[...]
¿Qué quién eres? No lo sé, hay días que ni tan siquiera sé quién soy yo misma. Pero te echo de menos…
[Seguía empeñada en encontrar un por qué que le diera sentido a esas últimas semanas (¿o eran ya meses?). Algo que me ayudase a entenderme, a saber qué “nos” pasaba, o tal vez más correcto: qué me pasaba, ya que aún no me atrevía a asegurar en voz alta que yo no era la única que había cambiado, aunque por dentro estaba convencida de que la Luna también había difuminado su reflejo con otros tonos.
No quería hacerme pesada con cartitas y papelitos, y tampoco me había convencido de que ella tuviera ganas de hablar conmigo. Por eso colgué mis mensajes en distintas hojas de estas ramas, para que la Luna pudiera leerlo, como también podía no llegarlos a encontrar si decidía no volver a hacer una de aquellas visitas interactivas al bosque.
Tenía cientos de preguntas metidas en la cabeza, y ella era la única que podía contestarlas. Pero más que preguntas, aquello eran interrogantes de esos que pocas veces esperan respuesta. No merecía la pena seguir dándole muchas más vueltas, al fin y al cabo, todo lo que esperaba encontrar se resumía sencillamente en que el tiempo lo remueve todo, revuelve los sentidos, los momentos, las situaciones, los estados de ánimo…, es tan poderoso que hace funcionar la vida como quiere. Y ahora nos había hecho andar por sendas paralelas, pero distanciadas.]
¿Qué tengo que hacer? ¿Pedirte perdón, con esperanzas de que algún día los segundos que se escaparon del reloj nos vuelvan a abrazar? ¿O darte las gracias, quizás, por haberme ayudado a tejer un abrigo entero de magníficos recuerdos…? Quién sabe… creo que tú decides, yo sólo puedo decirte que aún te echo de menos, y que todavía me parece que a nadie en el mundo tengo ganas de contarle lo que me pasa más que a ti.
¿Nos mudamos a nuestro camino?
[Seguía empeñada en encontrar un por qué que le diera sentido a esas últimas semanas (¿o eran ya meses?). Algo que me ayudase a entenderme, a saber qué “nos” pasaba, o tal vez más correcto: qué me pasaba, ya que aún no me atrevía a asegurar en voz alta que yo no era la única que había cambiado, aunque por dentro estaba convencida de que la Luna también había difuminado su reflejo con otros tonos.
No quería hacerme pesada con cartitas y papelitos, y tampoco me había convencido de que ella tuviera ganas de hablar conmigo. Por eso colgué mis mensajes en distintas hojas de estas ramas, para que la Luna pudiera leerlo, como también podía no llegarlos a encontrar si decidía no volver a hacer una de aquellas visitas interactivas al bosque. Tenía cientos de preguntas metidas en la cabeza, y ella era la única que podía contestarlas. Pero más que preguntas, aquello eran interrogantes de esos que pocas veces esperan respuesta. No merecía la pena seguir dándole muchas más vueltas, al fin y al cabo, todo lo que esperaba encontrar se resumía sencillamente en que el tiempo lo remueve todo, revuelve los sentidos, los momentos, las situaciones, los estados de ánimo…, es tan poderoso que hace funcionar la vida como quiere. Y ahora nos había hecho andar por sendas paralelas, pero distanciadas.]
¿Qué tengo que hacer? ¿Pedirte perdón, con esperanzas de que algún día los segundos que se escaparon del reloj nos vuelvan a abrazar? ¿O darte las gracias, quizás, por haberme ayudado a tejer un abrigo entero de magníficos recuerdos…? Quién sabe… creo que tú decides, yo sólo puedo decirte que aún te echo de menos, y que todavía me parece que a nadie en el mundo tengo ganas de contarle lo que me pasa más que a ti.
¿Nos mudamos a nuestro camino?
¿secretos?
No debería escribir estas letras aquí, ya lo sé… No tiene sentido, ¿o tal vez sí? Qué raro, la indecisión sigue cambiándome el tiempo por manojos de nervios y balanzas que no se acaban de estabilizar.
No entiendo por qué empecé a colgar mis ideas en este bosque. A veces pienso que lo creé porque soy incapaz de contárselas a nadie directamente y mi silencio tampoco es suficientemente sólido para callárselo todo. O porque, como dice aquí al lado, hay momentos en que una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce, aunque ahora hay el peligro de que algún “no tan desconocido” pasee sus ojos por este rincón. Quién sabe, el caso es que caperucita ya está perdida entre los árboles y, sea por lo que sea, no le apetece regresar a la ciudad. Ahora ya le empieza a dar igual que se lean sus secretos y que el mismo lobo pueda encontrarse reflejado en ellos.
No entiendo por qué empecé a colgar mis ideas en este bosque. A veces pienso que lo creé porque soy incapaz de contárselas a nadie directamente y mi silencio tampoco es suficientemente sólido para callárselo todo. O porque, como dice aquí al lado, hay momentos en que una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce, aunque ahora hay el peligro de que algún “no tan desconocido” pasee sus ojos por este rincón. Quién sabe, el caso es que caperucita ya está perdida entre los árboles y, sea por lo que sea, no le apetece regresar a la ciudad. Ahora ya le empieza a dar igual que se lean sus secretos y que el mismo lobo pueda encontrarse reflejado en ellos.
releyendo
Da igual lo que haga ahora o las decisiones que tome. Porque aunque no entienda de dónde, esas decisiones vienen de antes, de otra vida. Se despliega el mar infinito y ese agua ha estallado resonando en otras grutas. Acertar a crear un mundo en el que pueda dilatarse el yo desgastado y herido por el continuo trato con la realidad. Vivir otra vida. Es el primer movimiento del alma romántica.
"La Reina de las Nieves", de Carmen Martín Gaite.
"La Reina de las Nieves", de Carmen Martín Gaite.
sueño confusión
A veces las palabras se limitan a ser sonidos vacíos de significado, y es preferible callar y dejar que sea el tiempo el que solucione las enormes dudas y los diminutos problemas que nos aturden. Como dice mi abuela: “las cosas con el tiempo caen por su propio peso”, aunque en algunas ocasiones tardan demasiado en caer. Yo he sido impaciente, he hablado más de lo necesario por intentar arreglar cosas que ni si quiera sé si se han llegado a deteriorar.
He perdido la cuenta de las veces que he recorrido el paseo marítimo de punta a punta estos dos días. Sólo intentaba que el mar calmara mi taquicardia y le enseñara a mi corazón y a mis pulmones trabajar de nuevo al compás de las olas. Quería tranquilizarme, y vencer la tentación de llamarte de nuevo.
He llegado a imaginar que cuanto más piense en ti, antes agotaré los deseos y gastaré los recuerdos para guardarlos en el cajón del olvido. Una idea de cuento, pero es que yo sigo creyendo en la magia, y en la posibilidad de hacer realidad los sueños. Aunque ahora mis sueños únicamente son imágenes y mensajes inventados que se contradicen con palabras y momentos que ya he vivido. Sueño borroso porque no encuentro el sentido de mis deseos, no logro descifrar los códigos de mi cerebro.
Cierro los ojos y oigo los ronquidos de mi moto circulando entre dos paralelas de alquitrán que la perspectiva une en el horizonte. Parpadeo y el paisaje cambia, unas veces me encuentro rodeada de montañas sin cumbre, otras estoy en medio del infinito desierto, o perdida en el centro de la viva ciudad. Lo más curioso es que en unas ocasiones te persigo, y en las otras, huyo de ti. Pero siempre sola, vestida de secretos que me aíslan de este mundo.
Me gustaría parar el tiempo, desaparecer unos días y reconstruir mi historia desde el punto donde me equivoqué, pero aquí me parece que ya pido imposibles. Quiero cambiar, y volver a ser esa persona encantadora que alguna vez me habían dicho que era, o si más no, quiero caerme un poquito mejor a mi misma, y estar contenta conmigo para poder creerme que algún día tu también lo estarás (como llegué a convencerme de que una vez ya lo estuviste).
De mientras, seguiré gastando gasolina en compañía de la brisa, la playa y el mar, buscando el significado de todas las palabras que he soltado sin pensar. Ahora es momento de escuchar el silencio.
He perdido la cuenta de las veces que he recorrido el paseo marítimo de punta a punta estos dos días. Sólo intentaba que el mar calmara mi taquicardia y le enseñara a mi corazón y a mis pulmones trabajar de nuevo al compás de las olas. Quería tranquilizarme, y vencer la tentación de llamarte de nuevo.
He llegado a imaginar que cuanto más piense en ti, antes agotaré los deseos y gastaré los recuerdos para guardarlos en el cajón del olvido. Una idea de cuento, pero es que yo sigo creyendo en la magia, y en la posibilidad de hacer realidad los sueños. Aunque ahora mis sueños únicamente son imágenes y mensajes inventados que se contradicen con palabras y momentos que ya he vivido. Sueño borroso porque no encuentro el sentido de mis deseos, no logro descifrar los códigos de mi cerebro. Cierro los ojos y oigo los ronquidos de mi moto circulando entre dos paralelas de alquitrán que la perspectiva une en el horizonte. Parpadeo y el paisaje cambia, unas veces me encuentro rodeada de montañas sin cumbre, otras estoy en medio del infinito desierto, o perdida en el centro de la viva ciudad. Lo más curioso es que en unas ocasiones te persigo, y en las otras, huyo de ti. Pero siempre sola, vestida de secretos que me aíslan de este mundo.
Me gustaría parar el tiempo, desaparecer unos días y reconstruir mi historia desde el punto donde me equivoqué, pero aquí me parece que ya pido imposibles. Quiero cambiar, y volver a ser esa persona encantadora que alguna vez me habían dicho que era, o si más no, quiero caerme un poquito mejor a mi misma, y estar contenta conmigo para poder creerme que algún día tu también lo estarás (como llegué a convencerme de que una vez ya lo estuviste).
De mientras, seguiré gastando gasolina en compañía de la brisa, la playa y el mar, buscando el significado de todas las palabras que he soltado sin pensar. Ahora es momento de escuchar el silencio.





