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el bosque de caperucita
"me gusta hablar de nada. es de lo único que sé un poco." Oscar Wilde
Acerca de
-No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será? -Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.
Sindicación
 
hoy
¿No has tenido nunca la sensación de meter la pata a cada instante? Esa sensación de arrepentirte de tus comentarios, de sentir lo estúpidas que son tus acciones, de ver como se vuelven contra ti las palabras. Aquellos momentos en que lo único que quieres es que te trague la tierra y que se congelen tus cinco sentidos.

Días que te despiertas desesperada porque ya no sabes a quién más suplicarle que te regale unos gramos de esa sustancia llamada autoestima, que recoges fuerzas para salir a la calle y buscar un abrazo o una simple mirada que suba tus ánimos al cielo y los cuelgue del vértice de alguna estrella para que no se vuelvan a caer. Pero sales en busca de algo bastante inútil, ya que los poros de tu piel no saben hacer nada más que escupir espinas y desprender repelente contra cariño.

No me preguntes por qué, pero este es mi hoy. Ya lo sé, no hago más que quejarme y ver el mundo a través de la grieta del pesimismo. Caperucita está triste, pero a pesar de que no lo parezca, está más alegre que ayer. Sólo es que, aunque la primavera las ha empezado a deshacer, todavía le quedan algunas lágrimas de cristal clavadas en las mejillas.
 
luz de Luna
"Cómo hablar si cada parte de mi mente es tuya…" si no encuentro la palabra ni el momento exacto, ni las fuerzas para descoser los hilos de inseguridad que me sellan los labios.

"Cómo decirte que me has ganado poquito a poco, tu que llegaste por casualidad…" que he dejado que robaras el color de esa luz tenue que guardaba en el interior de las teclas del piano con el que compongo la música de los sueños. La luz que había escondido por miedo a que me volviera a hipnotizar, a que me derritiera los sentidos, me hiciera nudos con las venas y atrofiara de nuevo mi imaginación: luz de Luna.

"Cómo hablar...", cómo explicarte que el negro del piano a teñido de noche las paredes de mi alma; que no supe evitar que desapareciera la llave de sol de mi partitura y se empezara a dibujar el perfil de la Luna en la segunda línea del pentagrama... el perfil de tus ojos protagonizando un nocturno de Chopin que tenía olvidado.

"Cómo un pájaro de fuego que se muere en tus manos, un trozo de hielo deshecho en los labios…" No han bastado unas cuantas horas para cambiar de canción, ni unos pocos días para ver de nuevo amanecer. Ya hace meses que anocheció, y yo sigo enredada con mi telaraña en tus pestañas.

No sé si "será tu voz, será el licor, serán las luces de esta habitación, será el poder de una canción… pero esta noche, moriría por vos."
 
ella
Sigue allí, observando el mundo desde ese pequeño rincón de la nada. Ausente, callada… sola. Todavía no se ha quitado el antifaz que se ató a los ojos, engañada por los prejuicios de esta estúpida sociedad. Arrinconada junto a esa pared, aún tiembla de frío. No ha conseguido volver a darle vida a sus alas, igual que tampoco ha sabido pedir ayuda para salir de este pozo sin fin.

Fue ella la que tiró al mar el calidoscopio que le daba color a su vida, las luces y las formas que la hacían sonreír. Ella sola se instaló en esta ciénaga de tristeza y veló el carrete de sus sueños. Nadie la ayudó a caer en esta miseria, sólo su propia inseguridad y el miedo la llevaron a alejarse de la luna y a deshacerse de sus deseos, justo cuando ya los arañaba con la yema de los dedos. Se dejó intimidar por la mirada del pánico y ahora sus ojos no pueden ver nada más que sombras de fantasmas y recuerdos en blanco y negro.

Cree que no tiene derecho a pedir ayuda, ella perdió la alegría, y es ella la que tiene que encontrarla de nuevo. No se ha dado cuenta de que sola no lo conseguirá. Alguien tiene que cambiarle las ideas, tiene que hacerle ver que vale la pena seguir adelante, inventar nuevas fotos para revelarlas con otros sueños, volver a volar y dejarse querer. Porque si no, seguirá dormida en esta esquina de inexistencia, escuchando caer los segundos como se oye caer la lluvia. Tiene que darse cuenta de que el tiempo no espera por nadie, de que, como no se de prisa, se le acabará escurriendo la vida.
 
pensar en nada
Hoy le he cambiado las pilas al tiempo y he vuelto a poner en hora los relojes que cuentan los días y las noches de mi mundo. Por fin he vencido a las olas y he podido seguir mis planes. He ahogado todas las paranoias que me carcomían la cabeza y he regresado a la orilla en busca del hilo con el que cosía los sueños.

He sacado de los bolsillos las estrellas que pesqué en el mar, y las he tendido en mi ventana para que se acaben de secar con la fría brisa de invierno que pronto dejará de soplar. Espero que esta noche estén listas para colgarlas de nuevo en el cielo que alguien se ha molestado en despejar de niebla y tormentas. Quiero que vuelvan a alumbrar mi calle, la acera que el mismo alguien se ha dedicado a asfaltar de la mejor manera que ha sabido.

La verdad es que echaba de menos correr las cortinas del interior de mis ojos y ver estos paisajes de papel. Aunque últimamente los he descudiado bastante y están un poco descoloridos. Creo que voy a buscar los colores que abandoné en el cajón de las ilusiones perdidas y voy a empezar a hacer mezclas para retocar algunos pequeños detalles que a penas se aprecian ya. Añoraba pasear por delante de los espejos y ver algo más que sombras disfrazadas de melancolía, dibujar deseos abstractos con pinceles invisibles, divagar por los limbos de la realidad, pensar sin arrepentirme…

No sé si he aterrizado en la tierra o es que vuelve a ser divertido flotar entre nubes, pero me da igual. Hoy he vuelto a pensar en nada, he vuelto a soñar. Y supongo que, en gran parte, tengo que darle las gracias a las palabras que ayer dejó el viento en mi buzón. Palabras que, como ya habían hecho otras veces, me ayudaron a calificar de absurdos todos mis pensamientos y mis reflexiones sin pies ni cabeza.

Gracias por hacer desaparecer el tic-tac de los segundos perdidos que retumbaba en mi cabeza, por hacerme recordar que vale la pena soñar y que sean los sueños los que me devuelvan la sonrisa que tenían olvidada mis labios.

"Para morir de amor siempre queda mañana..."
 
navegar
"A veces, cuando salgo al mar y miro al faro desde ahí en medio, el tiempo se confunde con la eternidad, con las olas y las nubes que no se preguntan por qué siguen moviéndose, ni para qué, ni desde cuando..."

Igual es esto lo que necesito, coger mi barquita de incertidumbre y salir a navegar. Reventar ya de una vez la burbuja de cristal revestida de estupidez donde llevo semanas escondiéndome del mundo, y parar de fingir que no me pasa nada, o que me pasa algo.

Hace tiempo que estoy como ausente, como si me hubieran hipnotizado. Al principio pensaba que era la magia de la luna la que me había hecho desconectar del tiempo, pero luego, cuando dejó de ser bonito vivir en las nubes, empecé a darme cuenta de que tenía que haber algo más. Pero ese algo no lo he sabido encontrar, así que empiezo a pensar que tal vez lo único que me hace estar atontada soy yo misma. Un poco absurdo, lo sé…

En fin, creo que ataré todas mis paranoias a una piedra y las lanzaré al mar, bien lejos, para que se ahoguen y no vuelvan a emerger. Y luego abandonaré mi barquita y volveré nadando a la costa, para refrescarme y asegurarme de estar despierta antes de pisar de nuevo la realidad. Todo esto cuando mis fuerzas puedan vencer la presión de las olas, claro. Y que por cierto, espero que sea pronto, porque si no corro el peligro de ahogarme.