Simulacros en (la) familia
Lo peor de la vuelta del hospital tras la paternidad es que de repente tu casa se torna el ‘Camarote de los Hermanos Marx’ en versión actualizada y sin subtítulos. Aparecen familiares, amigos, vecinos, conocidos y no tan conocidos por debajo de las piedras, por arte de birlibirloque, que parecen apostar a ver quién llega a la hora más intempestiva, quién hace la visita más inoportuna, y quién puede llevarse el record de visita más larga e inapropiada. Y no lo digo por mí, sino por mi mujer, que todavía se encuentra convaleciente de la cesárea y sobre todo por mi hijo, que a este paso va a ganarse el cielo –si es que existe- antes de hora, y lo vamos a convertir en un inadaptado antes de lo que toca.
¿Creerá la gente que tenemos un mono de feria? ¿Pues no decidimos que si el niño estaba descansando no íbamos a molestarlo?
¡Ah¡, pero no. ¿Cómo no vamos a enseñárselo a la tía Remigia, que vino adrede desde Alpedrete? ¿Y qué me dices de mis ‘queridísimas’ cuñadas, que se empeñan en cogerlo, –despertándolo, obviamente-, azuzarlo, sopesarlo, vapulearlo, y pasárselo cual pelota de básquet –sin botarla, de momento-, para ver si pesa más que sus sobrinos Pablo, Esteban o Julián. Y no, no. Es más pequeño. A este niño tenéis que alimentarlo bien. Porque si no, se os va a echar a perder. ¿Pero cómo os atrevéis a usar el termómetro rectal? Pues el pediatra al que vais no es nada recomendable. El cordón umbilical no se lo estás curando bien, puedes causarle una infección. No lo bañes así que te cogerá otitis. Cuidado con doblarle demasiado la cabeza, que es demasiado frágil. No, no te preocupes, que los niños son de goma. Y esos bodis que usáis le producen escozores y hematomas al niño. Míralo como llora.
Claro que llora, ¿cómo no va a llorar? Si sois unas pesadas que no dejáis de chillarle al niño, y de momento, que se sepa, no es sordo, aunque claro, a ver qué tímpanos resisten esta algarabía.
Confieso que puedo comprender cómo debían sentirse los reyes destronados tras una revuelta. Claro que a mi no me han dejado ni tan siquiera la opción de exiliarme.
A pesar de haber preparado minuciosamente todas las cosas de casa para hacerme cargo de la situación a la vuelta –sabíamos que Lola tendría una cesárea, pues el parto fue programado-, al regresar a nuestro hogar -¿puedo utilizar todavía este posesivo?- el corazón me dio un vuelco, y si no es porque debo atender a mi mujer y mi hijo hubiera regresado al hospital para que me lo revisaran.
Mi madre y mi suegra se habían instalado en sendas trincheras y habían transformado nuestro piso en un auténtico campo de batalla, lleno de maletas y muebles y utensilios esparcidos por donde no tocaba, donde resultaba imposible encontrar una cazuela en su armario habitual, o las pastillas de avecrem en el cubículo correspondiente del frigorífico. ¿Por qué se nos ocurriría comprar un piso tan espacioso? ¿De quién fue la brillante idea de que podían venir unos días a ayudarnos? (ahora que recuerdo, no fue idea de nadie, se presentaron ellas voluntarias al casting y se declararon seleccionadas sin necesidad de fase previa).
Una casa con varias mujeres al frente es como un barco sin rumbo, casi a la deriva, por exceso de capitanes.
Por ejemplo. Para comer vamos a preparar un poco de pollo (mi madre). No, que hay canelones preparados en la nevera (contesta mi mujer). ¿Cómo vamos a gastar los canelones? Ahora mismo preparo un puchero (mi suegra). Tranquilas, no os preocupéis por nada, en un momento tengo unos espaguetis listos (yo). ¿Pero cómo vas a ponerte TU en la cocina, estando las mujeres de la casa? (mi suegro, en su línea habitual, no se si por convencimiento ideológico o por abatimiento experimentado). Me veo a todos en el bar de enfrente a las 3 de la tarde, o en comisaría si mi madre y mi suegra no llegan a un consenso: mejor no meter baza, porque seguro salgo trasquilado. Mi mujer intentó poner paz desde la cama y ni caso. Cada una erre que erre. Que si el pollo es más nutritivo, que si el puchero tiene más vitaminas.
¿Qué más dará?
SOS: Necesitamos un diplomático de solvencia en la mediación. De repente, recuerdo las noticias de la 2 y el plan de ruta americano para el conflicto palestino. Propongo: ¿y si preparamos pollo para comer que se hace antes, y el puchero para la noche, y así dejamos tiempo para que tome sabor?
Silencio.
¿Venceré?
Ah no¡ Mi gozo en un pozo¡, ¿Para qué tenemos la olla a presión que nos regaló mi suegra hace dos navidades? Si con la olla a presión el puchero se prepara en 20 minutos¡¡¡ ¿Es que no la utilizáis?
Desisto. Prefiero ahorrar fuerzas para la discusión de después de comer: ¿quién lavará los platos? (doy por supuesto que el lavavajillas, ‘con las mujeres en casa’, no va a utilizarse; evidentemente, porque no querrá ninguna de ellas; utilizaremos la vajilla mala por si acaso…si es que consienten).
Me voy a mimar a mi mujer y a hacerle carantoñas a mi hijo, hoy que está tranquilo y sin tías alrededor.
Confieso no estar preparado para afrontar la situación con la calma y serenidad debidas. Debieran existir simulacros prematrimoniales que te advirtieran del peligro.
¿Creerá la gente que tenemos un mono de feria? ¿Pues no decidimos que si el niño estaba descansando no íbamos a molestarlo?
¡Ah¡, pero no. ¿Cómo no vamos a enseñárselo a la tía Remigia, que vino adrede desde Alpedrete? ¿Y qué me dices de mis ‘queridísimas’ cuñadas, que se empeñan en cogerlo, –despertándolo, obviamente-, azuzarlo, sopesarlo, vapulearlo, y pasárselo cual pelota de básquet –sin botarla, de momento-, para ver si pesa más que sus sobrinos Pablo, Esteban o Julián. Y no, no. Es más pequeño. A este niño tenéis que alimentarlo bien. Porque si no, se os va a echar a perder. ¿Pero cómo os atrevéis a usar el termómetro rectal? Pues el pediatra al que vais no es nada recomendable. El cordón umbilical no se lo estás curando bien, puedes causarle una infección. No lo bañes así que te cogerá otitis. Cuidado con doblarle demasiado la cabeza, que es demasiado frágil. No, no te preocupes, que los niños son de goma. Y esos bodis que usáis le producen escozores y hematomas al niño. Míralo como llora.
Claro que llora, ¿cómo no va a llorar? Si sois unas pesadas que no dejáis de chillarle al niño, y de momento, que se sepa, no es sordo, aunque claro, a ver qué tímpanos resisten esta algarabía.
Confieso que puedo comprender cómo debían sentirse los reyes destronados tras una revuelta. Claro que a mi no me han dejado ni tan siquiera la opción de exiliarme.
A pesar de haber preparado minuciosamente todas las cosas de casa para hacerme cargo de la situación a la vuelta –sabíamos que Lola tendría una cesárea, pues el parto fue programado-, al regresar a nuestro hogar -¿puedo utilizar todavía este posesivo?- el corazón me dio un vuelco, y si no es porque debo atender a mi mujer y mi hijo hubiera regresado al hospital para que me lo revisaran.
Mi madre y mi suegra se habían instalado en sendas trincheras y habían transformado nuestro piso en un auténtico campo de batalla, lleno de maletas y muebles y utensilios esparcidos por donde no tocaba, donde resultaba imposible encontrar una cazuela en su armario habitual, o las pastillas de avecrem en el cubículo correspondiente del frigorífico. ¿Por qué se nos ocurriría comprar un piso tan espacioso? ¿De quién fue la brillante idea de que podían venir unos días a ayudarnos? (ahora que recuerdo, no fue idea de nadie, se presentaron ellas voluntarias al casting y se declararon seleccionadas sin necesidad de fase previa).
Una casa con varias mujeres al frente es como un barco sin rumbo, casi a la deriva, por exceso de capitanes.
Por ejemplo. Para comer vamos a preparar un poco de pollo (mi madre). No, que hay canelones preparados en la nevera (contesta mi mujer). ¿Cómo vamos a gastar los canelones? Ahora mismo preparo un puchero (mi suegra). Tranquilas, no os preocupéis por nada, en un momento tengo unos espaguetis listos (yo). ¿Pero cómo vas a ponerte TU en la cocina, estando las mujeres de la casa? (mi suegro, en su línea habitual, no se si por convencimiento ideológico o por abatimiento experimentado). Me veo a todos en el bar de enfrente a las 3 de la tarde, o en comisaría si mi madre y mi suegra no llegan a un consenso: mejor no meter baza, porque seguro salgo trasquilado. Mi mujer intentó poner paz desde la cama y ni caso. Cada una erre que erre. Que si el pollo es más nutritivo, que si el puchero tiene más vitaminas.
¿Qué más dará?
SOS: Necesitamos un diplomático de solvencia en la mediación. De repente, recuerdo las noticias de la 2 y el plan de ruta americano para el conflicto palestino. Propongo: ¿y si preparamos pollo para comer que se hace antes, y el puchero para la noche, y así dejamos tiempo para que tome sabor?
Silencio.
¿Venceré?
Ah no¡ Mi gozo en un pozo¡, ¿Para qué tenemos la olla a presión que nos regaló mi suegra hace dos navidades? Si con la olla a presión el puchero se prepara en 20 minutos¡¡¡ ¿Es que no la utilizáis?
Desisto. Prefiero ahorrar fuerzas para la discusión de después de comer: ¿quién lavará los platos? (doy por supuesto que el lavavajillas, ‘con las mujeres en casa’, no va a utilizarse; evidentemente, porque no querrá ninguna de ellas; utilizaremos la vajilla mala por si acaso…si es que consienten).
Me voy a mimar a mi mujer y a hacerle carantoñas a mi hijo, hoy que está tranquilo y sin tías alrededor.
Confieso no estar preparado para afrontar la situación con la calma y serenidad debidas. Debieran existir simulacros prematrimoniales que te advirtieran del peligro.
Comentario:
esque los niño debian venir con libro de isntrucciones no? jaja!! no te agobies y disfruta mas del momento, si en el fondo eres feliz ahora que le tienes!!
jeje disfruta ahora que es peke, que los adolescentes damos muchos problemas...
jeje disfruta ahora que es peke, que los adolescentes damos muchos problemas...
Comentario:
Ups vaya caos...lo que menos necesitan ahora es tanto alboroto!
En verdad que esta complicado la situacion...Calma respira profundo y disfruta a Lola y al pequeño!!
Un beso en la punta de la nariz!
En verdad que esta complicado la situacion...Calma respira profundo y disfruta a Lola y al pequeño!!
Un beso en la punta de la nariz!





