Yucatán y Quintana Roo

La noche cura
Pensé que para mi la noche era buena medicina pero para mi amiga tiene mayor efecto. Fue al mismo concierto que yo (el martes), pero ella consiguió un pase para la fila cero. Mientras se peleaba por tener la camisa del vocalista de Bloc Party (al final, solo consiguió la lista de canciones), escuchó un “click”. Era su rodilla, pero no le dio importancia. De hecho, ella fue la que me convenció de seguirla al bar Pata negra, donde bailó por un buen rato. Al otro día no podía mover la pierna. Fue al médico y descubrió que se hizo polvo meniscos y rodilla. Le dieron incapacidad y creo que tendrá que usar yeso por un rato pero, por lo pronto, ya busca unas muletas para salir al evento de este jueves. Sin duda la noche brinda cierta dosis de cura.
Enfermo
Somnoliento y dopado por las medicinas parecía un verdadero zombi. Llevaba dos días bastante enfermo así que ya me había hecho a la idea de descansar toda la noche, viendo una vieja película, cubierto con una cobija hasta las narices. Fue cuando recibí las palabras clave. Parecian pronunciadas por un hipnotizador, solo que sus órdenes no pedían que cacareara como gallina o balbuceara como un bebe al escuchar cierta frase. En realidad, eran más festivas. ¿Estas muy enfermo? El primo consiguió boletos backstage para el concierto de Bloc Party en el Salón 21 ¿quieres ir?
Me levanté de la cama. No es que fuera muy fan de la banda, pero la simple idea de parranda me hizo resurgir de mis cenizas. Un ave fénix etílica, supongo. Un baño, una chamarra y estaba listo para partir. Llovía ¿qué más da? Sufrí más con los cambios de clima. De frió a caliente y de caliente a frió, pues después del horno que era el concierto salí a la calle buscando un bar. A las 4 am que salí del Pata negra (el bar seleccionado) seguía lloviendo. Pero me sentía bien. Esta mañana desperté curado; le había dado a mi cuerpo lo que necesitaba: vida nocturna. Lastima que aún la vendan en pastillas.
Me levanté de la cama. No es que fuera muy fan de la banda, pero la simple idea de parranda me hizo resurgir de mis cenizas. Un ave fénix etílica, supongo. Un baño, una chamarra y estaba listo para partir. Llovía ¿qué más da? Sufrí más con los cambios de clima. De frió a caliente y de caliente a frió, pues después del horno que era el concierto salí a la calle buscando un bar. A las 4 am que salí del Pata negra (el bar seleccionado) seguía lloviendo. Pero me sentía bien. Esta mañana desperté curado; le había dado a mi cuerpo lo que necesitaba: vida nocturna. Lastima que aún la vendan en pastillas.
Chelas & Blogs

Moraleja
Una amiga y un amigo francés regresaban de una borrachera y de cenar. De la nada, desde el asiento del copiloto el francés grito “Postre”. Ella, sorprendida, preguntó “¿Te quedaste con hambre?” El respondió con pánico “¡Postre!”. Fue cuando ella dio el volantazo y evitó estrellarse de frente contra un poste.
Moraleja: Tener una buena pronunciación quizá te puede salvar la vida.
Moraleja: Tener una buena pronunciación quizá te puede salvar la vida.
La Boda que nunca fue...
Este fin de semana tenía una boda en Veracruz. Para más detalles, era en el rancho del padre del novio, ubicado en un pequeño pueblito cerca de la carretera Xalapa. Sin embargo, nadie en el pueblo conocía el dichoso rancho. No preguntamos, más bien hicimos censo en la localidad con la pregunta ¿Conoce el rancho de Don Manuel? Solo obtuvimos un “no sepo” y varios “no sé” de los habitantes del lugar.
Fue hasta que un viejito, después de mucho pensar, contestó "Don Manuel... mmm... pues suba unas tres cuadras pa´ arriba". Cuando llegué al lugar solo eran casa. Pregunté de nuevo por el Rancho Don Manuel y otro señor, con una panza prominente, me dijo: "uyy ya se bajo como dos cuadras"
-¿P-perdón? ¿El rancho bajó dos cuadras?- pregunté sorprendido.
-Si, Don Manuel. Va trepado en la camioneta roja que acaba de pasar.
-No, yo pregunto "rancho Don Manuel".
-Pus en el pueblo solo hay un manuel y va trepado en esa camioneta. Grítele... igual y lo alcanza.
-Este... gracias.
Tiempo después llegamos al rancho. Pasaban de las cinco de la tarde, no había desayunado y mi única intención era comer, ladraba de hambre. En el lugar, había pocos autos y casi todas las mesas estaban vacías. ¡Como no! -pensé- ¡Si no ponen letreros! Respiré un poco, me tranquilicé, y traté de poner mi mejor sonrisa. Al mirar las mesas no vi a nadie conocido ¿Sería este el rancho correcto? Lo era. Vi a una de las hermanas de la novia, pero me preocupé porque estaba llorando. -No hubo boda -dijo entre lagrimas- el novio nunca se presentó a la iglesia.
No sabían si estaba muerto, se había escapado o su padre, intentando retenerlo, lo había encerrado en el rancho. La hermana estaba ahí para buscarlo pero no había tenido éxito. Otros lo buscaban en hospitales y no falto alguna tía abogada que, al estar furiosa, pensó en ponerle una demanda por incumplimiento (u otro término legal que ahora no recuerdo).
Quizá suene egoísta, pero entre que me actualizaban del pleito de las familias, yo me sentía un poco mareado y pensaba en comer (ya era muy tarde, y para colmo yo estaba crudo). Un taco, solo un taco y sería feliz. Sin embargo, la situación no estaba para que pidiera de comer, sobretodo ahora que estábamos en territorio “del enemigo”.
Partimos hacia Xalapa. Ni una tortilla. Hasta me dieron ganas de ir a darle una mordida a una vaca, pero me controlé. Mi tragedia personal no se comparaba con la de la novia. ¿En que quedó la historia? El novio era un alcohólico y, sin saberlo, en la noche anterior un invitado a la boda lo llevo a tomar unas copas para festejar. Al regresar al hotel, el novio se escapó para seguir la borrachera, y la siguió, apareció hasta el siguiente anochecer. El papá del novio insistió, aunque el hijo seguía ebrio, que llamaría al Padre para que los casara. La familia de la novia contestó con un rotundo no, pues no querían ver al novio ni en pintura. Al final, no hubo boda ni festejo sino lágrimas.
Después del cansancio producto de la manejada del viaje de regreso, una amiga me invitó a jugar Bingo. Fui y gané 2 mil pesos. Cuando me entregaban el premio me pregunté ¿entonces, fue un buen fin de semana? No lo sé, por lo menos no fue común.
PD: El fin de semana pasado fui Acapulco. Terminé arriba de una patrulla de la policía federal de caminos, luego en una camioneta de la policía estatal de guerrero y luego, a media noche, en la carretera sin dinero y celular. Supongo que este fin de semana no fue tan malo.
Fue hasta que un viejito, después de mucho pensar, contestó "Don Manuel... mmm... pues suba unas tres cuadras pa´ arriba". Cuando llegué al lugar solo eran casa. Pregunté de nuevo por el Rancho Don Manuel y otro señor, con una panza prominente, me dijo: "uyy ya se bajo como dos cuadras"
-¿P-perdón? ¿El rancho bajó dos cuadras?- pregunté sorprendido.
-Si, Don Manuel. Va trepado en la camioneta roja que acaba de pasar.
-No, yo pregunto "rancho Don Manuel".
-Pus en el pueblo solo hay un manuel y va trepado en esa camioneta. Grítele... igual y lo alcanza.
-Este... gracias.
Tiempo después llegamos al rancho. Pasaban de las cinco de la tarde, no había desayunado y mi única intención era comer, ladraba de hambre. En el lugar, había pocos autos y casi todas las mesas estaban vacías. ¡Como no! -pensé- ¡Si no ponen letreros! Respiré un poco, me tranquilicé, y traté de poner mi mejor sonrisa. Al mirar las mesas no vi a nadie conocido ¿Sería este el rancho correcto? Lo era. Vi a una de las hermanas de la novia, pero me preocupé porque estaba llorando. -No hubo boda -dijo entre lagrimas- el novio nunca se presentó a la iglesia.
No sabían si estaba muerto, se había escapado o su padre, intentando retenerlo, lo había encerrado en el rancho. La hermana estaba ahí para buscarlo pero no había tenido éxito. Otros lo buscaban en hospitales y no falto alguna tía abogada que, al estar furiosa, pensó en ponerle una demanda por incumplimiento (u otro término legal que ahora no recuerdo).
Quizá suene egoísta, pero entre que me actualizaban del pleito de las familias, yo me sentía un poco mareado y pensaba en comer (ya era muy tarde, y para colmo yo estaba crudo). Un taco, solo un taco y sería feliz. Sin embargo, la situación no estaba para que pidiera de comer, sobretodo ahora que estábamos en territorio “del enemigo”.
Partimos hacia Xalapa. Ni una tortilla. Hasta me dieron ganas de ir a darle una mordida a una vaca, pero me controlé. Mi tragedia personal no se comparaba con la de la novia. ¿En que quedó la historia? El novio era un alcohólico y, sin saberlo, en la noche anterior un invitado a la boda lo llevo a tomar unas copas para festejar. Al regresar al hotel, el novio se escapó para seguir la borrachera, y la siguió, apareció hasta el siguiente anochecer. El papá del novio insistió, aunque el hijo seguía ebrio, que llamaría al Padre para que los casara. La familia de la novia contestó con un rotundo no, pues no querían ver al novio ni en pintura. Al final, no hubo boda ni festejo sino lágrimas.
Después del cansancio producto de la manejada del viaje de regreso, una amiga me invitó a jugar Bingo. Fui y gané 2 mil pesos. Cuando me entregaban el premio me pregunté ¿entonces, fue un buen fin de semana? No lo sé, por lo menos no fue común.
PD: El fin de semana pasado fui Acapulco. Terminé arriba de una patrulla de la policía federal de caminos, luego en una camioneta de la policía estatal de guerrero y luego, a media noche, en la carretera sin dinero y celular. Supongo que este fin de semana no fue tan malo.













