Me lleva el tren
Una historia de cuando vivia en Paris...
Era invierno cuando decidimos realizar un viaje a Bélgica para el fin de semana. Si queríamos aprovechar el viaje teníamos que comprar los primeros boletos de la mañana, eran a las seis. Todo un reto. A pesar del sueño llegamos a tiempo a la estación para alcanzar el tren que por un momento parecía que partiría sin nosotros. Ya adentro, la comodidad del asiento me permitió reunirme sin esfuerzos en los brazos de Morfeo. Silencio y después un ruido. Estábamos ya arribando a la estación de Bruselas. Que rápido se viaja cuando uno sueña.
Con menos coordinación que un zombi viviente, me levanté pausadamente para ponerme la chamarra y enredarme la bufanda, mientras poco a poco los pasajeros descendían con calma del vagón. Fue cuando sucedió. Al bajar mi maleta de la repisa superior, un mal movimiento provocó que todas mis monedas salieran volando y escaparan como si fueran prisioneras que se fugan de una carcel. Algunas con más habilidad que otras, se escondían debajo de los asientos y en lugares obscuros y recónditos. La misión de policía no fue fácil. Varias escaparon.
Después de capturar a las monedas más torpes, me dirigí hacia a la puerta cuando un sonido llamó mi atención. Era una alarma que venia acompañada del cierre de las puertas. Tuve que dar un paso atrás para salvar a mi pobre nariz.
La sorpresa me invadió. Otro sonido. Esta vez eran las carcajadas de mi hermana desde el andén. Me quede asombrado por estar atrapado dentro del tren y el ver desde la ventanilla a mi hermana muerta de la risa no mejoraba mucho la situación. Me puse a inspeccionar y descubrí en la puerta un botón rojo con la leyenda open. La confianza volvió a mí.
Con elegancia y con un cierto aire de indiferencia ante las risas de mi hermana presione el botón. Nada ocurrió. Mire hacia todos lados y encontré una palanca que según mi francés decía algo similar a para abrir en caso de emergencia. Esto era una emergencia así que la jale. Nada ocurrió.
Ya para entonces mi hermana estaba que no podía sostenerse de la risa y ahora le hacían compañía dos hombres de color que sonrientes, desde el andén, me hacían adiós con las manos.
El piso comenzó a moverse. Lentamente el tren tomó ritmo como para partir. ¿A dónde iba? ¿Si ya habíamos llegado no?. Dado el apremio de la situación inspeccione en todas las direcciones hasta que encontré una palanca en el techo con un seguro. Me ví en la necesidad de romper el seguro y al jalar la palanca ¡Nada! El tren sin la menor compasión siguió su marcha conmigo adentro. Solo observaba como mi hermana se iba quedando atrás en el anden para segundos después yo dejará por completo la estación.
Y ahi me tienes: parado a lado de la puerta con mi maletita en el hombro y sin saber a donde diablos me dirijia. En eso se oye por las bocinas del tren el destino final: Alemania.
¿Y ahora? Bueno, si el destino quería que conociera Alemania la conocería. Las alemanas son guapas y un buen tarro de cerveza fría no me caería mal.
Mi mente ya recorría las calles de Berlín, cuando al revisar mis bolsillos me di cuenta de la situación. El billete del tren como mi pasaporte se los había quedado mi hermana. El viaje se estaba frustrando. No podría ahora registrarme en ningun Hotel y por ende pasar la noche en Alemania. Peor aun, podría presentarse un inspector del tren y no tendría ningún comprobante de mi viaje. Basto con pensarlo y tal como si se hubieran pronunciado palabras mágicas en ese momento apareció un inspector al final de pasillo. Lentamente se acercaba a mi tal como lo hace un asesino a su victima en una película de terror.
Nuestro dialogo fue un poco confuso. En un francés raro (llevaba apenas un par de semanas viviendo en Paris) le trate de explicar que mi boleto se había quedado en Bruselas junto con mi hermana. Guardo silencio y me miró como si fuera un polizonte. Después hablo. Estoy seguro de que sus preguntas eran muy interesantes y constructivas, lastima que yo no las entendiera. El francés definitivamente no iba a resultar,
Le pregunté si habla ingles pero su a little me desanimo. Intentamos comunicarnos por un rato pero ahora los papeles se habían invertido, el no entendía nada de lo que le decía. Trate entonces con la comunicación a señas y sonora. Y ahí estaba yo contándole al inspector, como quien le cuenta un cuento a un niño, como el tren (o chu-chu) avanzaba y mi hermana se iba quedando atrás. Historia que por cierto no escucho muy interesado.
Después de contarle todo mi choro (entiéndase discurso mareador), el inspector me preguntó en francés ¿A dónde quieres ir? Creo que no había entendido ni media palabra de lo que le había contado. Con una cara seria y fría me dijo muy solemne que no podía ir abordo de ese tren y que en el próximo tren podría regresar. Como si no supiera yo eso. Pero al parecer mi historia en un francés balbuceante y mímica lo había atrasado en su labor, porque prosiguió sin cobrarme el boleto ni plantarme la multa, situación que agradecí de verdad.
Antes de llegar a Berlín el tren realizó una parada express en Liege y debido a mi falta de pasaporte pensé que la mejor opción seria regresar. Descendí del vagón y todavía no decidía si había hecho lo correcto, cuando el tren cerró sus puertas y avanzo despacio para reiniciar su recorrido.
Me di cuenta de que fui el único pasajero que descendió y me encontraba solo en el andén con otra persona. Era el inspector. Situación incomoda debo de reconocer. Se acerco a mí y como no pensaba preguntarle por su familia o su salud le cuestione sobre el tren que podría llevarme de vuelta a Bruselas. Con su cara seria y fría
Ya que lo tenía enfrente lo único que se me ocurrió fue preguntarle donde podía tomar un tren de regreso a Bruselas. El con su cara seria y fría, tan solo señaló con l mano un tren que estaba arribando en ese momento
-Es ese y creo que es el último del día- me dijo en un ingles mal pronunciado y con la misma monótona voz. Se encontraba como a cuatro andenes de distancia por lo que empecé a correr a toda velocidad, bueno a la máxima velocidad que da mi poco atlético cuerpo.
Otro sonido. Era la voz del inspector que me gritaba -¡Pero necesitas un boleto!- Di marcha atrás y baje veloz las escaleras en búsqueda de la taquilla para conseguirlo, y me formé rápidamente en la primera fila que vi. Espere mi turno. Cuando por fin llegue a la ventanilla pedí mi boleto a Bruselas y solo recibí como respuesta -Esto es solo una fila para información- Mire hacia arriba y un enorme letrero que decía Información le daba la razón. ¿Quiere horarios para el tren? Me preguntaba la señora al tiempo en que yo ya corría para la taquilla.
Bélgica resulto ser un país de gente amable, pues al dirigirme a la taquilla varios me cedieron el lugar al ver mi apuro. Entre inglés y francés pedí mi boleto al vendedor y tras un breve pago con la tarjeta de crédito (nunca salgas sin ella) agarre el boleto y salí corriendo. Solo unos gritos me detuvieron para avisarme que estaba olvidando la tarjeta. Regresé y otra vez a correr.
Después de subir las escaleras a brincos llegue al andén. Pero cual sería mi sorpresa al encontrarme con que había llegado otro tren. Ahora había un tren a la derecha y otro a la izquierda. Y en mis prisas por llegar no le pregunté al vendedor del boleto donde debía de abordar.
Esta vez fueron dos sonidos. Eran los silbatos de los trenes que daban la última advertencia antes de partir. ¿Izquierda o derecha? ¿Derecha o izquierda? Decidí usar un método científico y aplique la canción de la infancia de tin marin de do pin güe. Fue el de la derecha.
Apenas estaba terminando de asimilar mi decisión cuando detrás de mí llegó un grupo de tres mujeres rubias que me empujaron hacia adentro. En ingles gritaban que no las dejaran. Entre gritos y apuros nos subimos todos sin estar seguro de haber tomado el tren indicado. Miré preocupado el destino final. La suerte me sonrió, era el tren correcto.
No tardó mucho para que escuchara otro sonido. Provenía de las bocinas del tren para indicar los destinos: Brucelas Midi, Brucelas Zurd y Brucelas Nort. ¿Tres estaciones? ¿Cuál era la mía? Y no tenía el boleto de Paris-Bruselas para consultar y lo único que había visto de la estación fue a mi hermana riéndose en el andén.
Llegamos a la primera estación después de una hora. ¿Me bajó o no me bajó? Decidí bajar. Tras mirar un poco alrededor decidí que esa no era la estación correcta. Me volví a subir al tren. Esto iba a ser una tarea difícil. De esta manera no iba a llegar a ningún lado así que mejor le pregunté a un inspector medio anciano y que parecía buena persona.
Otra vez problemas de comunicación. Creo que esta demás explicar como a seňas y gestos le hice entender todo lo que me había ocurrido. Agradecí haber estudiado Ciencias de la comunicación y relaciones públicas y poner en práctica mis conocimientos de comunicación no verbal, después de todo de algo tenía que servir la universidad.
Descubrí que los viajes internacionales hacen parada en Bruselas Midi y por lo tanto era ahí mi destino final. Al llegar ya me encontré con un andén vacio. ¿Y mi familia? Empezó el juego mental. Me puse a suponer ¿Qué habían pensado ellas que yo pensaba hacer?
Tantas ideas cruzaron por mi cabeza que decidí mejor ir al centro de información para ver si me podían indicar en que anden había llegado en la mañana, aprovechar para vocear a mi familia y en el peor de los casos me dijeran los horarios de regreso a París.
Parecía una buena idea al principio pero no lo fue tanto por los problemas de comunicación. La primera chica que me atendió solo hablaba francés y de plano no llegamos a nada. Me paso con una pelirroja que hablaba un poco de inglés pero obtuve los mismos resultados. Por un instante sentí que yo hablaba en japonés. Llegó entonces la tercer señora que hablaba poquito espaňol. La cuarta fue la más linda. Una guapa señorita que más o menos me entendió. Pero me preguntaba lo mismo que las otras:
(imagínenlo en todos los idiomas)
¿tu familia se quedó en el tren?
-No, yo me quedé en el tren...
-Ah, entonces tu maleta se quedó en el tren?
-No, la maleta esta conmigo...
-Entonces ¿tú quieres ir a Paris?
-No, yo vengo de París...
-Ah… entonces ¿tu familia esta en París?
-No, esta aquí en Bruselas...
-No entiendo, mejor llamo a un compañero que hable mejor el idioma haber si te entiende.
Y otra vez la misma historia, con una mejor mímica que mejoraba en cada repetición, pero sin obtener ningún resultado. Me di cuenta que pasarían varios días antes de volver a ver a mi familia en Paris. Me resigne y mejor salí a pasear un poco por las calles de Bruselas antes de comprar mi boleto de regresó a Paris cuando por azares del destino vi pasar a mi hermana, distraída y perdida en la luna como siempre. Camine un par de pasos hasta darle alcance y desde atrás de su espalda le dije:
-Es linda la ciudad pero ¿Y si mejor vamos a Alemania?
Era invierno cuando decidimos realizar un viaje a Bélgica para el fin de semana. Si queríamos aprovechar el viaje teníamos que comprar los primeros boletos de la mañana, eran a las seis. Todo un reto. A pesar del sueño llegamos a tiempo a la estación para alcanzar el tren que por un momento parecía que partiría sin nosotros. Ya adentro, la comodidad del asiento me permitió reunirme sin esfuerzos en los brazos de Morfeo. Silencio y después un ruido. Estábamos ya arribando a la estación de Bruselas. Que rápido se viaja cuando uno sueña.
Con menos coordinación que un zombi viviente, me levanté pausadamente para ponerme la chamarra y enredarme la bufanda, mientras poco a poco los pasajeros descendían con calma del vagón. Fue cuando sucedió. Al bajar mi maleta de la repisa superior, un mal movimiento provocó que todas mis monedas salieran volando y escaparan como si fueran prisioneras que se fugan de una carcel. Algunas con más habilidad que otras, se escondían debajo de los asientos y en lugares obscuros y recónditos. La misión de policía no fue fácil. Varias escaparon.
Después de capturar a las monedas más torpes, me dirigí hacia a la puerta cuando un sonido llamó mi atención. Era una alarma que venia acompañada del cierre de las puertas. Tuve que dar un paso atrás para salvar a mi pobre nariz.
La sorpresa me invadió. Otro sonido. Esta vez eran las carcajadas de mi hermana desde el andén. Me quede asombrado por estar atrapado dentro del tren y el ver desde la ventanilla a mi hermana muerta de la risa no mejoraba mucho la situación. Me puse a inspeccionar y descubrí en la puerta un botón rojo con la leyenda open. La confianza volvió a mí.
Con elegancia y con un cierto aire de indiferencia ante las risas de mi hermana presione el botón. Nada ocurrió. Mire hacia todos lados y encontré una palanca que según mi francés decía algo similar a para abrir en caso de emergencia. Esto era una emergencia así que la jale. Nada ocurrió.
Ya para entonces mi hermana estaba que no podía sostenerse de la risa y ahora le hacían compañía dos hombres de color que sonrientes, desde el andén, me hacían adiós con las manos.
El piso comenzó a moverse. Lentamente el tren tomó ritmo como para partir. ¿A dónde iba? ¿Si ya habíamos llegado no?. Dado el apremio de la situación inspeccione en todas las direcciones hasta que encontré una palanca en el techo con un seguro. Me ví en la necesidad de romper el seguro y al jalar la palanca ¡Nada! El tren sin la menor compasión siguió su marcha conmigo adentro. Solo observaba como mi hermana se iba quedando atrás en el anden para segundos después yo dejará por completo la estación.
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¿Y ahora? Bueno, si el destino quería que conociera Alemania la conocería. Las alemanas son guapas y un buen tarro de cerveza fría no me caería mal.
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Nuestro dialogo fue un poco confuso. En un francés raro (llevaba apenas un par de semanas viviendo en Paris) le trate de explicar que mi boleto se había quedado en Bruselas junto con mi hermana. Guardo silencio y me miró como si fuera un polizonte. Después hablo. Estoy seguro de que sus preguntas eran muy interesantes y constructivas, lastima que yo no las entendiera. El francés definitivamente no iba a resultar,
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Me di cuenta de que fui el único pasajero que descendió y me encontraba solo en el andén con otra persona. Era el inspector. Situación incomoda debo de reconocer. Se acerco a mí y como no pensaba preguntarle por su familia o su salud le cuestione sobre el tren que podría llevarme de vuelta a Bruselas. Con su cara seria y fría
Ya que lo tenía enfrente lo único que se me ocurrió fue preguntarle donde podía tomar un tren de regreso a Bruselas. El con su cara seria y fría, tan solo señaló con l mano un tren que estaba arribando en ese momento
-Es ese y creo que es el último del día- me dijo en un ingles mal pronunciado y con la misma monótona voz. Se encontraba como a cuatro andenes de distancia por lo que empecé a correr a toda velocidad, bueno a la máxima velocidad que da mi poco atlético cuerpo.
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No tardó mucho para que escuchara otro sonido. Provenía de las bocinas del tren para indicar los destinos: Brucelas Midi, Brucelas Zurd y Brucelas Nort. ¿Tres estaciones? ¿Cuál era la mía? Y no tenía el boleto de Paris-Bruselas para consultar y lo único que había visto de la estación fue a mi hermana riéndose en el andén.
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Descubrí que los viajes internacionales hacen parada en Bruselas Midi y por lo tanto era ahí mi destino final. Al llegar ya me encontré con un andén vacio. ¿Y mi familia? Empezó el juego mental. Me puse a suponer ¿Qué habían pensado ellas que yo pensaba hacer?
Tantas ideas cruzaron por mi cabeza que decidí mejor ir al centro de información para ver si me podían indicar en que anden había llegado en la mañana, aprovechar para vocear a mi familia y en el peor de los casos me dijeran los horarios de regreso a París.
Parecía una buena idea al principio pero no lo fue tanto por los problemas de comunicación. La primera chica que me atendió solo hablaba francés y de plano no llegamos a nada. Me paso con una pelirroja que hablaba un poco de inglés pero obtuve los mismos resultados. Por un instante sentí que yo hablaba en japonés. Llegó entonces la tercer señora que hablaba poquito espaňol. La cuarta fue la más linda. Una guapa señorita que más o menos me entendió. Pero me preguntaba lo mismo que las otras:
(imagínenlo en todos los idiomas)
¿tu familia se quedó en el tren?
-No, yo me quedé en el tren...
-Ah, entonces tu maleta se quedó en el tren?
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Y otra vez la misma historia, con una mejor mímica que mejoraba en cada repetición, pero sin obtener ningún resultado. Me di cuenta que pasarían varios días antes de volver a ver a mi familia en Paris. Me resigne y mejor salí a pasear un poco por las calles de Bruselas antes de comprar mi boleto de regresó a Paris cuando por azares del destino vi pasar a mi hermana, distraída y perdida en la luna como siempre. Camine un par de pasos hasta darle alcance y desde atrás de su espalda le dije:
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Comentario:
me encanto tu historia, me hizo acordar que he tenido anecdotas graciosas en europa (para aclarar, soy argentina)
el destino es inevitable
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Comentario:
Excelente historia. Me hizo recordar con nostalgia mi llegada a Bruselas también con la confusión de cual de todas las estaciones era la correcta.
Y claro, como también me tocaba corrar todo el tiempo para que no me dejaran los trenes pues la puntualidad no es un don con el que llegue :)
Y claro, como también me tocaba corrar todo el tiempo para que no me dejaran los trenes pues la puntualidad no es un don con el que llegue :)













