REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "Los hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien
Compartiendo con mis hijas: "La casa de la Colina Negra" de José Antonio Cotrina
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Estel
Hospital Materno-Infantil. Málaga, 28 de febrero de 1996.

Wendeling lleva ingresada varios meses, su embarazo es complicado y por ahora, le ha costado 4 meses metida en una cama en un hospital. Cuatro meses de incertidumbre y sobre todo, mucho miedo. Quiere a este bebé, ha cumplido a rajatabla todo lo que le han indicado los doctores. Tiene que vivir, esta niña tiene que vivir.

Hoy es fiesta, así que pasará el médico de guardia, un vistazo y hasta mañana. Será un día tranquilo... aunque si se pone a pensar, los tres últimos meses con contracciones a diario, no han sido nada tranquilos... pero sorprendentemente, las personas terminan a acostumbrarse a las situaciones más extrañas.

Son las 10 de la mañana y llega la matrona con el aparatito... monitores al canto: gomas en la tripota para medir el ritmo cardiaco y las contracciones de la matriz, es algo molesto, pero te quedas hipnotizada escuchando el corazón del peque latir. Le toma la tensión arterial y al ver la medición suelta un... "¡Ufff! ¿Te encuentras bien?"

- Si, ¿ocurre algo?

- Tienes esto algo altito, espera, aviso al doctor.

- Pues empiezo bien el día de fiesta.

Unos minutos después aparece el doctor de guardia, de nuevo toda la parafernalia, toma de tensión, vistazo a mi "pequeñito" historial de tropecientas páginas (claro, no es mi doctor habitual). Vistazo a las mediciones del monitor y nueva preguntas.

- ¿Cómo te encuentras?

- Pues bien

- ¿Sientes las contracciones?

- Más o menos desde las veinte semanas.

- Y ahora estás de...

- treinta y cinco.

- Bueno, pues entonces esta chiquita no tendrá problemas si sale hoy.

Sorpresa de las grandes.

- ¿Cómo?

- Tienes un subidón de tensión arterial y está afectando al feto. Por lo que veo, ha tenido tratamiento de maduración pulmonar y se ha desarrollado perfectamente. Hoy vas a conocer a tu hija.

- Pero... pero....

- No te preocupes, ahora mismo doy el aviso para que avisen a tu familia. (A la auxiliar que está con él) prepararla y a partos, hay que inducirselo.

ooOOoo


Hospital Materno-Infantil. Málaga, 28 de febrero de 1996. 19:00 horas.

Wendeling se siente cansada, muy cansada, practicamente no siente fuerzas para aguantar una contracción más. Horas antes decidió que no pensaba tener más hijos, esto duele una hartá y con dos partos tiene más que suficiente. Han estado muy pendiente de ella, aunque no se lo han dicho, sabe que hay algún problema con ella y tiene miedo que afecte a la niña... ojalá todo fuera más rápido, no soportaría que pasara igual que con Daniel. Su cabeza no lo aguantaría. De nuevo aparece una matrona a tomarle la tensión, lleva no se cuentas inyecciones en el suero de algo que la hace subir a una nube, pero sigue sintiendo las contracciones y está tan cansada.

- ¿Qué sale?

- No te preocupes, va bien. Tú trabajo es estar pendiente de las contracciones y hacer las respiraciones como te hemos enseñado, el resto lo controlamos nosotros. Lo estás haciendo muy bien, cariño (le moja los labios con una gasa humedecida) muy bien.

- ¿Cuánto me queda?

- Estás de 8 (cm) ya no queda nada.

Suena una alarma, el monitor, pasa algo con el bebé. Wendeling se asusta, intenta levantar la cabeza y ver que pasa, pero se marea, ocurre algo... ¡¡su bebé!!

La matrona mira las mediciones y sale corriendo, aparece un doctor y revisa las mediciones del aparato.

- ¿Cuánto le queda?

- dos cm.

El doctor la revisa personalmente.

- ¿Qué le pasa a mi niña doctor?

No le contesta, sigue hablando con la matrona.

- Al paritorio y vaquo, hay que sacarlo ya, es tarde para una cesárea... vaquo.

Wendeling no tiene fuerzas ni para llorar, quiere a su niña. Recuerda el resto como en un sueño. El paritorio, la gente alrededor, el tirón al sacar el bebé con el vaquo y el llanto de Estel.

De su niña.

Tiene una imagen grabada: Estel sobre su pecho, con el cordón todavía, unida a ella. Estel levanta su carita y la mira, con esos ojitos hinchados y tan rubia, tan preciosa.

Después duermen a Wendeling.

ooOOoo

Hospital Materno-Infantil. Málaga, 29 de febrero de 1996. 03:40 horas.

Wendeling está en la habitación, despertó hace un par de horas, preguntó por su bebé. Todo está bien, solo está a la espera que el neonatólogo de la autorización para subirsela. Al parecer ha estado toda su familia en la habitación, pero Wendeling no se ha enterado. Estaba dormida, le han puesto un tratamiento muy fuerte para bajarle la tensión arterial, tuvo picos muy, muy altos, según le han comentado y produjo una taquicardia muy grande al bebé, pero la niña está bien.

Wendeling se siente muy dolorida, tiene ganas de ducharse, de sentirse limpia, pero se ha mareado al intentar levantarse de la cama y la han regañado. "Cuando te encuentres mejor podrás ducharte, ahora tienes que descansar".

Sola en la cama, mirando la luna a través de la ventana, las nubes pasan por delante de ella "¿dónde está mi niña?"

- Mira, tengo un regalito para ti

Ha entrado una auxiliar y sobresalta a Wendeling, no la ha oido. Le da un bultito envuelto en una manta.

- Ahora te traigo la cuna.

Wendeling mira la carita de Estel, está dormida, esa carita que recuerda, esos ojitos hinchados, muy quieta. "¿Le pasa algo? parece que no respira". Wendeling no puede reprimirse y traquetea un poco a Estel, para ver si reacciona. La niña abre los ojos sobresaltada y gruñe un poquito, antes de volverse a dormir.

Ha valido la pena 8 meses metida en cama, pasar por amenazas de aborto y parto prematuro, por cientos de medicamentos, por 4 meses en un hospital, por llevar 3 meses unida a un gotero, por cientos de contracciones, por miedos, por hemorragias, por subidones de tensión, por todo.

Estel está bien y es preciosa.


Nota: Recupero este artículo de hace un par de años. Hoy, más que nunca, necesito decirle a Estel todo lo que la quiero y que siempre estaré.

Te quiero mi vida, feliz cumpleaños.


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Y risas
Me gusta leer, no es un secreto, pero como tiempo poco, aprovecho cualquier momento para hacerlo... incluidas las esperas del bus para ir a trabajar... o el cercanías...

Año ... bufff... demasiados han pasado ya. Trabajando en una de las imnumerables urbanizaciones de Marbella. Una autovía en construcción y verano hacen que un trayecto de una hora de duración en autobús pase a ser de varias horas.

Un libro "Caribes" de Alberto Vázquez-Figueroa y una escena en esa historia, en la que a pesar de su dramatismo, el protagonista perdido en un manglar en américa, solo, subido a un arbol al comprobar como una enorme lagartija se le acerca, no puede evitar soltar un gran pedo a consecuencia del miedo. Un indígena, en su canoa, pasa cerca en ese momento y comenta: "Así no lo asustarás, son sordos" (recuerdo la escena de memoria, asi que disculpad si alguien tiene el libro a mano y comprueba que no es exactamente así). Me produjo tal ataque de risa que terminé llorando y con dolor de tripa de las contracciones al reirme.

Durante un montón de minutos, mi risa a todo volumen es el único ruido que se oyó en el bus. Los pasajeros me miraban de reojo y a mi se me subieron los colores, pero no podía dejar de reir. Con el libro cerrado sobre mi regazo, solo recordar la escena volvían las carcajadas a mi garganta.

Respirar hondo, cerrar los ojos, relajarme, morder el labio para aguantar la risa.

"Ya... puedo seguir..."

Abrir el libro, intentar leer y nada...

Vuelta a las carcajadas a todo volumen... con el dolor de tripa y las lágrimas corriendo por mi cara.

"¡Joder! esa era mi parada!!!"


Nota: La distancia entre paradas puede ser de hasta diez, quince kilómetros. Así que me tocó bajarme en la siguiente y esperar el autobús de vuelta para llegar a mi destino... Llegué una hora tarde por culpa de un ataque de risa.

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Lágrimas
¿Qué es lo que me hace llorar?

Son tantas y tantas las situaciones... me reconozco llorona por naturaleza. Soy incapaz de aguantar mis lágrimas ante un sin fin de sentimientos. La rabia me hace llorar, la impotencia, la tristeza... incluso un ataque de risa termina con incontables lágrimas escapándose por mi cara.

Un bostezo inoportuno también consigue que llore. El fijar la vista intentado ver algo más que tal vez no haya... o intentando no ver, a saber, un olor fuerte, la cocina... o más bien debería decir mis ataques a cebollas indefensas simulando que se cocinar, me hace llorar.

Un recuerdo, la distancia de mi amor, la soledad, un relato...

En ocasiones me han acusado de querer evadirme en otros mundos y no enfrentarme a éste. Pero tengo muy claro cual es el mundo verdadero, a pesar de mis atracones literarios y/o cinéfilos, cual es ese mundo que se merece mis lágrimas y mis esfuerzos.

Desde que soy madre, me hace llorar cualquier historia de padres e hijos. Recuerdo mis lágrimas nada más empezar a leer "Desde mi cielo".

Viernes veintitres de febrero. Polideportivo en el que entrenan Estel e Ithilien. En un asiento de la grada, esperando y leyendo "La sangre de los inocentes" de Julia Navarro.

Una página, un enfrentamiento que quieren hacer religioso y no lo es. La obligación de estar conmigo o contra mi dejando de lado todo, incluso la integridad de tu propia conciencia... Y una lectora, yo misma, que a pesar de distinguir realidad y ficción, no puedo evitar que salten esas lágrimas por la impotencia que sufren unos protagonistas que nunca han existido.

¿Qué es lo que me hace llorar?

Son tantas y tantas las situaciones...

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Gripe y peleas
Me las prometía muy feliz, éste invierno no había pillado un catarro de importancia, ni una gripe... y eso que soy de las que siempre terminan cogiendo la muestra de cada virus que pase cerca de mi.... y a escasas tres semanas de finalizar el invierno...

Pues si, dolor de garganta, pesadez en el cuerpo, pinchazos en las articulaciones, estornudos, tos, mocos y a la espera de que llegue la fiebre. Hoy me he levantado con el completo.

Y como mi cabeza no está para muchos pensamientos, os dejo la última perla de Ithilien.

- ¿Os habéis dado cuenta que desde que está Anduriña no os habéis peleado?

- Es que ahora jugamos con ella... pero danos tiempo mami y ya verás la que montamos...

Miedo me da como se monten peleas a tres bandas...

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Una limosnita
Cuando me mudé a mi nueva casa, sabía que muy cerca se encuentra un hospital psiquiátrico de puertas abiertas... los internados puede salir a la calle durante el día y regresar a comer y dormir, además de tomar su medicación. Al principio me resultó raro ver a determinadas personas paseando por la calle, en estado semialetargado... cada uno con su propieta peculiaridad: Uno de ellos suele tumbarse en la acera, en un rincón y dedicarse a hablar solo durante horas; otro pasea arriba y abajo de la misma calle, con un bolso en banderola y escuchando una vieja radio de transistor; otra persona, joven, bastante joven, siempre con un cigarro apagado y pidiendo fuego (pocas veces lo he visto con el cigarro encendido)... durante años, me he ido cruzando día a día con ellos y mi prejuicio inicial ha ido debilitándose cada vez más.

Suelen vestir ropas bastante usadas, pero siempre limpias... en ocasiones están solos, cada uno por su lado y otras veces, los ves reunidos, conversando, en algún banco de la calle. A veces te saludan al pasar, después de tiempo cruzándose contigo... otras veces te ignoran por completo... y en alguna ocasión, te piden que los invites a un café...

Desde hace unas semanas, se ha unido una persona más al grupo. Me ha resultado extraño, porque hasta ahora, siempre han sido hombres, de más o menos edad, pero todos chicos. Ésta persona es mujer, de unos cincuenta años... tal vez más, tal vez menos, soy bastante mala calculando la edad de las personas. Usa unas combinaciones bastante peculiares en los colores de las prendas que viste que la hace no pasar desapercibida... Con un pequeño banquito de playa bajo el brazo, y transportando una bolsa de tela de publicidad.

Y hoy, al cruzarme con ella, sentada justo en una rampa de bajada de una calle, en su pequeño banco de playa y comiendo un bocadillo de chorizo, por primera vez cruza unas palabras conmigo:

- ¿Una limosnita para una pepsi?

Mi sorpresa ha sido tal, que no he podido evitar una enorme sonrisa. Es la primera vez que veo lógica y consecuente una petición de lismona... así que he terminado invitándola a una pepsi.

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La familia crece
Después de un embarazo de justo un mes, aunque Estel hablaría de casi dos años, si cuenta en el momento que propuso por primera vez que quería un gato como mascota hasta que por fin... ha llegado a casa.

El nuevo miembro de la familia
recorre en este momento, sus nuevos dominios. Curiosa, parsimoniosa, con elegantes andares, mira, husmea, pasea y maulla, aguantando mansamente las persecuciones de Ithilien y sus abrazos sin molestarse lo más mínimo.

Espero que no haya dramas si por fin Andu (diminutivo de Anduriña, después de mucho pensar, al final han optado por decisión mayoritaria aunque con mi voto en contra, que mantenga su primitivo nombre) se cansa de tanto manoseo a discreción. Estaría en todo su derecho, al menos reconozco que yo no hubiera tenido tanta paciencia como ella está teniendo con su nueva familia.



Bienvenida a casa.

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No soltar las riendas
Hay padres que creen en el extremo de la disciplina para educar a sus hijos. Otros piensan que lo mejor es ser colegas pero lo que realmente funciona con los hijos, ya que no vienen con el manual de instrucciones cuando nacen, es el sentido común. Y éste a mi me dice:

Deja libertad de evolucionar, pero no sueltes las riendas, porque a pesar de que un niño sea muy maduro, sigue siendo niño...

... y con los niños, en ocasiones, no es fácil razonar.


¿Tan difícil es de entender?

Pues parece que si, porque me tropiezo con cada padre, y madre, por ahí... que asusta imaginar como serán esos niños de adultos.

Nota: ¿Alguien podría decirme si se puede denunciar a unos padres por malos tratos a su hijo por dejar que este haga absolutamente todo lo que pasa por su cabeza? Y cuando digo todo, me refiero a todo lo que un niño de cuatro años puede imaginar.


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Mi regalo de San Valentín


Aunque os aseguro que a mi me emocionó muchísimo más con otra voz, lástima de que el vídeo de mi recuerdo sólo es para mi... o tal vez dé las gracias porque sólo es para mi.

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Soy de esas...
... de las detallistas...

De las que les hace ilusión un simple te quiero en cualquier momento...

De las que les gusta una mirada picarona al volver la cara...

De las que les alegra el día un sms con un buenos días...

De las que se rompen la cabeza pensando en el mejor regalo el día de un cumpleaños...

De las que se ríen pensando en la cara que pondrá cuando se lleve la sorpresa...

De las que es feliz si solo pasan a recogerte a la salida del trabajo para dar un paseo...

De las que una carta hablando de sentimientos hacen que las mariposas revoloteen como locas en su estómago...

De las que son felices deseando dar unos mimos...

De las que se entregan por completo al recibir esos mimos...

Si... Soy de esas... que le gustan los detalles, no del tipo "un diamante es para siempre"... no del tipo "impresionante ramo de tropecientas rosas en cestita original con neceser completísimo de accesorios para el baño... no... no de esas...

Soy de las que sencillamente necesitan sentir que se acuerdan de una, que la quieren... para mi es necesario, dar y recibir esos detalles, que son insignificantes, que no cuestan tanto, si realmente amas a la otra persona... a mi no me cuesta...

Así que no entiendo a esas personas que como tarjeta de presentación te sueltan, nada más comenzar una relación: "no esperes muchos detalles de mi, porque no soy detallista... no es necesario para que la otra persona sepa que la ames".

Lo siento, no lo entiendo. Si realmente estás enamorado de la otra persona, no cuesta tanto un "te amo" a la luz de la luna, o una llamada a una hora intempestiva, o unas simples lineas en un papel.

Si, soy de esas... de las que dan detalles y los exigen... de las que necesitan demostrar a todas horas que te amo, que te recuerdo... y que necesito...

Soy de las que es feliz al recibir algún detalle que me indica que la otra persona piensa en mi... aunque sea una margarita...

Nota: y cuando al fin encuentras a una persona que necesita tanto como una, demostrar ese amor con detalles, te sorprende todo lo que necesitabas esos momentos... aunque te hayan repetido durante años que no hace falta decir te amo todos los días...


Nota 2: Este artículo lo escribí hace año y medio... pero hoy, necesito volver a él... porque hoy ha sido la primera vez que me han cantado una canción, porque ese pequeño detalle recibido con todo el amor del mundo me ha demostrado todo lo que me aman. Porque no necesito diamantes, ni un viaje, ni una cena en restaurante de cinco tenedores. Solo necesito que me demuestren ese amor día a día, con pequeños detalles.

Gracias mi amor, te quiero. Felicidades por este día.

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Terremoto
Es habitual que en una conversación con Wendeling, ésta termine contando alguna historia, anécdota, suceso personal o de terceras personas. No es una regla, ni una obligación o un compromiso. Sólo sucede, sin más.

- ¿Cómo eres capaz de recordar tantas cosas?

- Nunca las recuerdo todas. No tengo tal capacidad de memoria. Pero en ocasiones, ocurre algo que me hace acordarme de ese suceso en particular. A veces es una canción, otras un olor, un artículo en el periódico, una conversación con alguién o incluso un risa, que abre ese cajoncito en especial de mi memoria.

Wen tuvo esta conversación en particular hace varios días con una amiga y hace unos horas ha podido comprobar como ha vuelto a suceder. Un historia de su niñez que tenía por completo olvidada, ha visto la luz precisamente hoy, a su llegada a la oficina donde trabaja.

- Buenas...

- Ah, hola Wen, siéntate, ahora te atiendo - la jefa de Wen, como siempre con miles de cosas que hacer, intentando organizarse en su mesa... - Por cierto, ¿has notado el terremoto?

- ¿Terremoto? ¿Cuándo?

- Hace unos cinco minutos...

- Pues no, iba en el bus. No he notado nada...

Y Wendeling, por arte de magia, se traslada a un buen puñado de años atrás...


Tiene seis años, lleva viviendo unos meses en casa de sus abuelos. Acaba de despertar y remolonea unos minutos en la cama. Es la cama dónde duermen sus abuelos. Una enorme y alta cama de hierro, a la que le cuesta mucho subirse por las noches. Debe poner un pie en el borde de la colchoneta y agarrarse al cabecero para tomar impulso. La primera noche que durmió ahí sintió algo de vértigo al intentar bajarse. Es muy alta y además, sus abuelos usan dos colchones de lana. Mama María, todas las mañanas, ventea los colchones y los alisa, dejando la cama por completo recta, pero en cuanto te acuestas, terminas por hundirte, sientes la sensación de como te atrapa el colchón poco a poco, hundiéndose bajo ti... atrapándote y consiguiendo que no tengas frío... eso si, cuesta una barbaridad darte la vuelta en la cama o correrte unos centímetros, porque invariablemente terminas hundida en el mismo hueco que hicistes al acostarte.

Su abuelo trabaja todas las noches menos los domingos, como guarda en una bodega cercana, así que por el momento, ella duerme en la misma cama con su abuela. Eso la hace sentirse más segura, después del par de años durmiendo en el colegio, en el que a pesar de ser un montón de niñas en la misma habitación, se sentía por completo sola en las noches.

Es verano, no sabe que hora es, pero siente el ruido de la calle, niños jugando, el panadero con su coche, gritando "pan recién horneado"... escucha el ruido de la persiana de la puerta de la casa, su abuela acaba de salir, seguro que a comprar el pan... un perro ladrando, los cascos de un burro o un mulo pasando por la calle de al lado... crujen las ruedas de madera del carro que lleva...

Piensa en levantarse, empieza a sentir calor de la cama, pero todavía no se decide. Vuelve la cara y ve el espejo de cuerpo entero que su abuela tiene en la esquina del dormitorio. Le gusta mirarse en él... imagina que es la madrastra de blancanieves y le pregunta al espejito mágico quien es la más guapa...

La persiana vuelve a hacer ruido al arrastrarse por el suelo... su abuela acaba de llegar cuando...

La cama salta, un golpe seco, un salto... Wen salta con la cama, siente un dolor en el estómago... es miedo ¿qué pasa? las cortinas también se mueven, un retrato de su padre niño, cae de la pared y se rompe el cristal...

Su abuela la llama desde la cocina...

- ¡¡¡Wendeling!!!

Ella intenta bajar de la cama, pero es muy alta, su pie no llega, resbala agarrada al colchón, su pie busca el frío del suelo... la cama vuelve a moverse y el dolor del estómago le hace no ser tan cautelosa... suelta sus manos del colchón, resbala y cae de espaldas sobre el suelo... la cabeza contra el espejo que se hace añicos... cierra los ojos al sentir como saltan los trozos sobre su cara...

Grita.

Todo vuelve a quedarse quieto. Wen se levanta poco a poco, no se atrave a abrir los ojos, los cristales del espejo todavía caen. Le duele el culete de la caída y sigue asustada, pero sobre todo teme la regañina de su abuela por romper el espejo...

Está de pie, se atreve a abrir los ojos, su abuela acaba de entrar a la habitación, chilla asustada llamándola.

- Lo siento mama, no quería romper el espejo...

Llega hasta su altura y la abraza, sigue chillando su nombre, no entiende bien lo que dice... algo de su cabeza...

Se lleva la mano a la cara y a la cabeza cuando siente una enorme quemazón a tocarse la frente, no puede evitar volver a sentir el dolor en el estómago al verse las manos llenas de sangre...

Nota: de aquella aventura me quedan unas pequeñas cicatrices en la cabeza, no sé ven, están justo por encima de la linea del pelo... había olvidado por completo esta historia hasta el momento en que mi jefa dijo "terremoto".

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Contar historias
Como ya ha contado en numerosas ocasiones, a Wen le gusta consumir historias... esas historias que las hacen sentir viva, al introducirse en ellas. Le gusta el cine, le gusta escuchar hablar de sus propias historias a otras personas, pero sobre todo, le gusta leer, porque así, es ella y su propia imaginación las que viven la historia.

No recuerda exactamente en que momento sus letras hicieron click, como le pasó a su abuela, pero si recuerda perfectamente, el día, casi casi el momento, en que descubrió que además de consumir historias, le gustaba contarlas...


Verano de mil novecientres setenta y cuatro. La chiquillería ocupa la calle mayor del pueblo, más de treinta niños jugando al futbol cortando la arteria principal, las porterías señaladas por enormes pedruscos en medio de la vía y un balón que alguien tuvo la suerte que le trajeran los reyes magos, rodando, golpeado por unas decenas de pies de dueños que corren apelotonados. Difícil saber quien compone los equipos, alguno se equivoca de portería y mete gol en la propia... gritos, protestas, alaridos, intentos de sumar ese gol a su equipo, aunque haya sido en meta equivocada...

Y Wen que se harta de todo y decide sentarse en un bordillo, al lado de una niña más pequeña a la que acaban de poner gafas y que su madre no permite jugar al futbol por temor a que las rompa.

- Hola. Tu eres la hermana de María José ¿no? - La pequeña asiente.- ¿Cómo te llamas?

- Eva. ¿Tu eres la que vive en la casa del fantasma? - sonrie tímidamente.

- Sí. ¿Por qué no juegas?

- Me da miedo a que se me rompan las gafas, los niños son muy brutos. Me gusta jugar a otras cosas. ¿y tú por qué no sigues jugando?

Nuevo griterío, alguien ha hecho penalti, pero claro, como no hay señales en el suelo, el otro equipo se defiende...

- Me he cansado, además, como soy niña, casi no me dejan tocar el balón y para correr de un lado a otro como una tonta, mejor me quedo aquí. Me he traído una cuerda ¿jugamos las dos?

- No, se me pueden romper las gafas, además, no sé saltar muy bien.

- Bueno, puedes quitártelas un ratito si quieres, las dejamos en esa ventana y verás como no le pasan nada.

Pero Eva tiene miedo a que la regañen si la ven sin gafas, así que niega con la cabeza.

- ¿Entonces a que jugamos?

Eva la mira, encogiéndose de hombros. Wendeling la ve tan aburrida, que intenta pensar en algún juego en la que pueda participar ella.

- El otro día vi una peli muy bonita en la tele. Era de una sirenita ¿La viste?

- No, nosotros no tenemos tele. A veces vamos a casa de mi tía Isabelita que si tiene y vemos algo.

- Pues era muy bonita, porque era de una sirena que tenía el pelo muy largo y nadaba en el mar, porque no tenía piernas ¿sabes? solo una cola que brillaba, una cola de pez...

Wen empieza a contar el cuento de la sirenita a Eva, que la mira muy atenta, de vez en cuando la interrumpe para preguntarle algo... la historia sigue cuando se produce un silencio. Los niños han dejado de gritar. Se oye un murmullo de fondo.

Alguien ha fallecido y los mayores acuden en procesión, tras el féretro que llevan a hombros cuatro de ellos, por medio de la calle mayor. Hay que retirar rápido los grandes pedruscos que indican las porterías. Los niños se quitan, escuchan los cuchicheos intentando averiguar a quien llevan en el ataud. Se apartan pegados a la pared, al lado de donde Eva y Wen estaban sentadas, que se han levantado en señal de respeto al paso de los mayores.

Pasan los más retrasados, todos son hombres, las mujeres no van al cementerio, se quedan en la casa del fallecido dando el pésame a la familia. Los hombres acuden al entierro.

Los niños miran al final de la calle, por donde aun se ven las espaldas de la pequeña procesión. Todavía sigue el silencio. Extraño en la chiquillería, propensa a voces altas y gritos para hacerse oir sobre los demás. La voz, habitualmente más baja de Eva, se deja escuchar sobre el silencio:

- ¿Y fue a casa de la bruja?

Wen la mira y vuelve a sentarse en el bordillo. Prosigue su historia.

- Le daba mucho miedo, pero le ganó su curiosidad por ver el mundo de fuera del agua y al final, a escondidas, sin que su padre lo supiera, se escapó de casa y acudió a casa de la bruja, con todos sus ahorros...

El dueño del balón, que tenía bajo el brazo, lo deja caer sobre el suelo y se sienta sobre él, frente a Wen. Los demás niños se quedan de pie, escuchando como la sirenita al final, decide dar su voz a la bruja para conseguir unas piernas con las que caminar fuera del agua... poco a poco todos se van sentando alrededor de las dos niñas. Wendeling siente un hormigueo en su estómago, al darse cuenta de esas caras pendientes de sus palabras, pendientes de su historia.

Cuando termina, Eva intenta esconder una lágrima por la muerte de la sirenita. Algún niño protesta, ese cuento no le gusta, no tiene final feliz... ¿Wendeling conoce alguno en que ganen los buenos y no los malos?

Esa tarde no se volvió a jugar al futbol. La noche les pilló sentados todos en el suelo, en la calle, en la acera, en el bordillo, sobre sus rodillas, pero todos pendientes de las historias que ella contaba...

Hubo más tardes de cuentos, aunque ninguna como aquella primera (o al menos Wendeling no las recuerda con tanta claridad). Han tenido que pasar más de treinta años para que la ya no tan pequeña Wen, vuelva a sentir cosquilleo en su estómago, al darse cuenta de todos esos ojos que están pendientes de sus palabras, aunque ahora no sean escuchadas, sino leídas.

Gracias.

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Estudiando con Ithilien
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- Mami son muchas.

- Sólo diecinueve comunidades autónomas y cincuenta y dos capitales de provincia. Lo aprenderás pronto, como la tabla de multiplicar...

- Y yo que estaba contenta porque España es un país grande... ya podría haber sido más chiquitito.

- Pues si Ithilien, eso es lo que quieren por ahí algunas personas...

- Seguro que es porque cuando estaban en 4º curso se les atragantó estudiar las capitales españolas.

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Falta de imaginación
Las estanterías, muy altas, se curvan
bajo mil almas durmientes.
Silencio, preñado de esperanza...
Cada vez que abro un libro,
se despierta un alma.


XI CHUAN, "Libros".

Siempre he sido una persona curiosa, empecé siendo una niña curiosa y desde el momento en que las palabras hicieron click descubrí una manera fantabulosa de saciar mi curiosidad. La niña curiosa se convirtió en una adolescente curiosa y más tarde en una mujer curiosa que sigue leyendo para saber, que lee porque no quiere opinar sin una base fundada, sin un razonamiento lógico, creible y real... y que lamentablemente no dispone del dinero necesario para cubrir todas sus ansias de libros, de historias, de noticias, de ciencia, de descubrimientos, de... de todo.

Descubrir el mundo de las bitácoras personales hace ya unos años fue toda una descarga de energía nueva. Las experiencias que contaban te hacían sentir tan cercana, como un puñado de amigos sentados en la mesacamilla de casa y tomando café.

Empecé a navegar entre enlaces... durante horas pasaba de una bitácora a otra y otra más y otra y otra...y como en botica, encuentras de todo:

Blogs que cierras nada más leidas unas frases, me es imposible entender esos textos escritos en sistema sms, sin vocales, casi sin espacios, sin signos de puntuación, aunque sea muy interesante lo que quieren contar....

Otros tan técnicos que termino por perderme.

Bitácoras con las que conectas como si llevaras conociendo a esa persona toda tu vida.

Otras en las que envidias su técnica de escritura, su facilidad de contar historias...

Y como no, descubres también un montón de blogs que suplen su falta de imaginación o facilidad de escritura, copiando a los demás.


Nota: como dicen por ahí, con lo grande que es París y te tropiezas con el hermano de tu mujer que vive en un pueblo perdido de Extremadura, justo cuando has conseguido ligarte a tu secretaria.

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Soledad
Mi hija Estel, me ha pedido que hoy la deje escribir a ella en mi blog. Siente la necesidad de llorar su soledad con todos vosotros. Espero que la respetéis y no olvideis que sólo tiene diez años.

Gracias.




Domingo, 4 de febrero del 2007

Dentro de poco es mi cumpleaños. Pero yo, no como otras veces, no quiero invitar a mis amigos.

Yo soy muy tímida y aunque hace poco estaba con ellos, pero ahora no me hacen caso y paso el recreo sola. A veces me desespero, me pongo a llorar y me parecía que con ese gesto ellos me veían e intentaban jugar conmigo : ( (esto es porque ahora he empezado a llorar mientras escribo) pero me decían: tu eres ____ y haces _____ (una cosa incomprensible). No me decían a que jugaban y además cuando lo hacían, eran detalles sin importancia del juego con los que el juego no se interrumpía si yo no sabía jugar.

Por eso motivo, por mi misma, me separé del grupo y he estado con otra niña que estaba sola como yo y me hacía caso. Pero esa niña me hacía daño y me pegaba y en una carta, se lo conté a su padre, que después la castigó y la niña se enfadó conmigo.

Por eso estoy sola. Y es verdad, mi hermana me ve sola durante el recreo.

Este es el motivo por el que no quiero invitar a mis amigos a mi cumpleaños y creo que si este año, ellos me invitan, yo no voy a ir. Además, si lo hacen, será por los regalos, no por mi. Además se que no quieren estar conmigo. En clase estudiando todos juntos, yo al lado suya y muerta de envidia por lo unidos que están (yo hubiera estado con ellos) intento entrar en la conversación, para ver si podrían estar conmigo, pero sobre todo, dos de ellos me quitan el estuche, lo tiran al suelo y me contestan con el nombre de: "Estel manía, friqui suicida" (que no sé lo que significa y creo que ellos lo comprenden menos).

Me llamó primero "Estel manía" un niño de mi clase en la asignatura de inglés, él no me molestaba que lo dijera, pero ellos, que se supone fueron mis amigos, me molesta más, sobre todo que me lo diga una niña a la que llegué a querer mucho los años anteriores.

Por todos esos motivos cuando se me presenta la más mínima prueba de todo esto que ocurre, me doy cuenta de la importancia que tiene y me pongo muy triste y sin dejar de pensar eso lloro (como ahora mismo), pero no me gusta estar sola, como ultimamente estoy.

Mis amigos (que ya no son amigos) cada vez me rechazan más y creo que un día mis tristezas sobre ellos no me dejaran pensar en las cosas bonitas que con ellos pasé, día que está muy cerca.

Mi madre me dice que conoceré a otros amigos, pero yo creo que me parece que no, porque solo ellos han sido mis amigos, son ellos los niños con lo que mejor me lo he pasado antes, aunque ahora ya no sean mis amigos.

Creo que he escrito todo desordenado, pero es que no puedo dejar de llorar.

Estel.

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Puerta fría
"Ding... Dong"

Wendeling, extrañada porque no espera visita, acude a abrir la puerta.

- Hola señora, venidos ofreciendo una ayuda a las familias con estudiantes. ¿Tiene usted hijos en edad escolar?

- ¿Ayuda? ¿De que tipo?

- Perdone señora, pero le preguntaba si tiene usted hijos en edad escolar.

- Si, tengo dos. ¿Qué tipo de ayuda?

Wen ha trabajado demasiados años como comercial y desde el primer instante sabe que la ayuda acabará en ofrecer comprar una megaoferta con subvención "cualquierasabecual" para comprar una magnífica enciclopedia de "nosecuantostomos" a pagar en cómodos plazos durante "unbuenpuñadodemeses".

- ¿Qué edades tienen los estudiantes?

- Perdón, pero no ha contestado a mi pregunta... ¿qué tipo de ayuda?

El comercial mira a su compañera, asiente impercetiblemente, sonrie a Wen y ella nota que va a ofrecer toda su experiencia... pero Wen ha trabajado demasiados años como comercial y aunque sabe perfectamente el siguiente paso del señor, siente cierto pudor en comportarse maleducadamente.

- Señora, hoy es nuestro último día en la zona, estamos haciendo un estudio para ofrecer a las familias que realmente lo necesita esta ayuda. Creemos firmemente que con ella podrá luchar contra el fracaso escolar...

Un paso al frente... dos... mientras sigue hablando... se para tan cerca de Wendeling que por puro instinto, ella da un pequeño pasito hacia atrás para salvaguardar su espacio vital.

- ... porque ese es el miedo actual de las familias con estudiantes, el fracaso escolar... si es tan amable de...

Wen ha trabajado demasiados años como comercial y reconoce perfectamente el estilo de la persona que tiene enfrente, así que decide que ha llegado el momento, sin ser maleducada, de cortar la situación por lo sano. Agarra la puerta con su mano derecha y vuelve a dar un paso al frente, tan cerca del comercial que huele su aliento a tabaco, éste recula un pasito, pero sin dejar de hablar.

- ... dejarnos pasar, podemos explicarme mejor en que consiste esta estupenda ayuda para sus hijos.

Wen sigue firme delante de la puerta, mirándolos...

- ¿Qué tipo de ayuda?

- Se lo estamos indicando señora, si podemos pasar nos será más fácil mostrársela.

- Perdone usted, pero no me ha indicado nada. No quiero hacerles perder más tiempo, así que si no responden a mi pregunta...

- ¿No quiere usted que sus hijos logren superar el fracaso escolar? - Se sorprende el buen señor.

- Bueno, no sé cuantas enciclopedias habrá vendido con ese sistema, pero le aseguro que en esta casa no.

- No, no, señora, usted está equivocada, no le ofrecemos una enciclopedia, sino una ayuda....

- ¿Ayuda? ¿Usted va a venir a darle clases particulares a mis hijos? ¿Gratis? ¿O me va a regalar sin letras esa estupenda ayuda? En serio, no quiero ser cortante, pero no me gusta este tipo de sistema tan agresivo para vender.

- Señora, que yo no le estoy vendiendo nada - el comercial se muestra muy ofendido por la afirmación de Wendeling - solo quería ayudar a sus hijos a superar su fracaso escolar... pero si usted es feliz con sus suspensos, buenas tardes.

Y se marchan escalera abajo, mientras Wendeling no puede evitar sonreir mientras cierra la puerta... recordando sus muchos años de comercial en el que siempre sintió un respeto por la persona que tuvo enfrente.


Nota: Más tarde me enteré que la estupenda ayuda que ofrecían era una subvención de seiscientos euros por familia en la compra de una enciclopedia con todos los temas que se tratan durante primaria y secundaria. "Subvención" a la que solo se podía optar si comprabas, claro, la fabulosa enciclopedia, por un valor total de "sólo" dos mil quinientos euros, para que tu hijo no sufra la humillación del fracaso escolar ante sus compañeros. Enciclopedia compuesta por treinta tomos más doce CD-rom para que tu hijo pudiera acceder a toda esa información que necesita en sus años de estudios... información a la que puedes acceder, eso si, sin maravillosa subvención de seiscientos euros, con un click en internet.

Tengo quince años de experiencia como comercial, pero jamás me gustó este sistema de ventas, al que son tan aficionados jefecillos con ganas de ganar dinero rápido y con poco respeto hacia sus semejantes.


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Ruido
Siempre he preferido las sentencias infantiles, porque en el fondo los niños son los que te dicen las verdades a la cara, sin medias tintas, sin segundas intenciones...

Y hoy mi hija me ha abierto los ojos, justo cuando la escuché decir:

- ¡¡ Qué ruido !!

Porque todo se ha reducido a eso, a ruido... sin comunicación.

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