el agujerito
Hoy me levanté con el pie izquierdo.
Asistí a un congreso y me quedé dormida....sabéis ese momento en el que empiezas a sentir que no puedes controlar el sueño..y de repente te da como un sobresalto y tratas de disimular. Pués eso fue lo que me ocurrió. La que estaba sentada a mi lado no pudo evitar sonreirme y me miró con cara de ternura...yo también la miré pero con cara de vergüenza (o de sin vergënza).
Me encantan estos congresos, (o seminarios o como se llamen)sobre temas de mujeres a los que sólo asistimos mujeres - bolleras - feministas. Bueno siempre se cuelan un par de hombres. Mires a donde mires...mujeres y más mujeres hablando de mujeres (ayer se hablaba de violencia sexual y eso no era divertido).
Termina el congreso y vuelvo en metro. Me cuelo. Me pillan. Me camelo al revisor con cara de buena y me perdona.
Cojo el coche y al curro.
Mi jefa me dice que le ha dicho una compañera que como me gusta el bricolage (gustarme, me gusta pero ¿quién ha dicho que se me dé bien?), que si me importa poner unas baldas en el despacho. Y yo que soy poco modesta y me cuesta reconocer mis limitaciones, taldro en mano me dispongo a hacer millones de agujeros (me encanta el taladro). Mi jefa encantada ante mi seguridad con tan peligrosa herramienta, se marcha a su despacho (cuarto de al lado) y me deja manos a la obra.. Empiezo a taladrar. Todo va sobre ruedas. Un agujero por aquí, ahora un taco...Último agujero de la tarde y .....oh oh, "¿qué ha pasado?, puedo ver a mi jefa sentada en su mesa por este agujerito". En lugar de reconocer mi torpeza, me da por despotricar contra las paredes de este edificio.
Lo único bueno es que ahora tenemos un agujerito por el que podemos echarnos miraditas de vez en cuando.
Asistí a un congreso y me quedé dormida....sabéis ese momento en el que empiezas a sentir que no puedes controlar el sueño..y de repente te da como un sobresalto y tratas de disimular. Pués eso fue lo que me ocurrió. La que estaba sentada a mi lado no pudo evitar sonreirme y me miró con cara de ternura...yo también la miré pero con cara de vergüenza (o de sin vergënza).
Me encantan estos congresos, (o seminarios o como se llamen)sobre temas de mujeres a los que sólo asistimos mujeres - bolleras - feministas. Bueno siempre se cuelan un par de hombres. Mires a donde mires...mujeres y más mujeres hablando de mujeres (ayer se hablaba de violencia sexual y eso no era divertido).
Termina el congreso y vuelvo en metro. Me cuelo. Me pillan. Me camelo al revisor con cara de buena y me perdona.
Cojo el coche y al curro.
Mi jefa me dice que le ha dicho una compañera que como me gusta el bricolage (gustarme, me gusta pero ¿quién ha dicho que se me dé bien?), que si me importa poner unas baldas en el despacho. Y yo que soy poco modesta y me cuesta reconocer mis limitaciones, taldro en mano me dispongo a hacer millones de agujeros (me encanta el taladro). Mi jefa encantada ante mi seguridad con tan peligrosa herramienta, se marcha a su despacho (cuarto de al lado) y me deja manos a la obra.. Empiezo a taladrar. Todo va sobre ruedas. Un agujero por aquí, ahora un taco...Último agujero de la tarde y .....oh oh, "¿qué ha pasado?, puedo ver a mi jefa sentada en su mesa por este agujerito". En lugar de reconocer mi torpeza, me da por despotricar contra las paredes de este edificio.
Lo único bueno es que ahora tenemos un agujerito por el que podemos echarnos miraditas de vez en cuando.
Los peluqueros (y peluqueras)
Cansada de haber probado una por una todas las modernas peluquerías de chueca, en las que, pidas lo que pidas y lleves la idea que lleves, siempre obtienes el mismo resultado: corte estilo Bebe - Bollo; el sábado me armé de valor, y me decidií a dejar mi cabellera en manos de la peluquera más antigua del barrio.
El gremio de los peluqueros (y peluqueras) depierta en mi unas emociones algo extrañas...vamos que me achantan. Si, si, no sé porque pero desde el momento en que me encuentro sentada delante del espejo mi personalidad se vuelve absolutamente sumisa. (Afortunadamente esto lo he hablado con otras personas y me han confirmado que es algo bastante extendido).
Bueno pués eso, no se porqué extraña razón, los peluqueros (especialmente los modernos) sienten la necesidad de poner en práctica todo lo aprendido sobre mi humilde pelo. Pero lo peor es que yo no me atrevo a a decir que no. Me da una especie de vergüenza que me impide enfrentarme a ellos. Así que suelo optar por seguirles la corriente, mientras por dentro me voy cabreando más y más hasta que decido que jamás volveré a esa peluquería.
Veamos un simple ejemplo de lo ocurrido las últimas veces:
Peluquero: un flequillo cuadrado te quedaría genial
Yo: pués venga, lo que tu veas
Peluquero: y un decolorado por la parte de atrás de haría una cara preciosa
Yo: ¿Si?, pués adelante (os informo de que soy morena)
Peluquero: ¿qué te parece si te dejo un lado más largo que otro?
Yo: genial
Pero aqui no acaba todo; cuando el artista decide que ha terminado con su experimento, yo me miro al espejo, y pienso "tranquila, el pelo crece", pero lejos de transmitirle lo que creo, me armo de cinismo y le digo que me veo de maravilla, que me ha hecho justo o que iba buscando.... Y él tan contento
Pero el otro día fue distinto...como os digo, me fui a la peluquería del barrio, rodeada de adolables señoras sesenteras llenas de rulos y de secadores. Me integré con ellas y hablamos de todo, vamos que arreglamos el mundo mientras mi amable peluquera respetaba mi decisión de querer cortarme sólo las puntas
Salí contenta y no tuve que mentir cuando dije que me veía bien.
El gremio de los peluqueros (y peluqueras) depierta en mi unas emociones algo extrañas...vamos que me achantan. Si, si, no sé porque pero desde el momento en que me encuentro sentada delante del espejo mi personalidad se vuelve absolutamente sumisa. (Afortunadamente esto lo he hablado con otras personas y me han confirmado que es algo bastante extendido).
Bueno pués eso, no se porqué extraña razón, los peluqueros (especialmente los modernos) sienten la necesidad de poner en práctica todo lo aprendido sobre mi humilde pelo. Pero lo peor es que yo no me atrevo a a decir que no. Me da una especie de vergüenza que me impide enfrentarme a ellos. Así que suelo optar por seguirles la corriente, mientras por dentro me voy cabreando más y más hasta que decido que jamás volveré a esa peluquería.
Veamos un simple ejemplo de lo ocurrido las últimas veces:
Peluquero: un flequillo cuadrado te quedaría genial
Yo: pués venga, lo que tu veas
Peluquero: y un decolorado por la parte de atrás de haría una cara preciosa
Yo: ¿Si?, pués adelante (os informo de que soy morena)
Peluquero: ¿qué te parece si te dejo un lado más largo que otro?
Yo: genial
Pero aqui no acaba todo; cuando el artista decide que ha terminado con su experimento, yo me miro al espejo, y pienso "tranquila, el pelo crece", pero lejos de transmitirle lo que creo, me armo de cinismo y le digo que me veo de maravilla, que me ha hecho justo o que iba buscando.... Y él tan contento
Pero el otro día fue distinto...como os digo, me fui a la peluquería del barrio, rodeada de adolables señoras sesenteras llenas de rulos y de secadores. Me integré con ellas y hablamos de todo, vamos que arreglamos el mundo mientras mi amable peluquera respetaba mi decisión de querer cortarme sólo las puntas
Salí contenta y no tuve que mentir cuando dije que me veía bien.





