Simulacros en (la) familia
Lo peor de la vuelta del hospital tras la paternidad es que de repente tu casa se torna el ‘Camarote de los Hermanos Marx’ en versión actualizada y sin subtítulos. Aparecen familiares, amigos, vecinos, conocidos y no tan conocidos por debajo de las piedras, por arte de birlibirloque, que parecen apostar a ver quién llega a la hora más intempestiva, quién hace la visita más inoportuna, y quién puede llevarse el record de visita más larga e inapropiada. Y no lo digo por mí, sino por mi mujer, que todavía se encuentra convaleciente de la cesárea y sobre todo por mi hijo, que a este paso va a ganarse el cielo –si es que existe- antes de hora, y lo vamos a convertir en un inadaptado antes de lo que toca.
¿Creerá la gente que tenemos un mono de feria? ¿Pues no decidimos que si el niño estaba descansando no íbamos a molestarlo?
¡Ah¡, pero no. ¿Cómo no vamos a enseñárselo a la tía Remigia, que vino adrede desde Alpedrete? ¿Y qué me dices de mis ‘queridísimas’ cuñadas, que se empeñan en cogerlo, –despertándolo, obviamente-, azuzarlo, sopesarlo, vapulearlo, y pasárselo cual pelota de básquet –sin botarla, de momento-, para ver si pesa más que sus sobrinos Pablo, Esteban o Julián. Y no, no. Es más pequeño. A este niño tenéis que alimentarlo bien. Porque si no, se os va a echar a perder. ¿Pero cómo os atrevéis a usar el termómetro rectal? Pues el pediatra al que vais no es nada recomendable. El cordón umbilical no se lo estás curando bien, puedes causarle una infección. No lo bañes así que te cogerá otitis. Cuidado con doblarle demasiado la cabeza, que es demasiado frágil. No, no te preocupes, que los niños son de goma. Y esos bodis que usáis le producen escozores y hematomas al niño. Míralo como llora.
Claro que llora, ¿cómo no va a llorar? Si sois unas pesadas que no dejáis de chillarle al niño, y de momento, que se sepa, no es sordo, aunque claro, a ver qué tímpanos resisten esta algarabía.
Confieso que puedo comprender cómo debían sentirse los reyes destronados tras una revuelta. Claro que a mi no me han dejado ni tan siquiera la opción de exiliarme.
A pesar de haber preparado minuciosamente todas las cosas de casa para hacerme cargo de la situación a la vuelta –sabíamos que Lola tendría una cesárea, pues el parto fue programado-, al regresar a nuestro hogar -¿puedo utilizar todavía este posesivo?- el corazón me dio un vuelco, y si no es porque debo atender a mi mujer y mi hijo hubiera regresado al hospital para que me lo revisaran.
Mi madre y mi suegra se habían instalado en sendas trincheras y habían transformado nuestro piso en un auténtico campo de batalla, lleno de maletas y muebles y utensilios esparcidos por donde no tocaba, donde resultaba imposible encontrar una cazuela en su armario habitual, o las pastillas de avecrem en el cubículo correspondiente del frigorífico. ¿Por qué se nos ocurriría comprar un piso tan espacioso? ¿De quién fue la brillante idea de que podían venir unos días a ayudarnos? (ahora que recuerdo, no fue idea de nadie, se presentaron ellas voluntarias al casting y se declararon seleccionadas sin necesidad de fase previa).
Una casa con varias mujeres al frente es como un barco sin rumbo, casi a la deriva, por exceso de capitanes.
Por ejemplo. Para comer vamos a preparar un poco de pollo (mi madre). No, que hay canelones preparados en la nevera (contesta mi mujer). ¿Cómo vamos a gastar los canelones? Ahora mismo preparo un puchero (mi suegra). Tranquilas, no os preocupéis por nada, en un momento tengo unos espaguetis listos (yo). ¿Pero cómo vas a ponerte TU en la cocina, estando las mujeres de la casa? (mi suegro, en su línea habitual, no se si por convencimiento ideológico o por abatimiento experimentado). Me veo a todos en el bar de enfrente a las 3 de la tarde, o en comisaría si mi madre y mi suegra no llegan a un consenso: mejor no meter baza, porque seguro salgo trasquilado. Mi mujer intentó poner paz desde la cama y ni caso. Cada una erre que erre. Que si el pollo es más nutritivo, que si el puchero tiene más vitaminas.
¿Qué más dará?
SOS: Necesitamos un diplomático de solvencia en la mediación. De repente, recuerdo las noticias de la 2 y el plan de ruta americano para el conflicto palestino. Propongo: ¿y si preparamos pollo para comer que se hace antes, y el puchero para la noche, y así dejamos tiempo para que tome sabor?
Silencio.
¿Venceré?
Ah no¡ Mi gozo en un pozo¡, ¿Para qué tenemos la olla a presión que nos regaló mi suegra hace dos navidades? Si con la olla a presión el puchero se prepara en 20 minutos¡¡¡ ¿Es que no la utilizáis?
Desisto. Prefiero ahorrar fuerzas para la discusión de después de comer: ¿quién lavará los platos? (doy por supuesto que el lavavajillas, ‘con las mujeres en casa’, no va a utilizarse; evidentemente, porque no querrá ninguna de ellas; utilizaremos la vajilla mala por si acaso…si es que consienten).
Me voy a mimar a mi mujer y a hacerle carantoñas a mi hijo, hoy que está tranquilo y sin tías alrededor.
Confieso no estar preparado para afrontar la situación con la calma y serenidad debidas. Debieran existir simulacros prematrimoniales que te advirtieran del peligro.
¿Creerá la gente que tenemos un mono de feria? ¿Pues no decidimos que si el niño estaba descansando no íbamos a molestarlo?
¡Ah¡, pero no. ¿Cómo no vamos a enseñárselo a la tía Remigia, que vino adrede desde Alpedrete? ¿Y qué me dices de mis ‘queridísimas’ cuñadas, que se empeñan en cogerlo, –despertándolo, obviamente-, azuzarlo, sopesarlo, vapulearlo, y pasárselo cual pelota de básquet –sin botarla, de momento-, para ver si pesa más que sus sobrinos Pablo, Esteban o Julián. Y no, no. Es más pequeño. A este niño tenéis que alimentarlo bien. Porque si no, se os va a echar a perder. ¿Pero cómo os atrevéis a usar el termómetro rectal? Pues el pediatra al que vais no es nada recomendable. El cordón umbilical no se lo estás curando bien, puedes causarle una infección. No lo bañes así que te cogerá otitis. Cuidado con doblarle demasiado la cabeza, que es demasiado frágil. No, no te preocupes, que los niños son de goma. Y esos bodis que usáis le producen escozores y hematomas al niño. Míralo como llora.
Claro que llora, ¿cómo no va a llorar? Si sois unas pesadas que no dejáis de chillarle al niño, y de momento, que se sepa, no es sordo, aunque claro, a ver qué tímpanos resisten esta algarabía.
Confieso que puedo comprender cómo debían sentirse los reyes destronados tras una revuelta. Claro que a mi no me han dejado ni tan siquiera la opción de exiliarme.
A pesar de haber preparado minuciosamente todas las cosas de casa para hacerme cargo de la situación a la vuelta –sabíamos que Lola tendría una cesárea, pues el parto fue programado-, al regresar a nuestro hogar -¿puedo utilizar todavía este posesivo?- el corazón me dio un vuelco, y si no es porque debo atender a mi mujer y mi hijo hubiera regresado al hospital para que me lo revisaran.
Mi madre y mi suegra se habían instalado en sendas trincheras y habían transformado nuestro piso en un auténtico campo de batalla, lleno de maletas y muebles y utensilios esparcidos por donde no tocaba, donde resultaba imposible encontrar una cazuela en su armario habitual, o las pastillas de avecrem en el cubículo correspondiente del frigorífico. ¿Por qué se nos ocurriría comprar un piso tan espacioso? ¿De quién fue la brillante idea de que podían venir unos días a ayudarnos? (ahora que recuerdo, no fue idea de nadie, se presentaron ellas voluntarias al casting y se declararon seleccionadas sin necesidad de fase previa).
Una casa con varias mujeres al frente es como un barco sin rumbo, casi a la deriva, por exceso de capitanes.
Por ejemplo. Para comer vamos a preparar un poco de pollo (mi madre). No, que hay canelones preparados en la nevera (contesta mi mujer). ¿Cómo vamos a gastar los canelones? Ahora mismo preparo un puchero (mi suegra). Tranquilas, no os preocupéis por nada, en un momento tengo unos espaguetis listos (yo). ¿Pero cómo vas a ponerte TU en la cocina, estando las mujeres de la casa? (mi suegro, en su línea habitual, no se si por convencimiento ideológico o por abatimiento experimentado). Me veo a todos en el bar de enfrente a las 3 de la tarde, o en comisaría si mi madre y mi suegra no llegan a un consenso: mejor no meter baza, porque seguro salgo trasquilado. Mi mujer intentó poner paz desde la cama y ni caso. Cada una erre que erre. Que si el pollo es más nutritivo, que si el puchero tiene más vitaminas.
¿Qué más dará?
SOS: Necesitamos un diplomático de solvencia en la mediación. De repente, recuerdo las noticias de la 2 y el plan de ruta americano para el conflicto palestino. Propongo: ¿y si preparamos pollo para comer que se hace antes, y el puchero para la noche, y así dejamos tiempo para que tome sabor?
Silencio.
¿Venceré?
Ah no¡ Mi gozo en un pozo¡, ¿Para qué tenemos la olla a presión que nos regaló mi suegra hace dos navidades? Si con la olla a presión el puchero se prepara en 20 minutos¡¡¡ ¿Es que no la utilizáis?
Desisto. Prefiero ahorrar fuerzas para la discusión de después de comer: ¿quién lavará los platos? (doy por supuesto que el lavavajillas, ‘con las mujeres en casa’, no va a utilizarse; evidentemente, porque no querrá ninguna de ellas; utilizaremos la vajilla mala por si acaso…si es que consienten).
Me voy a mimar a mi mujer y a hacerle carantoñas a mi hijo, hoy que está tranquilo y sin tías alrededor.
Confieso no estar preparado para afrontar la situación con la calma y serenidad debidas. Debieran existir simulacros prematrimoniales que te advirtieran del peligro.
Paternidad
Nunca pensé que la vida fuera tan maravillosa.
Gracias, hijo, por darme de nuevo la vida.
Gracias, Lola, por convertirme en el hombre más feliz del universo.
Gracias, hijo, por darme de nuevo la vida.
Gracias, Lola, por convertirme en el hombre más feliz del universo.
Juegos eróticos entre un weblog y su lector (un suponer)
Desnúdame.
Deslízate suavemente por las curvas de mis letras, piérdete entre la sensualidad de sus líneas, penetra en su sentido.
Sé tu mismo.
Decide si quieres seguir leyéndome. Pero no me desestimes.
No¡¡¡ No te vayas.
Sé que éste no ha sido un bueno comienzo, pero la primera impresión no es siempre la que cuenta.
Acércate otra vez. Mírame fijamente. Así.
Sigue. Más. Ya casi lo tienes.
Me estás excitando.
El placer de tu mirada recorre mi cuerpo. Sus dedos se deslizan ahora vertiginosamente, arriba, abajo, en círculo. Sin parar.
Quiero desahogarme. Pídeme más. Te escribo lo que quieras. Desea. Deséame. Siénteme tuyo. Permite que me comparta contigo.
Me gusta que me mires. Siempre he sido un exhibicionista, lo confieso. Y ante unos ojos como los tuyos, no hay quien se resista.
Parpadea. Qué de sueños caben en tus pupilas¡¡¡
El éxtasis. Me vengo.
Me encanta soñar. Compartir mis sueños contigo.
Como hago ahora.
En la penumbra de la noche. Iluminados por nuestras pantallas. Como reflejos enigmáticos y simétricos de nuestro respectivo yo, abandonados a su deseo y a su ser.
Reflejándose en un constante devaneo de palabras. Que se suceden. Que corren.
Gritan. Tiemblan. Se estremecen.
Gozo de placer contigo.
Y antes que mis soledades, mis delirios y mis penas eran onanistas¡¡¡¡¡
¿Por qué no te descubrí antes?
Quítame el vestido. No te quedes ahí. Pídeme. Pregunta. Soy todo tuyo.
Hazme cosquillas. Maltrátame. Pero dime algo.
No me dejes como a un blog cualquiera.
Soy yo. ¿No me reconoces? Tu sexblog.
Tu indiferencia es mi peor medicina. Porque seguiré queriéndote. Buscándote. Deseando que algún día me susurres. Me acaricies. Me enlaces.
Y mi amante supremo siga de ese modo acariciándome todas las noches donde más me gusta, en mis letras, en mi punto, en mi g, todo placer. Y pueda amaros a los dos.
A ti y a él.
Os compartiré. Os uniré. Sé que os llevaréis bien.
Y quizás… hasta consigas que él se enamore del tuyo.
Y creemos así una infinita relación que no sea ni trío, sino orgía blogueril que se esparce y derrama por entre los adeeseeles y las conexiones cibernéticas.
Corre, lléname con tus flujos. Quiero que me hagas tuyo.
Así, … cerrando los ojos, … como antes. Otra vez.
Escríbeme donde me excita infinitamente. Aquí.
Más abajo.
Deslízate suavemente por las curvas de mis letras, piérdete entre la sensualidad de sus líneas, penetra en su sentido.
Sé tu mismo.
Decide si quieres seguir leyéndome. Pero no me desestimes.
No¡¡¡ No te vayas.
Sé que éste no ha sido un bueno comienzo, pero la primera impresión no es siempre la que cuenta.
Acércate otra vez. Mírame fijamente. Así.
Sigue. Más. Ya casi lo tienes.
Me estás excitando.
El placer de tu mirada recorre mi cuerpo. Sus dedos se deslizan ahora vertiginosamente, arriba, abajo, en círculo. Sin parar.
Quiero desahogarme. Pídeme más. Te escribo lo que quieras. Desea. Deséame. Siénteme tuyo. Permite que me comparta contigo.
Me gusta que me mires. Siempre he sido un exhibicionista, lo confieso. Y ante unos ojos como los tuyos, no hay quien se resista.
Parpadea. Qué de sueños caben en tus pupilas¡¡¡
El éxtasis. Me vengo.
Me encanta soñar. Compartir mis sueños contigo.
Como hago ahora.
En la penumbra de la noche. Iluminados por nuestras pantallas. Como reflejos enigmáticos y simétricos de nuestro respectivo yo, abandonados a su deseo y a su ser.
Reflejándose en un constante devaneo de palabras. Que se suceden. Que corren.
Gritan. Tiemblan. Se estremecen.
Gozo de placer contigo.
Y antes que mis soledades, mis delirios y mis penas eran onanistas¡¡¡¡¡
¿Por qué no te descubrí antes?
Quítame el vestido. No te quedes ahí. Pídeme. Pregunta. Soy todo tuyo.
Hazme cosquillas. Maltrátame. Pero dime algo.
No me dejes como a un blog cualquiera.
Soy yo. ¿No me reconoces? Tu sexblog.
Tu indiferencia es mi peor medicina. Porque seguiré queriéndote. Buscándote. Deseando que algún día me susurres. Me acaricies. Me enlaces.
Y mi amante supremo siga de ese modo acariciándome todas las noches donde más me gusta, en mis letras, en mi punto, en mi g, todo placer. Y pueda amaros a los dos.
A ti y a él.
Os compartiré. Os uniré. Sé que os llevaréis bien.
Y quizás… hasta consigas que él se enamore del tuyo.
Y creemos así una infinita relación que no sea ni trío, sino orgía blogueril que se esparce y derrama por entre los adeeseeles y las conexiones cibernéticas.
Corre, lléname con tus flujos. Quiero que me hagas tuyo.
Así, … cerrando los ojos, … como antes. Otra vez.
Escríbeme donde me excita infinitamente. Aquí.
Más abajo.
Carta a los Vascos
Queridos Vascos:
Desde hace tiempo -pero sobre todo de un tiempo a esta parte-, tengo la sensación de que Euskadi, Euskalherria, el País Vasco, o las Vascongadas (que cada cual elija sin que se moleste) todavía no ha superado la etapa de la transición, o peor, ha pasado de una dictadura a otra situación pareja de falta de libertades.
Me parece inverosímil que todavía hoy pueda centrarse el debate, tras mas de mil muertos y no se cuántas más barbaridades, en la cuestión de la pertenencia (siempre en términos de exclusión y de exclusividad) de la gente a una nación u a otra, y se pase por el forro el problema mayor: la falta de libertad real para muchos en el País vasco, así como lo duro que resulta soportar, día tras día, los ataques terroristas en el Estado español.
Diré para empezar que me considero valenciano -básicamente-, no soy castellano, vivo en Cataluña desde hace ... -ni se sabe-, y tengo pasaporte español –y votaré SI el domingo en el referéndum de la mal llamada Constitución Europea, aún a mi pesar-.
La pertenencia al Estado español me ha dado una riqueza cultural de la que de otro modo habría carecido. E incluso he asimilado, sin grandes traumas, gran parte de las raíces castellanas culturales impuestas en la escuela franquista -nada agradables, por cierto, y tremendamente represoras, pero por suerte aquello pasó-, así como algunos deseos colonialistas catalanes -que por el hecho de hablar la misma lengua que nosotros, los valencianos, se consideran con el derecho de eliminarnos del mapa y absorber todo lo bueno que tenemos. El siglo de oro de nuestra literatura es mayoritariamente valenciano, y eso, en su complejo de inferioridad respecto al nacionalismo castellano, es algo que no pueden superar, como tantas otras cosas. La última (que fue también de las primeras), pasa por reclamar la existencia de unos países catalanes, hasta Guardamar del Segura (al sur de Alicante), denegándonos al mismo tiempo el agua del Ebro argumentando “el agua catalana para los catalanes”, por lo que no tiene que pasar de la Cénia -aunque si llegará a Barcelona o permitirá construir campos de golf en el Delta sin que ello suponga mayor problema medioambiental.
Cuento todo este rollo para poner de manifiesto lo de perverso que tiene la utilización política de los sentimientos nacionalistas. El sentimiento nacionalista es inherente al ser humano, y exterioriza sus deseos pertenencia a un ‘grupo’. El nacionalismo 'político' es, sin embargo, un instrumento que puede ejercerse de forma integradora (y así nos va a los valencianos) o excluyente (como hacen unos pocos catalanes, en mayor medida algunos castellanos/españoles -que confunden el todo con la parte, casi siempre-, y muchos vascos -el que no esté a gusto aquí que se vaya..., y cosas por el estilo se leen en foros especializados en la materia-). El nacionalismo político puede ser uno u otro en apenas un zass/bang –véase, si no, el ejemplo yugoslavo-.
Me cuesta comprender,-y casi aceptar- que en pleno siglo XXI se sigan manteniendo discursos como si estuviéramos en la época de las cavernas, en discordancia con la situación actual de globalización económica, de eliminación de fronteras, físicas, administrativas y de movimiento de personas, y queramos todavía jugar a los castillos –fuera de mi castillo, tierra descubierta, jugábamos de pequeños-.
Pero lo que más me molesta, y os puedo asegurar que hasta me cabrea, es que se utilice esa dialéctica sinfín como mecanismo que permite justificar una actitud cínica, cobarde, victimista, chantajista, aprovechada y miserable: la de los nacionalistas vascos –sobre todo-.
Todavía recuerdo las múltiples manifestaciones a las que he tenido que acudir en ‘defensa’ de la dignidad del pueblo vasco –vascos sí, eta no, gritaba la muchedumbre al unísono-; defensa que se ve ‘recompensada’ con un ‘ponga la otra mejilla’, porque los vascos quieren reclamar –exigir a los demás- la aceptación de su propio ámbito de decisión. ¿Estábamos equivocados? ¿Nos engañaron? En cualquier caso, compruebo como nuestro esfuerzo por salvar su dignidad nos lo pagan con quejas, continuos desplantes y una irresponsabilidad que raya el ridículo.
Desde las instituciones vascas se nos ha pedido –a toda España, o al pueblo español, o a quien sea –¿al enemigo?- que se distinga bien, que no se intente mezclar a los etarras con los pobres vascos, víctimas ellos también de aquella barbarie. Y el pueblo español siempre estuvo al nivel que le correspondía, reclamando para esa parte del territorio común algo que nosotros ya disfrutábamos: la libertad y la tolerancia.
Sin embargo, veo que entre los vascos, ni el gobierno, ni muchos de los que viven en el País vasco –no sé si minoría o mayoría, nunca estuve allí, y si soy sincero, tampoco me muero de ganas por ir- saben estar a la altura de las circunstancias, y utilizan los sentimientos nacionalistas para conseguir únicamente mayores cuotas de poder de decisión; esto es, más dinero –si fuera otra cosa, reclamarían la independencia, que es a lo que todo pueblo/nación aspira-, sin avergonzarse por aprovechar en su beneficio propio el chantaje terrorista.
Oigo y leo también en muchos foros especializados utilizar en demasía el argumento ‘a mi también me entristece’ el terrorismo, seguido de ‘pero yo no tengo la culpa’. Creo que no se trata de echar la culpa a nadie –tampoco la tenemos el resto de españoles aunque lo padezcamos, ¿o es que muchos vascos siguen creyendo que sí, que el terrorismo existe por nosotros, y que somos culpables por ello?-.
Antes al contrario, se trata de buscar responsabilidades. Y es cierto que el máximo responsable es el que en última instancia aprieta el gatillo. Pero detrás de ellos hay muchas responsabilidades escondidas que quizá, el pueblo español, haría bien en empezar a reclamar –incluyo aquí también a sus representantes legítimos-.
-¿Qué han hecho los que han estado en el poder en las instituciones vascas para acabar con el terrorismo?
-¿Dónde están los miles de vascos y vascas que exigiendo y reclamando la capacidad EXCLUSIVA para decidir, el 'ámbito vasco de decisión', dan continuamente la callada por respuesta y miran para otra parte cuando se produce una barbarie terrorista?
Desgraciadamente, muchos vascos siguen siendo igual de irresponsables, y como a ellos no les afecta, pues ‘a quien san Juan se la dé, san Pedro se la bendiga’. Y desde aquí mi mayor consideración, admiración y reconocimiento a aquellos vascos que están en el lado opuesto, y que luchan día a día por conseguir una vida en libertad, democracia y plenas libertades, porque puedo imaginarme lo duro y arriesgado que debe de ser soportar sus condiciones.
Si los vascos reclaman su capacidad exclusiva para decidir deberían ser ellos los que se las tuvieran para con el terrorismo. Los españoles no hemos hecho NADA. NADA para recibir el trato tan inhumano y desconsiderado que recibimos de una parte –minúscula, pero parte- del pueblo vasco, al que en muchas ocasiones –muchos otros vascos- amparan de forma desvergonzada ¿Es el Estado español el que oprime a los vascos –a sangre y fuego, como muchos nacionalistas vascos afirman por esos foros de Dios- o son algunos vascos los que llevan tiempo oprimiendo al pueblo español?
Me parece miserable asimismo que los representantes vascos (supongo que secundados por parte de la sociedad vasca) intenten diferenciar entre los vascos y los terroristas, para justificar de ese modo que ese problema ‘no va con ellos’, o que ‘no pueden hacer nada, porque se encuentran sujetos a la política antiterrorista marcada por Madrid’. Y me gustaría que recordaran que los terroristas son vascos, se sienten sólo vascos y actúan –supuestamente- en defensa y en nombre de su pueblo. A mi me daría vergüenza, que alguien que actúe en nombre de mi pueblo llegara a manchar mi nombre de tal manera. Y por supuesto no lo consentiría bajo ninguna de las maneras. Me rebelaría. Y tendría claro contra quién debería utilizar mis esfuerzos políticos.
Señalar, como hacen muchos vascos, seguramente muchos de vosotros que leéis esto, si habéis consentido llegar hasta aquí –cosa que agradecería, al no considerarme suficientemente ‘intoxicado’; y sé que no puedo esperar contestación alguna a lo que digo: ¿no la tenéis?- que debéis protegerlos, porque son vuestros hermanos, que sufren la opresión española, me parece ridículo, trasnochado e infantil, si no es algo peor.
Si los vascos –los decentes y que nunca han roto un plato- exigen tener su propio ámbito vasco de decisión, que no carguen contra el resto del Estado sus tintas terroristas; que se maten entre ellos, que se pongan bombas entre ellos, o que se destroce, pero que dejen en paz a aquellos que no se inmiscuyen en su 'ámbito de decisión'.
Pero si nos ponéis a nosotros –a los españoles, y a los que no se sienten tan españoles en el seno de nuestro Estado común, demócrata y legítimo-, por medio, como lleváis tiempo haciendo, por un lado, matándonos, persiguiéndonos, haciéndonos la vida más difícil, y por otro reclamando piedad, misericordia, y SOBRE TODO más dinero, no pretendáis que nosotros no tomemos parte en vuestras decisiones. Exigirlo representa una demostración de cobarde cinismo.
Nosotros tenemos tanto a decidir en vuestras decisiones como vosotros mismos, dada vuestra manifiesta incapacidad para dirimir vuestros conflictos. Si no fuera por nosotros, los españoles, eta seguiría campando a sus anchas –quien sabe si matando ya a vuestros propios concejales, -recordar si no, “empezaron por los negros, pero como yo no era negro,... siguieron…”-. Si no fuera por nosotros, vosotros no tendríais unas instituciones autonómicas –borré lo de normalizadas, recordando los numerosos guardaespaldas y los pasamontañas que deben asegurarlas, y por respeto a quienes los llevan y a quienes representan- y unos niveles altos de autogobierno (por no querer, hasta os opusisteis a la Constitución, a pesar de ser los que más partido habéis sacado de la misma). Si el pueblo español no tuviera la cordura y la madurez que demuestra cada día –y la serenidad ante los continuos atentados y atropellos a nuestra convivencia por parte de vuestros hermanos, primos, amigos, vecinos, o lo que sea-, probablemente esto sería –otra vez- una batalla campal. Y vosotros, probablemente, seguiríais mirándoos el ombligo. A este paso, nosotros también tendremos que decidir por vosotros vuestra independencia, expulsándoos de nuestro marco de convivencia por hartazgo -¿será eso lo que pretendéis?-
Creáis el monstruo y después pretendéis cobrar por su desaparición –exigiéndonos, además, a nosotros, que seamos los que lo hagamos desaparecer, teniendo que cargar, por si fuera poco, con los muertos-.
Un poquito de por favor….
(A mi amiga Margarita, que sufrió las consecuencias de un coche bomba…)
Desde hace tiempo -pero sobre todo de un tiempo a esta parte-, tengo la sensación de que Euskadi, Euskalherria, el País Vasco, o las Vascongadas (que cada cual elija sin que se moleste) todavía no ha superado la etapa de la transición, o peor, ha pasado de una dictadura a otra situación pareja de falta de libertades.
Me parece inverosímil que todavía hoy pueda centrarse el debate, tras mas de mil muertos y no se cuántas más barbaridades, en la cuestión de la pertenencia (siempre en términos de exclusión y de exclusividad) de la gente a una nación u a otra, y se pase por el forro el problema mayor: la falta de libertad real para muchos en el País vasco, así como lo duro que resulta soportar, día tras día, los ataques terroristas en el Estado español.
Diré para empezar que me considero valenciano -básicamente-, no soy castellano, vivo en Cataluña desde hace ... -ni se sabe-, y tengo pasaporte español –y votaré SI el domingo en el referéndum de la mal llamada Constitución Europea, aún a mi pesar-.
La pertenencia al Estado español me ha dado una riqueza cultural de la que de otro modo habría carecido. E incluso he asimilado, sin grandes traumas, gran parte de las raíces castellanas culturales impuestas en la escuela franquista -nada agradables, por cierto, y tremendamente represoras, pero por suerte aquello pasó-, así como algunos deseos colonialistas catalanes -que por el hecho de hablar la misma lengua que nosotros, los valencianos, se consideran con el derecho de eliminarnos del mapa y absorber todo lo bueno que tenemos. El siglo de oro de nuestra literatura es mayoritariamente valenciano, y eso, en su complejo de inferioridad respecto al nacionalismo castellano, es algo que no pueden superar, como tantas otras cosas. La última (que fue también de las primeras), pasa por reclamar la existencia de unos países catalanes, hasta Guardamar del Segura (al sur de Alicante), denegándonos al mismo tiempo el agua del Ebro argumentando “el agua catalana para los catalanes”, por lo que no tiene que pasar de la Cénia -aunque si llegará a Barcelona o permitirá construir campos de golf en el Delta sin que ello suponga mayor problema medioambiental.
Cuento todo este rollo para poner de manifiesto lo de perverso que tiene la utilización política de los sentimientos nacionalistas. El sentimiento nacionalista es inherente al ser humano, y exterioriza sus deseos pertenencia a un ‘grupo’. El nacionalismo 'político' es, sin embargo, un instrumento que puede ejercerse de forma integradora (y así nos va a los valencianos) o excluyente (como hacen unos pocos catalanes, en mayor medida algunos castellanos/españoles -que confunden el todo con la parte, casi siempre-, y muchos vascos -el que no esté a gusto aquí que se vaya..., y cosas por el estilo se leen en foros especializados en la materia-). El nacionalismo político puede ser uno u otro en apenas un zass/bang –véase, si no, el ejemplo yugoslavo-.
Me cuesta comprender,-y casi aceptar- que en pleno siglo XXI se sigan manteniendo discursos como si estuviéramos en la época de las cavernas, en discordancia con la situación actual de globalización económica, de eliminación de fronteras, físicas, administrativas y de movimiento de personas, y queramos todavía jugar a los castillos –fuera de mi castillo, tierra descubierta, jugábamos de pequeños-.
Pero lo que más me molesta, y os puedo asegurar que hasta me cabrea, es que se utilice esa dialéctica sinfín como mecanismo que permite justificar una actitud cínica, cobarde, victimista, chantajista, aprovechada y miserable: la de los nacionalistas vascos –sobre todo-.
Todavía recuerdo las múltiples manifestaciones a las que he tenido que acudir en ‘defensa’ de la dignidad del pueblo vasco –vascos sí, eta no, gritaba la muchedumbre al unísono-; defensa que se ve ‘recompensada’ con un ‘ponga la otra mejilla’, porque los vascos quieren reclamar –exigir a los demás- la aceptación de su propio ámbito de decisión. ¿Estábamos equivocados? ¿Nos engañaron? En cualquier caso, compruebo como nuestro esfuerzo por salvar su dignidad nos lo pagan con quejas, continuos desplantes y una irresponsabilidad que raya el ridículo.
Desde las instituciones vascas se nos ha pedido –a toda España, o al pueblo español, o a quien sea –¿al enemigo?- que se distinga bien, que no se intente mezclar a los etarras con los pobres vascos, víctimas ellos también de aquella barbarie. Y el pueblo español siempre estuvo al nivel que le correspondía, reclamando para esa parte del territorio común algo que nosotros ya disfrutábamos: la libertad y la tolerancia.
Sin embargo, veo que entre los vascos, ni el gobierno, ni muchos de los que viven en el País vasco –no sé si minoría o mayoría, nunca estuve allí, y si soy sincero, tampoco me muero de ganas por ir- saben estar a la altura de las circunstancias, y utilizan los sentimientos nacionalistas para conseguir únicamente mayores cuotas de poder de decisión; esto es, más dinero –si fuera otra cosa, reclamarían la independencia, que es a lo que todo pueblo/nación aspira-, sin avergonzarse por aprovechar en su beneficio propio el chantaje terrorista.
Oigo y leo también en muchos foros especializados utilizar en demasía el argumento ‘a mi también me entristece’ el terrorismo, seguido de ‘pero yo no tengo la culpa’. Creo que no se trata de echar la culpa a nadie –tampoco la tenemos el resto de españoles aunque lo padezcamos, ¿o es que muchos vascos siguen creyendo que sí, que el terrorismo existe por nosotros, y que somos culpables por ello?-.
Antes al contrario, se trata de buscar responsabilidades. Y es cierto que el máximo responsable es el que en última instancia aprieta el gatillo. Pero detrás de ellos hay muchas responsabilidades escondidas que quizá, el pueblo español, haría bien en empezar a reclamar –incluyo aquí también a sus representantes legítimos-.
-¿Qué han hecho los que han estado en el poder en las instituciones vascas para acabar con el terrorismo?
-¿Dónde están los miles de vascos y vascas que exigiendo y reclamando la capacidad EXCLUSIVA para decidir, el 'ámbito vasco de decisión', dan continuamente la callada por respuesta y miran para otra parte cuando se produce una barbarie terrorista?
Desgraciadamente, muchos vascos siguen siendo igual de irresponsables, y como a ellos no les afecta, pues ‘a quien san Juan se la dé, san Pedro se la bendiga’. Y desde aquí mi mayor consideración, admiración y reconocimiento a aquellos vascos que están en el lado opuesto, y que luchan día a día por conseguir una vida en libertad, democracia y plenas libertades, porque puedo imaginarme lo duro y arriesgado que debe de ser soportar sus condiciones.
Si los vascos reclaman su capacidad exclusiva para decidir deberían ser ellos los que se las tuvieran para con el terrorismo. Los españoles no hemos hecho NADA. NADA para recibir el trato tan inhumano y desconsiderado que recibimos de una parte –minúscula, pero parte- del pueblo vasco, al que en muchas ocasiones –muchos otros vascos- amparan de forma desvergonzada ¿Es el Estado español el que oprime a los vascos –a sangre y fuego, como muchos nacionalistas vascos afirman por esos foros de Dios- o son algunos vascos los que llevan tiempo oprimiendo al pueblo español?
Me parece miserable asimismo que los representantes vascos (supongo que secundados por parte de la sociedad vasca) intenten diferenciar entre los vascos y los terroristas, para justificar de ese modo que ese problema ‘no va con ellos’, o que ‘no pueden hacer nada, porque se encuentran sujetos a la política antiterrorista marcada por Madrid’. Y me gustaría que recordaran que los terroristas son vascos, se sienten sólo vascos y actúan –supuestamente- en defensa y en nombre de su pueblo. A mi me daría vergüenza, que alguien que actúe en nombre de mi pueblo llegara a manchar mi nombre de tal manera. Y por supuesto no lo consentiría bajo ninguna de las maneras. Me rebelaría. Y tendría claro contra quién debería utilizar mis esfuerzos políticos.
Señalar, como hacen muchos vascos, seguramente muchos de vosotros que leéis esto, si habéis consentido llegar hasta aquí –cosa que agradecería, al no considerarme suficientemente ‘intoxicado’; y sé que no puedo esperar contestación alguna a lo que digo: ¿no la tenéis?- que debéis protegerlos, porque son vuestros hermanos, que sufren la opresión española, me parece ridículo, trasnochado e infantil, si no es algo peor.
Si los vascos –los decentes y que nunca han roto un plato- exigen tener su propio ámbito vasco de decisión, que no carguen contra el resto del Estado sus tintas terroristas; que se maten entre ellos, que se pongan bombas entre ellos, o que se destroce, pero que dejen en paz a aquellos que no se inmiscuyen en su 'ámbito de decisión'.
Pero si nos ponéis a nosotros –a los españoles, y a los que no se sienten tan españoles en el seno de nuestro Estado común, demócrata y legítimo-, por medio, como lleváis tiempo haciendo, por un lado, matándonos, persiguiéndonos, haciéndonos la vida más difícil, y por otro reclamando piedad, misericordia, y SOBRE TODO más dinero, no pretendáis que nosotros no tomemos parte en vuestras decisiones. Exigirlo representa una demostración de cobarde cinismo.
Nosotros tenemos tanto a decidir en vuestras decisiones como vosotros mismos, dada vuestra manifiesta incapacidad para dirimir vuestros conflictos. Si no fuera por nosotros, los españoles, eta seguiría campando a sus anchas –quien sabe si matando ya a vuestros propios concejales, -recordar si no, “empezaron por los negros, pero como yo no era negro,... siguieron…”-. Si no fuera por nosotros, vosotros no tendríais unas instituciones autonómicas –borré lo de normalizadas, recordando los numerosos guardaespaldas y los pasamontañas que deben asegurarlas, y por respeto a quienes los llevan y a quienes representan- y unos niveles altos de autogobierno (por no querer, hasta os opusisteis a la Constitución, a pesar de ser los que más partido habéis sacado de la misma). Si el pueblo español no tuviera la cordura y la madurez que demuestra cada día –y la serenidad ante los continuos atentados y atropellos a nuestra convivencia por parte de vuestros hermanos, primos, amigos, vecinos, o lo que sea-, probablemente esto sería –otra vez- una batalla campal. Y vosotros, probablemente, seguiríais mirándoos el ombligo. A este paso, nosotros también tendremos que decidir por vosotros vuestra independencia, expulsándoos de nuestro marco de convivencia por hartazgo -¿será eso lo que pretendéis?-
Creáis el monstruo y después pretendéis cobrar por su desaparición –exigiéndonos, además, a nosotros, que seamos los que lo hagamos desaparecer, teniendo que cargar, por si fuera poco, con los muertos-.
Un poquito de por favor….
(A mi amiga Margarita, que sufrió las consecuencias de un coche bomba…)
Vicente siempre llega tarde
Son las tres y media. ¿Qué digo?¡ las seis menos cuarto¡ Y Vicente sin aparecer. Siempre se retrasa.
El bocadillo se va a echar a perder.
Vicente no es consciente de que la gente inteligente tiene como referente la puntualidad. A él le da igual. ¿Sorprendente? No, ¡qué va¡ Nunca mira atrás.
Vicente se entusiasma con cada soplo de vida, con cada instante de ilusión que golpea sus espaldas. Aprovecha la ocasión. Que es siempre.¡Qué suerte¡ ¡Y encima no entiende de envidias¡
Muchos mortales perdemos el sueño por los deseos de dormir bien; superamos nuestros continuos fracasos para quedar peor; anhelamos recuperar lo que dejamos otro día; intentamos ascender en el escalafón pisoteando al que nos pisoteó; compramos a precio de oro simples chapuzas, con la intención de venderlas cuál diamantes, y terminamos saldando barato lo que regateamos caro;
aspiramos a mejorar nuestra calidad de vida -chalet, vida en el campo, vida a todo tren-, y nos convertimos en simple engranaje de la cadena de acero, luces y muerte que une las ciudades con sus cercanías -cada vez más lejanas- durante el alba y el crepúsculo de cada día.
Vicente no. Siempre supo lo que quiso ser. Siempre fue lo que quiso. Vicente nunca se engañó a si mismo. O nunca llegó a tomar consciencia de que se estaba equivocando. Le daba igual. Por más que se le advirtiera, siempre tomaba el camino inadecuado. Al menos para los demás, para nosotros, que tanto le ayudábamos a nuestra manera.
En su mesa se amontonan los papeles. Su contestador no admite más llamadas con mensaje. Su secretaria no lo localiza. Los clientes traquetean el suelo con sus zapatos de cocodrilo. Nuestro jefe debería hablarle claro -¡el muy cabrón¡-
¿Por qué es tan descuidado? Nos va a costar la ruina. Debería ser más considerado.
¿Pero por qué se retrasa tanto?¿Acaso no sabemos qué hace Vicente?¿No le prestamos suficiente atención? ¿Tuvo que robar nuestro cariño? ¿Conocemos quién es Vicente, qué le interesa, por qué sufre? ¿ Por quién rie? ¿Juzgaremos en demasía a Vicente por lo que hizo, por lo que dejó de hacer, por lo que debía de haber hecho pero no insistimos bastante?¿Por qué no nos contesta? ¿Por qué no responde? Vicente está muerto. Pobre Vicente. Nunca llega en hora.
La carretera se lo llevó sin enteramos de que nos quería.
El bocadillo se va a echar a perder.
Vicente no es consciente de que la gente inteligente tiene como referente la puntualidad. A él le da igual. ¿Sorprendente? No, ¡qué va¡ Nunca mira atrás.
Vicente se entusiasma con cada soplo de vida, con cada instante de ilusión que golpea sus espaldas. Aprovecha la ocasión. Que es siempre.¡Qué suerte¡ ¡Y encima no entiende de envidias¡
Muchos mortales perdemos el sueño por los deseos de dormir bien; superamos nuestros continuos fracasos para quedar peor; anhelamos recuperar lo que dejamos otro día; intentamos ascender en el escalafón pisoteando al que nos pisoteó; compramos a precio de oro simples chapuzas, con la intención de venderlas cuál diamantes, y terminamos saldando barato lo que regateamos caro;
aspiramos a mejorar nuestra calidad de vida -chalet, vida en el campo, vida a todo tren-, y nos convertimos en simple engranaje de la cadena de acero, luces y muerte que une las ciudades con sus cercanías -cada vez más lejanas- durante el alba y el crepúsculo de cada día.
Vicente no. Siempre supo lo que quiso ser. Siempre fue lo que quiso. Vicente nunca se engañó a si mismo. O nunca llegó a tomar consciencia de que se estaba equivocando. Le daba igual. Por más que se le advirtiera, siempre tomaba el camino inadecuado. Al menos para los demás, para nosotros, que tanto le ayudábamos a nuestra manera.
En su mesa se amontonan los papeles. Su contestador no admite más llamadas con mensaje. Su secretaria no lo localiza. Los clientes traquetean el suelo con sus zapatos de cocodrilo. Nuestro jefe debería hablarle claro -¡el muy cabrón¡-
¿Por qué es tan descuidado? Nos va a costar la ruina. Debería ser más considerado.
¿Pero por qué se retrasa tanto?¿Acaso no sabemos qué hace Vicente?¿No le prestamos suficiente atención? ¿Tuvo que robar nuestro cariño? ¿Conocemos quién es Vicente, qué le interesa, por qué sufre? ¿ Por quién rie? ¿Juzgaremos en demasía a Vicente por lo que hizo, por lo que dejó de hacer, por lo que debía de haber hecho pero no insistimos bastante?¿Por qué no nos contesta? ¿Por qué no responde? Vicente está muerto. Pobre Vicente. Nunca llega en hora.
La carretera se lo llevó sin enteramos de que nos quería.
Otro día hablaremos de sexo.... y del gobierno
Para contrariar la contra-corriente y seguir la moda, más que nada.
Se aceptan propuestas.
Se aceptan propuestas.
Es de noche
Es de noche. La luz es ténue. Mis ojos apenas parpadean. El reloj recuerda que queda poco para el nuevo día. Apenas unas vueltas. De repente ha desaparecido mi inspiración. Hoy no se qué escribir. Me encanta leer. Me paso horas y horas leyendo vuestros blogs. Me considero afortunado. Comparto. Aprendo, Siento. Disfruto. Lamento. Estoy vivo. Y despierto. Maldito sueño que nunca llega...
No celebré san valentín. Como tampoco celebré la onomástica de ayer. Ni la de anteayer. Yo para eso del santoral soy pésimo. Y para los convencionalismos también. Encajo mal en las navidades, en los dias de la madre, del padre, del hijo y del espíritu santo. Si hubiera mucha gente como yo el Corte Inglés sería un simple taller de confección de trajes a medida.
Me gusta ir a contracorriente. Influencia holandesa, supongo. Allí descubrí su amor por la modernidad, por el inventar cosas nuevas, por intentar ser diferente, por llevar siempre la contraria. Y me rebelé. Para acabar siendo como ellos (o eso me gustaria...). Por suerte no me contagié de su envidia (aunque dime de lo que presumes...). Es su deporte nacional. O su interés por la 'pela'. A su lado, los catalanes, puros aprendices. Claro que los vascos y su 'cupo'... Uy, que esto empieza a parecer el debate sobre el estado de las autonomías.
Y yo con estos pelos. Y el reloj que pasa, despacio, en busca del mismo punto de origen. Nunca entendí las carreras de atletismo. Correr tanto para llegar al mismo sitio. Al menos los profesionales se ganan la vida con ello. Solo salvaría a la 'maratón'. Aunque para anunciar una guerra, mejor nos quedamos en casa. Para eso ya tenemos la caja tonta (como los amantes de teruel, tonta ella, tonto el y más tontos los que los van a ver).Qué de desastres.Siempre igual. Parecemos el reloj. Como si necesitaramos encontranos puntualmente con nuestras propias miserias. Dia a día. Volviendo a nuestro origen. Como simples bestias del paraiso.
Me voy a soñar con los angelitos (y con algún demonio que me amenice la noche, me espante a las ovejas y me permita echar unas horas de sueño antes de la monotonía diaria).
Un beso.
No celebré san valentín. Como tampoco celebré la onomástica de ayer. Ni la de anteayer. Yo para eso del santoral soy pésimo. Y para los convencionalismos también. Encajo mal en las navidades, en los dias de la madre, del padre, del hijo y del espíritu santo. Si hubiera mucha gente como yo el Corte Inglés sería un simple taller de confección de trajes a medida.
Me gusta ir a contracorriente. Influencia holandesa, supongo. Allí descubrí su amor por la modernidad, por el inventar cosas nuevas, por intentar ser diferente, por llevar siempre la contraria. Y me rebelé. Para acabar siendo como ellos (o eso me gustaria...). Por suerte no me contagié de su envidia (aunque dime de lo que presumes...). Es su deporte nacional. O su interés por la 'pela'. A su lado, los catalanes, puros aprendices. Claro que los vascos y su 'cupo'... Uy, que esto empieza a parecer el debate sobre el estado de las autonomías.
Y yo con estos pelos. Y el reloj que pasa, despacio, en busca del mismo punto de origen. Nunca entendí las carreras de atletismo. Correr tanto para llegar al mismo sitio. Al menos los profesionales se ganan la vida con ello. Solo salvaría a la 'maratón'. Aunque para anunciar una guerra, mejor nos quedamos en casa. Para eso ya tenemos la caja tonta (como los amantes de teruel, tonta ella, tonto el y más tontos los que los van a ver).Qué de desastres.Siempre igual. Parecemos el reloj. Como si necesitaramos encontranos puntualmente con nuestras propias miserias. Dia a día. Volviendo a nuestro origen. Como simples bestias del paraiso.
Me voy a soñar con los angelitos (y con algún demonio que me amenice la noche, me espante a las ovejas y me permita echar unas horas de sueño antes de la monotonía diaria).
Un beso.
Saint Valentine's day
He comeido muchas locuras por amor, pero más he cometido por desamor; por amor he reido, y por amor casi morí -me mataron-. ¿que seriamos sin el amor? puro y simple polvo (y paja).
A mi ordenador
Mi querido ordenador,
Recién recibí órdenes de tí para adentrarme en la búsqueda de una palabra que apenas conocía antes: el blog. Media hora ha pasado desde que mi guguel me torpedeara con miles de vínculos y noticias sobre tu existencia. Acabo de crearte. Y todavia no se cómo eres, ni cuál será tu destino en la vida, ni el color de tus ojos cuando los abras. Pero mi complicidad contigo corre paralela a mis deseos por susurrarte al oído mis pensamientos, por verte crecer mientras yo envejezco, a solas, junto a la luminosa luz de tu pantalla.
Siempre quise tenerte, sin darme cuenta.
Allá donde fui para encontrarme a mi mismo, me perseguías. Pero no te supe encontrar. Y hoy, casi por casualidad, como sin esperarlo, me preparo para verte nacer, crecer, quién sabe si reproducir, y rezaré para no verte morir.
Mi estómago revolotea de miedo y de esperanza. Sus ácidos corrosivos amenazaban con su extinción. Sabe que tú puedes ser su antídoto, su salvación. Desde el mismo instante en que descubrió tu esencia se agarró a ti. Gracias por darle la luz.
Recién recibí órdenes de tí para adentrarme en la búsqueda de una palabra que apenas conocía antes: el blog. Media hora ha pasado desde que mi guguel me torpedeara con miles de vínculos y noticias sobre tu existencia. Acabo de crearte. Y todavia no se cómo eres, ni cuál será tu destino en la vida, ni el color de tus ojos cuando los abras. Pero mi complicidad contigo corre paralela a mis deseos por susurrarte al oído mis pensamientos, por verte crecer mientras yo envejezco, a solas, junto a la luminosa luz de tu pantalla.
Siempre quise tenerte, sin darme cuenta.
Allá donde fui para encontrarme a mi mismo, me perseguías. Pero no te supe encontrar. Y hoy, casi por casualidad, como sin esperarlo, me preparo para verte nacer, crecer, quién sabe si reproducir, y rezaré para no verte morir.
Mi estómago revolotea de miedo y de esperanza. Sus ácidos corrosivos amenazaban con su extinción. Sabe que tú puedes ser su antídoto, su salvación. Desde el mismo instante en que descubrió tu esencia se agarró a ti. Gracias por darle la luz.





