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el bosque de caperucita
"me gusta hablar de nada. es de lo único que sé un poco." Oscar Wilde
Acerca de
-No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será? -Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.
Sindicación
 
eSes
He descubierto una cicatriz en mi perfil izquierdo. En la sien, al lado de un lunar pequeñito, entre el vértice del ojo y la oreja. Una eSe grabada en la piel que se lía con mis cabellos. La encontré el otro día al salir de la ducha.

Estoy convencida de que la tejió el viento y el invierno se encargó de cosérmela con hilo de seda y botones de frío la madrugada del sábado, mientras dormía. Si no, no me lo explico. No sé cómo ha llegado hasta mí una de las letras de tu nombre.

Porque podría ser una eSe de serpiente, de sangre, de sardina, de sopa… de cualquier cosa, pero no. Sé que es tuya. La repaso con los dedos y siento tu tacto. La vuelvo a repasar, una y otra vez. Huele a ti, y a la lluvia húmeda de las nubes tristes de ayer.

La he intentado descoser, desabrocharla de los botones que la mantienen sujeta. Y no hay manera. El hilo está sumergido en la piel, siento punzadas en el ojo cada vez que lo estiro. Sin embargo, un leve movimiento es suficiente para que el roce de los cabellos esboce sensaciones de ilusión difusa.

Es extraño. eSe de sueños. De sonrisa, de silencio y soledad. De olas saladas y de sirenas de mar. eSes que se entrelazan con mis secretos… ¿Cómo engancho tus recuerdos a la espalda del olvido si los tengo anudados a las terminaciones nerviosas?

Siento como el frío polar hiela la cicatriz. Estalactitas en un tatuaje con sombras del pasado. Y yo que creía haberme deshecho de las telarañas que nos enredaban a las sábanas de estrellas…

Resigo una vez más mi sien. El verbo olvidar no se escribe con eSe.
 
...
?Cómo se reconocen las hadas¿
 
marioneta de hielo
Mentiras que siguen obstruyendo el filtro de la confianza. Semillas de rumores esparcidas por vientos del norte que llegan a mis oídos para seguir helándome el corazón. Aunque esta vez tan solo consiguen generar una fina capa de escarcha. Suficiente, por eso, para descender un poco más la temperatura de la sangre que se encarga de hacerlo latir.

Tengo la sensación de que mis sentimientos penden de hilos, cuerdas de una marioneta con las que algún niño se debe de entretener entrelazando con sus deditos, moviéndome por escenarios imaginarios de cuentos de hadas y estrellas fugaces. Quizás esto explique que aún siga creyendo en la magia, en los polvos para volar de Peter Pan y en el espejo y las pociones de la bruja de Blancanieves.

Creo que a veces me da miedo sentir los pies demasiado firmes en el suelo de la realidad. Por esto, cuando me empiezo a agobiar, o a “asustarme”, desato mi mente y la dejo divagar por los limbos de la vida, sobrevolando el mar. Navego por las aguas del surrealismo siguiendo las luces de los faros de los sueños. Quién sabe, tal vez estoy destinada a vivir en una realidad paralela de sueños, soy un títere bajo sentencia de las fantasías y las manos de los niños. O tengo algún nervio cruzado en el cerebro que me hace percibir el mundo interiormente de forma irracional. Y digo interiormente porque, de vez en cuando, me da por pensar que si manifestara con palabras las ideas que hierven en mi cabeza no tardarían en diagnosticarme cualquier tipo de trastorno mental.

Ya lo sé, estoy delirando. Aunque no tengo fiebre, seguro. Tendría que estar demasiado enferma para hacer subir el mercurio del termómetro por encima del treinta y cinco. Lo único que tengo es una gripe incubando en los pulmones, lágrimas heladas que esculpen congoja en el corazón, y un puñado de sentimientos extraños que no sé definir.

Me gustaría poder controlar mis sentidos. Dejar de sentir esta desvinculación entre cuerpo y alma. Que mi corazón no fuera esclavo del tiempo (pasado), ni mi mente una marioneta del país de Nunca Jamás. Pensar como siento, o sencillamente sentir sin pensar tanto. ¿Cómo conseguir que las neuronas se compenetren un poco más con los nervios sensitivos?

Mi cabeza arde y mis manos tiemblan de frío. Acabo de recordar que el exceso de frío quema. Mi piel es de hielo en este invierno sin nieve. Puede que sí, que empiece a tener fiebre. Pesan los párpados y las cejas de plomo sobre los ojos. La luna ya ha empezado su terapia con los insomnes, creo que esta noche me la voy a saltar. Esta soñadora empedernida necesita dormir… Además, las letras que se descuelgan de mis dedos ya hace rato que suplican que las deje de mezclar sin sentido.

“Sólo sé que me vi
con la vida aleteando en el vacío,
con el sol en la maleta por si el frío
me agarraba sin saber a dónde ir.”
 
...
A veces necesito cambiar la perspectiva, el ángulo de la ventana para ver el mundo. Mirar siempre los mismos paisajes me aturde. Por eso, de vez en cuando tengo que girar el calidoscopio de mi vida para ver las cosas con otra forma, de otro color.

Rompo en pedacitos cada vez más pequeños la lista de propósitos de año nuevo. No voy a cumplir nada de lo escrito. Sólo voy a limitarme a pensar que la vida no es una mierda, porque de tanto pensarlo me lo acabaré creyendo. Me miro al espejo y sonrío, con menos razones que nunca, pero me da igual.

Presiento que estas navidades sin frío las voy a recordar como algo especial, aunque no hayan sido nada del otro mundo. No ha habido planes, ni invitados, ni cenas multitudinarias, ni millones de regalos. Ha habido más discusiones que alegrías, pero hemos vuelto a ser seis en casa. Desayunos con seis tazas, carreras para entrar primero en la ducha, el sofá ocupado, el mando de la tele escondido, el lavavajillas a tope y dos cepillos más en el baño. Parecen chorradas, pero hacía mucho tiempo que la casa no tenía este aspecto… ^^

Tumbada en la cama, intento hacer una lista de los buenos y los malos momentos de este año pasado. Aparecen en mi cabeza imágenes en forma de flash que consiguen estremecerme. Sorprendida, soy incapaz de escribir nada en la hoja que tengo delante, pero me doy cuenta de que los buenos recuerdos pesan mucho más que todos los demás.

Dije que el 2007 había entrado con el pie izquierdo. Hoy me apetece darme la vuelta y entrar de derecho, ¿puedo volver a empezar?
 
navidades agridulces
Ataque de risa en la segunda campanada, un año más sin conseguir comerme las uvas.

El calendario del 2006 arde en la chimenea. 12 meses que se resisten al fuego, pero que se acaban por quemar. 365 días convertidos en humo que inhalo con fuerza, oxígeno recalentado que trepa por las fosas nasales para calcinar al máximo los malos momentos de este año que se marcha rumbo al pasado.


Madrid, cinco días. Tres partidos hechizada por unos ojos de agua que no conozco de nada. La alegría y los nervios de conseguir llegar a la final. La Copa se acerca a nuestras manos mientras nos perdemos entre la multitud de la capital. Empezar perdiendo y en la segunda parte cambiar milagrosamente el marcador a favor nuestro. Correr, seguir corriendo y darlo todo en el campo hasta remontar un partido que teníamos que ganar, por nosotras, porque nos lo merecíamos, porque lo queríamos ganar… Las árbitras pitan el final. ¡Campeonas de España…! Aún no nos lo creemos. Siete horas en el autobús, con la medalla y la copa de vuelta a Barcelona, hacia casa. =)


{Editado: No suelo borrar lo que escribo, pero siempre hay excepciónes.}