REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "Los hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien
Compartiendo con mis hijas: "La casa de la Colina Negra" de José Antonio Cotrina
Si quieres dejarme un post it
Tiempo en Málaga por Tutiempo.net El Tiempo Malaga / Aeropuerto
Sindicación
 
Llegando a casa
Cuando llegas a casa, o más bien, cerca de ella, después de un cansado día de callejear trabajando, los últimos metros se hacen eternos... te pesan las piernas y quieres correr para antes abrir la puerta de casa, entrar y quitarte zapatos, tumbarte unos segundos en el sofá y cerrar los ojos.

Solo unos metros más, buscas las llaves que como siempre, no están donde tu crees que las habías puesto... con las ganas que tienes de llegar y pierdes unos segundos preciosos rebuscando por la mochila.

Por fin, abres la puerta del edificio y sientes que llega el ascensor a la planta. Ocho escalones y un par de metros te separan de esa puerta, que justo cuando levantas la vista, ves que alguien entra y se cierra.

Gruñes... que maleducado, te ha oido entrar y no espera...

Saltas los escalones de dos en dos y llegas al ascensor justo cuando oyes el pequeño timbrazo de puertas cerrándose, pero consigues reaccionar a tiempo y empujas el botón.

Las puertas interiores se abren y puedes pasar... ahora descubrirás quien es el maleducado.

Entras, levantas la mirada inquisidora y descubres a alguien que no conoces. Tus gruñidos desaprobatorios se quedan dentro.

- Hola.

No contesta, mira al frente, no existes, así que te entretienes mirándole descaradamente mientras te colocas en la esquina más alejada de él. Marcas tu piso.

Es alto, bastante alto, al menos una cabeza más que tú. Joven, no más de veinticinco años, pelo castaño algo largo y ojazos azules.

Es guapo y además huele bien.

Camiseta marcando pectorales, descubres un tatuaje en su brazo derecho, llegas a intuir un dragón, aunque no estás segura. Sigues bajando la mirada, sin cortarte, de todas formas no te mira, ni siquiera de reojo.

Pantalón vaquero y ¿por qué no? no te cortas, miras el paquete y en ese momento te tienes que morder el labio para no soltar una enorme carcajada.

Bragueta abierta por la que incluso llega a verse un doblez del calzón o calzoncillo o boxer o tanga o lo que sea, de pequeñas rayitas azul marino.

Dudas sin decírselo pero al final llegas a tu piso y pasas de hacerlo. Ha sido un maleducado, así que los demás disfruten de la vista. También tiene derecho.

Etiquetas:    
 
Adicción a la televisión.
Cuando Wendeling era niña, tenía clase por la mañana y por la tarde, la hora de salida eran las cinco. A esa hora salía corriendo, sin esperar a compañeros, para llegar a casa. Su abuela la esperaba con un trozo de pan y chocolate la campana y justo cuando terminaba la merienda, era la hora de barrio sésamo.

Un barrio sésamo anterior a la gallina Caponata y a Espinete. A Wen le encantaba la cerdita Peggy y su amor imposible por la rana Gustavo. Disfrutaba hasta el dolor de tripa de las conversaciones entre Epi y Blas y en alguna ocasión recibió regañinas de su abuela por intentarse comer las galletas como Trikki.



Sus abuelos compraron una televisión al poco de llegar la niña a su casa y Wen se convirtió en adicta en todas esas frías horas invernales, acurrucada en una mecedora cubierta de una piel curtida de oveja, con su lana y todo y al lado de la chimenea. Se aprendió la programación de la cadena de memoria, con la ayuda del tp y allí la teníais, viendo los "estudio 1" o sobresaltándose con "historias para no dormir". La gran mayoría de las noches no se iba a la cama hasta el cierre de la cadena.

Sus abuelos se lo permitían, porque al día siguiente despertaba descansaba y nunca tuvo problemas de mal rendimiento en el colegio.

Nota: Y a pesar de mi adicción a la televisión y de mi desbordante imaginación, que me llevó a tener un amigo fantasma y una amiga mula, jamás tuve problemas en distinguir la realidad ficticia de los programas televisivos y mi realidad del día a día.

Tampoco me impidió jugar con mis amigos ni leer durante horas.... y no quiero sacar conclusiones con el ritmo de vida actual de los niños.


Etiquetas:   
 
Pesadillas
Solo hay algo peor que una pesadilla, el no poder despertar... y yo hace tiempo que aprendí a salir de ellas.

Aunque me cuesten raspones en las rodillas.



Etiquetas:  
 
Mirando a los lejos
Vivo en una calle con pendiente, al principio no muy grande, aunque en los últimos tramos, aumenta bastante. Menos mal que mi casa se encuentra en el primer tercio de la calle... cuando embarazada, llegaba con las bolsas de la compra, creía que nunca recorrería esos últimos metros hasta el portal del edificio y ahora, bueno, ahora me toca trabajar en esa calle, recorrerla entera, hasta el último número y os aseguro que las piernas pesan subiendo la cuesta cargada de mercancía.

Y cuando recorres la calle en sentido contrario, ni se me ocurre mirar al suelo, la vista es demasiado maravillosa para perdémela. Al fondo a la derecha el jardín botánico, te hace soñar con viajes maravillosos y paraísos muy lejanos...

Pero sobre todo, si miras al frente, un enorme caserón se instala en tu imaginación. Dos plantas, balcones, ventanales enormes, terrazas...

Sueñas en como sería la casa en sus inicios, recién construída... en ventanas con cristales y cortinas tras ellas, en paredes recién pintadas, en balcones engalanados. Sueñas en habitaciones con muebles, en la rica familia que viviría en ella o simplemente pasaría sus vacaciones. Sueñas en señoritas con miriñaque recibiendo a galantes caballeros en el jardín.

Sueñas en que tienes dinero y restauras esa enorme casa. Sueñas en volver a poner cristales en las ventanas y cortinas tras ellas. Sueñas en un jardín cuidado...

... lástima de vivir en el primer tercio de la calle y que justo delante del portal de tu casa, descubres que solo son sueños. En ocasiones prefiero seguir soñando, hasta el final de la calle, hasta que mis ojos pierden de vista el enorme caserón abandonado, aunque después me toque subir de nuevo la pendiente de la calle.

Quien sabe, tal vez un día deje de ser un sueño y pueda recibirte en esa preciosa casa, aunque no use miriñaque y tu no seas un galante caballero...

 
Errores
Para los despistados, los equivocados, los distraídos,...

Para los orgullosos, los soberbios, los pedantes, los presuntuosos, los altivos, los arrogantes,...

Para los incrédulos, los suspicaces, los recelosos,...

Para los fariseos, los hipócritas, los falsos,...


No es un deshonor equivocarse, el deshonor es no reconocer tu equivocación e intentar ponerle remedio. El deshonor es intentar esconder tu error bajo actitudes políticamente correctas. El deshonor es ocultar tu error bajo la alfombra esperando que nadie tropiece.

Y yo reconozco mi equivocación, no la escondo ni oculto, sino que muestro orgullosa las heridas que me han producido todos los intentos de remediarlo. Porque yo no tengo nada que ocultar.



Etiquetas:     
 
El mejor sitio
Por la tarde, en casa.

- Mami, hace un buen rato que no veo a Andu.

- Estará por ahí, dormida, ya aparecerá.

Pero la niña impaciente, empieza a buscarla.

- Mami, no la veo debajo de las camas.

Su hermana la ayuda.

- Tampoco está detrás de las cortinas.

- Ni debajo de la mesa, o sobre alguna silla.

- ¿Andu? Anduuuu ¿Dónde estás?

La curiosidad me pica y empiezo a buscar también. En la cocina, hago ruido con su platito de comida, pero la gata, con lo charlatana que es, no da señales de vida.

- Mami ¿miro dentro de los muebles?

- No creo que esté por ahí, no sabe abrir las puertas, pero mira.

Puertas que se abren y se cierran, algunas con portazo.

- ¡¡Tened cuidado, que os vais a quedar con las puertas en la mano!!

- No está. - La niña empieza a preocuparse - ¿Se habrá escapado?

- No te preocupes, no ha salido de casa.

- ..... iiiauuuuu.....

Por fin, la perdida, se digna hacer una señal, pero se escucha tan lejos que no atinamos a descubrir desde donde.

- Parece que es desde la cocina.

- Pero si ya hemos mirado allí, Ithilien.

- ¡MAMI! ven, mira.

Y ya en la cocina, Estel señala el carro de la compra.

- No puede ser... - levantando la tapa, tres cabezas se asoman y descubrimos a una gata, enroscada al fondo, bostezando y mirándonos algo enfadada por la interrupción de su sueño. El ataque de risa es inevitable, cuando intento sacarla de ahí y no me deja. Al final tumbé el carro para que Andu saliera por su propio pie.

- Mami, creo que Andu ha encontrado el mejor sitio para que la dejemos tranquila. - Sentencia la pequeña.

Etiquetas:   
 
Hermanos pequeños
Cuando Joaquín tenía seis años su madre decidió darle de regalos dos hermanos más.

Gemelos.

Joaquín ya era el hermano mayor desde hacía un par de años, pero ahora llegaban dos de golpe y no tuvo más remedio que echar una mano en casa. Por la mañana tenía que ayudar a vestirse a su hermano mediano, mientras su madre se ocupaba de los pequeños. Después, pizarrín, pluma y enciclopedia y listo para ir al colegio durante unas horas.

El mejor momento del día. Allí se reunía con su amigo del alma, Manolo y su pesada hermana Pili, a quien solían hacer enfadar con distintas gamberradas, desde mojarles las trenzas en el tintero, a tirarle piedras o meterle lagartijas por la espalda...

Después, de vuelta a casa, siempre había alguna tarea pendiente, aunque su abuelo le echaba una mano, reclamándolo y así terminaba jugando con los amigos, recorriendo los campos o jugando al futbol mientras se suponía hacía algún encargo para él.

Por navidad, sus hermanos gemelos tenían ya diez meses. Ese año sorprendentemente recibieron juguetes para reyes. A él y su hermano mediano, les trajeron una maravillosa pelota para jugar al futbol. A los pequeños, unos bueyes de cartón, que arrastraban un carro unido a una yunta.

Ese día fue uno de los mejores de la infancia de Joaquín. Jugaron durante horas con la pelota... lástima que al día siguiente la perdieran y recibieran un buen castigo por ello.



Los gemelos han cumplido un año, como regalo, les han vuelto a dejar jugar con su juguete. Juegan los cuatro juntos. En un momento determinado Joaquín no puede evitar tener celos... ellos lo tienen todo, la atención de su madre, su juguete y no les castigan si rompen los zapatos o no ayudan en casa.

- Los bueyes llevan todo el día tirando del carro. Mira como lo cargais ¿no os da pena?

Los niños miran a su hermano mayor. Creen ciegamente en él, nunca les ha hecho daño y siempre les ayuda a vestirse. Así que lo miran, esperando que hacer para ayudar a los bueyes.

- Tienen hambre y sed. ¿Por qué no les dais un poco de agua?

Y ahí van los dos pequeños, gateando, hacía un cubo de agua que la madre llenó en la fuente por la mañana... y les dan de beber...

El juguete se empapó de agua y los bueyes de cartón perdieron su forma original.

Joaquín recordó milagrosamente que su abuelo le había dicho esa mañana que tenía una tarea para él y desapareció. Aunque eso no le libró de un gran castigo cuando llegó por la noche a casa. No por que el juguete se estropeara, sus padres nunca supieron que había sido idea suya, sino por dejar a sus hermanos llorando e irse.


Nota: meses despues, en el siguiente día de reyes, recibió milagrosamente otra pelota para jugar. Joaquín siempre sospechó que era la misma que se había perdido el año anterior. Aunque nunca consiguió comprobarlo.

 
De vuelta con el resbalón
Quien me conoce de antiguo, quiero decir, quien me lee desde el principio, conoce mi afición a los Wendelingnazos, aquí hay uno y otro, aunque desperdigados por el blog, hay alguno más.

Mea culpa, nunca lo niego, más que patosa, soy un desastre porque nunca me fijo donde pongo el pie y esa es la manera más facil de terminar por los suelos.

Hoy llovía justo a la hora en que Estel e Ithilien salen del colegio. Decido ir a buscarlas paraguas en mano para evitar que se mojen mucho.

En la calle, pensando en como conseguir un abogado medio decente para intentar arreglar algunos detalles de mis últimos enfrentamientos... pensando en como conseguir no gastar un dinero que no tengo... pensando en ese coche que va en dirección contraria y que no hay un policía cuando se le necesita, no pienso donde pongo el pie y termino rodillas en tierra, sobre un charco de agua y un paraguas rodando por la pendiente de la calle. Momento surrealista al completo cuando mi mente recuerda las hierbas que arrastra el viento, en los desiertos poblados del oeste.

Nota: daños del día, un paraguas con varias barillas torcidas, un pantalón manchado y la rodilla derecha con un enorme raspazo e hinchada.

Etiquetas:     
 
Padres e hijos
Lástima de los padres tan obtusos que son incapaces de aprender de sus hijos.

Lástima de los padres tan obtusos que se sienten superiores a sus hijos.

Menos mal que muchas veces esos hijos demuestran ser más maduros que sus padres.

Nota aclaratoria: no confundir el amor paterno-filial con la idiotez paternal.

Etiquetas:   
 
Adios
Que no, que a pesar de lo que digan, no es cierto que la costumbre amortigue el dolor.

Que no, que a pesar de las repeticiones, no me acostumbro.

Que no, que me sigue costando mucho, es más, que me sigue costando más y más.

Que no, que a pesar de lo que duele la distancia, duelen más las despedidas.

Que no, que no puedo evitarlo. Que siento como se me hace un nudo en la garganta cuando te doy el último beso, como un puño aprieta mi corazón cuando te veo partir, como los ojos pican y no consigo amortiguar el dolor ni con las lágrimas.

Que no, que no me acostumbro. Que sólo consigo agarrarme a la promesa de que un día no habrá más adios para seguir esperando la próxima llegada.

Que si, que te amo y esa es la única razón para soportar el dolor del adios.

Etiquetas:    
 
Unas horas más
Unas horas más, cariño, solo unas horas para volver a estar juntos.

Unas horas para que vuelva la sonrisa perpetua.

Unas horas para poder sentirte cuando te beso, para levantar mi mano y acariciar tu mejilla.

Unas horas para olerte, para oirte tan cerca... tan cerca...

Unas horas más cariño, para seguir amándote.

Etiquetas:    
 
Gran Wolffo


Gracias amigo por la dedicatoria general. Gracias por el regalo. Gracias por todo lo que significa para las madres... por todo lo que significa para mi.

Etiquetas:    
 
Anduriña
El día en que Anduriña llegaría a casa, estábamos todas nerviosas. Nos costó tomar la decisión, no todos los días/meses/años se puede elegir a un nuevo miembro familiar, pero finalmente todo estaba decidido... Andu por fin llegaba.

Dos voluntarios del refugio de animales la traían a casa, Vanessa y Alberto. Un transportín y una gatita que asoma la cabeza en cuánto se le abre la puerta.

- ¿miaaaau?

- ¿Quereis un café?

Los chicos asienten, me dirijo a la cocina y una gatita que me sigue. En la cocina están su comederos, pienso seco y agua... curiosea, bebe agua y se pasea entre mis piernas, buscando una caricia. Pequeños cabezazos para que la acaricies.

Conversación en la sala, tomando café... Andu no se separa unos metros de mi.

- Es la primera vez que veo como un gato adopta a su madre - comenta Vane.

- ¿Qué?

- No se ha separado de ti en cuanto te ha visto. Es la primera vez que veo a un gato hacer eso con una persona que acaba de conocer. Te ha adoptado como madre. A mi me conoce desde que era pequeñita y sin embargo, te busca a ti.

Desde aquel día, Andu conversa, es una gata charlatana, hace decenas de ruiditos si le hablas. Te avisa de que tiene hambre y tiene su comedero vacío. Maulla cuando está aburrida y le apetece jugar conmigo. Es la primera que sabe si alguien viene a casa. Me recibe al llegar y llora cuando me marcho.

Desde aquel día, no duermo sola, me acompaña en una esquinita de la cama. Y si me descuido y me paso de hora de acostarme, ahí está Andu, recordándome que tengo que dormir.

Desde aquel día, no duermo ocho horas del tirón, porque a media noche, una gatita le da por jugar con mi pelo o decide de que es buena hora para lavarme la frente.

Desde aquel día, una gata me acosa cuando compro pescado y cada vez que acudo a la cocina, por si cae alguna chuche inesperada.

Desde aquel día veo como mis hijas aceptan que hay otro miembro más de la familia y no sienten celos de ella, como juegan y no se enfadan si Andu se toma más en serio de la cuenta algún juego

Desde aquel día no me encuentro sola. Y no importan los pelos que hay que barrer, los pequeños arañazos que me demuestran que tiene más reflejos que yo, no importan limpiar la caja de las caquitas, no importan las menos horas de sueño ni sus quejas en el baño (bocados incluidos).

Porque estamos felices por la mejor decisión que hemos tomado las tres.




Nota: gracias a Lois Lane por la idea para el artículo de hoy.


 
Madurez
¿Quién no ha tenido miedo alguna vez a la muerte? sobre todo a la propia. Como ya he dicho en alguna ocasión, no nos damos cuenta hasta que ocurre, de que nuestros padres son la barrera entre la muerte y nosotros. Ellos nos proteguen de ella, con su propia vida.

Y un día faltan, ya está, han dado su vida por la nuestra. Ya no hay barrera, ya no hay salvaguardia... la tenemos delante de nosotros mismos. Está ahí, mirándonos, diciéndonos que los próximos somos nosotros.

Y el pánico se apodera de nosotros, aunque no queremos reconocerlo. En nuestra inmadurez personal camuflamos nuestro miedo a la muerte por miedo a la vejez... y transformamos la vejez en una enfermedad, porque contra las enfermedades se puede luchar, se pueden buscar tratamientos, investigar medicamentos, usar técnicas invasivas como operaciones. Las enfermedades tienen cura.

La vejez no, por mucho que nos quieran vender. La vejez es nuestro puente hacía la inevitable.

El mayor signo de madurez es aceptar que somos mortales... a pesar de nuestros miedos, o tal vez, aceptándolos.... a pesar, o tal vez, porque la muerte se saltó la barrera de una madre.
 
Lección aprendida.
Los días malos también sucumben al paso del tiempo.

Lección aprendida.

Te quiero Daniel.

Etiquetas:    
 
Secretos
Imagina que tienes un secreto que no quieres que nadie descubra ¿Cómo te comportas frente a los demás? ¿Con miedo? ¿Sé te notaría que lo escondes?

Pues quien esté libre de secretos, que tire la primera piedra... o suelte el primer discurso...

Nota: ante preguntas indiscretas, sólo cuento mis secretos si lo considero oportuno, no los ajenos.



Etiquetas: