fantasía
Otra noche más divagando por el bosque de caperucita, hechizada por los acordes que hacen sonar mis manos y que se convierten en música como por arte de magia, por la manera en como se va desprendiendo del piano una dulce melodía que se esparce por el interior de la habitación y se diluye con el eco de la lluvia. Se empañan los cristales, pero todavía se distingue borroso el jardín y las luces que alumbran la calle.
Sigue lloviendo, y yo sigo perdiendo el tiempo en el limbo que separa lo real de la fantasía. Hace días que tengo la sensación de que mi vida es una ilusión, de que vivo de ensueños…, y es que últimamente he estado más preocupada de imaginar el futuro y recordar momentos del pasado que sueño con volver a vivir, que no de vivir el propio presente.
Estoy dejando escapar los segundos, los estoy dejando caer de la misma manera que caen insignificantemente las gotas de agua, como si la lluvia fuera el tiempo, y cada gota, un segundo que se va sumando a otro, y a otro, y a otro más, y al final se convierten en minutos y en horas enteras que se desploman hacia el suelo atraídas por la fuerza de gravedad de la eternidad. Lo peor es que esto de ver como giran las agujas del reloj sin inmutarme se está convirtiendo en algo habitual.
Estoy encerrada en una burbuja de perplejidad. Intento distinguir entre lo que se supone que es la realidad en general y mí realidad, sin saber ni siquiera si existe alguna diferencia entre ellas. Tal vez son la misma, o no; quizás es que he creado inconscientemente una realidad paralela, un planeta de cristal a mi medida, porque tenía la necesidad de escapar de la verdadera realidad.
Sigue lloviendo. A lo mejor un largo paseo bajo esta tormenta de otoño es lo que necesito para despertar de los sueños, mojarme y olvidarme durante un instante de todo, aterrizar en la nada y escuchar el silencio. Dormir y amanecer tumbada en la playa, una playa presente en los mapas. Tirar los relojes al mar y esperar tranquilamente a que se sequen mis alas a la luz de la luna de la nueva noche, aprender otra vez a volar y perderme en el laberinto de de la vida.
Sigue lloviendo, y yo sigo perdiendo el tiempo en el limbo que separa lo real de la fantasía. Hace días que tengo la sensación de que mi vida es una ilusión, de que vivo de ensueños…, y es que últimamente he estado más preocupada de imaginar el futuro y recordar momentos del pasado que sueño con volver a vivir, que no de vivir el propio presente.
Estoy dejando escapar los segundos, los estoy dejando caer de la misma manera que caen insignificantemente las gotas de agua, como si la lluvia fuera el tiempo, y cada gota, un segundo que se va sumando a otro, y a otro, y a otro más, y al final se convierten en minutos y en horas enteras que se desploman hacia el suelo atraídas por la fuerza de gravedad de la eternidad. Lo peor es que esto de ver como giran las agujas del reloj sin inmutarme se está convirtiendo en algo habitual.

Estoy encerrada en una burbuja de perplejidad. Intento distinguir entre lo que se supone que es la realidad en general y mí realidad, sin saber ni siquiera si existe alguna diferencia entre ellas. Tal vez son la misma, o no; quizás es que he creado inconscientemente una realidad paralela, un planeta de cristal a mi medida, porque tenía la necesidad de escapar de la verdadera realidad.
Sigue lloviendo. A lo mejor un largo paseo bajo esta tormenta de otoño es lo que necesito para despertar de los sueños, mojarme y olvidarme durante un instante de todo, aterrizar en la nada y escuchar el silencio. Dormir y amanecer tumbada en la playa, una playa presente en los mapas. Tirar los relojes al mar y esperar tranquilamente a que se sequen mis alas a la luz de la luna de la nueva noche, aprender otra vez a volar y perderme en el laberinto de de la vida.
silenci
Necessito cridar, o si més no, canalitzar d’alguna manera aquesta ràbia i aquesta mena d’angoixa que fa ja no sé quants dies que em va corroint cada racó de la pell. Però per molt que m’esforço no em surt la veu, és com si tingués els llavis cosits amb el fil del silenci, aquell silenci que vaig estar consolidant l’hivern passat perquè no es desfés amb la llum de qualsevol mirada i ara no hi ha manera de dissoldre. Sembla ser que jo mateixa m’he condemnat a callar, encara que no sé si aguantaré gaire temps més així. Haig de trobar uns ulls amb la temperatura adient per fondre els secrets, haig d’obrir encara que sigui un diminut punt d'aquesta costura per on puguin començar a sortir les llàgrimes, haig d’aprendre a plorar i a vencer la por. Perquè no és pot viure tota la vida en silenci, al menys jo ja no puc aguantar-me de peu entre tants secrets.
perdida
Perderme entre la gente, en la estación de trenes, en una calle cualquiera o en medio de las ramblas de Barcelona. No me importa donde, me vale cualquier lugar, cualquier rincón de la gran ciudad, o simplemente de la ciudad. Lo único que quiero es pasar desapercibida, encontrarme rodeada de gente que no conozco de nada y pensar que yo soy tan desconocida para ellos como ellos para mí. Es como ser invisible, y la verdad es que me encanta.
Personas que pasan rozándote el brazo y ni si quiera se fijan en ti porque no les importas, porque van siguiendo su vida y tu no formas parte de ella; unos van a paso lento, otros más ligeros, otros despistados…, pero cada uno a su ritmo, a su manera. Y tú también sigues tu vida, tu mundo.
Supongo que esta “afición” de pasar inadvertida es, entre otras cosas, por ser tan tímida, aunque a veces intente disimularlo. Y digo afición entre comillas porque no sé si se puede llamar exactamente así, ya que, en muchas ocasiones, es más una necesidad que una afición. Salir y perderme en la calle, para tener la sensación de estar envuelta en el mundo y sentirme un alguien normal o un alguien raro, me da igual. Pero no un alguien mejor o peor, sino un alguien tan insignificante y a la vez tan especial, como cada una de las vidas que andan a mi lado. Porque cada persona es un mundo, un micro mundo en este inmenso mundo por descubrir.
Personas que pasan rozándote el brazo y ni si quiera se fijan en ti porque no les importas, porque van siguiendo su vida y tu no formas parte de ella; unos van a paso lento, otros más ligeros, otros despistados…, pero cada uno a su ritmo, a su manera. Y tú también sigues tu vida, tu mundo. Supongo que esta “afición” de pasar inadvertida es, entre otras cosas, por ser tan tímida, aunque a veces intente disimularlo. Y digo afición entre comillas porque no sé si se puede llamar exactamente así, ya que, en muchas ocasiones, es más una necesidad que una afición. Salir y perderme en la calle, para tener la sensación de estar envuelta en el mundo y sentirme un alguien normal o un alguien raro, me da igual. Pero no un alguien mejor o peor, sino un alguien tan insignificante y a la vez tan especial, como cada una de las vidas que andan a mi lado. Porque cada persona es un mundo, un micro mundo en este inmenso mundo por descubrir.





