpiándose como puede.
Hay línea de teléfono. Llamada al restaurante donde trabaja su madre... no contestan.
Son las ocho cuando suena el teléfono. Wen despierta sobresaltada, se ha vuelto a quedar dormida en el sofá. Su jefe... todo está bien, le esperan en su nuevo trabajo... la vida sigue... sin saber nada de su madre ni de su hermano.
Nota 1: en las imágenes aparece mi calle... la calle donde vivía antes, la calle donde sigue viviendo mi madre. En algunas zonas el agua alcanzó el metro de altura dentro de las viviendas... el barro, con todo lo que arrastró el agua, tardó mucho en desaparecer.
Nota 2: mi madre no pudo pasar al encontrarse la carretera que une Torremolinos con Málaga cortada en varios tramos, la riada anegó también aeropuerto y campamento militar. Terminó en un hotel, solo pudo ponerse en contacto conmigo ese miércoles 15 de noviembre por la tarde... esa misma noche consiguió llegar a casa.
Nota 3: mi hermano servía en la Legión entonces, durante tres días no supimos nada de él. En esos días salvó a varias personas que la fuerza del agua se llevaba, con una cuerda atada a la cintura, para que no lo arrastrara a él también, sacó a varias personas de vehículos que se habían quedado en los cambios de sentido subterráneos... después estuvo en el grupo que rastreó durante días el cauce del río Guadalhorce en el que varias personas desaparecieron. Como premio a su valor consiguió una bonita bronquitis y la pérdida auditiva en su oído izquierdo.
Nota 4: y a mi me quedó el estremecimiento cada vez que veo una inundación, una pequeña riada como la que viví éste martes pasado.
Aventura con agua
Es martes, 14 de noviembre de 1989.
Último día de trabajo en Karry de Wendeling, al día siguiente entrará en otro establecimiento para la campaña de navidad y aquí la sustituirá otra compañera con menos experiencia. Es un almacen de autoservicio para venta al por mayor y normalmente los clientes saben que van a comprar. Ella lleva aquí ya un mes y hoy será su último día.
Despedidas con hasta luegos (no es la primera vez que trabaja en este lugar y ya conoce prácticamente a todos). Normalmente a la hora de la comida acude a su casa, solo está a unos pocos kilómetros y hay bus cerca... pero al ser hoy el último día, decide quedarse a comer con las compañeras en el bar del almacén.
Es noviembre, fuera llueve con fuerza. Una gran nave con techo prefabricado en el que se oyen caer las gotas, dos plantas y aún así, en ocasiones, el retumbar hace que se tenga que subir el volumen de la voz para que te oigan. Entran clientes empapados, alguien comenta que antes de empezar a llover, el cielo estaba de un color muy raro. Algunas compañeras, curiosas, salen a ver, pero la fuerza del agua y granizo al caer impide ver más de unos metros del aparcamiento del lugar.
A la hora de la comida, ya ha dejado de llover. Cotilleos varios, risas, chicos, la comida no es muy buena, más que un restaurante, es una cantina, la gran mayoría de clientes del Karry son pequeños comerciantes con tiendas de ultramarinos de barrio, o de los pueblos del alrededor. Se escucha una voz:
- Se ha formado un charco muy grande en el aparcamiento.
Todos miramos por la ventana.
- ¡¡No es un charco!! ¡¡El agua está avanzando!!
Y es cierto, Wen no sabe cuanto tiempo lleva mirando por la ventana, no le ha parecido tanto, pero ve como columna a columna de coches aparcados va cubriendo ese enorme charco de color marrón oscuro. Se vuelve a comentar algo y descubre que un montón de gente se ha unido a ellas para mirar como el agua sigue avanzando.
- ¡¡Es el río!! Se ha desbordado...
El murmullo se va extendiendo donde minutos antes todo era silencio.
Algunos clientes empiezan a pagar y salir. En poco tiempo hay un montón de gente montándose en sus vehículos.
El agua se acerca al bar que se encuentra justo entre el aparcamiento y la nave. Wendeling mira su reloj, es poco más de las tres de la tarde, parece que había pasado más tiempo pero solo han sido unos minutos entre que alguien hablaba de un charco y lo que ya se ve claramente que no lo es. Algunos coches vuelven al aparcamiento cubiertos de barro, no se atreven a salir a la carretera, discurre junto al río y según comentan ya hay una buena altura de agua.
El agua empieza a entrar por las dos puertas que dan al aparcamiento. Todas se salen de puntillas intentando no mojarse muchos los pies y entran en el almacén. A esas horas (y después de la lluvia) no hay muchos clientes en el establecimiento, pero todos, clientes y trabajadores, solo miran por las puertas de entrada y salida, al aparcamiento, como el agua se va acercando.
Las cabinas de teléfono están ocupadas, los teléfonos de las oficinas también, Wen había tenido la idea de llamar a su madre, que trabaja en un restaurante en Torremolinos... pero parece que todos han tenido la misma idea.
La línea de teléfono se corta.
El agua empieza a entrar ya en la gran nave... Gerente, encargados gritando, clientes y trabajadores se dedican a reforzar las puertas con sacos de distintos alimentos, con palets, con lo que pueden, se cierran las grandes correderas en las puertas que dan al aparcamiento. Por una de las puertas de emergencia entran los empleados del bar y algunos clientes, el agua ya les llega a los tobillos.
La electricidad también se corta, salta el generador de emergencia.
Wen no tiene recuerdo del paso de las horas. En un momento determinado mira su reloj y es la siete de la tarde, por los ventanales ven como el agua alcanza fuera de la nave quizás un metro de altura. Ella está en la primera planta (muebles, colchones, electrodomésticos) con sus compañeras, llevan horas mirando por la ventana, después de los primeros minutos de desconcierto y trabajo en común, no tienen nada que hacer, solo esperar. En la planta baja el agua ha conseguido entrar, aunque solo unos centímetros. Los empleados se dedican organizadamente, a subir a estanterías altas los productos que se encuentra más a nivel del suelo.
Una lancha zodiac del ejército llega y amarra en la ventana del restaurante, consiguen entrar en la nave, al rato vuelven a marcharse, les acompaña una cliente. Bajan todas a preguntar.
La señora había sufrido una taquicardia y por eso se la han llevado, los demás están en buen estado de salud, y hay alimentos, así que les tocará esperar a que baje el agua o consigan sacarlos. Al parecer hay naves que están en mucho peor estado que ellos y serán prioritarios. Pero no consiguen mucha más información.
Les dan permiso para abrir algunas latas y paquetes de comida. Han pasado ya seis horas y ya ni siquiera saben de que hablar, el único tema es el agua y cuando conseguirán salir de allí.
Wendeling piensa en su hermano, es legionario, espera que se encuentre bien. Su novio, no puede llamarle, pero cuando llueve él no trabaja, así que seguro que está en su casa. Su madre trabaja en Torremolinos, si el río se ha desbordado, la carretera estará cortada, seguramente no podrá pasar... no quiere pensar que lo haya intentado siquiera. Espera que no se preocupen mucho por ella.
Al final, rendidos, algunos compañeros y clientes terminan por dormirse sobre los colchones, Wen sigue sentada en una silla mirando por la ventana la oscuridad.
Nota: En respuesta al comentario que me dejó Nocheoscura, decidí contar mi experiencia en aquellas inundaciones del ochenta y nueve. Para no hacer un relato demasiado largo, mañana contaré el resto de la historia.
Último día de trabajo en Karry de Wendeling, al día siguiente entrará en otro establecimiento para la campaña de navidad y aquí la sustituirá otra compañera con menos experiencia. Es un almacen de autoservicio para venta al por mayor y normalmente los clientes saben que van a comprar. Ella lleva aquí ya un mes y hoy será su último día.
Despedidas con hasta luegos (no es la primera vez que trabaja en este lugar y ya conoce prácticamente a todos). Normalmente a la hora de la comida acude a su casa, solo está a unos pocos kilómetros y hay bus cerca... pero al ser hoy el último día, decide quedarse a comer con las compañeras en el bar del almacén.
Es noviembre, fuera llueve con fuerza. Una gran nave con techo prefabricado en el que se oyen caer las gotas, dos plantas y aún así, en ocasiones, el retumbar hace que se tenga que subir el volumen de la voz para que te oigan. Entran clientes empapados, alguien comenta que antes de empezar a llover, el cielo estaba de un color muy raro. Algunas compañeras, curiosas, salen a ver, pero la fuerza del agua y granizo al caer impide ver más de unos metros del aparcamiento del lugar.
A la hora de la comida, ya ha dejado de llover. Cotilleos varios, risas, chicos, la comida no es muy buena, más que un restaurante, es una cantina, la gran mayoría de clientes del Karry son pequeños comerciantes con tiendas de ultramarinos de barrio, o de los pueblos del alrededor. Se escucha una voz:
- Se ha formado un charco muy grande en el aparcamiento.
Todos miramos por la ventana.
- ¡¡No es un charco!! ¡¡El agua está avanzando!!
Y es cierto, Wen no sabe cuanto tiempo lleva mirando por la ventana, no le ha parecido tanto, pero ve como columna a columna de coches aparcados va cubriendo ese enorme charco de color marrón oscuro. Se vuelve a comentar algo y descubre que un montón de gente se ha unido a ellas para mirar como el agua sigue avanzando.
- ¡¡Es el río!! Se ha desbordado...
El murmullo se va extendiendo donde minutos antes todo era silencio.
Algunos clientes empiezan a pagar y salir. En poco tiempo hay un montón de gente montándose en sus vehículos.
El agua se acerca al bar que se encuentra justo entre el aparcamiento y la nave. Wendeling mira su reloj, es poco más de las tres de la tarde, parece que había pasado más tiempo pero solo han sido unos minutos entre que alguien hablaba de un charco y lo que ya se ve claramente que no lo es. Algunos coches vuelven al aparcamiento cubiertos de barro, no se atreven a salir a la carretera, discurre junto al río y según comentan ya hay una buena altura de agua.
El agua empieza a entrar por las dos puertas que dan al aparcamiento. Todas se salen de puntillas intentando no mojarse muchos los pies y entran en el almacén. A esas horas (y después de la lluvia) no hay muchos clientes en el establecimiento, pero todos, clientes y trabajadores, solo miran por las puertas de entrada y salida, al aparcamiento, como el agua se va acercando.
Las cabinas de teléfono están ocupadas, los teléfonos de las oficinas también, Wen había tenido la idea de llamar a su madre, que trabaja en un restaurante en Torremolinos... pero parece que todos han tenido la misma idea.
La línea de teléfono se corta.
El agua empieza a entrar ya en la gran nave... Gerente, encargados gritando, clientes y trabajadores se dedican a reforzar las puertas con sacos de distintos alimentos, con palets, con lo que pueden, se cierran las grandes correderas en las puertas que dan al aparcamiento. Por una de las puertas de emergencia entran los empleados del bar y algunos clientes, el agua ya les llega a los tobillos.
La electricidad también se corta, salta el generador de emergencia.
Wen no tiene recuerdo del paso de las horas. En un momento determinado mira su reloj y es la siete de la tarde, por los ventanales ven como el agua alcanza fuera de la nave quizás un metro de altura. Ella está en la primera planta (muebles, colchones, electrodomésticos) con sus compañeras, llevan horas mirando por la ventana, después de los primeros minutos de desconcierto y trabajo en común, no tienen nada que hacer, solo esperar. En la planta baja el agua ha conseguido entrar, aunque solo unos centímetros. Los empleados se dedican organizadamente, a subir a estanterías altas los productos que se encuentra más a nivel del suelo.
Una lancha zodiac del ejército llega y amarra en la ventana del restaurante, consiguen entrar en la nave, al rato vuelven a marcharse, les acompaña una cliente. Bajan todas a preguntar.
La señora había sufrido una taquicardia y por eso se la han llevado, los demás están en buen estado de salud, y hay alimentos, así que les tocará esperar a que baje el agua o consigan sacarlos. Al parecer hay naves que están en mucho peor estado que ellos y serán prioritarios. Pero no consiguen mucha más información.
Les dan permiso para abrir algunas latas y paquetes de comida. Han pasado ya seis horas y ya ni siquiera saben de que hablar, el único tema es el agua y cuando conseguirán salir de allí.
Wendeling piensa en su hermano, es legionario, espera que se encuentre bien. Su novio, no puede llamarle, pero cuando llueve él no trabaja, así que seguro que está en su casa. Su madre trabaja en Torremolinos, si el río se ha desbordado, la carretera estará cortada, seguramente no podrá pasar... no quiere pensar que lo haya intentado siquiera. Espera que no se preocupen mucho por ella.
Al final, rendidos, algunos compañeros y clientes terminan por dormirse sobre los colchones, Wen sigue sentada en una silla mirando por la ventana la oscuridad.
Nota: En respuesta al comentario que me dejó Nocheoscura, decidí contar mi experiencia en aquellas inundaciones del ochenta y nueve. Para no hacer un relato demasiado largo, mañana contaré el resto de la historia.
Boquita cerrada
Hay ocasiones, como la de hoy, en que reconozco mi error, estaría más guapa con la boquita cerrada.
Después de escribir esto justo ayer, por la noche comienza a llover y desde entonces, más de veinticuatro horas seguidas en que practicamente no ha parado de hacerlo.
Os podéis imaginar mi cara cuando sobre las tres de la tarde, veo que mi calle se ha convertido en el cauce de un rio lleno de ramas, hojas, semillas, agua y mucho barro. Aunque al tener pendiente, no se ha quedado el agua embalsada como en otros lugares, me ha impedido poder cruzarla para ir a buscar a mis hijas al colegio. Menos mal que su padre vive en la misma acera y han terminado en su casa.
Y los recuerdos de otras inundaciones que si viví en primer plano. Si mirais las fotografías, yo fui una de las rescatadas del polígono Guadalhorce. Durante tres días, no supe nada de mi familia, ni ellos de mi. Y aunque lo de hoy practicamente no ha sido nada, en hora y media todo había acabado, no ha impedido que los recuerdos (y algunos miedos) vuelvan a invadirme.
Pues si, hay ocasiones en los que estaría más guapa con la boquita cerrada.
Después de escribir esto justo ayer, por la noche comienza a llover y desde entonces, más de veinticuatro horas seguidas en que practicamente no ha parado de hacerlo.
Os podéis imaginar mi cara cuando sobre las tres de la tarde, veo que mi calle se ha convertido en el cauce de un rio lleno de ramas, hojas, semillas, agua y mucho barro. Aunque al tener pendiente, no se ha quedado el agua embalsada como en otros lugares, me ha impedido poder cruzarla para ir a buscar a mis hijas al colegio. Menos mal que su padre vive en la misma acera y han terminado en su casa.
Y los recuerdos de otras inundaciones que si viví en primer plano. Si mirais las fotografías, yo fui una de las rescatadas del polígono Guadalhorce. Durante tres días, no supe nada de mi familia, ni ellos de mi. Y aunque lo de hoy practicamente no ha sido nada, en hora y media todo había acabado, no ha impedido que los recuerdos (y algunos miedos) vuelvan a invadirme.
Pues si, hay ocasiones en los que estaría más guapa con la boquita cerrada.
Calentamiento global
Momento surrealista del día:
Hora: diez treinta de la mañana.
Lugar: sala de reuniones de la delegación en Málaga en la última empresa en la que trabaja Wen.
Tema de día: Campaña de Navidad. Presentación de los nuevos productos, promociones especiales, regalos, objetivos a cumplir...
Y Wendeling sintiéndose por un momento austral, al darse cuenta que está en ropa de verano, disfrutando de veinticinco grados de temperatura en la calle y abanicándose, mientras hablan de la Navidad que está a mes y medio ya.
Nota: No es una queja por las temperaturas, sino constatar que sigo usando ropa veraniega mientras me venden castañas asadas "calentitas". Tal vez de esto es cuando hablan por ahí del calentamiento global y no lo que yo pensaba de meter un globo en el horno.
Hora: diez treinta de la mañana.
Lugar: sala de reuniones de la delegación en Málaga en la última empresa en la que trabaja Wen.
Tema de día: Campaña de Navidad. Presentación de los nuevos productos, promociones especiales, regalos, objetivos a cumplir...
Y Wendeling sintiéndose por un momento austral, al darse cuenta que está en ropa de verano, disfrutando de veinticinco grados de temperatura en la calle y abanicándose, mientras hablan de la Navidad que está a mes y medio ya.
Nota: No es una queja por las temperaturas, sino constatar que sigo usando ropa veraniega mientras me venden castañas asadas "calentitas". Tal vez de esto es cuando hablan por ahí del calentamiento global y no lo que yo pensaba de meter un globo en el horno.
Buen camino
¿Somos posesión de nuestros sentimientos? o ¿decidimos sobre lo que queremos sentir?
Entiendo que no puedas controlar tus sentimientos ante determinadas personas, circunstancias, momentos, recuerdos... pero si nos dejamos controlar por ellos, dejaremos de ser dueños de nosotros mismos. Es de cobardes esconderse tras ellos, culpar de tus actuaciones a tus sentimientos para escapar de las responsabilidades.
Aunque también podrían acusarme de ser demasiado fría dejándome guiar por mi cerebro. Aparcando los sentimientos en un rincón de mi ser sin dejarlos salir.
Como siempre, la zona media es la más aconsejable, aunque cuesta llegar a ese punto en el que sentimos siendo objetivos. Hay que pagar en tiempo, en experiencias y en sentido común.... y creo que voy por buen camino.
Nota: no me tengáis en cuenta estos desvaríos, pero es que le echo mucho de menos.
Entiendo que no puedas controlar tus sentimientos ante determinadas personas, circunstancias, momentos, recuerdos... pero si nos dejamos controlar por ellos, dejaremos de ser dueños de nosotros mismos. Es de cobardes esconderse tras ellos, culpar de tus actuaciones a tus sentimientos para escapar de las responsabilidades.
Aunque también podrían acusarme de ser demasiado fría dejándome guiar por mi cerebro. Aparcando los sentimientos en un rincón de mi ser sin dejarlos salir.
Como siempre, la zona media es la más aconsejable, aunque cuesta llegar a ese punto en el que sentimos siendo objetivos. Hay que pagar en tiempo, en experiencias y en sentido común.... y creo que voy por buen camino.
Nota: no me tengáis en cuenta estos desvaríos, pero es que le echo mucho de menos.
Etiquetas: sentimientos
Primera vez
Las primeras veces siempre son emocionantes.
El primer llanto al nacer. La primera sonrisa. El primer diente. El primer paso... La primera rabieta (ojo, solo la primera, las demás son un auténtico latazo). El primer día de cole. La primera letra que aprendes a leer... la primera palabra que escribes. El primer sobresaliente, si me apuráis, hasta el primer suspenso. El primer diente que se cae (pobre Ratoncito Pérez). El primer libro que te lees entero. La primera comunión ( o cualquier ceremonia similar en cualquier otra religión). El primer día de instituto. La primera miradita... El primer amor, los primeros juegos amorosos. La primera relación sexual completa. El primer preservativo que usas (esto debería estar incluido en la frase anterior).
El primer día que descubres internet. La primera vez que tienes el valor en registrarte en una página. La primera vez que escribes en un foro. El primer blog que descubres. La primera vez que te decides a comentarlo.
La primera bitácora que te decides crear. La primera vez que descubres que alguien te lee. El primer comentario que recibes...
En más de una ocasión he indicado que suelo ser lectora anónima de un buen puñado de blogs. Sólo comento si tengo algo que decir y es algo original que no ha dicho otra persona antes, no me gusta repetirme y no me gustan los comentarios de: "pasaba por aquí y te dejo un saludo" que no me dicen absolutamente nada sobre el post escrito. Así que son muy raras las bitácoras en los que suelo dejar comentario tras comentario, a no ser que haya una razón clara. Incluso dejo sin comentar el blog de mi pareja si él ya sabe lo que voy a decir.
Tampoco me gusta borrar comentarios, si alguien no está de acuerdo con lo que digo, es completamente libre de decírmelo. Solo he borrado en dos ocasiones un comentario y era porque insultaban a terceras personas.
Todo esto para decir que hoy ha sido mi primera vez... y como decía al principio, ha sido emocionante...
... Mi primer comentario borrado, eliminado de un pluzamo (o de un click en este caso).
Y cuando me pongo a pensar, no ha sido un comentario mordaz, ni con mala intención, ni he insultado a nadie. Solo he manifestado mi disconformidad con cierto comportamiento que no comprendo, referente al post que esa persona había publicado. Pero al parecer, la persona propietaria del blog en el que he dejado mi comentario, se ha sentido ofendida por él, porque indicaba un desacuerdo.
Es su bitácora y como tal, puede hacer lo que quiera con ella, solo indicar que ha sido mi primera vez... y ha sido emocionante.
El primer llanto al nacer. La primera sonrisa. El primer diente. El primer paso... La primera rabieta (ojo, solo la primera, las demás son un auténtico latazo). El primer día de cole. La primera letra que aprendes a leer... la primera palabra que escribes. El primer sobresaliente, si me apuráis, hasta el primer suspenso. El primer diente que se cae (pobre Ratoncito Pérez). El primer libro que te lees entero. La primera comunión ( o cualquier ceremonia similar en cualquier otra religión). El primer día de instituto. La primera miradita... El primer amor, los primeros juegos amorosos. La primera relación sexual completa. El primer preservativo que usas (esto debería estar incluido en la frase anterior).
El primer día que descubres internet. La primera vez que tienes el valor en registrarte en una página. La primera vez que escribes en un foro. El primer blog que descubres. La primera vez que te decides a comentarlo.
La primera bitácora que te decides crear. La primera vez que descubres que alguien te lee. El primer comentario que recibes...
En más de una ocasión he indicado que suelo ser lectora anónima de un buen puñado de blogs. Sólo comento si tengo algo que decir y es algo original que no ha dicho otra persona antes, no me gusta repetirme y no me gustan los comentarios de: "pasaba por aquí y te dejo un saludo" que no me dicen absolutamente nada sobre el post escrito. Así que son muy raras las bitácoras en los que suelo dejar comentario tras comentario, a no ser que haya una razón clara. Incluso dejo sin comentar el blog de mi pareja si él ya sabe lo que voy a decir.
Tampoco me gusta borrar comentarios, si alguien no está de acuerdo con lo que digo, es completamente libre de decírmelo. Solo he borrado en dos ocasiones un comentario y era porque insultaban a terceras personas.
Todo esto para decir que hoy ha sido mi primera vez... y como decía al principio, ha sido emocionante...
... Mi primer comentario borrado, eliminado de un pluzamo (o de un click en este caso).
Y cuando me pongo a pensar, no ha sido un comentario mordaz, ni con mala intención, ni he insultado a nadie. Solo he manifestado mi disconformidad con cierto comportamiento que no comprendo, referente al post que esa persona había publicado. Pero al parecer, la persona propietaria del blog en el que he dejado mi comentario, se ha sentido ofendida por él, porque indicaba un desacuerdo.
Es su bitácora y como tal, puede hacer lo que quiera con ella, solo indicar que ha sido mi primera vez... y ha sido emocionante.
Etiquetas: primera_vez
Velas
Una vela por Joaquín, que no llegó a conocer a sus nietos.
Una vela por Federico, que no llegó a conocer a sus nietos.
Una vela por Daniel, que quiso conocer a sus abuelos demasiado pronto.
Una vela por mama María y sus lecturas delante de una chimenea.
Una vela por mama Carmen y sus recuerdos al olor de un café.
Una vela por mama Wendeling, de la que llevo su nombre.
Una vela por María José, que sus ganas de comerse al mundo acabaron consumiéndola.
Una vela por todos los que nos faltan.
Una vela por nosotros, que los mantenemos vivos en nuestros recuerdos.