(epílogo)
Quiero recuperar mi azul, y devolverle a la oscuridad las sombras y las cortinas negras que me prestó para decorar mi rincón de tristeza. Ya no las necesito. Tengo pensado abandonar este antro una temporada, voy a trasladarme a vivir frente al mar, al faro del islote de las gaviotas. Supongo que esto lo alquilaré, aunque no sé si encontraré fácilmente a alguien con ganas de restaurar los muebles de nostalgia. Las lágrimas que adornaban las paredes se las venderé a la lluvia, ya he hecho un trato con ella. Con la desesperación y el sentimiento de culpabilidad todavía no sé que hacer. Eso sí, la soledad la guardaré en alguna esquinita de mi piel, siempre va bien tenerla de compañera para ausentarse a ratitos del mundo.
La mayoría de tus recuerdos los dejaré escondidos en el armario de las ilusiones perdidas, por si algún día me apetece hacer memoria y viajar al pasado. Me quiero llevar las fotos y todos esos carretes de sueños que nunca llegamos a revelar juntas, pero no sé donde los colocaré porque aún soy incapaz de sonreír al toparme con ellos. Creo que irán a parar al fondo de la maleta, junto al silencio que tantas veces me condenó a callar. Arriba del todo estará el hilo de tejer sonrisas y las ansias de volar.
Ya está, no me arriesgare a cargar con nada más, no vaya a ser que el peso me lastre las alas. Bueno sí, me olvidaba las acuarelas de ilusión y la cámara de fotos. De la indecisión y la inseguridad no me he podido deshacer, se ve que las llevo mezcladas en la sangre, así que se vendrán conmigo. Ahora sí, ya estoy lista para dar la cara al mundo y trasladarme a vivir frente al mar. Cerraré la puerta y colgaré el cartel de “se alquila”.
Las olas me esperan. Hasta la próxima, Caperucita.
http://inviernosdemar.blogspot.com/
sueños líquidos
Música de lluvia. Breves sonidos agudos que acallan el silencioso estruendo de mi memoria. El viento silba baladas de mar que despiertan el insomnio que se esconde bajo la almohada. No quiero que Morfeo venga a por mí esta noche. No quiero dormir para ti, ni soñarte.
Antes te pensaba despierta, soñaba contigo con los ojos abiertos porque nunca he sabido olvidar. Pero hace dos semanas que el subconsciente juega a torturarme con tu fantasma, cada madrugada. Has dejado de ser una ilusión superficial, una herida en la piel que se acaba llevando el viento. Ahora estás más allá de mi mente, te has colado por un agujero negro que te ha llevado lejos del alcance de mi razón.
Se moja febrero con la lluvia ácida de zumo de limón. Se deshace la luna y las flores blancas del almendro que justo empiezan a brotar. Sueños líquidos con sabor a ti se diluyen en un vaso de leche helada. Pesco grumitos de nesquik, y siento el frío del metal de la cucharilla en los labios. Sigues ahí. En la nevera, debajo de las sábanas, tras los párpados, entre la lluvia. Bajo el invierno. ¿Cómo narices te arranco de mí?
Estoy cansada de escribirte. Y a este pequeño bosque le empiezan a pesar las hojas. Quizás debería guardar el disfraz de Caperucita en la maleta y abandonar este antro. Aquí ya no hay espacio, creo que tendría que plantearme la idea de cambiar de rincón. Me lo pensaré… La verdad es que me apetece dejar los árboles y trasladarme a vivir a la orilla del mar.
*Martes y trece, buen día para cumplir años. Intentaremos no ser demasiado supersticiosos… ^^
Antes te pensaba despierta, soñaba contigo con los ojos abiertos porque nunca he sabido olvidar. Pero hace dos semanas que el subconsciente juega a torturarme con tu fantasma, cada madrugada. Has dejado de ser una ilusión superficial, una herida en la piel que se acaba llevando el viento. Ahora estás más allá de mi mente, te has colado por un agujero negro que te ha llevado lejos del alcance de mi razón.

Se moja febrero con la lluvia ácida de zumo de limón. Se deshace la luna y las flores blancas del almendro que justo empiezan a brotar. Sueños líquidos con sabor a ti se diluyen en un vaso de leche helada. Pesco grumitos de nesquik, y siento el frío del metal de la cucharilla en los labios. Sigues ahí. En la nevera, debajo de las sábanas, tras los párpados, entre la lluvia. Bajo el invierno. ¿Cómo narices te arranco de mí?
Estoy cansada de escribirte. Y a este pequeño bosque le empiezan a pesar las hojas. Quizás debería guardar el disfraz de Caperucita en la maleta y abandonar este antro. Aquí ya no hay espacio, creo que tendría que plantearme la idea de cambiar de rincón. Me lo pensaré… La verdad es que me apetece dejar los árboles y trasladarme a vivir a la orilla del mar.
*Martes y trece, buen día para cumplir años. Intentaremos no ser demasiado supersticiosos… ^^





