los ensueños
Mar adentro, mar adentro
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
*no lo he escrito yo... pero me encanta este poema.

y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
*no lo he escrito yo... pero me encanta este poema.
acuarelas de ilusión
Tarde de agosto, nada que hacer. Las agujas del reloj giran sin cesar alrededor de 12 insignificantes números, enjauladas entre paredes circulares de las que jamás podrán salir. Yo, apalancada en algún rincón de casa, oigo pasar el tiempo con música de fondo, sin ganas de hacer poca cosa más que refugiarme en mi mundo y volar. 
En un abrir y cerrar de ojos, me he plantado en el bosque de caperucita y no sé porqué razón, me han entrado ganas de subir en mi nave del tiempo y aterrizar en uno de esos sueños surrealistas que pinté cuando me dio la vena de artista. Supongo que el calor despierta mi nostalgia.
Ya no recordaba lo divertido que era dibujar un sueño. Mi galería tiene poca variedad de cuadros, bueno, mejor dicho, sólo tiene uno pero con mil y una versiones, eso sí, todas pintadas con las acuarelas de la misma ilusión. Se trata de uno de los mejores paisajes de mis sueños: En el océano de la esperanza, un pez escupe olas del color del cielo que, poco a poco, van llegando a la orilla de una playa desierta siguiendo el compás de la brisa que surge de tus ojos al parpadear. Y una alfombra de cabellos negros, que nacen de cada uno de los millones de granos de arena, se hunde en el mar enredándose con el agua hasta formar un espiral inmenso de nudos. En el cielo, hay un pájaro tomando el sol en un antifaz de nubes donde se esconde tu mirada. Todavía recuerdo lo que me costó hacer la mezcla de pinturas para encontrar el matiz perfecto de tus pupilas. Las sombras de la luna se pelean con el sol para ganar el cielo, mientras el horizonte, de parte de la noche, aspira los últimos rayos de luz que le dan calor a tu voz. Y allí al fondo, tus labios diluyéndose con mis deseos, deseos de perder la noción del tiempo y naufragar en tu mundo.
Hacía demasiado tiempo que no venía a pasear por aquí. Quizás porque durante una época quise olvidar todo esto, o porque he estado ocupada en hacer otras cosas igual de absurdas que esta. Pero la verdad es que, en todo lo que intento hacer, y sea de la manera que sea, siempre está presente tu paisaje. En fin, creo que ya va siendo hora de tomar el camino de vuelta al bosque para hacer transbordo y subir a la realidad, porque presiento que la aburrida tarde de agosto se ha acabado por convertir en noche.

En un abrir y cerrar de ojos, me he plantado en el bosque de caperucita y no sé porqué razón, me han entrado ganas de subir en mi nave del tiempo y aterrizar en uno de esos sueños surrealistas que pinté cuando me dio la vena de artista. Supongo que el calor despierta mi nostalgia.
Ya no recordaba lo divertido que era dibujar un sueño. Mi galería tiene poca variedad de cuadros, bueno, mejor dicho, sólo tiene uno pero con mil y una versiones, eso sí, todas pintadas con las acuarelas de la misma ilusión. Se trata de uno de los mejores paisajes de mis sueños: En el océano de la esperanza, un pez escupe olas del color del cielo que, poco a poco, van llegando a la orilla de una playa desierta siguiendo el compás de la brisa que surge de tus ojos al parpadear. Y una alfombra de cabellos negros, que nacen de cada uno de los millones de granos de arena, se hunde en el mar enredándose con el agua hasta formar un espiral inmenso de nudos. En el cielo, hay un pájaro tomando el sol en un antifaz de nubes donde se esconde tu mirada. Todavía recuerdo lo que me costó hacer la mezcla de pinturas para encontrar el matiz perfecto de tus pupilas. Las sombras de la luna se pelean con el sol para ganar el cielo, mientras el horizonte, de parte de la noche, aspira los últimos rayos de luz que le dan calor a tu voz. Y allí al fondo, tus labios diluyéndose con mis deseos, deseos de perder la noción del tiempo y naufragar en tu mundo.
Hacía demasiado tiempo que no venía a pasear por aquí. Quizás porque durante una época quise olvidar todo esto, o porque he estado ocupada en hacer otras cosas igual de absurdas que esta. Pero la verdad es que, en todo lo que intento hacer, y sea de la manera que sea, siempre está presente tu paisaje. En fin, creo que ya va siendo hora de tomar el camino de vuelta al bosque para hacer transbordo y subir a la realidad, porque presiento que la aburrida tarde de agosto se ha acabado por convertir en noche.
in_somnio
Después de descubrir que ni el libro ni el autor tienen la culpa de que mis ojos no sepan ver nada más que tu nombre entre línea y línea, he encerrado todas las palabras entre las tapas medio grises que llevan escrito "la sombra del viento" y las he dejado en la estantería que hace de tejado para las fotos de la pared.
Otra noche más tumbada en la cama, con las pupilas clavadas en esta oscuridad, a la espera de que el sueño gane la batalla contra los grados centígrados y la orquestina que, como de costumbre, me deleita con un maravilloso dueto de ladridos (que ha empezado el perro del vecino y poco a poco se han ido multiplicando con los de todo el vecindario hasta formar un canon casi perfecto) y zumbido de mosquitos (que parece que este año han encontrado en mi habitación un aeropuerto ideal para sobrevolar a todas horas).
A pesar de todo, para mí, el insomnio es uno de los mejores momentos para pensar, para hacer reflexiones estúpidas, para soltar la imaginación y para que te invadan mil y un recuerdos que, según como estés de ánimo, te pueden hacer llorar con facilidad; es decir, uno de los mejores momentos para pasear por el bosque de tu mente.
Esta noche, dando el paseo ya casi rutinario, me he quedado estancada en el lago de la memoria y he tenido una larga conversación con la luna.
¿No has deseado nunca arrancar a las personas de una foto, o de un simple recuerdo, para abrazarlas con todas tus fuerzas y no soltarlas jamás? A mi últimamente me pasa muy a menudo… supongo que tener la pared forrada de fotos y padecer insomnio veraniego ayuda bastante.
Se me está pasando por la cabeza que sólo tengo 16 años y un montón de recuerdos sin los que no sabría vivir, y no paro de preguntarme si de aquí unos años tendré el suficiente espacio para guardarlos todos sin tener que olvidar alguno para hacerle espacio a otro. Vaya paranoia, creo que la sangre empieza a ralentizar el riego de mi cerebro, esto quiere decir que por fin el sueño ha ganado la batalla. Hoy no ha sido excesivamente larga…
Otra noche más tumbada en la cama, con las pupilas clavadas en esta oscuridad, a la espera de que el sueño gane la batalla contra los grados centígrados y la orquestina que, como de costumbre, me deleita con un maravilloso dueto de ladridos (que ha empezado el perro del vecino y poco a poco se han ido multiplicando con los de todo el vecindario hasta formar un canon casi perfecto) y zumbido de mosquitos (que parece que este año han encontrado en mi habitación un aeropuerto ideal para sobrevolar a todas horas).
A pesar de todo, para mí, el insomnio es uno de los mejores momentos para pensar, para hacer reflexiones estúpidas, para soltar la imaginación y para que te invadan mil y un recuerdos que, según como estés de ánimo, te pueden hacer llorar con facilidad; es decir, uno de los mejores momentos para pasear por el bosque de tu mente.
Esta noche, dando el paseo ya casi rutinario, me he quedado estancada en el lago de la memoria y he tenido una larga conversación con la luna.
¿No has deseado nunca arrancar a las personas de una foto, o de un simple recuerdo, para abrazarlas con todas tus fuerzas y no soltarlas jamás? A mi últimamente me pasa muy a menudo… supongo que tener la pared forrada de fotos y padecer insomnio veraniego ayuda bastante. Se me está pasando por la cabeza que sólo tengo 16 años y un montón de recuerdos sin los que no sabría vivir, y no paro de preguntarme si de aquí unos años tendré el suficiente espacio para guardarlos todos sin tener que olvidar alguno para hacerle espacio a otro. Vaya paranoia, creo que la sangre empieza a ralentizar el riego de mi cerebro, esto quiere decir que por fin el sueño ha ganado la batalla. Hoy no ha sido excesivamente larga…
in_existencia
Me despierto con la sensación de que soy algo insignificante, de que el mundo se ha olvidado de mí. Me incorporo y me doy cuenta de que tengo la mente vacía. Pongo los pies en el suelo y siento como el frío de las baldosas recorre todo mi cuerpo. Me quedo plantada delante del espejo de mi habitación pero por más que lo intento, no consigo ver nada ni nadie reflejado en él. Paralizada, oigo gritos de pánico que rebotan contra las paredes de mi cráneo alborotando todas mis neuronas, si es que aún me queda alguna.
Me dirijo hacia el baño apoyándome en las paredes del pasillo que parece estrecharse por momentos para lavarme la cara con agua helada. Sigo siendo transparente delante del cristal, soy invisible, soy un nadie más perdido en este inmenso universo de nada. Ni siquiera recuerdo mi rostro, el color de mis ojos, mi nombre, el ayer, mi vida.
Desesperada, salgo a la calle y ando oculta entre la multitud en busca de unos ojos que se fijen en mí y me sirvan de refugio para saber que existo; pero es absurdo, estoy sola, envuelta de falsas miradas y de sonrisas de plástico.
Pasa el tiempo a cámara lenta, y amnésica perdida empiezo a correr bajo un cielo cubierto de gris.
Llueve, y poco a poco va desapareciendo la masa de gente que caminaba a mi alrededor. Sigo corriendo cada vez más deprisa. El agua ayuda a que ese algo raro que tengo dentro siga creciendo sin parar, como una especie de rabia comprimida en el estómago que se va extendiendo por cada una de mis venas.
Necesito gritar para saber que soy yo, que sigo viva, para despertar algún recuerdo, para tranquilizarme… pero el silencio que invade las calles y retumba por toda la ciudad me lo impide.
Voy disminuyendo la velocidad, las piernas no me responden. Me agobio, me ahogo, es como si el duro asfalto consumiera todo el oxigeno del aire, no puedo respirar. Pierdo el sentido; caigo resbalando al igual que una gota de agua abrazada a una farola y mi cuerpo se queda tendido en la acera. Me siento como la lluvia después de haber caído en picado hasta el suelo, y agotada, escondo mis pupilas tras esas cortinas de terciopelo negro deseando con todas mis fuerzas que me trague la tierra para despertar en otro planeta, pero por muchos esfuerzos que hago, al abrir los ojos vuelvo a encontrarme en este escenario de hormigón sin público.
La cabeza sigue dándome vueltas, soy una minúscula barquita que navega sin rumbo entre olas de incertidumbre por el mar de la vida, o de la muerte, quién sabe, y cegada por los rayos de sol que se asoman entre las espesas nubes, espero a que caiga la noche, a que salga la luna para preguntarle que es lo que hago yo en este mundo. Inconscientemente, me quedo dormida intentando hallar un sueño que me devuelva mi realidad, me traiga mis recuerdos y me haga olvidar esta inexistencia.
Me dirijo hacia el baño apoyándome en las paredes del pasillo que parece estrecharse por momentos para lavarme la cara con agua helada. Sigo siendo transparente delante del cristal, soy invisible, soy un nadie más perdido en este inmenso universo de nada. Ni siquiera recuerdo mi rostro, el color de mis ojos, mi nombre, el ayer, mi vida.
Desesperada, salgo a la calle y ando oculta entre la multitud en busca de unos ojos que se fijen en mí y me sirvan de refugio para saber que existo; pero es absurdo, estoy sola, envuelta de falsas miradas y de sonrisas de plástico.
Pasa el tiempo a cámara lenta, y amnésica perdida empiezo a correr bajo un cielo cubierto de gris.
Llueve, y poco a poco va desapareciendo la masa de gente que caminaba a mi alrededor. Sigo corriendo cada vez más deprisa. El agua ayuda a que ese algo raro que tengo dentro siga creciendo sin parar, como una especie de rabia comprimida en el estómago que se va extendiendo por cada una de mis venas. Necesito gritar para saber que soy yo, que sigo viva, para despertar algún recuerdo, para tranquilizarme… pero el silencio que invade las calles y retumba por toda la ciudad me lo impide.
Voy disminuyendo la velocidad, las piernas no me responden. Me agobio, me ahogo, es como si el duro asfalto consumiera todo el oxigeno del aire, no puedo respirar. Pierdo el sentido; caigo resbalando al igual que una gota de agua abrazada a una farola y mi cuerpo se queda tendido en la acera. Me siento como la lluvia después de haber caído en picado hasta el suelo, y agotada, escondo mis pupilas tras esas cortinas de terciopelo negro deseando con todas mis fuerzas que me trague la tierra para despertar en otro planeta, pero por muchos esfuerzos que hago, al abrir los ojos vuelvo a encontrarme en este escenario de hormigón sin público.
La cabeza sigue dándome vueltas, soy una minúscula barquita que navega sin rumbo entre olas de incertidumbre por el mar de la vida, o de la muerte, quién sabe, y cegada por los rayos de sol que se asoman entre las espesas nubes, espero a que caiga la noche, a que salga la luna para preguntarle que es lo que hago yo en este mundo. Inconscientemente, me quedo dormida intentando hallar un sueño que me devuelva mi realidad, me traiga mis recuerdos y me haga olvidar esta inexistencia.





