Cielo de globos blancos
Alcé la mirada hacia el cielo
Y vi como se alzaban aquellos globos blancos
Mientras recordaba a los que se fueron con el humo,la explosión y los hierros
Y a los que se quedaron con las pesadillas, el dolor y el desconsuelo.
Y vi como se alzaban aquellos globos blancos
Mientras recordaba a los que se fueron con el humo,la explosión y los hierros
Y a los que se quedaron con las pesadillas, el dolor y el desconsuelo.
Cruzadas mentales
El sábado por la noche asistimos a la boda de unos amigos de Lola. Nada reseñable si no fuera por la petición que recibimos a la salida de la celebración religiosa.
Dos mujeres bien perifolladas –casi tanto, que no parecían de ‘nuestra’ boda- nos pidieron, amablemente, que firmáramos en un manifiesto a favor de la decencia y la recuperación de los valores morales de nuestra sociedad. En la mesa de operaciones se había formado una cola considerable de gente que –por no hacer un feo a los novios, entre otras cosas- decidían sumarse a dicha manifestación espontánea de defensa de nuestros valores. Otros, sin embargo, miraban de reojo y casi con sorpresa dicha intromisión en una celebración ajena a sus pretensiones, aunque por educación nadie mostraba su indignación.
Como fui de los pocos que osé preguntar para qué se recogían esas firmas, y porqué precisamente en aquel momento y situación, hallé el verdadero propósito de la petición; me solicitaban mi adhesión para ‘impedir’ a los homosexuales la posibilidad de contraer matrimonio y, sobre todo, para preservar nuestra sociedad de una ‘hecatombe’ si la ley llega a reconocerles la posibilidad de adoptar.
- ¡¡Piense usted en lo que van a sufrir esos niños cuando vayan al colegio¡¡ ¿Qué les dirán sus compañeros? ¿Por qué tenemos que hacerles pasar por ese rechazo seguro?
Eso mismo pienso yo. No pude resistirme. Con la mayor educación les indiqué que, si esa era su preocupación, deberían recoger firmas para concienciar a la gente para que no transmitieran a los niños ese rechazo y que probablemente debieran predicar con el ejemplo retirando aquél chiringuito de vergüenza. Eran ellas las que promovían el rechazo a esos niños, y no el hecho de que pudieran tener dos padres o dos madres.
-Que desfachatez¡¡¡ Pues si que estamos desfasadas¡¡¡ ¿Se creerá usted muy moderno obligando a un niño que no pueda decir ‘mamá’? (entonces comprendí que, principalmente, la protesta se dirigía contra los hombres homosexuales).
-Perdonen ustedes, les interrumpí. Las personas homosexuales YA pueden adoptar, bien solas bien en pareja, y ya pueden casarse. Lo único que pretende facilitarse ahora es que puedan hacerlo con personas de su mismo sexo que, por otra parte, son por las que sienten atracción y con las que desean llevar una vida de pareja y así normalmente lo hacen ya.
-¡¡¡La Iglesia no puede tolerarlo¡¡¡
-Pues entonces, deberían reclamar ustedes a la Iglesia que fuera más tolerante, y no a nosotros que nos uniéramos en su cruzada tan poco respetuosa con los sentimientos de las personas y con su vida íntima y sexual.
Lola me agarró del brazo. Comprendí que aunque nuestra conversación había sido breve, había despertado un inusitado interés entre los invitados que, curiosos, ponían oreja y ojos para no perder detalle, aprovechando que, como de costumbre, los novios se retrasaban más de la cuenta en la interminable sesión de fotos ‘oficiales’ de la parroquia. Intenté alejarme de la mesa y empecé a preparar una frase de despedida, cuando en aparente tono conciliador me respondió una de las distinguidas señoras.
-Mire usted, yo respeto y comprendo profundamente a ‘esas’ personas, pero lo que es ‘normal’ es ‘normal’. Y usted me reconocerá, que no es muy ‘normal’ que un niño tenga dos papás, y que además estos pretendan besarse en público como si tal cosa.
Decidí no insistir. Estaban cruzadas de mente y no estaban dispuestas –ni preparadas- para aceptar cualquier posición contraria a la suya. De repente pensé en los hijos y las hijas de aquellas distinguidas damas y deseé para mis adentros que no tuvieran que sufrir la cruzada en su propia casa.
Dos mujeres bien perifolladas –casi tanto, que no parecían de ‘nuestra’ boda- nos pidieron, amablemente, que firmáramos en un manifiesto a favor de la decencia y la recuperación de los valores morales de nuestra sociedad. En la mesa de operaciones se había formado una cola considerable de gente que –por no hacer un feo a los novios, entre otras cosas- decidían sumarse a dicha manifestación espontánea de defensa de nuestros valores. Otros, sin embargo, miraban de reojo y casi con sorpresa dicha intromisión en una celebración ajena a sus pretensiones, aunque por educación nadie mostraba su indignación.
Como fui de los pocos que osé preguntar para qué se recogían esas firmas, y porqué precisamente en aquel momento y situación, hallé el verdadero propósito de la petición; me solicitaban mi adhesión para ‘impedir’ a los homosexuales la posibilidad de contraer matrimonio y, sobre todo, para preservar nuestra sociedad de una ‘hecatombe’ si la ley llega a reconocerles la posibilidad de adoptar.
- ¡¡Piense usted en lo que van a sufrir esos niños cuando vayan al colegio¡¡ ¿Qué les dirán sus compañeros? ¿Por qué tenemos que hacerles pasar por ese rechazo seguro?
Eso mismo pienso yo. No pude resistirme. Con la mayor educación les indiqué que, si esa era su preocupación, deberían recoger firmas para concienciar a la gente para que no transmitieran a los niños ese rechazo y que probablemente debieran predicar con el ejemplo retirando aquél chiringuito de vergüenza. Eran ellas las que promovían el rechazo a esos niños, y no el hecho de que pudieran tener dos padres o dos madres.
-Que desfachatez¡¡¡ Pues si que estamos desfasadas¡¡¡ ¿Se creerá usted muy moderno obligando a un niño que no pueda decir ‘mamá’? (entonces comprendí que, principalmente, la protesta se dirigía contra los hombres homosexuales).
-Perdonen ustedes, les interrumpí. Las personas homosexuales YA pueden adoptar, bien solas bien en pareja, y ya pueden casarse. Lo único que pretende facilitarse ahora es que puedan hacerlo con personas de su mismo sexo que, por otra parte, son por las que sienten atracción y con las que desean llevar una vida de pareja y así normalmente lo hacen ya.
-¡¡¡La Iglesia no puede tolerarlo¡¡¡
-Pues entonces, deberían reclamar ustedes a la Iglesia que fuera más tolerante, y no a nosotros que nos uniéramos en su cruzada tan poco respetuosa con los sentimientos de las personas y con su vida íntima y sexual.
Lola me agarró del brazo. Comprendí que aunque nuestra conversación había sido breve, había despertado un inusitado interés entre los invitados que, curiosos, ponían oreja y ojos para no perder detalle, aprovechando que, como de costumbre, los novios se retrasaban más de la cuenta en la interminable sesión de fotos ‘oficiales’ de la parroquia. Intenté alejarme de la mesa y empecé a preparar una frase de despedida, cuando en aparente tono conciliador me respondió una de las distinguidas señoras.
-Mire usted, yo respeto y comprendo profundamente a ‘esas’ personas, pero lo que es ‘normal’ es ‘normal’. Y usted me reconocerá, que no es muy ‘normal’ que un niño tenga dos papás, y que además estos pretendan besarse en público como si tal cosa.
Decidí no insistir. Estaban cruzadas de mente y no estaban dispuestas –ni preparadas- para aceptar cualquier posición contraria a la suya. De repente pensé en los hijos y las hijas de aquellas distinguidas damas y deseé para mis adentros que no tuvieran que sufrir la cruzada en su propia casa.
caída libre
Plofffffffff¡
Se me cayó la semana entre los dedos.
El fin de semana llegó
¡¡¡¡¡y yo con estos pelos¡¡¡¡
Se me cayó la semana entre los dedos.
El fin de semana llegó
¡¡¡¡¡y yo con estos pelos¡¡¡¡
Ataduras visuales
Desde la ventana de mi trabajo
se ve el mundo
allá abajo del precipicio,
y al fondo,
limitándolo,
se ve el mar.
Desde mi casa,
hacia el infinito,
se divisa la ventana de mi trabajo,
omnipresente,
y en mitad
la ciudad, el vértigo y la soledad.
se ve el mundo
allá abajo del precipicio,
y al fondo,
limitándolo,
se ve el mar.
Desde mi casa,
hacia el infinito,
se divisa la ventana de mi trabajo,
omnipresente,
y en mitad
la ciudad, el vértigo y la soledad.
Romper la cadena
Las suegras deberían comprender,
algún día,
que sus nueras
no merecen el trato que a ellas les infligieron.
algún día,
que sus nueras
no merecen el trato que a ellas les infligieron.
Ilusión onírica
Anoche soñé
que desaparecía de mi mundo,
y esta mañana, al despertar,
casi lo consigo.
(la realidad cambiada por la nieve)
que desaparecía de mi mundo,
y esta mañana, al despertar,
casi lo consigo.
(la realidad cambiada por la nieve)





