REINVENTANDO MI VIDA
Quizás ocurrieron así o quizás son reinventados
Acerca de
Mujer con sueños rotos intentado reinventar su vida
Leyendo: "Los hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien
Compartiendo con mis hijas: "La casa de la Colina Negra" de José Antonio Cotrina
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Vamos a por el tercero
El día que decidí aceptar el reto de escribir una bitácora, pensé que sería capaz de aguantar unas semanas. No era la primera persona que me pedía hacerlo... durante un par de años habían aparecido por ahí más peticiones de que abriera mi propia página personal pero no terminaba por decidirme.

Mis diarios personales eran precisamente eso, demasiado personales. Tenía la sensación de perder mi intimidad, de en cierta manera, sentirme más frágil, si dejaba que alguien los leyera y de ahí mi reticencia.

Pero siempre habían sido peticiones en privado, nunca tan abiertamente como lo hizo Segfault.

Me había retado publicamente y soy una mujer a la que le gusta demostrarse que si puede. Así que áquel día último de noviembre empecé por fin mi primer blog. Durante unos días había estudiado las distintas páginas que ofrecían espacios gratuitos para blogs personales. Mi inglés es bastante zarrapastroso y además está olvidado después de más de 15 años sin usarlo... así que fuera las páginas que entonces explicaban su configuración en inglés. Y entre las que estaban en castellano, me gustó precisamente ésta por una opción de bloqueo que entonces no tenían otras.

Había un inconveniente, no tenía espacio ilimitado, sólo diez megas... pero para unas semanas...

Ocurrió lo inesperado. Me gustó sentir que me leían, me gustó escribir para que me leyeran, aunque siempre, en el fondo, me escribía a mi misma, como esos más de veinte años de diarios íntimos que siguen perdidos por los fondos de mi armario.

Y unas semanas terminaron por ser unos meses y año y algo después, se me acabó el espacio de mi primer blog.

En enero del 2006 llegó el segundo

Año y medio más tarde, es decir, dos años y medio largos del primero, o seiscientos setenta y seis post después, vuelve a ocurrirme lo mismo... me quedo sin espacio. Veinte megas de letras unidas, de palabras, de comentarios de esas personas al otro lado de la pantalla, son muchas letras unidas, muchas palabras... por las que os doy las gracias por aguantarme sueños, recuerdos, reinvenciones, anécdotas, babas y cabreos varios en esta mesa camilla.

El proximo post estrenará un nuevo blog. No será necesario que os preocupeis en cambiar enlaces, reciclaré la dirección como hice anteriormente.

Se os quiere.



 
Detalles




El amor se alimenta de pequeños detalles. Me ha costado estrellarme alguna vez para darme cuenta que la pasión siempre termina por quemarte si no se alimenta...

Y no me canso de repetirlo, pero esos pequeños detalles diarios que me ofrece de manera tan natural consiguen que me de cuenta de todo lo que le amo.

Gracias amor, por el de hoy, no creo que te des cuenta de la ilusión que me has dado.

Te quiero.



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Expertos
Cuando una persona te dice:

"Si un niño necesita un par de tortas es que ha fallado el educador".

Puede ser por un par de opciones:

1.- esa persona jamás ha convivido con niños.
2.- esa persona no tiene hijos.

Porque por mucho estudios que tengas (y seas psicólogo infantil) deberías saber que cada ser humano, ya sea padre o hijo, es distinto. Y en ocasiones ese par de tortas sirven más para calmar los padres ante una rabieta infantil, por completo normal en el desarrollo de la personalidad del niño, que como castigo. Eso si, siempre dentro del límite del sentido común.


Año 2000, primavera, llueve. Wendeling vuelve del colegio con Estel, que está en educación infantil de cuatro años, e Ithilien, de tres añitos.

Cada una lleva su paraguas, las niñas se sienten independientes con su sombrillita de dibujos animados, chapoteando en cuanto su madre las pierde de vista y disfrutando de la lluvia. En un momento determinado pasan delante de una tienda de todo a cien. El vendedor, ojo avisor ante la lluvia, ha colocado varios paraguas abiertos en la puerta del establecimiento, entre ellos uno infantil con orejitas de ratón.

Ithilien ve el paraguas.

Ithilien decide que quiere paraguas nuevo.

- Mami mira, quiero ese de ahí - dice señalando.

- Ithilien, si el tuyo es muy bonito.

- Pero este ya no me sirve - mientras lo tira con rabia al suelo. El agua empieza a caer por su cara, empapando su pelo. Wen recoge el paraguas y se lo alarga a la niña para que lo coja.

- ¡¡No lo quiero!! Ese ya está mojado. Yo quiero ese nuevo.

- Vamos, te estás mojando y te vas a enfermar. Coje el paraguas y a casa.

Wen empieza a sentirse molesta por el capricho de la pequeña. De improviso, la niña deja de avanzar bajo la lluvia y decide, literalmente, tirarse sobre un charco de agua, gritando:

- ¡¡Quiero el paraguas del ratón!!

La madre intenta levantarla del suelo, sigue lloviendo, empieza a mojarse ella también y su hija mayor mira asombrada el numerito de su hermana.

- ¡Se acabó el capricho! ¡En pie!

Pero Ithilien no consiente, vuelve a tirarse al charco, ya está por completo empapada. Wendeling intenta otro sistema, da la espalda a la niña y agarrando a Estel, siguen adelante en la calle. Dejando a su otra hija gritando y pataleando en el suelo, dentro de un charco, esperando que las siga.

Ithilien es cabezota, ni se inmuta que su madre se vaya. Grita, patalea, su voz empieza a romperse.

- ¡¡QUIERO EL PARAGUAS!!

Estel se solidariza con su hermana.

- Mami, no dejes a Ithilien, mami, mi hermana, no la dejes...

Solo ha avanzado unos metros y Wendeling empieza a sentirse agobiada por la inoportuna pataleta. Al final, descorazonada, opta por un sistema que no le gusta nada. Se vuelve hacia la niña y cuando llega a su altura, se agacha y le suelta una torta en la cara.

Ithilien se calla en medio de un grito. No esperaba la reacción de su madre... empieza a llorar bajito, sin gritos. se levanta del charco y agarra a su madre de la mano.

Cuando llegan a casa, las tres están cansadas y muy mojadas. Ithilien sigue hipando, pero ya no grita. Estel muy seria mira a su madre y a su hermana. Wendeling las lleva directas al baño y allí prepara una bañera con agua calentita.

Un ratito de juego en la bañera, unos besos y abrazos y muchos mimos.

Me gustaría saber como hubiera reaccionado el experto psicólogo infantil ante una rabieta...

 
Un domingo cualquiera
Arturo Pérez Reverte es un autor que nunca me deja indiferente. En ocasiones por completo de acuerdo en sus reflexiones y en otras me tiraría a su yugular. Enganchada a las aventuras del Capitán Alatriste desde hace diez años acabo de adquirir su última aventura "Corsarios de Levante" y deseando de meterme entre ellos y sentir, tal cual, lo que posiblemente pensaron, hicieron y sintieron nuestros aventureros de hace tres siglos.

Todo este preámbulo para contaros su última frase que me ha hecho pensar. Oída este fin de semana en una entrevista:

- España ha evolucionado desde el s. XVII y ahora está mucho mejor. Pero no así los españoles, porque hemos perdido muchos de los valores que nos hicieron ser tan grandes.

Ahí queda eso.




Domingo veinticuatro de junio del dos mil cero cero siete. San Juan.

Hora: sobre las doce de al mediodía.

Lugar: Parroquia María Madre de Dios, en Málaga.

Terminada la misa, el párroco informa que a partir del día uno de julio, los horarios de misa cambian a horario de verano:

- Las misas de diario serán a las ocho de la tarde. Y las de los domingos, solo habrá tres, las de las nueve de la mañana, las de las once y las de la ocho de la tarde... la misa de las doce y media se suspende durante los meses de verano.

- Mami, eso es porque al cura también le gusta ir a la playa - me suelta por lo bajini la señorita Ithilien... y me cuesta mucho no soltar la carcajada.

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Días malos
Hay días buenos, hay días regulares, hay días malos y hay días rematadamente malos. Porque si, sin alguna razón aparente, aunque tengan todas las razones, hay días que decides no levantar la cabeza, porque el peso de la responsabilidad te hunde.

Hay días en que decides que por hoy se acabó, que no puedes más, que dimites como persona... que solo quieres sentarte y no pensar.

Hay días en que te das cuenta que por mucho que luches por tu suerte, son otras personas las que decidiran por ti. Personas que no te conocen, pero que juzgaran objetivamente sus errores y tus aciertos... sin saber de que lado caerá la balanza... esa balanza que es ciega y que te gustaría poder operar de la vista.

Hay días que tienes que morderte los labios para no gritar... porque te das cuenta que no sirve de nada, aunque a otras personas les valga, porque piensan que quien más grita lleva la razón.

Y finalmente hay días que son los siguientes a estos días rematadamente malos, en los que el sol vuelve a salir aunque esté nublado. En los que te das cuenta, que tal vez hayas perdido, que tal vez la balanza no haya caído de tu lado. En los que descubras que tu esfuerzo y lucha no haya valido la pena... pero en los que nadie te puede quitar la ilusión por seguir peleando... en los que nadie te puede quitar la sonrisa en tu cara... en los que sientes a tu lado esos ojos que te aman.

Porque para quien no lo sepa, seguiré levantándome cada vez que caiga.

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Defectos
¿Cómo decirle a alguien a quien consideramos un amigo, sus defectos? Aunque sea difícil, pero difícil de verdad, intentaré ver primero la viga en mi propio ojo.

Haciendo cargo de conciencia, ahí van algunos míos:

- Me caliento mucho la cabeza, le doy vueltas constantemente aunque sé que no podré solucionar el problema con dolor de cabeza.

- Soy vaga, sobre todo cuando nadie me controla... principalmente en lo que respecta a tareas domésticas.

- Conozco el valor del dinero y sobre todo, cuanto cuesta ganarlo, pero no le doy importancia y debería darle un poquito más. Con toda esta frase quería decir que necesito ahorrar pero que no hay manera.

- Mis hijas están en primer lugar, y en segundo, y en tercero... y muy al fondo de la lista, tal vez esté yo.

- Durante años me dejé llevar y terminé muerta. Me ha costado mucho darme cuenta que mi vida la controlo yo.

- Me obsesioné en desaparecer para intentar solucionar mis problemas. Creo que no está de más aclarar que desaparecer no soluciona los problemas.

- Me cuesta mucho, pero mucho mucho, decir que no. Ultimamente lo he conseguido en alguna ocasión. Debo esforzarme e intentarlo más.

- En cuanto me descuido, me ofrezco y doy todo lo que tengo... aunque después termine arrepintiéndome. Creo que está en mi naturaleza no llegar a ser rica...

- Tengo poca voluntad para cuestiones referentes a mi propia persona.

- Confío en las personas, aunque me den hostiones. Creo que aquí subyace una cuestión de masoquismo.

- Soy llorona, hasta extremos insospechados.

- Me cuesta mucho hacer amigos, se me nota enseguida la cara de asco que me provocan determinadas conversaciones.

- Me duele, mucho, el rechazo, sobre todo cuando ni siquiera me dan opción a mostrarme como realmente me siento.

- Me cuesta perder, aunque me hago la dura y organizo auténticas y geniales actuaciones para disimularlo.

- Intento justificar mis actos, aunque la otra persona no se lo merezca.

Y como acto de contricción, dejo la lista abierta...

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Una decisión
Luisa se casó con diecinueve años, con su novio de siempre, el primero y único, después de una relación de tres años.

Se conocieron un verano en que él vino a trabajar en la costa, empezaba el boom turístico en Torremolinos y Manolo, como una gran mayoría de jóvenes, creyó que sería un buen lugar para encontrar trabajo fácil y ligar con las suecas... aunque terminó con novia formal, una malagueña, católica, apostólica y romana, de las de virgen hasta la noche de bodas.

Ella era menor de edad todavía, necesitó la autorización de su padre para la boda... corría el año setenta y tres y en aquella fecha la mayoría de edad sería a los veintiuno.

Tres años de noviazgo en ciudades distintas, en la que solo se veían un fin de semana al mes... no quisieron esperar.

Una boda preciosa con una pequeña damita de honor, sobrina del novio y con un raro nombre: Wendeling.

Cuando Luisa cumplió los veintidos era madre de dos hijos y se había adaptado a vivir en el pueblo de él.

Con treinta años, Luisa pasó a cuidar a sus suegros, vivían solos desde que Wen volvió con sus padres y para ellos la vida se había vuelto aburrida, además de algo vulnerable...

Luisa y Manolo decidieron ir a por un tercer hijo, por si llegaba la ansiada niña.

Pero después de la facilidad en los embarazos de sus dos primeros hijos, empezaron los problemas... varios abortos en un par de años les hicieron pensar que tal vez Dios había decidido que ya habían cumplido su cupo de hijos... pero finalmente Luisa volvia a quedar embarazada.

Desde el primer momento se le recomendó guardar cama. Luisa cumplió con todos los dictados médicos, ella quería ese hijo costara lo que costara. Y a pesar de los problemas que volvieron a surgir desde el primer mes, es decir varias amenazas de aborto, el embarazo siguió adelante.

El hermano gemelo de Manolo se ofreció a ser el padrino cuando se llegó a los tres meses. El bebé quería vivir. El médico les recomendó una amniocentesis aunque ella no tenía la edad mínima en que se recomienda la prueba. Aceptaron.

- Manolo, Luisa, no sé como informarles de los resultados de la prueba. Es un niño... y... tiene el Síndrome de Down.

Sorpresa, incredulidad, vueltas a lo que hacer, calidad de vida si consigue llegar a nacer, que puede pasar, miles de preguntas sin respuestas y una sola certeza: Luisa quiere ese hijo, Manolo está con ella... y sus hijos mayores los apoyan.

Y el pequeño nace... demasiado pequeño. Luisa no consigue llegar al final del embarazo, pero llega con ganas de vivir. Cuando su padrino lo ve, se echa atrás, no se ve capacitado para ser padrino de un niño retrasado.

Incredulidad del padre del pequeño. Es su hermano, su gemelo... ¿cómo puede hacerle eso a él? ¿Y a su sobrino?

Wendeling y sus padres vienen a conocerlo, es el nuevo miembro de la familia y al enterarse que no hay padrinos, se ofrecen ellos.

- ¿Y cómo se llama?

- Todavía no lo hemos pensado...

Wen propone un nombre, sus tíos se la quedan mirando y al final asienten...

- Precioso nombre, gracias Wen.

Y J. empezó a vivir... Con dos años aprendió a andar, con cinco ya sabía leer, aunque le costaba mucho pronunciar determinadas letras. Con dieciseis terminó la ESO sacando notas aceptables, aunque gracias a la ayuda de un profesor particular, a varios logopedas y al empuje siempre de sus padres y sus dos hermanos.

Con veintidos es un buen orfebre que ha regalado originales jarrones a sus padres, a sus hermanos, a su madrina y a sus primos... además de miles de kilos de cariño


Nota: No pretendo provocar controversias, el relato no es un alegato en contra del aborto... solo es una historia familiar sobre una decisión.

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Examen por fascículos
- Mami, el profe nos ha dicho que todos hemos aprobado "Lengua", salvo Raúl y porque no hizo el examen.

- ¿No lo hizo? Imagino que estaría enfermo y por eso no fue a clase.

- No, no, mami. Si vino a clase.

- ¿Entonces? ¿Por qué no hizo el examen?

- Porque estaba haciendo el de mates del día anterior.

- ¿Einss...? Ithilien me estoy perdiendo.

- Es que el día anterior, en el examen de mates, a Raúl no le dio tiempo a terminarlo y el profe le dijo que prefería que intentara aprobar un examen al menos a que suspendiera los dos y le dejó el examen de mates para que lo terminara...


Nota: en mi época no había profesores tan comprensivos.

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Instinto paternal
En ocasiones las madres tienen tan poderosas razones que la razón no entiende.

Tan poderosas que pasan por encima del egoismo y del instinto de supervivencia.

Tan poderosas que hasta tienen un nombre propio: Instinto Maternal.

En ocasiones, demasiado pocas, ese instinto llega a contagiarse a los padres.

Lástima que en la gran mayoría de ellos, no consiga imponerse al egoismo y al instinto de supervivencia.

En el parque.

- Papi, ¿me empujas en el columpio?

- Que te empuje tu madre.

- Pero si mami está cuidando a la hermanita.

- Pues nos vamos a casa... - por lo bajini y yo sentada a su lado - mierda de niño, ni en el parque me deja tranquilo.

 
Hablar sin pensar
Wendeling reconoce que en la época en que vivió con sus abuelos, siendo niña, terminó convirtiéndose en una caprichosa consentida. Todo cuanto deseaba terminaba en sus manos, hasta el capricho más imposible (usar zapatos de tacón alto con doce años, porque le gustaron el color y la forma y aunque le destrozaron el pie, ella nunca lo reconoció) solo necesitaba abrir la boca y allí lo tenía, en pocas horas.

Sabía de su suerte, porque sus amigas no tenían tantos juguetes como pudiera tener ella, ni libros, ni horarios por completo libres. Veía todo en televisión, hasta los programas no autorizados a menores. Su abuelo le compraba varias colecciones de tebeos semanales. Peinaba a Blanquita (la mula) con lazos y trenzas y vestía a los gatos con la ropa de sus muñecas. Tenía todos los cromos que salían nuevos, hasta los más caros y terminó siendo una cursi vistiendo.

Un vestido con volantes, lazos, muchos lazos y de color rosa era el sumo de la perfección. Braguitas de encaje y calcetines blancos con zapatos de charol. Pelo recogido con hebillas de flores o suelto, pero eso si, siempre largo... y para ir a misa, velo blanco en el pelo sujeto con un alfiler con perlita.

Y después de vestirla, peinarla y lavarla en colonia fresquita, su abuela se la quedaba mirando, sonriendo satisfecha.

- Y ahora, si quieres ser una señorita, tienes que comportarte para no mancharte el vestido. Ya sabes, una señorita desaliñada y sucia no encontrará novio nunca.

..ooOOoo..

Ha pasado el tiempo, Wendeling es ahora madre y sus hijas no tienen tanta suerte como ella en ese aspecto... aunque como todos los niños, tienen sus caprichos y algunos lo consiguen, ella intenta educarlas haciéndoles ver que la felicidad no se encuentra en poseerlo todo, sino en disfrutar de lo que se tiene.

Ithilien come un helado mientras juega con la hipermegaconsola, regalo de los Reyes Magos por influencia paternal...

"(¡leñes con el regalito! con la de problemas que hubiera podido solucionar con el dinero que valen)"

... y lo que no puede ser, es imposible que sea. Usar sólo dos manos para coger la consola, jugar y sostener un helado que se está comiendo, propicia que el chocolate del helado termine sobre su ropa.

- Mami, perdona, pero mira lo que me ha pasado.

Al ver la enorme mancha sobre la camiseta nueva de Ithilien, consigue que vuelva a su niñez y los recuerdos de su abuela.

- Ithilien, hija, hay que tener más cuidado, que una señorita desastrada y sucia nunca conseguirá tener novio.

Y Estel, que se encuentra en su mundo, dentro de su habitación leyendo un libro, parece que también se encuentra en el salón, con Ithilien y su madre, porque desde el fondo se escucha su sentencia:

- Mami, con lo patosa que tu eres y tienes novio ¿por qué no va a conseguirlo Ithilien algún día?


Nota: quieras o no, los tiempos cambian una barbaridad. Y siempre, siempre, hay que tener cuidado con lo que se habla sin pensar.

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Mimos
Cuando estoy enamorada, me gusta mimar, cuidar, besar, abrazar,... hasta extremos insospechados. Llego a volverme pegajosa.

Es lo que más me cuesta de mi relación a distancia. Esa necesidad de mimar a la persona que amo. Sobre todo cuando ahora no lo está pasando precisamente bien.

Y no puedo más que enamorarme más y más cuando es él, el que me mima a mi por un simple desbarajuste de mi defecto de fábrica.

Para ese ser excepcional: te amo gatito.

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La mala educación
Dos días de tensión acumulada resueltos en una espera de un par de horas. Una noche sin dormir y una conversación que tal vez haga cambiar mi futuro complicándolo más.

Salgo por la puerta del edificio, me siguen temblando las piernas, no me he comido las uñas en esa espera porque nunca lo he hecho, pero me han entrado ganas de probar, por si conseguían calmar los nervios de mi estómago.

Necesito algo de chocolate, pero hace años que mi médico me prohibió tomarlo. Paso a paso a la parada del bus.

Lo veo partir, me toca esperar otros diez minutos.

Respiro hondo.

"Vale, no seas imbécil, da igual que estés así o te calmas, no vas a solucionar nada, por lo menos por el momento."


Un abanico sale del bolso, hace calor o tal vez sean mis nervios acumulados que me hacen sentirlo.

Una pareja joven se dirige a la parada del bus. Conforme se acercan compruebo que son muy muy jóvenes, tal vez menos de dieciocho años. Ella está embarazada, bastante embarazada. Se paran a mi lado, le ofrezco una esquina del asiento. La chica me sonríe, se echa las manos a la espalda cuando se sienta. Recuerdo mis embarazos y los dolores de columna de los últimos meses.

Mis pensamientos son independientes a mi decisión de no dar más vueltas al asunto. Vuelvo al mismo tema de los últimos dos días.

Llega el autobús, casi al completo. Cuando subimos no hay asientos, intentas buscar un lugar en el que plantar los pies y agarrarte antes de que el bus comience su marcha.

Sonrío recordando cierta caída en uno de ellos justo al arrancar. Vaya vergüenza pasé aquel día.

La pareja conversa animadamente, escucho que le quedan tres semanas de embarazo.

Un alma caritativa se levanta de su asiento, justo a tres pasos de la chica, se lo ofrece... y en ese momento todos nos quedamos con la boca abierta, todos los que observamos la escena:

Él empuja a su pareja, pasa por delante de ella que tiene que agarrarse con las dos manos a una barra lateral para no caerse, llega antes al asiento y se planta en él.

Se sienta.

El señor que acaba de levantarse le increpa:

- Oye, que es para ella, que está embarazada.

- Ya lo sé, la preñé yo. Que la próxima vez esté más atenta.

La chica nos mira a todos y cuando el señor va a enfrentarse a él, le mira a los ojos y niega levemente con la cabeza.

- No pasa nada, si estoy bien así, me viene bien, porque después me cuesta más levantarme.

Se acaba todo. No hay cruce de más frases entre el señor caritativo y la joven pareja. Solo miradas de tristeza de los que le rodean hacia ella...

... y mis enormes ganas de gritarle a ella que no siga con él, que nadie así merece la pena, aunque sea el padre de su hijo.

Pero claro, nadie escarmienta en cabeza ajena y a ella le quedan al menos, veinte años más de experiencias para darse cuenta.

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La puesta de sol
¡Ah, principito! Así, poco a poco, comprendí tu pequeña vida melancólica. Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Me enteré de este nuevo detalle, en la mañana del cuarto día, cuando me dijiste:

- Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol.

- Pero tenemos que esperar...

- ¿Esperar qué?

- Esperar a que el sol se ponga.

Al principio pareciste muy sorprendido; luego, te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

- ¡Me creo siempre en mi casa!

En efecto. Todo el mundo sabe que cuando es mediodía en los Estados Unidos el sol se pone en Francia. Bastaría ir a Francia en un minuto para ver una puesta de sol. Desgraciadamente, Francia está demasiado lejos. Pero sobre tu pequeño planeta basta mover la silla algunos pasos. Y contemplas el crepúsculo cada vez que lo querías.

- Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.

Y poco después agregaste:

- ¿Sabes?... cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol...

-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió.

Cap. VI de "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry


Nota: Hoy necesitaría también ver cuarenta y tres veces una puesta de sol. También podría cambiarlas por un ratito de juegos gatunos. Hoy necesitaría olvidar por un rato todos los problemas y ser feliz.

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Perlas Ithilienescas
Y como os habéis portado tan bien, estando siempre ahí, a pesar del tiempo transcurrido desde aquel, lejano ya, noviembre del 2004, en el que esta maia empezó a reinventar su vida para todos, ella incluida.

Y como sois tan fantabulosos* os quiero dejar un par de perlas de la señorita Ithilien:


Estudiando lengua española:

- ¿Qué es un gentilicio?

- Es un adjetivo, que te indica el lugar de nacimiento de las personas, por ejemplo, nacido en Málaga, malagueño; nacido en Madrid, madrileño; nacido en Valencia, valenceño.

Cenando, conversando de diversos temas, televisión puesta, aunque realmente ninguna le hacemos caso. En un momento en que las tres estamos en silencio, se escucha una frase de un anuncio:

"¿Has bailado con tu hija en el día de su boda?"

- Mami, si un día te vuelves a casar ¿invitarías a papi a tu boda?

Y yo que me atraganto justo cuanto intento responder, que casualidad.

- No pondría impedimentos a que viniera, pero ¿tú crees que a él vendría?

- Mami ¿qué hay de postre?

*fantabuloso: dícese de algo tan especial, que auna los adjetivos fantástico y fabuloso, según el vocabulario Ithilienesco.


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¿Qué es la vida si no puedes elegir estupideces?
"¿Qué es la vida si no puedes elegir estupideces?"

Tras la pregunta retórica de House en el capítulo de hoy, no puedo por menos que quitarme el sombrero, si lo tuviera claro.

Creo en el libre albedrío, como católica que soy. Creo en mi capacidad para elegir mi propio camino. Creo en mi derecho a elegir equivocarme. Creo en mi obligación de estudiar mis propias decisiones.

¡¡Aps!! y respeto reencarnaciones, vidas pasadas y predestinaciones varias... pero tengo por seguro que en mi vida no influyen.

Porque por encima de todo... Creo en mi... que mi trabajo me ha costado aprenderlo.

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3 de junio
"¿Y cómo fue mamá?"

"Enterramos a la abuela, ya sabes, murió en un accidente. Al día siguiente tenía visita con la matrona. Yo quería dar a luz en el pueblo, en mi casa, entonces todas las mujeres parían en sus propias camas. Tus tías lo habían hecho sin problemas y yo quería ser igual. Quería mucho a tu abuela y que muriera así, sin haber conocido a mi hijo...

El caso es que pasó la matrona por casa, me miró y justo entonces rompí aguas. Era el 1 de junio, se suponía que tú no deberías nacer todavía. Me metió en cama y llamó al médico, que vino al poco tiempo.

Me dijo que se pasaría por casa al día siguiente, que todo parecía bien, solo que el niño vendría con unas semanas de adelanto, nada más.

Pero al día siguiente seguía igual. Nada de contracciones y llevaba ya más de un día con la bolsa rota. Mi depresión se hizo más grande, todo se me venía encima... el médico optó por enviarme al hospital.

Ingresé el día 2. Allí me reconocieron, solo escuché algo así:

- Parto seco en una primeriza, esperemos que no haya complicaciones.

Me asusté un poquito, pero me tranquilizaron. No me iba a doler, pensaban dormirme.

Al día siguiente el médico me habló de provocarme el parto, pero no hizo falta, creo que del susto empecé con las primeras contracciones. Y como me dijeron, al final terminaron por dormirme, así que no sé nada más, solo que al despertar me dijeron que tenía una hija muy guapa, con mucho pelo y que había pesado 3,200 kg.

Por cierto, naciste a las ocho y veinte de la tarde... de hace cuarenta años ya.

Felicidades hija."




Para Mami.

De Ithilien.

Mami, felicidades por tus 40 años, es decir, 4 decenas. Pásatelo bien con el 4 delante e intenta tener al menos un 7 delante. Pásatelo bien y vive mucho tiempo por favor.

Anda y no me regañes tanto, porfi.

Firmado:

Ithilien.


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